lunes, 3 de agosto de 2026

"A la gente no le gustan las complejidades" (Elizabeth Lane).

 Ver aquí esta entrevista de Tucker Carlson a Elizabeth Lane.

Evidentemente, cada vez hay más conciencia de la naturaleza de la dominación oligárquica, esto es algo que vengo sosteniendo desde hace mucho: la capacidad que tienen -gracias a sus recursos financieros y tecnológicos, entre otros- de manipular individuos y ponerlos al servicio de la causa oligárquica se den o no cuenta de ello.

Esa capacidad cumple una función puramente negativa porque está al servicio de desgastar a los que las camarillas oligárquicas perciben como enemigos reales o potenciales.

Para mí, desde la teoría que produje, no se trata de identificar a la clase dominante. Eso es muy fácil. De lo que se trata es de revelar la naturaleza y el funcionamiento de esa dominación.

La dominación oligárquica se puede ejercer por algo que es independiente de la voluntad de los individuos: estar unido o separado de los resortes y recursos fundamentales (ver mi primer post de este blog "cuenta regresiva", al final). Eso no depende de las subjetividades. La forma en que se ejerce esa dominación sí depende de las subjetividades.

El Institute for Statecraft (think tank británico) creado en 2015 con el objetivo declarado de “defender la democracia frente a la desinformación”, especialmente la atribuida a Rusia, China y grupos extremistas, es simplemente una carcasa, la exteriorización de una voluntad subyacente de consolidar la campaña de acción psicológica en el marco de una guerra geopolítica.

Y esa campaña se amplía mediante la multiplicación de "clusters nacionales" o redes de expertos, periodistas, académicos y militares en distintos países para identificar y contrarrestar narrativas consideradas desinformación rusa, en realidad actuaban como multiplicadores de discurso, insertando marcos interpretativos en medios y política.  El Instituto se formó con fondos del ministerio de relaciones exteriores del Reino Unido, otros organismos europeos y entidades privadas.

Así es siempre la acción global u oligárquica: construye redes que no se limitan a un país, sino que busca moldear percepciones en varios espacios simultáneamente. Eso es lo que la convierte en un dispositivo de acción psicológica ofensiva. No se defiende, expande un marco narrativo coordinado.

Es siempre un funcionamiento disimulado, hecho por múltiples individuos que siguen sus propios impulsos, ideas o convicciones, pero, en rigor, están siguiendo el libreto preconcebido por aquellos que financian y otorgan los medios materiales para que esos individuos puedan desempeñarse.

martes, 28 de julio de 2026

La borradura de la huella deja la huella de la borradura (II).

Releyendo el post precedente me doy cuenta de que es demasiado impreciso y medio vago, por no decir confuso.

Así que voy a intentar ajustarlo para resolver esas falencias.

En lo que respecta a la objetivación lo que quise significar es que una cosa es un proceso mental-cognitivo (que eventualmente llevará a un resultado, por ej., una máquina-herramienta nueva, o, también, un conocimiento nuevo) y otra cosa distinta es ese resultado de ese proceso y cómo ese resultado se transmite y es difundido o absorbido por la sociedad.

Un sistema o, para usar la conceptualización marxista, un modo de producción no necesita del proceso mental-cognitivo subjetivo para reproducirse. Se reproduce con las objetivaciones, sean éstas, técnicas, productivas, organizativas o de conocimiento, es decir, con los resultados de ese proceso. Y esto es así porque las objetivaciones ya pertenecen a lo social, ya están fuera del control de lo subjetivo que la produjo.

Pero no todo en la historia es reproducción, también hay producción. En algún momento eso que estamos acostumbrados a que se reproduzca, tuvo un origen, una génesis y, ese origen o génesis no puede localizarse en una objetivación previa, sino, necesariamente, en la instancia subjetiva del proceso mental y cognitivo del descubrimiento y la apertura a una nueva objetivación.

Lo que, en el post precedente, propuse denominar “potencia cognitiva” corresponde a la instancia ontológica-subjetiva dada en todos los seres humanos que tiene la facultad o capacidad de lidiar con enigmas o problemas, perturbando a las objetivaciones previas, y generando hipótesis o ideas para resolver esas perturbaciones y abrir el camino a nuevas objetivaciones.

Esta dimensión subjetiva de la potencia cognitiva donde anidan todas las posibilidades del cambio, la transformación o la reorganización de lo ya establecido y conocido es irreductible a toda objetivación, en el sentido de que los pasajes al acto y objetivaciones a que da lugar, no la agotan ni se identifican con ella.  

Definiremos, entonces, a la potencia cognitiva como el poder de generar configuraciones las cuales nunca pueden agotar dicha potencia, la que no es cuantificable. Es decir que la potencia cognitiva no se somete a las propias configuraciones que posibilita crear. Dichas configuraciones pueden ser simbólicas, técnicas o institucionales pero no son deducibles exhaustivamente de las objetivaciones existentes

La potencia no puede definirse desde sus resultados porque eso sería caer en el sesgo retrospectivo que mencioné en el post anterior. La potencia no es un catálogo de productos futuros, sino la apertura condicionada a la producción de determinaciones. Es una capacidad generativa.

La potencia cognitiva necesita objetivarse para adquirir eficacia histórica, pero no puede reducirse a lo objetivado porque una capacidad no se agota en ninguno de sus actos.

Ahora bien, alguno podría preguntarse ¿qué ganamos con introducir esta conceptualización de esa dimensión subjetiva que es la potencia cognitiva?

Por ej., Marx representa a la máquina como trabajo pasado objetivado o “trabajo muerto”, es decir se refiere a cuánto gasto de trabajo humano fue necesario para producirla, cuánta acumulación de trabajo supuso producirla.

Pero, si se tiene en cuenta a la dimensión que propongo, la máquina pasa a ser una configuración cognitiva objetivada mediante trabajo y materiales. ¿Se entiende la sutileza?

Marx interroga cuánto gasto humano fue necesario. Yo interrogo por qué ese gasto adquirió precisamente esa configuración. El tiempo pasado no explica la forma de ese gasto. Dos procesos pueden emplear cantidades semejantes de trabajo y producir objetos de potencias radicalmente distintas.

Igual gasto no equivale a igual configuración, y ésta no equivale a igual potencia productiva. ¿Se entiende el punto?

La máquina no es productiva porque contenga muchas horas muertas. Es productiva porque esas horas, materiales y conocimientos fueron organizados de una manera determinada.

Para ser justos, en los Grundrisse, Marx llega a advertir esto (describe las máquinas como órganos del cerebro humano producidos por la mano y como fuerza del conocimiento objetivada). Pero no se hace cargo de ello cuando vuelve a su sistema categorial dominante, la máquina aparece como capital fijo, trabajo muerto, valor transferido o medio para elevar la plusvalía relativa.

El conocimiento objetivado es reconocido descriptivamente, pero subordinado teóricamente a las categorías de trabajo y capital. Falta una categoría para aquello que genera configuraciones cognitivas antes de su objetivación.

Si Marx admitiera una potencia productora de configuraciones que no fuera reducible a tiempo de trabajo, no estuviera ya objetivada, no se dedujera de la contradicción existente, no perteneciera exclusivamente a una clase o no tuviera resultados pronosticables, entonces tendría que aceptar una causalidad histórica que su métrica del valor no puede representar.

El “autoengaño” de Marx se encuentra en la arquitectura de su teoría. En efecto, al reconocer como sustancia del valor únicamente el gasto abstracto de trabajo, termina representando la novedad como si fuera un resultado del trabajo acumulado, aunque la cantidad acumulada no explique la aparición de una forma nueva.

La suma de repeticiones no produce una regla nueva. La actividad reproductiva aplica una regla previamente disponible que puede repetirse, serializarse y medirse mediante tiempo.

En cambio, la actividad creadora (localizada en la instancia subjetiva de la potencia cognitiva) produce o transforma la regla, no produce solamente otra unidad dentro del proceso, sino que modifica el proceso mediante el cual se producirán todas las unidades posteriores.

Ambas actividades gastan energía física y mental. Pero esa propiedad común no explica la diferencia entre la forma reproductiva de las objetivaciones conocidas y la forma creativa que da lugar a nuevas objetivaciones.

Si las transformaciones históricas decisivas dependen de la producción de configuraciones nuevas y estas dependen de la instancia subjetiva de la potencia cognitiva, entonces una teoría que sitúa el principio explicativo fundamental en el trabajo reproductivo deja sin representación teórica explícita el mecanismo que genera esas transformaciones.

Si toda diferencia cualitativa puede reconstruirse retrospectivamente como acumulación, contradicción o trabajo objetivado, entonces la novedad solo es aparente, sería el despliegue de algo ya contenido en el pasado. Reconocer una novedad real exige admitir un pasaje al acto de la potencia subjetiva cognitiva cuyo resultado esté condicionado por el pasado, pero no sea deducible de él.

Quería terminar con la siguiente analogía (no validante).

El trabajo abstracto se relaciona con la producción humana como la energía lumínica con la fotosíntesis, constituye un sustrato cuantificable y necesario, pero no explica la forma organizada que resulta. Una planta puede disipar casi toda la energía que recibe y, sin embargo, crecer porque una pequeña fracción es capturada por una estructura capaz de reproducir y ampliar su propia potencia. Del mismo modo, una sociedad puede gastar enormes cantidades de energía humana en actividades repetitivas, mientras un pasaje al acto comparativamente pequeño produce una configuración cognitiva que reorganiza toda la producción futura.

El crecimiento de la capacidad no es proporcional a la cantidad de energía retenida, porque depende de la forma en que esa energía queda organizada.

Medir la continuidad del gasto permite hacer un balance, pero no explicar la producción de organización. Marx posee una métrica de los flujos de trabajo objetivados, mientras que el concepto de potencia cognitiva intenta identificar la capacidad configuradora que hace posible que una parte de esos flujos se convierta en nuevas formas productivas.

domingo, 26 de julio de 2026

La borradura de una huella deja la huella de la borradura. El problema en Marx.

Marx -y la mayoría de los marxistas- conciben la novedad histórica como algo ya objetivado. Esto significa que toman el resultado de algo y lo convierten en un dato, en un punto de partida. Es decir, ese algo que no tiene lugar en la arquitectura teórica es, en rigor, el resultado de un proceso que llevó a que ese algo finalmente exista u ocurra.

Esta operación de borradura está posibilitada por un sesgo retrospectivo por el cual se asume que los eventos y acontecimientos pasados contienen en sí, en germen, el despliegue del proceso posterior, como si todo fuera una cuestión de desarrollo de las objetivaciones y de sus relaciones a medida que aparecen. La historia es la historia de lo objetivado.

Así, por ej., Marx, en su historia de la acumulación primitiva u originaria, encuentra la génesis de lo que ocurrirá después con el capitalismo. El descubrimiento de América, la extracción de nuevos recursos minerales, el aumento del comercio, la navegación, la revolución agrícola, etc., etc., son todos factores que prefiguran y direccionan la historia hacia el surgimiento del capitalismo.

Su conceptualización sobre las “formas de transición” son otra manera de encontrar el presente “en germen” en el pasado.

Lo mismo ocurre con su concepto y/o una parte del mismo de “trabajo abstracto” que opera una reducción de la heterogeneidad de las formas del trabajo histórico a “gasto de energía mental y física” o la heterogeneidad productiva a “productividad media o normal”, etc., etc.

O considerar a la maquinaria o equipos (capital constante) como “trabajo muerto” pasado objetivado.

Todas estas operaciones “teóricas” tienen en común que abstraen el proceso subjetivo y su eficacia en las condiciones sociales concretas, que lleva a un resultado determinado.

La única manera de introducir el proceso subjetivo en la historia es admitir que existe una dimensión que está operando, la que no se me ocurre otra manera de denominar como “potencia cognitiva”.

Esta potencia cognitiva se define como la actividad o proceso subjetivo que desemboca en un descubrimiento cuya absorción social produce objetivaciones nuevas. La mayoría de las teorías no tiene en cuenta esto, no solo el marxismo.

En general tienden a percibirse las innovaciones como cosas ya objetivadas y los epistemólogos tendieron a concebir el “contexto de descubrimiento” como algo casi perteneciente a la psicología, a los confines de la mente individual, cuya actividad productora de conocimientos nuevos no es susceptible de predicarse nada, excepto que es inobservable e impredecible.

Cuando Marx parece referirse a la “base antropológica” del trabajo abstracto como continuo de gasto de energía mental y física humana, está abstrayendo las formas diferentes en que ese gasto se organizó según las épocas. Esas formas diferentes condujeron a diferencias de productividad, por ej.

Ahora bien, ¿de dónde surge la capacidad de reorganizar algo? ¿De las formas ya objetivadas (modos de producción, etc.)? Evidentemente no, porque las formas ya objetivadas solo dan lugar a la reproducción de lo ya conocido no a la introducción de una forma nueva.

Esta forma nueva no surge del gasto homogéneo o serial de energía. A lo sumo, ese gasto conduce a reproducir algo existente.

Es obvio que toda actividad que lleva a un descubrimiento tiene un sustrato de gasto de energía mental y física, pero eso está muy lejos de explicar cómo se produjo el descubrimiento.

Einstein gastó energía mental y física para descubrir la relatividad, pero todos sus predecesores sumados también gastaron enormes cantidades de energía mental y física, pero no la descubrieron.

Lo mismo sucede en la economía, con sus propias particularidades, pero, en esencia es lo mismo.

Por lo tanto, no queda otra que introducir una dimensión que dé cuenta del proceso por medio del cual ocurre el descubrimiento.

Propongo designar esa dimensión con el nombre de “potencia cognitiva” como ya dije y, además, el “pasaje al acto” o actualización de esa potencia, que serían los contenidos específicos de los descubrimientos.

Al verse las cosas así, ya podemos salir de la fetichización de las objetivaciones y el sesgo retrospectivo.

En efecto, por ej., Colón descubrió otro continente (sin él saberlo) no por presiones e incentivos de un “protocapitalismo” sino porque creyó en las estimaciones de un sabio de la época (Toscanelli) que, siguiendo la tradición medieval ptolemaica, estimó (mal) el tamaño esférico de la Tierra (subestimado) y agrandó los territorios de Oriente. Esa creencia y su propia obstinación y perseverancia permitieron que pudiera convencer a los Reyes y organizara la aventura.

Si dejamos el sesgo retrospectivo de lado, el rango de incertidumbre sobre el resultado de la empresa que se propuso Colón era enorme, máxime teniendo en cuenta que los cálculos y mediciones que había efectuado Eratóstenes en su momento eran mucho más precisos (casi acertaba con el tamaño real de la Tierra) que los de Ptolomeo (que subestimaba mucho ese tamaño). Pero Eratóstenes era una figura que no contaba, hacia fines del siglo XV, del suficiente conocimiento y/o la aceptación de los sabios de la época, como sí tenía Ptolomeo.

Con el mismo criterio que utiliza Marx para reconstruir los orígenes históricos del capitalismo podría argüirse que las presiones e incentivos de fines del siglo XV no eran los de un “protocapitalismo” en germen sino los de un feudalismo tardío. Pero con eso no ganamos nada, ambas formas de reconstrucción abstraen las potencias subjetivas involucradas, sus capacidades de pasajes al acto, el largo encadenamiento desde 12 o 13 siglos antes respecto a la imagen esférica de la Tierra y sus posibilidades de medición, y el efecto social que produjeron.

Este es otro problema en Marx: el conocimiento también se objetiva, pero se puede reformular, trascender, suplementar y complementar y para eso se necesita la potencia cognitiva y los pasajes al acto o actualizaciones de la misma. Las objetivaciones pasadas no garantizan eso.

La misma operación de borradura puede observarse en el concepto de “trabajo muerto” o trabajo pasado objetivado en medios de producción. Marx es claramente conciente del papel de la inteligencia y el conocimiento científico colectivo pero solo lo concibe como objetivado (resultado) a partir de resultados que coloca como premisas. Es decir, lo que fue producto de alguna actividad subjetiva, queda reabsorbido como objetivación conocida, a partir de la cual se produce la reproducción.

La máquina herramienta es resultado de conocimiento objetivado que no necesariamente es coextenso con el modo de producción, no solo es “trabajo vivo” de quien la produce.

Es decir, nunca puede dar o construir categorías que puedan dar cuenta del proceso de cambio de una época de reproducción a otra época de reproducción. Siempre recurre a insertar la contradicción o el germen en la época precedente.

Lo mismo ocurre con su categoría de TTSN y “trabajo abstracto” como sustancia del valor.

En efecto, reconoce explícita o implícitamente que los trabajos concretos privados son heterogéneos productivamente, pero, en lugar de interrogarse de dónde proviene esa heterogeneidad, procede a la homogeneización estadística (sea modal, promedio, etc.) de las productividades o a la validación por el mercado.

¿Qué provoca las diferencias de productividad? Seguro no una objetivación previa, sino alguna clase de novedad que amplía el espacio de posibilidades. Y esa clase de novedad solo puede surgir de la potencia cognitiva y su capacidad de pasar al acto.

Ningún capital puede comprar eso. Sí puede comprar “trabajo vivo” calificado para que hagan exploración, investigación, etc., pero no garantiza la actualización de la potencia cognitiva que depende de cada subjetividad y de la conformación e interrelación de las distintas agencias que la componen (cognición, emoción, afectos, etc.).

jueves, 23 de julio de 2026

Sobre el pensamiento de Tucker Carlson sobre el poder del presidente (CFK ya lo sabía de antes).

Con motivo del post de Artemio y mi comentario al mismo, ver aquí:

https://rambletamble.com.ar/un-ataque-inmoral/

Ver el siguiente video entre 11:15 a 13:05.

La periodista hace la pregunta (¿es Netanyahu más poderoso que Trump?) desde el supuesto ingenuo (por otra parte, criticado en general por la jefa CFK) de que un presidente de la mayor superpotencia del mundo es necesariamente poderoso.

Tucker Carlson niega eso y responde que esa suposición es en parte lo que lleva a la arrogancia y a los excesos.

Pero se torna más interesante cuando Carlson menciona a la “comunidad de negocios internacional”, la “economía globalizada”, o “no existe tal cosa como una empresa estadounidense, una británica o alemana, todo eso está interconectado y el capital global es más poderoso que cualquier bloque de votantes en EE.UU. … cuanto más se analiza, y yo lo he hecho bastante, el Presidente electo de EE.UU. tiene poder, sin duda, pero no tiene soberanía, no tiene poder ilimitado ni libertad de acción para actuar en nombre de sus votantes, simplemente no lo hace … ” (sic).

Lo que dice Carlson lo tomo como una confirmación interteórica de mi propia formulación teórica que planteé en numerosas oportunidades, en el sentido que solo el liderazgo de conducción o de conjunto exitoso que interacciona con la masa y la convierte en pueblo, es el poder que conduce a dotar de una base al Estado Nacional soberano. De lo contrario, el Estado "Nacional" lo es solo de nombre, siendo el poder el sistema oligárquico que lo convierte en su objeto.

Pero el problema no es considerar a Trump como un presidente débil (que lo es, no hay la menor duda de ello si se reflexiona un poco y si uno no se deja engañar por la teatralidad de su personalidad narcisista) sino considerar eso como un dato dado y no como el producto de un proceso al que se llegó.

En efecto, los reiterados intentos de asesinato antes de asumir y después de asumir, fueron claros mensajes. El asesinato de Charlie Kirk fue otro claro mensaje. Las declaraciones del funcionario de inteligencia saliente (Joe Kent) son claras en el sentido de que esos intentos fueron minando la resistencia de Trump y sus convicciones. No diríamos que las dejó en la “puerta de la Casa Blanca antes de entrar” (parafraseando a NK), pero las fue expulsando a medida que las presiones se hacían cada vez más graves.

Todos los que conocen desde adentro la situación (no los que están fuera y dependen de información de adentro) coinciden en esto, excepto quizá, Scott Ritter, ex oficial de inteligencia del cuerpo de marines, quien sostiene que Trump engañó a todos desde la campaña electoral, que ya tenía pensado hacer todo lo que finalmente hizo. Si esto hubiera sido cierto los intentos de asesinato no tendrían ningún sentido.

Quizá Trump cayó en una situación parecida con sus donantes sionistas judíos y cristianos, salvando las distancias, a la de Perón con la Logia P2, organización que ayudó a Perón a ubicar el cuerpo de Evita y que se lo devuelvan. Perón manifestó que aceptó la ayuda como una cuestión de caballerosidad de parte de ellos, pero, luego vinieron con exigencias concretas sobre el comercio exterior de la Argentina durante su gobierno. Quizá los donantes oligarcas de Trump hicieron lo mismo, lo ayudaron (como ayudan a todos los bandos) en la inteligencia de que luego sería más dócil y manipulable. Ante un principio de resistencia, retomaron los intentos o las amenazas de asesinarlo.

Es mucho más simple reconocer que Trump tenía unas ideas (claramente contra la guerra en varias intervenciones durante su campaña, sin mencionar su primer mandato y la campaña previa al mismo) antes de asumir y que a fuerza de amenazas a su vida y probablemente a la de su flia., fue dejando esas ideas y/o maniobrando con la esperanza de ganar tiempo. Pudo haber ganado tiempo, pero su situación estratégica está bastante comprometida. Todos los expertos coinciden en que haber avalado las guerras perjudicará económicamente a EE.UU. y a sus propias aspiraciones políticas y de su movimiento que está cada vez más disgregado. Solo lo puede salvar un milagro en las elecciones intermedias de noviembre del corriente año, pero dudo que pueda enderezar la situación económica y política como para poder ganarlas, si es que llega vivo a esa elección.

martes, 21 de julio de 2026

La inteligencia femenina en acción: aquí la Teniente Coronel retirada Karen Kwiatkowski.

La inteligencia femenina es sorprendentemente intuitiva. Miren lo que responde la ex militar a la pregunta del Juez Napolitano ¿es Trump un títere payasesco del establishment?

Ver aquí la respuesta entre 15:30 y 17:36



jueves, 16 de julio de 2026

Sobre las implicaciones y profundidad del contenido de la declaración de independencia de EE.UU. el 4 de julio de 1776: ¿qué es primero: los principios o la identidad política?

En la declaración que hacen los representantes de EE.UU. reunidos en Congreso General la primera formulación que se encuentra es esta: “… leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho …” “…Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.”

Vamos a desglosar:

1) Todos los seres humanos son creados iguales.

2) Los seres humanos son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables: vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

3) Para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos.

4) Los gobiernos derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados.

5) Si un gobierno destruye esos principios, el pueblo tiene derecho a hacerlos volver a cumplir mediante la forma que a su juicio ofrezca más seguridad y felicidad.

Lo interesante es que 1) y 2) no dependen de autoridad o poder político, económico o social alguno. Constituyen principios que nadie puede elegir porque preexisten a los seres humanos, son en cierto modo eternos.

Es decir que los padres fundadores reconocen que no pueden hacer lo que quieren, sino que están limitados por los principios que reconocen como previos y eternos.

Esto significa que no es la identidad de la comunidad política o la autoridad o el poder el que sanciona los principios que se le ocurren, sino que los principios están primero y la autoridad debe respetarlos so pena de perder la legitimidad.

Fijarse que la legitimidad proviene del consentimiento de los gobernados (punto 4), siempre y cuando la autoridad respete los principios 1) y 2) y, que, si no los respeta, tiene derecho a 5).

Esta es la única manera coherente de formular la cuestión, puesto que cualquier otra manera alternativa, por ej., “que la autoridad política soberana decide”, conduce a la arbitrariedad y la destrucción de los principios 1) y 2) puesto que la única legitimidad posible es la que instituyen esos principios gracias a los cuales la autoridad política puede gobernar con el consentimiento de los gobernados.

Es decir que la legitimidad proviene de reconocer aquello que no depende de nosotros sino del principio generador y que, si no lo reconocemos, no tenemos legitimidad, cualquiera sea la causa que invoquemos.

Por lo tanto, los derechos que otorgó CFK en su momento, no los otorgó ella, sino que reconoció que había que aplicarlos porque obedecen a principios que ella no inventó, sino que son eternos. Y organizó su gobierno para que se cumplan esos derechos que concede no Cristina sino el descubrimiento y reconocimiento de los seres humanos de esos principios.

Ejemplo contemporáneo práctico: caso Ucrania.

Suele justificarse que Ucrania como “Estado soberano” tiene derecho a reformular las alianzas que sean y pedir la incorporación a la OTAN.

Pero, si aplicamos los principios que redescubren los padres fundadores de EE.UU. en 1776, vemos que eso está muy lejos de ser legítimo, porque interpreta “Estado soberano” independientemente de los principios que otorgan la legitimidad.

En efecto, cuando Rusia y la comunidad internacional reconocen a Ucrania como país independiente, hubo estatutos previos que mencionaban los principios bajo los cuales se instituye como Estado independiente: neutralidad, no alineamiento, paz. Estos eran los principios que instituyeron a Ucrania como Estado independiente.

No se puede alegar que esas eran reglas (no principios) sujetas a la temporalidad de cada orientación de gobierno porque esa interpretación es la negación de los principios por los cuales un pueblo puede conseguir la soberanía. Recordar el punto 5) de la declaración de independencia de EE.UU. En ese caso, el pueblo tiene derecho a reasumir el mando de nuevo y volver a restituir los principios destruidos.

Es decir que, lo que la corriente sofista jurídico-política del derecho internacional sostiene como argumento de la soberanía, en rigor es la destrucción de la soberanía porque la soberanía solo puede existir si un gobierno cuenta con el consentimiento de los gobernados en la medida que ese gobierno respeta los principios que lo preexisten y lo instituyen como tal gobierno.

En la interpretación sofista, por detrás del palabrerío, solo hay la negación de los principios instituyentes. Por lo cual, al gobernar independiente de ellos, la soberanía cae, el consentimiento cae. Queda solo la carcaza formal del Estado, la soberanía, etc.

¿Se entiende por qué toda autoridad debe legitimarse por principios que esa autoridad no puede inventar a su antojo? Toda autoridad, para ser legítima, debe reconocer esa limitación, porque, si no la reconoce, carecerá de legitimidad y ahí sí estará sujeta a la posibilidad de su desintegración.

Es extraordinario que gente muy intelectual, dedicada a la alta política (liberación de un imperio), como fue el caso de los padres fundadores de Estados Unidas, haya podido plasmar con tanta claridad el dilema profundo de toda organización.

Y no me sorprende para nada cómo la cultura jurídica y filosófica contemporánea malinterpreta una y otra vez el redescubrimiento de los padres fundadores, con un berretismo intelectual inacabable.