Como se puede apreciar, Grabois no tiene ningún problema en
reconocer el lawfare contra Trump en EE.UU. Con el sobrino de JFK va a pasar lo mismo en cualquier
momento.
Ya en los dos partidos del bipartidismo estadounidense están
cuestionando profundamente al establishment económico, financiero y militar.
Obvio que este establishment es una red oligárquica con
patas en Wall Street, el Complejo Militar Industrial, la RF, los servicios
secretos, las redes sociales, etc., en combinación con la City de Londres, los servicios secretos de la
Monarquía, etc., que intenta proseguir sus planes contra Rusia y China haciendo
apuestas cada vez más audaces que acercan cada vez más al mundo a la guerra
nuclear.
El desprestigio de las figuras políticas, tanto en EE.UU.
como en GB, que se dedicaron a avalar toda la geopolítica contra Rusia –cuyo fruto
es la guerra en Ucrania- y China –cuyo fruto puede ser la guerra en Taiwan-, es
cada vez mayor. Es previsible que los controladores oligárquicos de los
sistemas políticos en ambos países (EE.UU. y GB) tengan cada vez mayores
problemas para gestionar el aval de los mismos a esa geopolítica.
Las “soluciones” que tienen a mano son la profundización del
lawfare o, en su defecto, el asesinato liso y llano de los mismos candidatos
rupturistas (Trump y R. F. Kennedy) o de alguno de sus familiares.
Prefiero pensar que de las internas de ambos partidos (republicano y demócrata) Trump y R. F Kennedy salgan muy fortalecidos como candidatos y una mayoría notoria del pueblo estadounidense disuada a las redes oligárquicas de seguir con sus planes. Veo factible lo primero pero no lo segundo, aunque tengo esperanzas.
Muy bien Parrilli en explicar el funcionamiento de las redes
oligárquico-financieras en el tema recursos minerales y hasta dónde se
extienden.
Notar que por primera vez se reconoce que el que inclinó la
cancha para que el FMI otorgue el préstamo a MM fue el grupo oligárquico BlackRock,
dejando de mencionar el latiguillo progretudo que, cada vez que se hablaba de esto, señalaba a Trump como el
causante.
Hace rato que vengo diciendo que aquello de que "el FMI son los gobiernos" es una verdad a medias. Si esos gobiernos están colonizados por intereses especiales u oligárquicos, entonces, el FMI son los gobiernos ... colonizados por oligarquías.
Si se me dice que el presidente de un país como EE.UU. es muy poderoso, no olvidar lo que dice CFK aquí:
Fede Vázquez intenta transmitir de mil maneras algo pero no
puede, no logra rematar del todo la idea.
Y, en el fondo, se trata de algo simple, aunque luego de
entender su complejidad.
Empecemos de la siguiente manera.
Cuando JDP decía que toda lucha (sea política, económica,
militar, etc.) es una voluntad que mueve a una masa que se opone a otra
voluntad que mueve a otra masa y que lo único que las distingue es la dirección
en que se mueven, estaba diciendo que no se distinguen ni por la voluntad ni por
las masas. En eso hay identidad. Solo se diferencian por hacia dónde van.
Para simplificar, digamos que existen 2 voluntades:
1) la oligárquica global; y
2) la nacional-popular.
La voluntad 1) mueve una masa en dirección al Imperio. Y la
voluntad 2) la mueve en dirección al Estado Nacional soberano.
Se podría decir que la voluntad 1) tiene una jefatura que
depende del extranjero, mientras que la voluntad 2) tiene liderazgo de
conducción (por ej., JDP) o liderazgo de conjunto (por ej. CFK).
En la medida que 2) tiene éxito, transforma la masa en
pueblo. En la medida que 1) tiene éxito, es al revés, el pueblo vuelve a ser
masa, lo que ocurre, generalmente, cuando el líder desaparece.
Recordar que la masa se diferencia del pueblo. La primera es
reactiva, en contra de las consecuencias de la injusticia, no hay liderazgo ni
doctrina. El segundo es propositivo, a favor de un líder y su orientación, sí
hay doctrina.
Es muy importante entender que la voluntad 2) va en una
dirección que es una construcción. ¿Qué se construye?: la soberanía nacional
para que se puedan hacer obras de justicia social, lo que significa que el
gobierno intenta que el Estado tome decisiones por sí, por el pueblo, libre de
la influencia oligárquica (no solo de otros países).
La condición de esta construcción no es, como suele creerse,
la confrontación con la voluntad 1) (como tiende a creer el candidato de UP
Grabois). La condición es el liderazgo y la voluntad moviendo a las masas hacia
la causa de la soberanía nacional. Esta es una causa positiva, no es contra
nadie, es a favor de la Nación que es lo mismo que decir que es a favor de su
pueblo, incluso a favor de las masas que mueve la voluntad 1).
Cuando JDP creó el IAPI o nacionalizó los depósitos del
BCRA, por ej., no lo hizo para confrontar con nadie, ejecutó uno de los
tantos medios de realizar el principio de afirmación nacional soberana que es
el control del comercio exterior o el sistema financiero en su calidad de
resortes fundamentales.
La consecuencia de eso es que habrá poderes que lo van a
confrontar, lo que no significa que 2) tuvo que confrontar con los poderes de
1) para realizar eso. 2) Tuvo que ejercer el liderazgo, ganar voluntades,
acumular poder en esa dirección y pasar a la realización (no se quedó solo en
la concepción). Como consecuencia de eso los poderes 1) lo confrontan.
La confrontación es un efecto (no querido aunque asumido)
del liderazgo de conducción en la práctica social y adopta la forma de
demarcaciones ideológicas. No es que el liderazgo se propone confrontar, solo
se propone ejecutar lo que concibe construir. Como consecuencia lo confronta la
voluntad 1). Uno se puede pasar toda la vida confrontando y desafiando al poder
sin tener la capacidad de liderazgo ni de ejecutar concepción alguna.
Esto no es semántica, es algo sutil pero muy decisivo.
La independencia económica y la soberanía política, que son
las condiciones necesarias para que haya justicia social, son causas positivas,
que hay que construir tanto en la concepción como en la acción, no es algo que
se le quita a alguien, más bien es al revés, es algo que tiene como efecto que haya
más bienes materiales y espirituales para más gente, sin que eso signifique
menos para nadie.
La voluntad contraria 1) no es que tiene algo que haya que
quitarle para que nuestra voluntad se pueda materializar. No. No es así. Ellos
no tienen nada que nos sirva a nosotros.
La construcción de la obra de justicia social depende
enteramente de nosotros, de nuestras virtudes, nuestras ideas, nuestra
capacidad de darnos líderes de conducción o de conjunto. No depende de quitarle
algo a alguien.
Se me podrá objetar, siguiendo la propia lógica de mis
propuestas teóricas, que ellos (la voluntad 1) tiene los resortes y recursos fundamentales
y que nosotros (la voluntad 2) no los tenemos.
Es correcto.
Sin embargo, la soberanía no es solo un cambio de manos o una
inversión de lugares, es la construcción de un Estado Nacional por medio del
liderazgo de conducción para que se pueda ejecutar una concepción cuyo efecto
es el mejoramiento de las condiciones materiales y espirituales de las personas
y familias que constituyen la nación. El cambio de manos es más bien una consecuencia de esa construcción.
Eso puede conducir a la disminución del control oligárquico,
pero eso no significa que las masas que la voluntad oligárquica logra mover
empeoren sus condiciones de vida ni que las logra mover por ese motivo.
Por ejemplo, si no hubiera existido la experiencia
peronista, la clase media argentina sería una franja de la sociedad mucho
menor. Sin embargo, fue en gran parte de esas clases medias donde anidó
fuertemente el sentimiento antiperonista.
Llegamos, así, al punto en el que tomamos conciencia de que
el único fundamento de lo colectivo, de la sociedad toda, del país, reside en
nuestra causa, no en la de ellos. La tarea de tener un país, una sociedad, es
enteramente nuestra, porque somos los únicos, en tanto voluntad colectiva 2,
que no necesitamos negar a nadie, porque lo que queremos construir es para
todos, incluso para los que nos detestan.
No podemos dejar afuera a nadie porque nos lo impide el
mismo principio de bienestar general y justicia social que queremos realizar.
Esto hay que entenderlo racionalmente, lo más despojado de
las emociones dentro de lo posible. Nosotros queremos construir la casa común a
todos, aún para aquellos que les tiran piedras a los constructores.
Construir el país, lo colectivo, la nación soberana es el
único juego que se puede jugar aunque uno de los jugadores no quiera. En todos
los demás juegos, se requiere necesariamente que los jugadores quieran jugar y
respetar las reglas de ese juego.
Para construir una nación soberana no hace falta ese
requisito. Con el liderazgo de conducción y el suficiente arte, inteligencia,
habilidad y astucia, se puede lograr que arranque la construcción del Estado
Nacional soberano aunque haya mucha gente que se oponga, no a la idea, sino,
más bien, al que conduce la idea.
Si cedemos a la tentación de la simetría (“nosotros” o “ellos”,
“ellos o nosotros”), terminaremos pareciéndonos a ellos. Y no habrá diferencia.
Lo más importante no es que nosotros tenemos “nuestra
ideología”, “nuestras convicciones”, mejores que las de ellos. Ellos pueden
pensar lo mismo pero al revés.
Nosotros seguimos principios y a líderes de conducción que
los encarnan para que puedan realizarse en beneficio de todos.
Si tenemos la suficiente inteligencia para darnos cuenta de que
necesitamos una nación que nos cobije a todos, entonces debemos saber que lo
tenemos que hacer, también, para los que no se dan cuenta de eso, incluso para los que
nos combaten, cualquiera sea la razón.
Si no pensamos así, esa nación nunca la vamos a tener. Podrá
predominar una facción u otra, pero la nación nunca la vamos a tener.
La práctica de liderazgo de
conjunto que ejerce Cristina no es de conducción –aunque intenta serlo-, en el
sentido en que lo practicaba y entendía JDP en sus conferencias de “Conducción
Política” de 1951.
En efecto, la diferencia entre
un liderazgo de conjunto y un liderazgo de conducción de conjunto radica en el
virtuosismo o arte de las personas que lo ejercen en cuanto a sus facultades
emocionales, espirituales y racionales.
Cristina no tiene el talento
natural que tenía JDP para ejercer el liderazgo de conducción, pero está
intentando aproximarse a eso por vía del método y la racionalidad.
La principal consecuencia de esta
diferencia entre liderazgo y liderazgo de conducción es que las masas que logra
aglutinar el primero son más homogéneas pero menos amplias, mientras que las
del segundo son más heterogéneas y más amplias.
El liderazgo de conducción de
JDP apuntaba a conducir a alrededor del 60% de la población mientras que el
liderazgo de Cristina apunta al 45% más o menos.
Entonces, las consecuencias de
ambas clases de liderazgo son tanto cualitativas (más o menos heterogeneidad de
masas) como cuantitativas (más o menos apoyo de masas).
Lo que tienen en común ambas
clases de liderazgo es la vinculación emocional con las masas que es de gran
persistencia y resistencia a las adversidades.
Una de las razones de lo que
dice Artemio L. en relación a los “liderazgos equivalenciales” que
protagonizaron el origen del Frente de Todos, es el haber pasado por alto este
vínculo emocional con las masas que mantenía Cristina mientras que los otros
dirigentes carecían de esto.
Aquí reside por así decir la “anomalía”
Cristina: que ella no es dirigente, es líder, tiene cualidades morales e
intelectuales que nadie tiene, hasta ahora, lo que hace que ese vínculo
emocional permanezca. Por eso todos los demás son dirigentes y no líderes.
Ahora bien, esta singularidad
del caso Cristina plantea dificultades adicionales a todos los dirigentes y a
los espacios políticos propios o contrarios.
En efecto, en la medida que
Cristina no pueda gestionar directamente los asuntos del país sino mediante
interpósitas personas, éstas, cualesquiera sean, no pueden desempeñar el cargo
de Presidente, haciendo como si el liderazgo de Cristina (con todo lo que ello
conlleva) no existiera o considerándola una dirigente más.
Esto último fue el caso de
Alberto F., quien intentó gobernar “a su manera”, blindándose con Kulfas y
Guzmán y subalternizando a Cristina, sintiendo que si gobernaba teniendo en
cuenta a Cristina se le caía la coronita. Finalmente, su propio ego más el de
Kulfas y Guzmán lo condujo al desastre, el cual tuvo que ser atendido en
emergencia por Cristina y Massa.
Mientras Cristina viva y no
surja un liderazgo de similares características o mejores, los futuros
presidentes de Argentina tendrán que resolver sus problemas de ego, puesto que
están en el lugar más importante pero no serán la persona más importante.
Otra alternativa es la traición
lisa y llana y aliarse al enemigo contra Cristina, pero eso sería a costa del
caos e ingobernabilidad muy peligrosos.
Lo que hay que honrar es al
cargo de Presidente de la Nación, la persona que lo desempeñe no se subvalorará
por reconocer el liderazgo de Cristina, por el contrario lo enaltecerá buscando
continuamente la sintonía con ella, en la inteligencia de que ambos, en
distintas funciones, harán todo lo que esté a su alcance en aras de la causa de
la patria, o sea de su pueblo.
De los análisis de los post precedentes y mis comentarios en el Blog de Artemio, no se desprende necesariamente que votar a Grabois es un error. Sería una cosa buena si se cumple el siguiente requisito.
Si Grabois, en su calidad de conductor táctico, y sus colaboradores logran inculcar en toda su militancia y sus simpatizantes y adherentes la perspectiva de que están enfrentando en una interna a otro conductor táctico y que ambos comprenden su función, de que se trata de facilitarle la lucha a la jefa Cristina, en su calidad de líder de conjunto.
Grabois debe explicar a los suyos en las PASO que él se considera mejor ayuda para Cristina que Massa y por eso se propone como candidato. No tiene que cometer el error de Randazzo en 2015 que combatió a Scioli como si fuera el enemigo.
Grabois debiera transmitir que él es un auxiliar de Cristina porque ella es la que mejor conoce en qué condiciones generales y de conjunto la lucha táctica puede prosperar.
Porque lo que define el éxito es la estrategia de conjunto no que a algún sector táctico le vaya bien. Cristina necesita de los Massa y de los Grabois. Hay que lograr que la militancia entienda esto con la razón y con la emoción.
Si no se lo entiende así, se corre el riesgo de que suceda, como dice Boudou, lo del 2015, cuando, el entusiasmo después de las PASO no alcanzó para evitar que MM ganara.
Para que Grabois entienda esto debe dejar de lado su noción de "hegemonía" interna que nada tiene que ver con la realidad cuando existe un liderazgo unipersonal de conjunto que es Cristina.
LA SÍNTESIS NO ES QUE UNA PARTE DEL TODO SE IMPONGA. Existiendo Cristina esto es un error garrafal.
Por lo tanto, la campaña de Grabois debe tener en cuenta estas consideraciones para lograr que la militancia y sus votantes comprendan que la interna es un paso entre muchos otros dentro de un proceso en el que Cristina es la clave y sabe mucho mejor que nosotros el rumbo.
De esta forma se logrará que luego de las paso, la militancia y los activistas y simpatizantes comprendan que tienen que seguir luchando porque Cristina sigue luchando por todos nosotros.
Algún día deberemos comprender que una cosa es que nos impulse el deseo individual (aunque sea de muchos individuos) y otra cosa que lo haga la razón del bien colectivo.
"... cuando los hombres comiencen a darse cuenta de que con el progreso general de todos, ellos también progresan, se darán cuenta que es mejor pelear en conjunto y ganar en conjunto, que pelear aisladamente, ganar alguna vez y perder otras. Es decir, no empeñarse en una lucha estéril entre nosotros cuando tenemos al frente un enemigo contra el cual debemos luchar" (JDP).
En el conversatorio con Boudou y Artemio, Tognetti
representa la postura llamémosla “cuestionadora” que es la que tienen en mente
numerosos militantes y simpatizantes politizados.
El periodista o “animador” –así suele autodefinirse
Tognetti- insiste en la tesis de la claudicación de CFK bajo presión en ocasión
de armar la fórmula presidencial. Si mal no entendí llega a afirmar que la
fórmula la impuso Alberto (!!). Otros dicen que la impuso la Embajada de EE.UU. En
mi propia flia. hay una versión de que el atentado contra la vida de Cristina
provocó que ella claudicara. Se pueden multiplicar “ad eternum” estos
razonamientos.
La matriz de dichos razonamientos es exactamente la misma
que los de muchos militantes de la resistencia de la segunda mitad de la década
del ’50 del siglo XX, cuando JDP, desde el exilio, da la instrucción de votar a
Frondizi. Es exactamente la misma que los de JWC, un gran ideólogo del
peronismo, después del primer intento de retorno frustrado de Perón a fines de
1964 hasta la muerte de aquél en 1968. También es exactamente la misma que la
de la mayoría de la militancia de la Tendencia Revolucionaria del peronismo
durante la campaña de Cámpora hasta el regreso de Perón al gobierno y su muerte
a mediados de 1974. Y así sucesivamente. …
Las diferencias en cuanto a los argumentos son de forma,
grado, intensidad e ideología, pero la matriz subyacente pienso que es
exactamente la misma en todas esas ocasiones históricas. Y en los tiempos más
recientes volvió a ocurrir en ocasión de la candidatura de Scioli en 2015 en
lugar de Randazzo, en 2019 con la de Alberto y ahora con la de Massa en lugar
de Wado.
Lo interesante en la discusión que Tognetti le plantea a
Boudou y Artemio es que, cuando Artemio recurre al argumento de que en el
peronismo cuestionar las decisiones estratégicas de la líder es perjudicial
para todos y que eso en la historia fue así y sigue siendo así, Tognetti lo soslaya
diciendo algo así como que los líderes son hombres y mujeres [como cualquiera]
con aciertos y errores.
Y acá se revela el problema que es político por un lado,
pero de índole psicológico por otro, porque están involucradas emociones
personales que impiden el reconocimiento del problema verdadero que es la falta
de tolerancia cuando la realidad no coincide con nuestros deseos, algo parecido
a lo que se puede llamar “frustración narcisista”.
Cuando estos sentimientos son muy intensos la persona queda
tan embargada que no puede reconocer cosas evidentes, salvo las que coincidan
con sus deseos. Esto sucede en todas las facetas de la vida de una persona y,
también, como es natural, en la política, puesto que la política está hecha por
personas.
Si, como dice Tognetti, los líderes son personas con aciertos
y errores [como cualquiera], entonces NO hay líderes, con lo que los atributos
que diferencian a los “líderes” de los demás son de carácter arbitrario. Aunque al comienzo de su intervención el periodista subraya la cualidad de Cristina en términos de su "profundidad" superior a la de los demás políticos, a la luz de los planteos y cuestionamientos implícitos posteriores, esa declaración inicial queda como una formalidad o algo puramente estético.
Esto, aunque no sea conciente en las personas que así
piensan, equivale a elevarse ellos a la altura de los “líderes” (por eso no hay
líderes) o rebajar a los líderes a la altura de ellos (por eso tampoco hay
líderes).
Su suerte de confesión de que votó a Alberto con "entusiasmo"
se relaciona con esa dificultad de no poder captar el trabajo de Cristina en
tanto líder, ni siquiera el simple hecho de que si lo pudo votar en 2019 fue
gracias a Cristina. O sea, su entusiasmo en aquel tiempo también se lo debe a
Cristina.
Por eso, a los oídos de Tognetti, cuando Boudou le habla de
que existe una “construcción” en la estrategia de Cristina, o Artemio cuando le
dice lo de la centralidad “axiomática” (que no se discute) del liderazgo de
Cristina, todo eso le suena a Tognetti hueco, no tiene forma de agarrarlo o
insertarlo en su propia cabeza porque no tiene los recursos, no me refiero a
los intelectuales que los tiene bastante, sino emocionales (aquí juega el
factor psicológico).
Es por eso que, llegados a ese punto, no puede haber interacción
porque sucede como en el dicho “Dios le da pan al que no tiene dientes”.
Profundizando en la faceta psicológica de la discusión,
resulta significativo que Tognetti apele, luego del punto álgido del pedido de
su parte de “honestidad”, a validar a la persona de Boudou, diciendo que
hubiera sido un extraordinario presidente. Esto me da la pauta que el
periodista prioriza la validación no por el análisis certero de la realidad
sino por las necesidades de reconocimiento personal.
El problema subyacente, entonces, es que en la práctica política e ideológica de los cuestionadores al liderazgo de conducción de conjunto unipersonal predominan factores emocionales y personales que tienden a priorizar la satisfacción del deseo personal. Cuando la realidad no satisface, entonces encuentran salida en el cuestionamiento, el cual tratan de "blindar" para que no sea, a su vez, cuestionado.
No sé si se capta que, bajo el condicionamiento de esos estados psicológicos, las prácticas políticas e ideológicas quedan "torcidas" en la medida que pierden de vista el objetivo fundamental de las mismas que es resolver los problemas para las transformaciones reales, en un más allá de los deseos personales.
Termino con las ideas que expuse en el post anterior y en
los comentarios a los post de Artemio en su blog linkeados arriba, pero con más
elocuencia.
CFK, desde que se fue de la presidencia, en el llano
(2016-2017), en el bloque de Senadores (2017-2019) y como Vicepresidenta
(2019-2023), está trabajando, mucho más allá de sus deseos, para generar las
mejores condiciones posibles para que el conjunto del pueblo pueda seguir
luchando con esperanza de mejorar sus condiciones materiales y espirituales.
Ése es el trabajo de la compañera. A ella los cargos le
importan un pito, si los desempeña no es por deseo personal o alguna clase de ambición sino por la consideración precedente. Está absolutamente compenetrada con ese trabajo que es un
proceso muy difícil porque la que pone el cuerpo es ella al tiempo que no puede
gestionar el gobierno directamente.
Por lo tanto, la relación con sus auxiliares reviste una importancia extraordinaria en
el momento actual, en la medida que ella no termina de formar y moldear sus propios instrumentos de conducción. Los auxiliares en esto son imprescindibles. Ella necesita estar enterada de todo al momento, con diálogo
fluido y permanente con los administradores y gestionadores. Es decir, lo que
le fue negado bajo el gobierno de AF, sobre todo en la época en que funcionaba
el trío terrible (AF, Kulfas y Guzmán).
que es de mediados de abril dije en su título que Cristina
tenía 50 días para salvar al país. Bueno, se tardó un poco más, pero lo logró.
Sin embargo, muchos militantes y simpatizantes o politizados
de “izquierda” (no debe haber término más ambiguo que este) del espacio K,
viven ese éxito como una defraudación o desilusión.
Resulta comprensible ello porque esas sensaciones o
sentimientos están basadas, en gran medida, en emociones que dificultan una
percepción un poco más aguda de la realidad.
La causa de esas creencias y emociones subyacentes es
exactamente la misma que en el caso de la mayoría de la juventud en los ’70 que
vivió el ascenso de Cámpora y el regreso de JDP. Se trataría de algo
estructural que se repite en la historia, más allá de la diferencia de matices
o intensidad.
En varias ocasiones discutí esto en la sección de
comentarios aquí:
JDP se cansó de explicarlo, pero jamás fue comprendido. El
año que viene va a ser medio siglo desde su fallecimiento pero aún no se lo
comprende.
Voy a basarme en las ideas de JDP pero de modo paradójico a
ver si logro que alguien se ponga a pensar y logre, por fin, comprender a JDP.
Para JDP la conducción es un arte de creación y ejecución.
La dificultad está en la creación porque pocos son capaces de crear. Esa
conducción es de conjunto, sino no sería conducción. El liderazgo de conducción
es de conjunto, no es de partes.
El líder o la líder no pueden embanderarse con una de las
partes porque las partes no conducen el conjunto, solo conducen la parte
táctica en un lugar y momento determinado. Puede haber múltiples tácticas y
conductores de táctica pero no puede haber múltiples estrategias y conductores
de conjunto.
La posición del líder de conducción de conjunto no nació de
una parte que pasó a controlar y hegemonizar el todo. Nació directamente del
todo, es decir de la relación líder-masas y transformación de la masa en pueblo
en caso exitoso.
La mayoría de las personas no comprende esto porque toda su
vida política se desenvuelve como integrantes de una parte (cualquier
agrupación u organización política) y todas sus percepciones están condicionadas
por eso. Todas sus referencias pertenecen a la geometría de la parte, no del
todo.
El problema de esto es que esa experiencia inmediata como
habitante del espacio táctico de parte (no estratégico de conjunto) propicia
inconcientemente arraigar un sistema de creencias espontáneas individuales que
proyecta el sistema de referencias de la parte hacia el todo, como si el todo
no fuera más que la imposición de una de las partes.
Así, en el espacio táctico de parte, se va formando una suerte de “fetichismo”
en el que la figura del liderazgo del conjunto agrada en la medida de que lo
que diga y haga coincida con el “ideologismo” del espacio de parte. Y, si no
coincide, no agrada.
Los dirigentes y militantes del espacio táctico pueden ser
muy realistas en lo suyo, en lo que demanden las exigencias de su realidad
parcial, pero, cuando evalúan lo que les llega del nivel del liderazgo de
conjunto, se dejan llevar por las apariencias y caen en conclusiones
completamente fuera de la realidad.
Por eso, los que así sienten y piensan, nunca pueden
entender que la solución que encuentra o crea el liderazgo de conjunto sea tal
cosa (una solución), porque al “desafiar” los fetiches de su ideologismo no
puede ser otra cosa que una claudicación, etc., etc.
Lo irónico o, si se quiere, paradójico de esto es que cuando
efectivamente el liderazgo de conjunto (CFK) nos está salvando a todos de un
desastre, es visto eso como un desastre. Mientras que, desde el liderazgo de
conjunto, es el empeño en imponer un candidato de parte, el que llevaría al
desastre.
Esto es lo mismo que decir que, si el empeño del espacio táctico se sale con la
suya y logra imponer sus deseos a todos, todo se va al diablo.
La “satisfacción” de cumplir nuestros deseos mientras nos
vamos al infierno, no sirve de mucho, no es así?.
Con lo que Cristina, al evitar que se cumplan nuestros
deseos, nos salva a todos.
Ella no cumple con su deseo, solo está en una posición en
que tiene que garantizar la continuidad de la lucha en mejores condiciones para
el conjunto que las que obtuvo bajo el gobierno de Alberto Fernández, gobierno
que no solo nunca le facilitó eso, sino que se lo obstaculizó casi todo el
tiempo.
Yo sé que esto no es fácil de entender. Pero piénsese si CFK
no intervenía como intervino en mayo/19, estaríamos hoy en el segundo gobierno
de MM, con Boudou preso, Navarro preso, etc., etc., con represión, salario real
destruido, roll over de los 57.000 millones del FMI, industria destruida y
vendiendo armas a los golpistas de Bolivia o a la dictadura en Ucrania o
enviando militares allí. Esto no es una hipótesis contrafáctica, era la
evolución natural de ese gobierno.
Desde el espacio táctico todo esto no lo vemos, solo lo ve CFK. Desde el espacio
táctico solo vimos el lamentablemente mal gobierno de Alberto quien gobernó no
para los argentinos/as sino para su propio ego, lo que obstaculizó enormemente
el liderazgo de Cristina.
El mérito de Cristina nunca fue su capacidad de confrontar
con el poder económico sino su capacidad de aguantar la confrontación que le
hacían por su capacidad de realización en un proceso de gobierno que mantuvo un
mínimo de bienestar para el pueblo dentro de una estrategia orientada a
profundizar y extender ese bienestar. Esto ocasionó que los poderes oligárquicos
la enfrentaran en una campaña de desprestigio y socavamiento incesante. Campaña
que continúa mucho más allá de su gobierno, pasados casi 8 años, lo que revela
dónde le aprieta el zapato al establishment.
La confrontan por su capacidad, no que ella tiene la capacidad
de confrontar. Esta es otra cosa que la “izquierda” no entiende. Creen que el
mérito consiste en confrontar per se. No es así, el mérito consiste en que tuvo
la capacidad de concebir y hacer en favor de grandes mayorías populares. Como
consecuencia de eso vino la confrontación de los contrarios.
El desafío es, de nuevo, la capacidad de concepción y de
acción. Cristina es la que la sigue teniendo junto con el vínculo emocional con
una parte relativamente importante de la sociedad. Por eso sigue siendo la
líder.
Lo único que ella necesita es que la relación con el que se
ocupe de la gestión desde la presidencia sea fluida, sin reservas mentales, y
que el Presidente se mantenga dentro del cauce estratégico sin obstaculizar su
liderazgo que sigue siendo, de hecho, irremplazable, feliz o lamentablemente.