miércoles, 12 de junio de 2024

Así hablaba JDP (IV).

 “El equilibrio económico del régimen capitalista … había establecido un encadenamiento entre los diversos países por sus movimientos de intercambio financiero y económico. Con ello se había posibilitado que desde un país central se pudiera succionar la riqueza de los demás … Ello semejaba un sistema de vasos comunicantes que unía a numerosos tanques de un sistema encadenado, de modo que succionando de un tanque, uno podría ir paulatinamente vaciando los otros tanques a él ligados como vasos comunicantes. Ello había permitido y segúia permitiendo que la riqueza de un país pudiera ser explotada a larga distancia, siempre que se pudiera mantener en secreto la existencia de los tubos que unían los tanques … Nosotros previmos que terminada la guerra … los tanques de la mayor parte de los países quedarían en un mínimo nivel y era lógico que, por el principio de que los líquidos buscan su nivel, la riqueza nuestra bajaría también paulatinamente a ocupar el nivel de los demás tanques. La medida tendiente a evitar este fenómeno era colocar una llave que regulase la salida o entrada a nuestro propio tanque, de modo que el nivel de riqueza, de economía y de finanzas del país pudiera estar controlado contra el drenaje permanente y extraordinario que debía producirse”.

(21/10/46, en el Congreso Nacional en ocasión de exponer el primer plan quinquenal)

"¿Y cómo íbamos a arreglar el problema si no teníamos en nuestras manos la palanca que podía mover la economía de la Nación? Observen cuáles son esas palancas: los transportes terrestres, mediante los cuales se fija toda la política económica interna; la importación y la exportación, dos palancas que mueven la política internacional; los transportes de ultramar, que son, en último análisis, los que fijan los precios; y un sistema financiero que permite al gobierno accionar sobre todos los valores financieros del Estado. Los transportes terrestres estaban en manos de consorcios ingleses… La importación era de tres consorcios internacionales, lo mismo que la exportación. La marina mercante correspondía a dos grandes consorcios: uno, americano, y otro, inglés. El Banco Central estaba formado por 2 directores nombrados por el gobierno y 6 por los bancos extranjeros. En su directorio había tres directores que no sabían hablar castellano. Y ellos eran los que manejaban toda la emisión fiduciaria, controlaban los valores de plaza, establecían todo el régimen del crédito y custodiaban el oro de la Nación Argentina. Y nosotros, teniendo más de 100.000 hombres sobre las armas, debíamos tener a 4 extranjeros para que cuidaran la riqueza de la Nación. ¡Y decíamos que la economía argentina era floreciente y magnífica! Señores: de cualquier país del mundo, por poderoso que sea, Uds. me dan esas cinco palancas y yo les regalo todo lo demás, porque a ese país lo manejo yo. Eso era lo que sucedía en la Argentina”.

(23/10/1951, en el Ministerio de Guerra).

Ambos discursos, citados en el libro de Galasso, T. I (2006).

lunes, 27 de mayo de 2024

La camarilla oligárquica supranacional está agudizando todas las contradicciones a nivel mundial.

La camarilla oligárquica son personificaciones de plataformas de poder “globales” o supranacionales: Wall Street y la City de Londres, cuyos controladores son, a su vez, controladores de empresas dedicadas a la producción de materiales de guerra (Rayteon por ej., etc.).

Esas empresas están profundamente imbricadas con el sistema militar de la OTAN, Inglaterra y EE.UU., principalmente. A su vez, están imbricadas con la dirección política en el Estado porque muchos funcionarios en áreas claves salen de las filas de esas empresas (secretarios de Estado, ministros, etc.).

De manera que, los estamentos militares, políticos, económicos y financieros, más no pocos medios de comunicación, conforman un bloque bastante homogéneo a nivel global con multitud de ramificaciones en escenarios locales.

Ese bloque, cuyo control lo ejerce una camarilla muy reducida de personas, sean éstas militares, oligarcas financieros, servicios de inteligencia geopolítica, magnates de medios de comunicación, etc., domina la orientación en la mayoría de los Estados de Europa Oriental y Occidental y algunos países de Asia y Oceanía y América Latina.

Las poblaciones de los países sujetados por esta camarilla oligárquica (entre ellos el nuestro), medida como porcentaje de la población mundial debe ser como el 20 o 25% como mucho del total de la población mundial. Son una minoría a nivel mundial pero, esa camarilla, por los resortes y recursos que controla, es todavía muy poderosa y peligrosa por el grado de desesperación en que se encuentra.

Insisten una y otra vez en torcer las tendencias actuales de la inmensa mayoría de los países (el 75% u 80%) en cuanto a la afinidad por el desarrollo económico a favor de las mayorías de los pueblos y el cultivo de las buenas relaciones y cooperación con China y Rusia.

Insisten con la agenda del “cambio climático”, el “orden basado en reglas”, la “democracia (occidental) vs. la autocracia (Oriental)” y cosas por el estilo, como modo de obstaculizar y neutralizar las tendencias mencionadas en el párrafo precedente.

En los últimos meses encararon una campaña explícita por la remilitarización en Europa y la economía al servicio de la guerra. Obviamente, esa guerra será la misma que es ahora, contra Rusia y China, pero a una escala mucho mayor y con más actores involucrados.

Lo único que evita el desmadre definitivo, por ahora y a duras penas, es la existencia de un liderazgo político personal de cualidades superiores: Xi y Putin, cuya alianza, entendimiento y cooperación permanente, están ofreciendo una alternativa y una salida digna a las élites occidentales las que, éstas, por ahora, no han tomado.

La camarilla oligárquica prefiere un mundo destruido a un mundo que encare los desafíos que tiene la humanidad con racionalidad y ecuanimidad.

La razón de esta preferencia es que esa racionalidad y ecuanimidad requiere actores de naturaleza soberana y cooperando entre todos. Si eso se produce y la economía mundial sigue otros derroteros, la influencia oligárquica va a menguar puesto que las naciones soberanas y en cooperación tras objetivos de transformación de las economías reales al servicio de los pueblos van a adquirir una influencia y protagonismo mucho mayor.

El sistema oligárquico es como una etapa infantil de la historia de la humanidad. Edificado para hacer “gestionable” y más o menos previsible un mundo que depende de los descubrimientos científicos y artísticos por parte de los individuos para generar los recursos materiales y espirituales que la humanidad necesita para vivir y perpetuarse hacia el futuro.

El hegemonismo oligárquico occidental no solo se convirtió en un fin en sí mismo que subordinaba todo lo demás al querer controlar todo y a todos, sino que, también, obturó la creación de las condiciones necesarias para que dichos descubrimientos puedan prosperar y ponerse al servicio de la humanidad. Solo permiten aquello que se pueda controlar y poner al servicio del hegemonismo oligárquico supranacional.

Por la naturaleza del “ser” humano, no se puede a los seres humanos regimentar ni anular su creatividad potencial. No se los puede hacer vivir conforme a reglas fijas inventadas por una minoría solo interesada en reproducir su propia hegemonía.

El último medio siglo o más se intentó eso con resultados terribles en lo económico, lo cultural, lo científico y lo espiritual.

Por eso la humanidad, al llegar a sus propios límites, creó una posible salida a través de los liderazgos sobresalientes de Putin y Xi, quienes impulsan continuamente el desarrollo de la infraestructura en sus propios países y en muchísimos otros países en la inteligencia de que reproducir los métodos coloniales occidentales de predominio y saqueo lo único que va a hacer es empeorar todos los problemas y hacer más inseguro al mundo.

Esa salida que dichos líderes ofrecen con grandeza, es rechazada por la camarilla oligárquica porque la sienten como una amenaza y un desafío a lo que creen son sus propios intereses y lo que creen que representan en este mundo. No solo es rechazada, sino que es combatida con ardor.

Ucrania, Taiwán o Palestina son escenarios geopolíticos de la camarilla oligárquica a predominio angloamericana, con alguna pata subordinada de elementos de origen francés y alemán y siervos en Japón, Australia, Corea del Sur y Argentina.

El objetivo que tienen en esos escenarios es la guerra contra Rusia, China e Irán. Quieren poner a esos países en una situación estratégica subordinada sin remedio.

Tratan continuamente de crear bloques de países contra otros países. Crean como clubes selectos que se dedican a confrontar a otros países con diversos y ridículos pretextos, incluso contrariando los intereses naturales propios.

Pero esa política mediocre se topó, esta vez, con líderes de la talla de Xi y Putin cuyos intelectos están muy por encima del promedio occidental. Esa política y su continuación por medio de la guerra están siendo derrotadas no tanto por la fuerza que encuentran en sus adversarios sino por las propias limitaciones, negligencias y estupidez de quienes las concibieron y ejecutaron.

Actualmente, la camarilla a predominio angloamericana está jugando el “juego de la gallina” con armas nucleares. Recientemente bombardearon el sistema de alerta temprana en el Sur de Rusia (SAT) que le sirve a los rusos para detectar lanzamientos de misiles intercontinentales.

El objetivo de esos ataques es limitar la capacidad de respuesta de Rusia ante un “ataque nuclear de decapitación” por parte de Occidente que impida a Rusia aprovechar la ventana de oportunidad que tiene de responder, que es una ventana de tiempo muy corta.

Estas cosas son las “genialidades” de los estrategas que predominan en Occidente, principalmente en la esfera angloamericana.

Muchas personalidades destacadas, tanto militares en retiro, analistas internacionales, etc., han advertido de la locura casi clínica que está al mando tanto en Inglaterra como en EE.UU.

Se llega a un punto en el desarrollo de la dinámica de este juego en el que los encargados de ejecutar pasan a tener autonomía relativa y, es allí, donde se pierde el control de los acontecimientos. Y no sirve de nada el consuelo de creer que en el fondo son todos actores racionales que evitarán la destrucción de todo, en una guerra que nadie puede ganar. Cuando se pierda el control, las cosas marchan solas, en un juego de acción y reacción que se despliega en forma ininterrumpida.

En Argentina todavía estamos a tiempo de desengancharnos de esta cadena que nos ata a un destino pavoroso.

Si el enfrentamiento todavía no ocurrió aquí es porque los actores de ambos bandos decidieron, tácitamente, posponerlo. Pero no queda mucho tiempo antes de entrar en una dinámica funesta de la que va a ser muy difícil salir.

Mi esperanza es que la debacle de la camarilla angloamericana a nivel global deje sin mayores soportes en Argentina y no pueda constituirse el polo represivo de las clases populares, evitándose así, un camino sin retorno.

domingo, 12 de mayo de 2024

Contra el sentido común: el problema está en las bases, no en la superestructura política del peronismo y del espacio nacional-popular y, mucho menos, en CFK.

La gran mayoría de la militancia y de los politizados, sean de la profesión que sean, incluso del periodismo, creen tener un conocimiento superior al resto de la sociedad porque están más informados sobre algunos o varios aspectos de la realidad social, política o económica.

Creen tener más elementos racionales para evaluar los acontecimientos que el resto de los mortales, o sea, la inmensa mayoría de los que votan.

El problema es que estar informado o politizado, lejos de ser una ventaja, puede contribuir a mayor confusión, incoherencia e ignorancia. El exceso de información puede ser tan perjudicial como su falta porque lo esencial o realmente importante puede esconderse y pasar desapercibido entre la hojarasca de información y los excesos de análisis. Con lo cual se desemboca en una ignorancia peor que la derivada de la falta de información ya que, en medio de su abundancia, se es proclive a creer que se lo sabe todo, cuando, en realidad, no se sabe casi nada.

JDP insistía en que la sociedad argentina era bastante politizada pero carente de “cultura política”. Él usaba la expresión “índice de cultura política” para significar que esto era un nivel superior a la mera politización. Por eso, hacia fines de su primer mandato, se empezó a preocupar por organizar escuelas de “formación” o capacitación política, bajo la orientación del concepto decisivo de “conducción política”.

Volviendo a la cuestión de la militancia y de los politizados, a ellos les caben las generales de la ley como al resto de la población en cuanto al papel que desempeñan los factores emocionales y motivacionales dentro del marco de la actividad política sea mucha o muy poca (la de solo votar, por ejemplo).

En efecto, son todos seres humanos, no se trata de dos especies diferentes, y, en cuanto tales, están todos sujetados por las mismas cadenas.

Por ej., la “bronca” que siente un militante o politizado del propio espacio por el voto popular que recibiera el año pasado el actual presidente, no se diferencia en nada (en cuanto tal) de la “bronca” de mucha gente que “nada sabe de política” y que se sintió defraudada por un gobierno que habían votado 4 años antes. La sensación de “gratificación” que da el “desquitarse” es exactamente la misma que la que da hablar mal e insultar a los que votaron mal.

O la sensación de certeza que da una “x” creencia, sea política o del orden de la esfera de la vida privada, es exactamente igual, ya sea se crea que la doctrina peronista o Cristina es lo máximo de la existencia o se crea que el esfuerzo privado y el progreso individual o la libertad personal es lo máximo de la existencia. Si la base de esa creencia es una sensación de certeza, es exactamente lo mismo.

Se puede estar embobado con Cristina o estar descontento o fastidiado con ella y, al mismo tiempo, sentir que un compañero es un rival o una amenaza para las propias ambiciones o aspiraciones. Es exactamente lo mismo, no hace diferencia.

Se puede escuchar a Cristina como identificándose con el personaje bueno de una telenovela o escuchar a Milei identificándose como el malo. Otra vez es exactamente lo mismo. Lo importante aquí es la sensación momentánea de deleite.

Se puede militar en política muchas horas por día o ninguna (trabajar muchas horas por día en el ámbito privado) bajo la motivación subyacente del progreso económico y laboral, es decir bajo una ambición individual. Es exactamente lo mismo, no hay diferencia. La carrera política o profesional y privada.

Así podemos seguir y seguir con las cosas que no diferencian en nada a los militantes y politizados de la inmensa mayoría de las masas que no lo son.

Sin embargo, hay una suerte de “consenso espontáneo” entre dirigentes de todas las líneas respecto a la “nobleza” y los valores intrínsecos de ser militante que lucha por un ideal, por sus convicciones, etc.. Como si la envoltura o la etiqueta fuera el contenido.

Ser militante o politizado de cualquier orientación o convicción ideológica no es una garantía contra los defectos y vicios de los seres humanos. No importa cuánto se zambullan en una dirección ideológica determinada. La actividad política no es un terreno que per se mejora a las personas, sino que, todo lo que son las personas con sus defectos, vicios y virtudes, se lleva a ese terreno.

Esto es así en cualquier profesión. Es la calidad de las personas la que dignifica a la profesión, sea la política o la medicina, la albañilería o lo que sea. Con la política ocurre igual.

Las virtudes de Cristina no son por ser militante, sino que en la militancia, desde el llano o desde el Estado, las puso en juego. Su obstinación estratégica, firmeza, voluntad, valentía y sus valores intelectuales y morales, son los que dignifican la política. Con Perón y Evita sucedió lo mismo incluso en un grado mayor que con Cristina.

Para elevar sustancialmente el “índice de cultura política” como quería JDP las personas que intervienen en política deberán mejorar mucho sus capacidades, cultivar y desarrollar mucho sus virtudes y “educar los sentimientos”. Sin estas cualidades la transformación de la realidad que tanto se declama es imposible.

La formación política de cuadros no es solo estudiar y aprender teorías, ideologías o doctrinas. No es creer en lo que produjeron, elaboraron o crearon otras personas. Esto Perón se cansó de advertirlo.

Se trata de estudiar y cultivar las capacidades para que el individuo sea capaz de concebir y ejecutar, de crear, de conducir. Las cosas que se estudian de la historia o de otras disciplinas solo constituyen un contexto en el que se desarrolla una suerte de “gimnasia” intelectual, pero el sólo hecho de estudiar, estar informado o realizar análisis, no sustituye aquello que es imprescindible para la transformación de la realidad: la creatividad individual que está en potencia en todas las personas.

JDP esto lo indicó con sus propias palabras y de muchas maneras, pero, como dije en otra ocasión, nunca fue comprendido y/o se lo soslayó sin más. Cuando Perón dice que “no hay recetas para conducir pueblos” (no sé si alguien se percató de que esto incluye a la doctrina peronista), también dice que el poner en juego la creatividad individual y el criterio propio es la clave. Las recetas son como una ayuda memoria,  pero no se pueden aplicar mecánicamente porque son necesarias las capacidades subjetivas del potencial conductor.

Estas consideraciones no significan disminuir la importancia de la doctrina sino que se trata de ponerla en la perspectiva y ubicación correcta que es la de ser un “elemento de la conducción”. No se la puede escindir de la conducción ni del sistema que crea el conductor para conducir.

Dije muchas veces que Cristina no es líder de conducción, nunca lo fue. Pero sí es líder de conjunto porque demostró virtudes que ningún otro dirigente tiene, hasta ahora.

Esto no significa que Cristina sea un factor que se pueda soslayar, porque no es una “dirigente más”. Su centralidad no depende de lo que hagan o no hagan los demás sino que depende de su propia capacidad para seguir impulsando a la política.

No existen garantías contra los vicios teóricos y prácticos de los seres humanos, sean militantes, politizados o masas marginadas y absorbidas por la necesidad de supervivencia económica.

No importa qué ideología adoptemos o cuál nos parezca de nuestra predilección. Eso no garantiza estar en el camino correcto. Todo depende de lo que seamos no de lo que consigamos. Y para ser mejores hay que corregir los errores con aciertos y los vicios con virtudes, para lo cual hay que ser mucho más conciente no solo en lo ideológico sino en lo humano.

Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús cuándo era la venida del reino de Dios, Jesús les dijo que ya había venido pero no lo ven. Lo que les estaba diciendo es que el Reino de Dios lo lleva cada uno en su propio corazón y el desafío es sacarlo afuera, compartirlo.

De igual modo, el reino de un gobierno nacional y popular exitoso no va a venir de afuera o esperando algo, cada uno lo lleva en sí mismo, el desafío es descubrirlo y compartirlo con los demás.

jueves, 28 de marzo de 2024

La naturaleza humana del internismo. La solución.

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Como sostenía JDP la política está hecha de seres humanos con todos sus defectos e imperfecciones; a lo que se puede aspirar es a alcanzar la máxima perfección orgánica posible porque la humana es imposible. La perfección orgánica contribuye a que los defectos de los individuos puedan ser gestionados y el lidiar con ellos no destruya la organización.

No existe en la realidad la disociación entre lo racional y lo emocional. Solo por medio de un autoengaño los individuos pueden creer que mantienen separadas ambas dimensiones.

En toda postura racional existe una base emocional, aunque no se note, aunque no sea percibida o autopercibida. El desafío consiste en lograr lo que casi nadie logra, esto es la unión armónica provechosa de las dos; que de la “fusión” de una y de la otra surja un orden superior de pensamiento y afectos.

Uno de los graves problemas de los dirigentes desde la desaparición física de JDP hace casi medio siglo es que no pueden hacer balances de los resultados de sus propias acciones. También puede ocurrir que, algunos, los hagan en la intimidad de su pensamiento, pero si no logran compartir la experiencia y transmitirla a las siguientes generaciones, de nada sirve.

En los últimos 50 años las nuevas generaciones de nuestra sociedad dieron lugar a políticos que se las pasan batallando a ciegas, aceptando las imposiciones del destino. Difícilmente tengan la suficiente claridad y humildad como para darse cuenta de cuáles son las razones de sus éxitos y sus fracasos.

Todo está sometido a discusión todo el tiempo, lo bueno, lo malo y lo regular. Es como la “mesa contra el hambre” del ex presidente Alberto Fernández. Como si el “consenso” entre partes pudiera formar un todo que valga la pena. Lo cual no significa que el antagonismo entre partes pudiera formar un todo. Lo falso de una no implica necesariamente lo verdadero de la otra.

Es difícil aguantar la incertidumbre en condiciones tan adversas. La tentación de encontrar a un culpable de lo que nos pasa es bastante irresistible porque no se pueden dominar las expectativas.

La posición de Navarro es formalmente parecida a la de los jóvenes de la primera mitad de los ’70 que le echaban la culpa a Perón del fracaso de 1973/76. En aquel tiempo era que Perón “tomó partido por la derecha del movimiento”. Ahora es “capricho” de la jefa, etc., etc.

Las personas que así creen tienen enormes dificultades para distinguir entre procesos y acontecimientos, procesos de otros procesos y acontecimientos de otros acontecimientos. Ven continuidades donde hay rupturas, rupturas donde hay continuidades, simetrías donde hay asimetrías y asimetrías donde hay simetrías. La realidad los sobrepasa todo el tiempo, aunque ellos crean que la entienden perfectamente. En definitiva, se dejan llevar por las emociones lo que conduce a malos análisis.

1) CFK eligió a AF en 2019 no porque creyera que iba a ser un excelente presidente sino porque pensaba que era la mejor figura para evitar que Macri reelija. Macri 2019-2023 hubiera sido peor que Milei hoy (no solo peor que AF). La crítica es que se equivocó al elegir a alguien que gobernaba mal.

2) Cuando eligió a alguien que perdió, como Scioli, la crítica es que se equivocó porque eligió a alguien que perdió (en la primera vuelta ganó). Pero los que hacen esta crítica se olvidan de elogiar que en 2019 eligió a alguien que ganó.

Es decir que, en un caso critican que elige a alguien que pierde (Scioli). Y, cuando elije a alguien que gana (AF), está también mal porque no supo gobernar.

Este tipo de cuestionamientos se presentan como incuestionables. Idéntico a los cuestionamientos a Perón por los jóvenes en los ’70.

3) Cuando CFK elige a Massa en 2023, se la critica porque era el ministro de economía, no pudo bajar la inflación y perdió las elecciones (no en la primera vuelta). Junto con esto se critica el internismo que llevó a la caída del ministro Guzmán.

Este último punto es curioso. Por un lado, se descontextualiza absolutamente la situación de mediados de 2022 y, retrospectivamente, se lo recontextualiza atribuyendo exclusivamente al internismo el curso de colisión del experimento AF-Guzmán-Kulfas.

La pésima situación económica y financiera a mediados de 2022 nada tuvo que ver con la interna sino con la concepción y ejecución económica de ese trío. Y esto no es un análisis exclusivamente K. No es que se sobrestimó la peligrosidad de esa situación por razones del internismo, sino que se tomó al internismo como pretexto para no admitir las razones del profundo fracaso económico.

CFK y Massa salvaron al gobierno de AF que hubiera terminado (incluso formalmente) a mediados de ese año si aquellos no hubieran intervenido. Y, en el hipotético caso de que el trío hubiera seguido, la derrota en las elecciones hubiera sido escalofriante. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta.

Ocurre como con el argumento de los antivacunas. “Fulano fue vacunado y murió por la vacuna”. Pero lo que en realidad ocurrió es que a fulano quisieron salvarlo del COVID con la vacuna, pero ya era demasiado tarde porque había contraído la enfermedad con anterioridad.

Si no hubieran intervenido Cristina y Massa, cuánto estaría el dólar, la inflación y cuánto hubiera sacado el candidato de Alberto o Alberto mismo? Alguien pensó en eso? Milei le ganaba no por 10 % sino por 30 % o más.

Los problemas no lo resuelven las partes (del problema).

El pasado se puede cambiar descubriendo cosas en el presente y cambiando el futuro. Cuando se descubre algo, cambia la perspectiva y la visión que se tenía, no solo para el presente y el futuro sino para el pasado también.

Las diferentes partes, expresiones y organizaciones de la sociedad son un reflejo de los problemas existentes, no es que surgieron para resolver los problemas existentes, surgieron ante los problemas existentes.

Esto es análogo a la cuestión de la lucha de clases del marxismo. La lucha de clases no es una solución a los problemas del modo de producción capitalista, al contrario de lo que decían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. La lucha de clases es un síntoma (reactivo) de la ausencia de solución a los problemas de la estructura.

Las partes difícilmente sean portadoras de la solución ni desde el punto de vista de la concepción ni de la ejecución. Esto es independiente de lo que crean los individuos que son soportes de las distintas organizaciones. Nunca hay que juzgar ni evaluar una realidad según lo que crean los que viven en esa realidad.

Esto ya da una pista de un posicionamiento más fecundo.

En efecto, las soluciones más profundas no provienen de las creencias de las partes, que suelen ser reactivas. Esto significa que las cosas conocidas no nos dan una solución.

Por más convicción que tengan los integrantes de cualquier organización y que quieran imponerla a como dé lugar, eso no garantiza la solución al problema. Porque el problema nunca es de la parte, es del todo.

Para solucionar el problema que supone el todo, es decir, el proceso más o menos complejo, se necesita una práctica y concepción creativa de un sujeto, el líder de conducción en potencia.

Necesariamente, ese potencial líder no expresará a las partes más que en las apariencias, porque la ejecución y concepción del líder va a resignificar a las partes, las cuales no van a ser las mismas.

El empeño de las partes, de cada organización, de profundizar en su propio juego, en la creencia de que la solución de conjunto ocurrirá por hegemonía de una de las partes, solo profundizará la crisis.

Esto significa que empeñarse en salirse con la de uno va a profundizar la crisis. Empeñarse en querer imponer lo que uno quiere va a profundizar la crisis. Porque la estructura de la crisis no responde a lo que quieren las partes o las creencias parciales, éstas alimentan la crisis, aunque no se lo reconozca.

No importa lo que crea uno. Por más que crea que tiene la verdad absoluta. O que crea que sus creencias son las mejores que las de los demás. Eso es parte del problema independientemente de la intensidad de las convicciones.

Lo que tienen que hacer los dirigentes y analistas más lúcidos es “dejar que fluya el agua”, pero vigilarla, sin desentenderse. Hay que dejarle espacio a que los mejores puedan desenvolverse, hay que ayudarlos, sin importar a que eso conduzca a que si prosperan puedan eclipsar al que lo ayudó o a los de la rosca que ya estaba preconcebida.

Lo que tienen que entender la mayoría de los individuos que son referentes y dirigentes, sea en el nivel que sea, es que a los que sienten o perciben como una “amenaza” para sus propios intereses y ambiciones inmediatas, pueden resultar en una bendición para todos en el mediano plazo.

Hay que educar los propios sentimientos, como decía Perón. Si no desarrollamos virtudes personales, los vicios se extienden por todas los niveles de las organizaciones, no importa la bondad y nobleza de sus causas.

Para resolver el problema de todos hay que ser muy virtuoso tanto en lo intelectual, como en lo moral y afectivo.

Sin esas condiciones el problema de fondo no se resuelve, por más buenas que se crean las causas en pos de las cuales van las organizaciones.

viernes, 15 de marzo de 2024

Acerca de cómo volver a JDP (II).

Perón pensaba que la doctrina justicialista era un esbozo, una suerte de borrador sobre el cual había que trabajar y desarrollar mucho. Esto tanto en los aspectos doctrinarios como teóricos.

Otra cosa que Perón decía es que si no se desarrollan las “virtudes peronistas” el movimiento peronista iba a ser “lindo al principio, bueno en la mitad y malo al final” (!).

Para Perón el valor de la doctrina depende de las condiciones espirituales de quienes la practican, sin esas condiciones, la doctrina no tiene valor.

Decía Perón que todas las doctrinas sufren deformaciones y, con eso, se diversifican los grupos que las practican. La causa de eso es la falta de unidad de doctrina. Decía que por falta de unidad de doctrina y por malas interpretaciones de la doctrina, nuestro movimiento puede ser disociado y destruido (!),

Como decíamos en el post precedente, Perón concebía a la unidad de concepción no como una imposición sino como producto de una enseñanza que lleve a apreciar y percibir de manera similar y que por intuición los individuos estén inclinados a resolver de la misma manera.

Es decir que Perón está diciendo que: 1) si no se desarrollan virtudes el movimiento se va degradando; 2) si no se enseña y los individuos no aprenden a percibir y a tener esa intuición que los lleve a resolver bien, la unidad de doctrina no ocurre y se abre la puerta a las deformaciones y la autodestrucción del peronismo.

Las deformaciones de la conducción, de los cuadros intermedios y de las masas ocurren porque los vicios no se corrigieron con virtudes.

Dichas virtudes se relacionan con valores intelectuales y espirituales y la educación de los propios sentimientos.

Eso es lo que lleva a comprender que no se debe hacer lo que conviene a uno sino lo que conviene a todos, que no se puede usar una causa noble y subordinarla a ambiciones personales y que el progreso individual es una añadidura del progreso general de todos.

Los que desarrollan esa clase de virtudes se dan cuenta que “organizar no es colocar gente en casilleros sino dar un sentido y un sentimiento similar. De nada sirve la organziación material sin lo espiritual”. La doctrina sirve para hacer la organización espiritual.

Perón define al verbo “predicar” no como sinónimo de decir sino de saber inculcar, hacer comprender y sentir la doctrina.

En estas cosas es donde radica la fundamentación del sistema clasificatorio más o menos explícito que señalé en algunas ocasiones en relación a las diferencias entre liderazgo de conducción, liderazgo de conjunto y dirigencia.

El liderazgo de conducción (JDP) posee una gran cantidad de virtudes personales que permiten el despliegue eficaz de la inteligencia, la creatividad y los afectos. La eficacia se refleja en la capacidad de aglutinar grandes conjuntos heterogéneos.

El liderazgo de conjunto (CFK) posee algunas virtudes personales que consigue eficacia en menor grado, consiguiendo aglutinar conjuntos menos grandes y menos heterogéneos en comparación con el caso anterior.

Y la dirigencia (la inmensa mayoría de los políticos) carece de la mayoría de tales virtudes y, por lo tanto, no consigue mandar sobre el corazón de la gente como en los casos anteriores.

sábado, 9 de marzo de 2024

Acerca de cómo volver a JDP.

Lograr ser peronista es tan difícil como ser cristiano. Se puede haber leído la doctrina, el catecismo, seguir los rituales e ir a la iglesia o a la unidad básica sin poder ser peronista o cristiano. Aquí la autopercepción no cuenta, porque de lo que se trata no es de lo que creamos acerca de sí mismos y los demás ni de nuestras prácticas en base a eso.

Si no se desarrollan virtudes personales no es posible ni ser peronista ni ser cristiano y esto es independiente de cuánto creamos que sepamos acerca de la doctrina o el catecismo.

Como decía JDP un error se subsana con un acierto, pero un vicio no. Para subsanar un vicio las personas necesitan desarrollar virtudes. Se puede ser experto en peronismo o cristianismo pero, si no cultivamos virtudes que puedan contrarrestar nuestros vicios, no haremos ni peronismo ni cristianismo por más que se los declame con ardor.

Cómo leer a JDP.

Para comprender el pensamiento de JDP no es suficiente con leerlo. Tampoco es suficiente con memorizarlo e interpretarlo. Estos son caminos sin salida que, en el pasado, condujeron al fanatismo, al dogmatismo, sean de derecha o izquierda.

A JDP hay que leerlo teniendo en mente, siempre, que se trata de una persona con grandes dosis de creatividad tanto en la concepción como en la ejecución.

No es cierto que hubo un Perón para todos los gustos. Esto piensan aquellos que se acercaron al peronismo a partir de sus propios preconceptos y les resultaba más fácil reivindicar aquellas partes del discurso de Perón que creían que fundamentaban sus propios prejuicios.

Si se estudia en profundidad el pensamiento de Perón, de modo inherente -no en diagonal académica ni dogmática o buscando una finalidad externa sea una ambición, sea utilizar algunas de sus ideas para cualquier otra finalidad- se puede encontrar el núcleo lógico congruente pero también el afectivo y creativo.

JDP tenía una mentalidad transformadora y percibía la realidad no desde afuera o en forma ajena a la misma, como separada de su propia práctica, sino que la veía viéndose a sí mismo con su propia capacidad para transformarla. Es decir, su propia influencia era una variable de esa realidad. Perón era absolutamente conciente de esto, por lo menos desde los inicios de los años ’40 del siglo pasado, aún antes de acceder a la Secretaría de Trabajo luego del golpe de Estado de 1943.

Así como Jesús no tenía un “Nuevo Testamento” a mano para enseñar a sus discípulos, JDP no tenía la doctrina ni las “20 verdades” cuando inició su travesía en ese año. De igual modo, salvando las distancias, Lenin no tenía un libro ¿Qué hacer? que le diga ¿”Qué hacer?”. Todos estos personajes tuvieron que crear la concepción que querían poner en práctica. Incluso durante la práctica misma la tuvieron que crear. Rigurosamente, crearon una “ejecución-concepción”, en ese orden.

Es obvio que había antecedentes o un contexto previo, en todos esos casos. Pero aquí sucede como en la ciencia, cuando se trata de resolver un problema o enigma: los antecedentes, la base empírica previa o las teorías previas sirven hasta cierto punto, porque no proveen las claves para resolver los problemas o enigmas que el conocimiento previo no pudo resolver.

Por ej., las soluciones que generó Einstein produciendo sus teorías de la Relatividad Especial y General no las encontró en algún libro que haya leído. En los libros se encontró con los conocimientos que llevaron a lo que él quería resolver y que no se resolvía.

Perón, como buena personalidad creativa, se dio cuenta de que los problemas que presenta la realidad no se resuelven de manera formal o con el conocimiento adquirido, sino real y que, para esto, se necesita poner en juego la creatividad subjetiva de las personas, creando nuevo conocimiento.

Esta idea Perón la trató de expresar de mil maneras distintas en sus conferencias sobre Conducción Política, más nunca fue comprendido. Esta es mi opinión teniendo en cuenta los dirigentes que vinieron después de su desaparición física.

Lo digo a los cuatro vientos: no se puede ser peronista si no se comprende esto. No solo comprenderlo sino sentirlo. El que no siendo peronista de formación comprende esto, es peronista aunque no lo sepa. Y el que es peronista de formación y no lo comprende, no es peronista aunque crea serlo.

Para Perón, la tan mentada “unidad de concepción” no significa que “todos tienen que pensar igual o tener la misma ideología”. Esto es imposible. Por esa vía solo se puede lograr uniformidad “externa”, en las apariencias.

Para JDP significa que, para llegar a la unidad de concepción, es necesario recorrer un camino desde un punto de partida que cultive la formación política, intelectual y moral de las personas para que, así, se sientan “intuitivamente inclinadas a resolver de manera parecida” en distintas circunstancias de tiempo y lugar.

Es decir que Perón está pensando en que la unidad de concepción no se puede imponer desde afuera ni desde arriba (aunque para él la doctrina la baja, en principio, el liderazgo de conducción), sino que tiene que salir de manera natural desde el interior del individuo. Pero como eso no puede quedar librado a la espontaneidad individual, debe haber un proceso de enriquecimiento cultural, moral, espiritual y político que lleve a eso. Perón usa la frase “proceso de dignificación de cada una de las concepciones…”.

La función de la doctrina, la teoría y la ideología.

Perón dice que la doctrina sirve para la organización espiritual de las masas –la que es más importante que la material-, para que tengan un sentido de orientación, una mística, una fuerza motriz que facilite la realización y la transformación de la realidad.

Por medio de la doctrina, el liderazgo de conducción enuncia grandes principios que le dicen a las masas “hay que ir por acá, si quieren transformar la realidad y vivir mejor (bienestar general, justicia social)”. Las doctrinas no son solo pensamiento y concepción son movimiento y acción.

La teoría es el análisis pormenorizado de la doctrina misma. En la teoría se explicitan los problemas implícitos en la doctrina y se trata de resolverlos.

En Conducción Política hay unas págs. notables de Perón referidas a su capacidad analítica y teórica respecto a las consecuencias del principio doctrinario peronista en lo económico que establece que el capital está al servicio de la economía y del ser humano y no al revés.

Perón dice que haber invertido así el principio capitalista según el cual la economía está al servicio del capital lleva a resignificar y dar otro contenido a varios conceptos económicos de la teoría económica capitalista. Esto de Perón es de una lucidez y lógica realmente impresionante (una suerte de clase de “epistemología económica”, se podría decir) de la que ningún economista peronista, hasta donde conozco, se hizo cargo.

En este sentido, los economistas del peronismo pueden ser peronistas en lo doctrinario pero no lo son en lo teórico porque se siguen manejando con las mismas categorías que responden al principio capitalista y nunca hicieron caso a la recomendación de Perón en el sentido de que hay que modificar todos los conceptos pertinentes para que respondan al principio doctrinario de que es el capital el que está al servicio de la economía y, por ende, del ser humano.

No hay que perder de vista nunca que, para Perón, la doctrina y la teoría son ELEMENTOS DE LA CONDUCCIÓN. Yo agrego, no de cualquier conducción sino del liderazgo de conducción.

Es decir, el sujeto no es la doctrina ni la teoría sino el liderazgo de conducción que las usa, en tanto elementos, porque le facilita la tarea que tiene que desempeñar el liderazgo, que es orientar al pueblo hacia los objetivos deseados.

Esto significa que, en condiciones de ausencia de liderazgo de conducción o de que agarren la manija dirigentes que no son líderes, por más que quieran aplicar “la doctrina”, harán desastres, porque la doctrina es un elemento del liderazgo de conducción no de un dirigente que no está capacitado para ejercer el arte de liderar y/o conducir. Dirigente no es sinónimo de líder. Es otra categoría.

El hecho de que la doctrina pueda estar escrita (como la biblia del Nuevo Testamento), no significa que la podamos escindir del proceso viviente que la creó, en este caso, el liderazgo de conducción de JDP. En ausencia de esto, “la doctrina” es solo papel muerto, susceptible para múltiples usos personales o de facción.

La única manera de resucitar y/o recrear la doctrina es que vuelva a ocurrir el nacimiento de un proceso de liderazgo de conducción de similares -aunque no iguales- características a los anteriores que hubo en la historia.

Esa es la única manera que existe para que las masas se transformen en pueblo nuevamente y puedan ser orientadas por una doctrina.

viernes, 1 de marzo de 2024

“En el principio fue el verbo”. Las condiciones verdaderas del humanismo.

Lo que pasa con las tropas del ejército ucraniano, en Gaza, etc., etc., y lo que ya está pasando en Argentina, debiera ilustrar suficientemente que, cuando los seres humanos están sometidos por “inteligencias” perversas y psicopáticas, degradados a condiciones deplorables y sin salida, en tales condiciones de deshumanización, no puede existir el humanismo como mensaje real, puesto que no existen los rasgos de la naturaleza humana en las personas que podrían ser sus interlocutores o receptores.

Esto nos debe hacer tomar conciencia de un dilema de hierro: que la condición para que el humanismo funcione es que haya, primero, una mínima transformación en las condiciones económicas y sociales como punto de partida que permita instalar un rasgo de la naturaleza humana en una porción significativa de las personas a partir del cual el humanismo podría prender.

Esto significa que si no hay una concepción y una práctica que produzca la transformación social necesaria, el humanismo es una quimera porque, sin esa transformación, no existen los suficientes rasgos humanos predominantes en el suficiente número de personas como para que pueda prender.

Por lo tanto, el humanismo no es una condición de la revolución, es una consecuencia de la revolución. No es que la transformación espiritual depende de la material. La transformación espiritual depende de la acción, de la realización del bien. Y este bien debe ser general, colectivo, como para que surja en las personas el optimismo en el desarrollo económico y cultural para sí y para los demás.

Es la acción lo que crea lo humano. No la idea, ni la ideología, ni la religión, ni un código, ni los mandamientos. Todas estas cosas sirven como apuntes o ayudas memoria, pero no sustituyen a la acción, entendida ésta como sinónimo del bien, del amor al prójimo.

El amor al prójimo no es un mandato o una obligación. No se puede amar por obligación. El amor al prójimo es un don que se tiene o no se tiene. Jesús lo tenía, Sócrates antes que él, lo tenía. Muy pocos tienen ese don.

El “humanismo se hace haciéndolo” parafraseando a Boudou (“las relaciones de fuerza se cambian cambiándolas”).

De lo contrario, las personas y flias. que son el país mismo, que lo constituyen, porque el país no es otra cosa distinta al pueblo que lo constituye (como pensaba Evita en contraposición a clérigos y militares de su tiempo), estarán sometidas a un infierno en la Tierra, de infinitos matices y gradaciones, donde la abyección no tendrá fondo. La degradación de la sociedad conduce a la desintegración y disolución del país.

El discurso humanista es vano en la ley de la selva. Porque no hay humanos, hay animales.

Tal estado de bestialización y deshumanización dará razón y realimentará el discurso perverso y psicopático no de los gobernantes de pacotilla y marionetas sino de los verdaderos gobernantes tras bambalinas.

La única manera de evitar ese destino es generando una acción que modifique la realidad, estableciendo cierto orden mínimo económico y social que nos saque rápidamente del círculo vicioso de degradación.

¿Esto es una revolución?. Sí, pero no en el sentido clásico del término, sino en el sentido de cortar en forma más o menos abrupta una cadena de acontecimientos que llevará al desastre inexorable, después del cual no será posible el retorno por muchos años.

Para generar esa acción debemos disponer de los mejores líderes que tengamos (que es sólo una: CFK; y no es líder de conducción) y de los mejores dirigentes reales o potenciales.

La peligrosidad de la situación no reside propiamente en Milei o P. Bullrich, etc., que son payasos de circo, reside en un sistema oligárquico global en decadencia, cuyos soportes están en una lucha geopolítica sin esperanzas (no porque estén perdiendo, sino porque no les asiste razón) contra lo que ven como sus adversarios existenciales (Rusia y China).

A los que administran ese sistema en decadencia (en sus aspectos económicos, financieros, monetarios, geopolíticos y militares),  ya no les importan los pueblos, solo experimentan, instrumentan e instrumentalizan de manera perversa al servicio de sus propios fines unilaterales, incluso a costa de la supervivencia de los pueblos.

Son sembradores de infiernos en todas partes. Horrores en Afganistán, Irak, Siria, Libia, Ucrania, algunos países en África, Gaza, etc. Próximamente Taiwán, Irán. No se detienen ni se van a detener por su cuenta, salvo clivajes enormes dentro de las élites. Quizá ahí paren.

En toda Europa hay una rebelión social de agricultores contra las políticas verdes que gravan la producción de alimentos. Y, sin embargo, no ceden ante esta rebelión. Alemania está deslocalizando su industria y radicándola en Polonia. Seguirá a esto el declive de la productividad en Alemania. Los problemas en el sistema financiero tanto europeo como norteamericano siguen su curso.

Es desastroso todo lo que sucede en Occidente. Milei nos va a enganchar aún más a ese desastre.

Así que, pase lo que pase con la macroeconomía, aunque logre cerrar los nros. si es que tiene tiempo, el malestar económico-social quedará cristalizado quizá por décadas, si es que alguna acción no le pone corte.

Como pensaba JDP en 1955, la Constitución y la Ley son para la Nación, no al revés. El valor que hay que preservar es la Nación misma que es el pueblo, o sea, las personas y flias. que lo constituyen.

El mal llamado “estado de derecho” (que se repite como un latiguillo) es para la gente, para la población, no es un fin en sí mismo. Las personas somos fines en sí mismos, aunque si permitimos que se las bestialice y animalice (como los palestinos hoy en Rafah) nos acostumbraremos a la perversidad de tales condiciones y la ley de la selva se reproducirá solita, sin necesidad de mayores intervenciones desde fuera.