lunes, 30 de agosto de 2021

Afganistán y otra esperanza.

Deberíamos meditar qué significaban las fórmulas de los revolucionarios americanos: todos los seres humanos tienen derecho a la “búsqueda de la felicidad”; todos somos iguales en esto y merecemos las mismas oportunidades. Y no solamente los de hoy, los del futuro también.

¿Queremos o no que todos los seres humanos (los que ya existen y los que están por venir) en este planeta vivan mejor, con salud, educación y con oportunidades de desarrollar sus potencialidades? Los líderes actuales o futuros de cada nación saben qué necesitan sus poblaciones para vivir mejor. Aquí reside el fundamento de la soberanía. Porque solo podemos acceder a lo universal desde lo local o nacional. Las diversas culturas como las diversas religiones son los distintos caminos para llegar a lo mismo. Por eso los sabios tanto en la ciencia como en la religión siempre fueron universales aunque fuertemente imbuidos de su propia cultura local donde nacieron.

¿Quiénes se oponen a que el mundo y su población mejore?. Los oligarcas globalistas que ni siquiera tienen una nacionalidad real (solo nominal) porque forman parte de un imperio. El bienestar de cada pueblo de cada nación no puede ni debe estar supeditado a los dictados y preceptos globales de las oligarquías y sus auxiliares. ¿Vamos a dejar que los oligarcas nos digan cómo tenemos que vivir en cada nación?. ¿Que el planeta es chico y la población es demasiada y no hay recursos para todos?. ¿Que si los hubiera arruinaríamos el medio ambiente?.

Por favor macanas no. No seamos crédulos. Los que dicen eso tienen intereses ocultos, no confesables públicamente. ¿Cómo se puede confiar en gente así?.

Lo que en realidad pasa es que ellos temen que en un mundo dedicado a mejorar las condiciones de vida de toda la humanidad, ellos van a perder influencia, porque ese no es su negocio. Temen perder su poder, privilegios e impunidad.

Toda la población mundial cabe en la Provincia de Buenos Aires sin tocarse. El planeta es chico?. “Te toman por boludo” parafraseando a un conocido periodista.

¿Qué los recursos se acaban? Sí sin duda, se acaban unos y se aprovechan otros cuando se hace un descubrimiento científico del cual se deriva un invento y otra tecnología que aprovecha nuevos recursos o hace más eficientes los viejos. Todo ser humano nace con boca para alimentarse pero también con cerebro para pensar, no es así?.

Ese cerebro para pensar es como un fórmula 1 de carrera. La sociedad, libre de las influencias oligárquicas, debería organizarse para que haya infraestructura adecuada para que ese fórmula 1 pueda correr. Si lo usamos en la calle de empedrado a 20 km x h lo fundimos.

¿Quién dice que hay un límite al crecimiento?. R.: Los oligarcas, privilegiados e impunes que temen que alguna nación (posiblemente China) utilice su conocimiento científico, tecnológico y técnico al servicio de mejorar a la humanidad entera, siendo que los chinos son una porción significativa de la humanidad.

Todos los integrantes de la humanidad pueden vivir mejor con los recursos que hay hoy. Eso no significa que no haya que seguir apostando a mejorar el conocimiento científico y artístico y a producir nuevo conocimiento porque esa es la verdadera fuente de la riqueza. No la “cantidad de trabajo” ni el dinero.

En este sentido, tanto el neoliberalismo capitalista como el marxismo son absolutamente infantiles desde el punto de vista teórico o conceptual. Es obvio que los “rendimientos decrecientes” o la disminución del valor se relacionan con el desgaste de los procesos físicos que dependen de recursos y tecnología fija. No se relacionan ni con la disminución del “apetito subjetivo” ni con la disminución “objetiva” de horas de trabajo.

Por ejemplo, si la humanidad, haciendo caso al “consenso de la comunidad científica” -en rigor eso es efecto de la intervención oligárquica en la práctica científica-, se embarcara en la inversión creciente en paneles solares, baterías y molinos de viento, eso los ideólogos del capitalismo lo verían como gran avance y crecimiento respetando el medio ambiente y los del marxismo lo verían como desarrollo de las fuerzas productivas y aumento del capital constante y del valor en general.

Pero, lo que realmente ocurriría es que la cantidad total de población humana disminuiría porque la energía obtenida por esos medios no es lo suficientemente densa para mantener actividades productivas necesarias (tanto industriales como agropecuarias). Por lo tanto, la misma lógica imperante en ese camino, definirá lo que es necesario y lo que no lo es, sin importar el efecto que produzca en términos de disminución de la población mundial.

Y esto es independiente de los ideólogos tanto de un lado como de otro, porque se trata de leyes y principios físicos.

Así como no podemos ahorrarnos esfuerzo y trabajo cortando un bife con un palo para comerlo –porque necesitamos un instrumento filoso como el cuchillo- no vamos a poder vivir con energías tan poco densas, como la solar o eólica. En el instrumento del cuchillo la densidad está en el filo y la fuerza está en la mano que lo agarra. Sin ese filo, la fuerza se desperdicia porque no corta. Cuanto más filo, más se concentra la fuerza y más se ahorra.

Con la mejora de las condiciones de vida de la humanidad sucede cosa parecida. Necesitamos cada vez más “intensidad” para que la fuerza sea eficaz y los trabajos que hay que hacer se puedan hacer con menos esfuerzo, lo que no significa que haya más desocupación, puesto que el ahorro en el trabajo manual se compensa con el intelectual y calificado. Para ello hay que aumentar hasta los 35 años el período de educación de las personas e ir orientando los contenidos en la perspectiva antedicha.

EE.UU. tiene una gran responsabilidad. El día que puedan recuperar su soberanía deben reconvertir el complejo militar industrial que, en lugar de estar al servicio de la geopolítica oligárquica occidental (a predominio angloamericana), debería orientarse al mejoramiento de las capacidades productivas al servicio de los seres humanos.

Los cientos de miles de millones de dólares que se consumen en la geopolítica de guerra se deben convertir en crédito para la investigación científica, la producción de maquinaria y la construcción de nueva infraestructura sanitaria, educativa, de transporte y comunicaciones y de energía. De esta manera se podrán construir y diseñar ciudades nuevas con nuevos materiales y se podrá aumentar la exploración espacial (uso de la Luna y Marte, por ej.).

Ese sería un mundo pensado para los próximos 100 años y para albergar con mejor bienestar a unos 15.000 o 20.000 millones de personas. Obvio que con paneles solares y molinos de viento eso no lo vamos a lograr, más bien lo que vamos a lograr es que la población se reduzca de 8.000 millones a  4.000 millones o menos.

Los oligarcas y sus secuaces en los Estados y gobiernos colonizados por ellos prefieren malgastar los recursos en la geopolítica de guerra. Fíjense los lamentos de los ingleses por la retirada de las tropas de EE.UU. de Afganistán. 20 años de desastre continuo allí, protegiendo la producción de opio, manteniendo latente al islamismo fundamentalista creado por ellos mismos. Miles de millones de dólares a la basura en nombre de la “alta” geopolítica y sus juegos.

Se vuelve a verificar por enésima vez (como sostenía Sócrates) que el mal es estúpido porque se vuelve contra sí mismo. Los desastres que produce contribuyen a su propia desaparición. Obvio que las personas que dirigen (formal e informalmente) el complejo militar industrial estadounidense buscarán otros escenarios para sus juegos geopolíticos, condicionando a esos fines el uso de los recursos. Esto no es difícil de prever porque la fábrica de geopolíticos, aunque amparada por los oligarcas, funciona solita.

Pero en EE.UU. está jugando otro factor que no tiene buena prensa: la presión que ejercen (de modo subyacente) más de 75 millones de personas que votaron la reelección de un candidato que consideran fue sacado del cargo por medio del fraude y que está muy pero muy enojados con las “políticas neoliberales globalistas conservadoras y/o progresistas”, tanto de Bush, como de Obama y su continuador actual Biden.

Es en este marco que hay que entender la decisión de Biden de retirarse de Afganistán que no es nada más que ejecutar lo que había decidido su predecesor en el cargo Trump pero al que no le habían hecho caso. De algún modo la presión interna debe ser aliviada, de lo contrario el gobierno de Biden terminaría en una catástrofe política y electoral.

Sin embargo, las fuerzas que impulsan la geopolítica de guerra (complejo militar industrial y servicios de inteligencia geopolítica), la burbuja financiera y economía verde (oligarcas a predominio financiero) siguen vigentes y buscarán encausar las cosas de nuevo, presionando a todos los gobiernos que puedan para que adopten la descarbonización (la que es resistida en India y China más allá de lo discursivo) a cambio de dinero (lo que significa renunciar al desarrollo por dinero oportunista) y buscando escenarios viejos o nuevos para trastornar en función de sus objetivos geopolíticos. Esto lo podremos apreciar en breve.

No olvidemos nunca que el mundo siempre es una singularidad en el que podemos caer de un lado o del otro, lo que no está determinado de antemano.

Es hora de reflexionar e interrogarse. ¿Queremos seguir vivos sobre este planeta?. ¿Para qué?. ¿Cuál es la misión?. ¿Para qué estamos?.

Si la vida nos fue dada por una razón, averigüémosla. Seguramente es una buena razón, mucho mejor, infinitamente mejor que las que estamos acostumbrados a recibir del pensamiento oligárquico y su innumerable cantidad de auxiliares concientes o inconcientes.

miércoles, 28 de julio de 2021

Breve balance político-económico de la historia reciente y qué es una economía saludable.

Voy a tratar de ser lo más breve y directo posible. Los que me hayan leído en la blogósfera durante los últimos 14 o 15 años, quizá ya estén familiarizados con las siguientes conclusiones.

Las fases de inserción globalista: dinámica y crisis.

La década del '90 y Menem-Cavallo tuvieron lo que se consideró en aquéllos tiempos "éxito" porque efectivamente hubo un gran ingreso de capitales desde el mundo global hacia la Argentina al compás de la venta de las joyas de la abuela que fueron las privatizaciones de casi todas las empresas del Estado argentino.

Ese proceso escondió uno más oculto: que, en el mediano plazo, la salida de capitales por todo concepto excedió con creces a la entrada. Esto quiere decir que el balance entre entradas y salidas era ampliamente negativo pero no se notaba demasiado, por lo menos al momento de la entrega de Menem del mando a De la Rúa, aunque los nros. de la deuda externa eran alarmantes para muchos pero no tanto para otros muchos.

Por lo tanto, el modelo de inserción de Argentina en la globalización resultó relativamente "exitoso" porque no colapsó durante el mandato de Menem. Algo parecido ocurrió con Martínez de Hoz, quien se fue antes del colapso.

Evidentemente un modelo basado en la transferencia de capitales al exterior, vía pago de servicios de deuda, seguro de cambio gratuito, remisión de utilidades, etc., etc., y que solo era equilibrado muy parcialmente con el ingreso de capitales (especulativos en su mayoría), tenía que terminar necesariamente mal. Lo que prolongó la vida de ese modelo fueron las privatizaciones, sin las cuales dicho modelo hubiera colapsado durante el mandato de Menem. El colapso de ese modelo de inserción globalista fue con De la Rúa y Cavallo en su regreso.

Lo que hay que comprender aquí es que el modelo globalista tuvo una fase de “éxito” y otra de crisis o crack y que una sigue a la otra como el efecto a la causa. No se pueden disociar la fase de éxito y la de crisis. Son las dos caras de lo mismo. Lo que está mal es el modelo de inserción global en sí mismo independientemente de la fase en que está. No es que el modelo es bueno mientras tenga “éxito” y es malo cuando no lo tiene. Sino que el modelo es malo en sí mismo, tenga o no éxito. Es como decir “hipoteco mi casa y tengo los bolsillos llenos de plata y me dedico a consumir y tengo éxito porque compré una Ferrari”. No hno. no tenés éxito, te vas a quedar sin casa, sin plata y sin auto. 

Entonces, lo máximo que podemos decir es que en el modelo de inserción globalista (llamémosle modelo A) que el compañero Menem decidió avalar tuvimos, una fase de:

1) Euforia (como en el caso del adicto, no éxito, 1991-1997 con bajones en ’94, ’98 y ‘99).

2) La pos euforia, crack y crisis (2000, 2001 y 2002).

Ahora bien, el momento 2) ya es un momento que supone una lógica política distinta, puesto que hay que administrar la crisis que produjo la inserción globalista, mientras se sigue viviendo bajo los efectos de esa inserción.

Aquí se abren 2 posibilidades:

a) se administra con la finalidad de volver a 1);

b) se administran las consecuencias del fracaso de 2 a), aunque esté muy poco claro hacia dónde ir.

A mi entender, la vuelta de Cavallo (con el aval de la Alianza) hacia el final de De la Rúa fue el intento 2 a), el cual fracasó tanto por las resistencias internas como por no comprender los cambios que se estaban dando en el proceso global de crisis, de la que la propia crisis en Argentina era una de las oleadas.

Asimismo, la devaluación de Duhalde-Remes (y del mercado) fue un intento 2 b) que fracasó porque se le hizo pagar a los asalariados la salida de la convertibilidad, lo que generó grandes resistencias internas. 

Esa salida devaluatoria no gozó de mala prensa en su momento por el enorme daño que 1), 2) y 2) a) habían provocado, con lo que el daño mismo de la devaluación fue disimulado y desestimado.

Un estudio que había hecho en aquellas épocas me dio como resultado que la salida devaluatoria por sí misma aumentó la pobreza alrededor de un 12% durante el año 2002, con un ritmo de aumento alto durante el primer cuatrimestre de ese año y, luego, menguando el ritmo el segundo y último cuatrimestre.

Este resultado se dio así porque la vuelta del aumento del empleo (por la reactivación cuando llega Lavagna) no podía contrarrestar el impacto inflacionario sobre las canastas básicas de alimentos, las cuales aumentaron muchísimo más que el promedio inflacionario de aquel año. Por lo tanto, la tesis de los economistas de que el “pasaje a precios” de la devaluación de enero de 2002 fue reducido estaba muy equivocada respecto al comportamiento de precios de las canastas básicas. Había en aquel tiempo un consenso de economistas que negaba los efectos sociales perniciosos de la devaluación misma, atribuyendo todos los males al modelo de la convertibilidad. 

A esta altura de la historia podemos decir sin ningún problema que el plan de Adolfo Rodríguez Saá de dejar morir sola a la convertibilidad mientras circula una nueva moneda era mucho más favorable a los trabajadores y sectores populares porque hubiera evitado los daños que en el poder adquisitivo de los salarios produjo la devaluación. Recordemos que el compañero Duhalde le hizo el vacío al compañero Rodríguez Saá, por lo cual éste tuvo que renunciar.

El fracaso de 2 b) condujo a NK. 

¿Qué realmente ocurrió en los años de NK y el primer mandato de CFK?.

Aquí surge otro momento que también supone una lógica política distinta puesto que habiéndose definido el fracaso del modelo A) 1), 2) y 2 a), hay que definir hacia dónde se quiere ir, no se puede permanecer indefinidamente en 2 b), esto es la administración indefinida de las consecuencias de las fases anteriores. 

Pienso que, a esta altura de la historia, puede decirse que con NK se abrió una transición caracterizada por reparar los daños causados por los momentos anteriores con el aprovechamiento de una particular situación de aumento de precios de los exportables argentinos determinada por el proceso de crisis global, lo que permitió al Estado acumular más renta internacional por vía de retenciones.

La crisis convertible y la salida devaluatoria habían bajado mucho los ingresos medidos en U$S de los asalariados y de la población en general, lo que significaba que los costos en dólares bajaron sustancialmente. Asimismo, el uso de la capacidad instalada en la industria también había bajado sustancialmente. Es decir, había márgenes amplios para aumentar tanto los costos en dólares que estaban superdeprimidos como el uso de la capacidad instalada industrial que estaba funcionando en un nivel bajísimo por la recesión. Esto implicaba que podía reactivarse la economía sin mayores inversiones de capital y aumentar los salarios sin afectar la ganancia de los empresarios porque el salario estaba muy deprimido medido en dólares.

Mientras tanto las importaciones bajaban y la balanza comercial mejoraba y se empezaba a formar, por los factores anteriores más el hecho de la moratoria de la deuda externa (no salían dólares en ese concepto), un superávit fiscal, además del comercial.

Tales factores más la mejora en los precios de los exportables argentinos -commodities que aumentaron su precio por factores de la lógica monetaria y financiera global no controlados por Argentina- coadyuvaron a facilitar esa tarea reparadora y restauradora desde el punto de vista social.

Sin embargo, en aquellos días de Néstor Kirchner y, luego, durante el primer mandato de Cristina, no eran vistas las cosas de esta manera. En efecto, se formó, entre economistas y políticos, una suerte de consenso que desembocó en un dogmatismo que "fetichizaba" el superávit fiscal y comercial y el "tipo de cambio real alto y competitivo" (dólar caro) como pomposamente lo llamaban los economistas "heterodoxos", al que le atribuían todas las bondades habidas y por haber.

Lamentablemente, la antinomia progresista vs. neoliberal o izquierda vs. derecha, se trasladó al debate económico bajo la forma de heterodoxia vs. ortodoxia. Cuando se profundiza en el análisis, generalmente se descubre que esas contradicciones se basan más en lo aparente y superficial que en cosas más profundas.

Mi posición en aquellos tiempos fue bastante crítica a ese tipo de conceptualización puesto que no se debía confundir una tarea de restauración, control de daños y reparación social con la distribución progresiva del ingreso, el crecimiento del mercado interno y el trabajo nacional. Tuve muchas discusiones con economistas ortodoxos y heterodoxos y militantes jóvenes y no tan jóvenes, pero la "grieta" y los fanatismos propios de la dinámica política no contribuía demasiado a que se pudieran clarificar dichas cuestiones.

Mi crítica se centró fundamentalmente en que el llamado "crecimiento económico" que se estaba logrando se basaba en los efectos multiplicadores (a nivel interno) de las exportaciones y, en menor medida, en la renta captada por el Estado (las retenciones al agro) que permitía subsidiar y direccionar recursos a ciertos renglones de infraestructura. Pero eso, a la luz de antecedentes históricos probados, no era lo mismo que redistribución del ingreso, fortaleza del mercado interno y del trabajo nacional.

Este impulso fue efectivo sobre todo durante los años 2003, 2004 y 2005. En 2006 ya se estaban empezando a sentir las limitaciones a medida que los costos salariales medidos en dólares aumentaban y el nivel de actividad económica demandaba más importaciones con el consecuente impacto en la disminución del saldo positivo de la balanza comercial.

Luego del advenimiento de la crisis global de 2007/8, producto de la crisis hipotecaria en EE.UU. ("subprime"), se estaban dando las condiciones para repensar muchas cosas.

Las aguas se dividieron entre los que pensaban, por un lado, que había que recuperar el "círculo virtuoso" de los orígenes, volviendo al superávit comercial y el tipo de cambio real alto y competitivo y las exportaciones y, por otro lado, los que pensaban que reeditar tal secuencia implicaba un nuevo saqueo a los costos de reproducción de los asalariados y el pueblo en general.

No quedaba más remedio que probar otro camino.

Segundo mandato de CFK. Hacia el viraje estratégico de la concepción y de la acción.

Cristina, una vez plebiscitada por el 54% de los votos, empieza a profundizar y ampliar su marco teórico de análisis de la situación mundial y local. Para variar, fue la primera y casi única de la clase política en darse cuenta de las dificultades del proceso global y que no se podía volver a la fase previa sin causar penurias a los trabajadores y perjudicar el proceso de inclusión social.

Más allá de las pifias en la designación de algunos funcionarios, Cristina empezó a darse cuenta que la situación monetaria y financiera mundial era muy frágil y que en Argentina debía empezar a revalorizarse el concepto de soberanía nacional. Se dio cuenta que, de algún modo, había que articular las nociones propias del progresismo con la de la soberanía, puesto que, en el marco de un proceso de crisis global, solo son esperables que vengan problemas de afuera. Aumentando los márgenes de autonomía nacional podía empezarse a encarar algunas de las soluciones a los problemas argentinos.

La tarea de Cristina era muchísimo más difícil tanto en relación a la de su propio primer mandato como a la de su marido que le precedió, puesto que, ahora, ya no se trataba de hacer recircular la riqueza para reparar daños sociales previos. Se trataba de cómo producir riqueza y distribuirla. Acá ya estamos en un nivel cualitativamente superior que requiere capacidades y competencias también bastante superiores.

En esta etapa, Cristina ya era plenamente conciente de que, para consolidar una verdadera "inclusión social", debía empezar a conformar las instituciones de un Estado Nacional (soberano), en el que el sistema monetario y financiero y el comercio exterior debían subordinarse a ese objetivo. De allí la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y la preocupación por el seguimiento y control del comercio exterior.

Que ya no alcanzaba con llevar agua de un molino a otro, sino de que se trataba de definir el perfil productivo de la Argentina y de implementar políticas concretas para lograrlo.

Y, más allá de la mayor o menor fortuna a nivel de las realizaciones concretas, una de las cosas fundamentales que deja su legado es el reconocimiento del papel que tiene la ciencia y la tecnología en el desarrollo de la industria y que hay que lograr articulaciones entre esos sectores.

Hacia una noción de "excedente económico saludable".

Hace pocos días se le preguntó al actual presidente de la República Alberto Fernández si el peronismo no se debía un debate sobre cómo generar riqueza, porque sobre cómo distribuirla ya había sobradas muestras de su competencia y capacidad a lo largo de la historia. El Presidente contestó que no, que los peronistas tenían bastante clara esa discusión porque nadie ponía en cuestión el objetivo de la industrialización y de la creación de empleos productivos.

A mi juicio, el Presidente subestimó o no captó la profundidad del planteo de su interlocutor, puesto que en la Argentina pueden lograrse esos objetivos con mecanismos de "redistribución de ingresos" o "reasignación o transferencias de recursos", no necesariamente generando nueva riqueza.

Siendo rigurosos, que se abra una fábrica y que contrate trabajadores, por ej., no significa necesariamente que se ha creado riqueza nueva ya que eso puede ser producto de subsidios que direcciona el Estado cuya fuente pueden ser, por ej., las retenciones provenientes del comercio exterior. La riqueza es la misma, lo que sucede es que se aplica a finalidades diferentes.

Por ejemplo, no es lo mismo que ganancias de los exportadores de soja terminen fuera del país o en especulación en el mercado inmobiliario o la construcción de edificios de departamentos para clase media pudiente, en comparación con que una parte de esa renta sea captada por el Estado y éste favorezca el surgimiento de industrias y el aumento del empleo calificado.

Es obvio que es preferible esta última opción, pero eso no hace que la sociedad disponga de más riqueza.

Esta discusión se relaciona con lo que es más eficiente con la riqueza que ya tenemos pero no con cómo se crea riqueza nueva. En muchas ocasiones señalé esto en diversas discusiones en la blogósfera.

Creo que CFK sabe de estas sutilezas, mucho mejor que no pocos economistas. Por eso, en su último mandato de gobierno, prefirió lidiar con los problemas del "estancamiento" y/o el bajo crecimiento pero manteniendo el nivel de consumo de los sectores populares sin afectar. De última, esto es lo que condujo a Cristina a tener que soportar las tremendas presiones que provenían del establishment a medida que éste percibía los riesgos que para ellos implicaba en el mantenimiento de sus tasas de ganancias y, también, condujo a la campaña sucia de satanización en su contra y la de algunos de sus funcionarios.

Al contrario de lo que cree el Presidente AF, los peronistas nos debemos un debate acerca de cómo generar riqueza, qué papel juega en ello la ciencia, la tecnología y la técnica y qué medidas debe adoptar el Estado para articularlas con la empresa industrial.

Si nuestros objetivos son el mejoramiento de las características sociodemográficas de la población, la mejora de sus condiciones materiales y espirituales, el bienestar general y la justicia social, debemos mejorar nuestro conocimiento económico y social.

Pensar en cosas como la diferencia entre inversión monetaria o financiera e "inversión física" o entre excedente económico y "excedente saludable", entre "productividad" y "productividad física".

Claramente debemos proscribir de la definición de excedente económico el que se obtenga saqueando costos de reproducción de las clases sociales (cualesquiera sean). Esto hay que definirlo como "pseudoexcedente".

En contraposición, el "excedente saludable" es el que se obtiene "sin quitar energía al sistema", sin que otro tenga que disminuir sus costos de reproducción.

El aumento de la productividad no es ganar más dinero por unidad de tiempo, ni siquiera producir más por unidad de tiempo y, mucho menos, dejar a la gente sin trabajo. El aumento de la productividad es crear, inventar, hacer descubrimientos que llevan a ahorrar trabajo manual y aumentar el intelectual y calificado. Por supuesto esto tiene que estar planificado por el Estado.

A medida que aumenta el trabajo intelectual, hay que aumentar el período de educación de las personas. Quizá deba aumentar hasta los 30 años, porque la mano de obra calificada va a ser cada vez mayor en comparación con la manual.

Tanto en la humanidad como en la Argentina hay millones de cosas por hacer, mejorar el transporte terrestre (FF.CC. de levitación electromagnética), construir más reactores nucleares, investigar más en fusión, aumentar la exploración espacial, construir infraestructura sanitaria y educativa, mejorar la gestión hídrica, aumentar la producción y la calidad de los alimentos humanos, etc., etc., etc.

Si se encararan todas las cosas que son necesarias de hacer para mejorar la vida de los seres humanos, no alcanzarían los ingenieros, científicos, tecnólogos, técnicos y artistas que ahora existen, se necesitarían muchísimos más.

"Gobernar es poblar" y "crear trabajo" y, para eso, debemos tener ideas de qué hacer, cómo y para qué.

Termino con un dicho que leí, no sé de que autor, lo dijo una vez el que fuera Almirante de la marina de EE.UU. Hyman Rickover:

"Las mentes más grandes discuten ideas, las mentes promedio discuten eventos y las mentes pequeñas discuten personas".

viernes, 2 de julio de 2021

Quién y qué fue JDP.

Perón fue un militar y conductor político (no "político") con una profunda formación clásica y un autodidacta.

Desde muy joven, los temas que le interesaban los seguía y profundizaba, mucho más allá de sus intereses inmediatos. No solo era un gran estudioso sino un notable ejecutor. A los 20 o 21 años de edad, siendo oficial (subteniente) recientemente egresado, representaba obras de teatro junto al personal de suboficiales y soldados.

Tres años antes de eso había dado examen de ingreso para la carrera de ingeniería, pero las circunstancias y sus allegados hicieron que se incline a la carrera militar.

Tres años antes de eso, teniendo él 14 o 15 años, su padre le regaló la colección “Vidas Paralelas” de Plutarco, la cual ejerció una profunda fascinación en la mente del joven.

El profundo interés en ese tipo de temas revela que, aún en aquellas épocas (año 1908), el adolescente tenía algo poco común. El conocimiento que incorporó posteriormente por sus estudios en el Colegio Militar y en la Escuela Superior de Guerra fueron tamizados por esa mente peculiar que ya se perfilaba desde la adolescencia.

Quizá esa peculiaridad estuvo de algún modo predeterminada por las duras condiciones de su niñez que pasó en el Sur, donde tuvo una vida bastante “salvaje” condicionada por la naturaleza y el clima. De niño no tuvo educación formal, su padre lo educaba y le tomaba examen. Recién casi llegando a la pubertad, sus padres decidieron enviarlo a Buenos Aires para que inicie su educación formal.

¿Cómo es posible que esa persona tan peculiar y singular se haya convertido en el líder de uno de los movimientos populares más grandes e importantes de la historia Occidental?.

Creo que eso fue posible porque esa persona tenía un poder de comprensión de la realidad muy elevado y, además, una dosis de creatividad y capacidad de ejecución, también muy elevada. Con esos ingredientes estaba mucho más preparado para transformar esa realidad que comprendía mejor que nadie.

¿Qué es lo que él comprendía y otros no?.

Muy sencillo. Comprendía que, en todas las épocas de la historia, la realidad es mundial, global, y que el cambio para mejorar la vida de los pueblos se produce o se crea al nivel de las singularidades de eso que es mundial o global.

¿Qué significa esto?. Que la estructura de lo global presenta rasgos todos diferentes entre sí, lo que no significa que dicha estructura sea una suma o amalgama de esos rasgos.

Todo es diferente a todo, pero todo está situado por “el todo”. Esto significa que en todas las cosas hay diferencias aunque sean de la misma clase. Pero esas diferencias no existen por sí mismas sino por “el todo” que las permite.

Traduzcamos este vocabulario medio raro y apliquemos esta idea al tema que estamos proponiendo ahora (¿qué comprendía Perón que otros no?).

JDP sabía –por sus profundos estudios de la historia política-militar y por su posterior experiencia como oficial del Estado Mayor- que el proceso mundial era un proceso imperial. Conocía mejor que nadie la práctica política, económica, ideológica y militar del imperialismo. Y que esto era así desde los orígenes de la civilización humana.

También sabía que el imperialismo no consistía meramente en la acción de los Estados de determinados países sino que consistían en una combinación más o menos compleja entre esos Estados e intereses oligárquicos privados que generaba la acción de esos Estados. Durante la década del ’60 del siglo pasado, Perón, a la sazón en el exilio, quiso indicar esta problemática bajo la palabra “sinarquía”.

Él sabía que el funcionamiento de esa estructura impedía el desarrollo material y espiritual de los pueblos y que era necesario liberarse de ella para lograr esto.

Esa liberación se produce siempre al nivel de las localidades (diferenciaciones). Esto significa que no se puede esperar que por un golpe de manos al nivel de la cúpula que rige el Imperio, cambie la situación general a favor de los pueblos.

Si bien “nunca un frasco de tinta tiñó el océano”, el cambio en una localidad podía generar condiciones que repercutieran en otras localidades que la verían como ejemplo. Perón sabía que esta eventualidad era sumamente desagradable para los poderes oligárquicos imperiales.

Ahora bien, ¿cómo concebía Perón ese cambio necesario a nivel de la localidad?.

Lo concebía como una reacción frente a la dominación oligárquica imperial. Esa reacción la concebía y ejecutaba a través de las instituciones de un Estado Nacional (soberano por definición). El propósito de esas instituciones era el mejoramiento de las condiciones materiales y espirituales del pueblo, lo que la Constitución Nacional llama “bienestar general” y lo que Perón llamaba “justicia social”.

Él decía que el logro de esos objetivos implicaban un equilibrio entre la “felicidad del pueblo” (otro principio Constitucional procedente de la Revolución Americana) y la “grandeza de la Nación”.

Como Perón sabía que todo esto repugnaba a los poderes oligárquicos imperiales, iba a ser combatido por ellos.

Es esta la razón por la que él insistía tanto en la necesidad de comprender el liderazgo de conducción (“arte” de conducir).

Como el enemigo oligárquico y el Imperio es de naturaleza global y el pueblo y el Estado Nacional no lo es, resulta que el poderío oligárquico imperial es muy superior comparado con el de una localidad.

Por eso Perón tenía claro que la suma de voluntades diversas que había que reunir para enfrentar a ese poder era tan elevada que la heterogeneidad resultante solo podía ser direccionada por el liderazgo de conducción.

Había que hacer coincidir dos factores: la mayor cantidad de voluntades posible y una mayor calidad de la dirigencia. Mucha calidad de dirigencia con poca gente fracasa y mucha gente con poca calidad de dirigencia, también fracasa. El liderazgo de Perón lograría la conjunción virtuosa de ambas cosas.

Él llamaba a esto la “transformación de la masa en pueblo”. Desde el punto de vista individual es la misma gente la que integra la masa y el pueblo, pero esa misma gente tiene una cualidad superior cuando es pueblo porque adquiere conciencia de la dirección y de la causa que hay que seguir para mejorar sus condiciones de vida. Mientras que, siendo masa, en la gente predominan las tendencias reactivas, contra todo lo que sienten que son injusticias, pero sin saber qué y cómo se solucionarían esas injusticias.

Pero, Perón también sabía que, para consolidar el Estado Nacional y que dure el tiempo suficiente para lograr los objetivos más arriba señalados, tenía que, de alguna forma, potenciar esa experiencia a nivel regional y, por eso, la integración iberoamericana siempre estuvo entre sus preocupaciones y dedicación. De allí sus intentos por conformar el ABC (la integración de Argentina, Brasil y Chile) y, ya en su vejez, su insistencia en el continentalismo y el universalismo.

sábado, 12 de junio de 2021

Las razones estructurales de la invisibilización de la práctica política oligárquica a nivel global o por qué el Imperio no se ve o se lo confunde con otra cosa.

Hay dos grandes grupos de causas para que suceda esa invisibilización:

1) La relacionada a la naturaleza del poder oligárquico.

2) La relacionada a la dificultad que tienen las masas y sus dirigentes para sustraerse a los efectos ideológicos que 1) produce a nivel global y que se plasman en cada escenario local.

Respecto de 1) decimos que:

La oligarquía se define, tal como planteamos en las “proposiciones teóricas fundamentales” (ver post de agosto/2020, al final), como el efecto que produce la relación de unión de individuos-agentes a los resortes y recursos fundamentales (RRF, proposición 1 y 2 a). Esa unión da como resultado a los oligarcas.

Dijimos que esa oligarquía no es monolítica ni uniforme. Tiene muchos sectores y forma combinaciones. Por eso hablamos de “combinaciones oligárquicas”. Pero dentro de tal diversidad de oligarcas hay un denominador común: el control que ejercen sobre resortes y recursos fundamentales (RRF).

El uso que le dan los oligarcas a esos RRF es global, no se basa en ni está condicionado por una nacionalidad en particular. El RRF está localizado (por ej., la pampa húmeda y/o el comercio exterior en Argentina), pero, en manos de los oligarcas que desempeñan funciones en el comercio exterior de diversos países, cumple una función global. Lo mismo puede decirse del sistema monetario y financiero, los medios de comunicación, etc.

Es importante entender que la naturaleza del poder que detentan los oligarcas es global. Esto es independiente de la nacionalidad nominal de los oligarcas. Los oligarcas son el producto de una fábrica global. Esta fábrica es el Imperio. Éste es un sistema oligárquico, con una economía, unas finanzas, un sistema monetario y una ideología oligárquica.

El Imperio puede tener centros geográficos que están en determinados territorios y esos territorios pueden tener el nombre de países. Pero estos países (por ej, EE.UU. o Gran Bretaña), no son el Imperio en cuanto naciones, son Estados colonizados y usados por los oligarcas cuya estructura es el Imperio.

En este sentido, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de las oligarquías contra los pueblos cuando estos quieren darse un Estado Nacional. Esto ocurre desde hace más de 2000 años. Los modos de producción se van transformando, pero el Imperio se conserva bajo una apariencia distinta, incluso, corriéndose de lugar su centro territorial (por ej. Roma, Venecia, Países Bajos, Inglaterra, EE.UU.).

Sin embargo, en la historia de la humanidad, el Imperio,  no solo es un lugar, es una idea, un pensamiento y un principio (oligárquico) que da lugar a un modo de organización y de funcionamiento de la humanidad. Es una forma horrible, pero es la que existe, la que predomina, salvo raras excepciones.

Por ej., cuando un pueblo tiene éxito y logra, momentáneamente, construir su Estado Nacional y, así, arrebatarle, también momentáneamente, los RRF a los oligarcas. Pero éstos, constituidos en sistema oligárquico, lucharán contra ese pueblo y Estado Nación para doblegarlo tanto en sus intenciones como en sus realizaciones concretas.

La lucha oligárquica contra los pueblos, es la lucha por la anulación y/o neutralización de sus líderes, por medio de la difamación y las denuncias en contra de ellos (acusaciones de corrupción, demonización, etc., etc.).

Por lo tanto, el imperialismo es la práctica no de un país en particular sino de una oligarquía global cuyo poder proviene del control que ejerce sobre los RRF, llámense City de Londres, Monarquía, Wall Street, Complejo Militar-Industrial, servicios de inteligencia geopolítica, medios masivos de comunicación, OTAN, entre otros.

Todo eso constituye redes, cuyo entrelazamiento puede ser complejo pero con una función muy simple: anular y/o neutralizar cualquier amenaza potencial que ellos perciban como menoscabo a su poder e influencia. Esas amenazas, por lo general, la red oligárquica la percibe en los gobiernos que intentan intervenir en el sentido de crear Estados Nacionales soberanos que se sustraen a la influencia del sistema oligárquico. Por j., Rusia y China, que están en la mira desde hace ya bastantes años.

Ahora bien, esas redes tienen múltiples personificaciones, cada una operando con sus propias motivaciones con cierta relativa autonomía. Esto tiene como efecto una suerte de “parcelación” de la realidad, cada una con su propia lógica, lo que dificulta la comprensión de su función global.

Por ej., cuando se habla del “cambio climático”, la “descarbonización”, el “new deal verde”, la “energía limpia”, etc., eso es una agenda de las redes oligárquicas en la “parcela” científica.

Otro ejemplo, cuando se demoniza a Trump (EE.UU.), Putin (Rusia) o Xi o el PC (China), eso es una agenda de las redes oligárquicas en la “parcela” mediática y geopolítica.

Otro ejemplo, cuando se habla del “orden basado en reglas” (latiguillo que repiten constantemente voceros diplomáticos y funcionarios civiles y militares de EE.UU. e Inglaterra), eso es una agenda de las redes oligárquicas en el sistema de las relaciones internacionales.

En estos ejemplos (hay otros muchos), siempre se trata de justificar un principio oculto que, obviamente, es inconfesable. Y, esa justificación, va acompañada de la promoción de causas nobles que, obviamente, interpelan el lado emocional de las personas.

Esta es la clave del sistema oligárquico para poder funcionar en el mundo. La interpelación del lado emocional del mundo entero. Lo hacen a escala masiva puesto que controlan enormes recursos para poder hacerlo, como son las agencias de comunicación mundiales, las redes sociales, Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, ONGS, etc., etc.

Por ejemplo, ¿quién podría estar en contra del cuidado del medio ambiente, o de preservar la “biodiversidad”?. Nadie, evidentemente.

Pero, ¿si eso implicara cierre de industrias, pérdida de puestos de trabajo y aumento de la desocupación y menor producción de alimentos?. ¿Alguien puede estar a favor de esto?.

Porque si uno quiere preservar las industrias, los puestos de trabajo, aumentar el empleo y la producción de alimentos, ya tiene que pensar en cosas muy distintas a las que propone la agenda oligárquica. Tiene que pensar en cómo la ciencia física debe guiar el crecimiento económico y el aumento de la población.

Si se asume la agenda oligárquica se es víctima de los efectos ideológicos que produce el poder oligárquico y eso conduce a que el país todo sea víctima del poder oligárquico. La discusión que nos proponen es cuántas industrias hay que cerrar en determinada cantidad de tiempo para reducir el carbono. Cuando estamos en este nivel, ya estamos perdidos.

Por eso hay que sustraerse a esos efectos ideológicos y los dirigentes que caigan en eso, van a tener que ser reemplazados porque atentan, sin darse cuenta, contra la propia gente que dicen representar.

El ser humano puede ser terrible pero también sublime.

Los oligarcas angloamericanos y el sistema que armaron a nivel mundial se comportan todo el tiempo interpelando la parte terrible del ser humano, como si la sublime no existiera. Incluso quieren negar la parte sublime, que es la parte creativa y solidaria, con optimismo y esperanza en el futuro. Esta es la faceta que hizo que la humanidad progresara y aumentara su poder en el planeta.

Los padres, al querer que los hijos vivan bien y tengan futuro, lo que hacen, sin saberlo concientemente, es querer un futuro para toda la humanidad.

Así como no se puede detener el crecimiento de un bebé, no se puede detener el crecimiento de la humanidad. El que pretenda esto se convierte en un monstruo.

Así como pasamos, hace millones de años, de un pocos millones de simios a lo que somos ahora (miles de millones), en el futuro deberemos pasar a cientos de miles de millones. Y si el planeta nos queda chico, iremos al espacio y buscaremos otros planetas a los que podamos transformar en función de las necesidades humanas.

Por supuesto, eso no lo vamos a ver nosotros, pero si no pensamos así desde ahora, el futuro no ocurrirá o, si ocurre, será terrible, un infierno.

Seguramente, si a uno de los 20 o 30 millones de simios homínidos que existían hace millones de años le dijéramos que en el futuro íbamos a ser 7 mil millones, al pobre simio le iba a agarrar un ataque de locura y hubiera empezado a pensar formas de disminuir el aumento de la población de simios para proteger sus limitados recursos (caza y recolección).

Ese simio hipotético era el protooligarca de hoy, porque no tenía en cuenta la capacidad creativa (científica, tecnológica, técnica y artística) de sus congéneres, que son las facultades potenciales que permiten que exista el progreso y el aumento de los recursos, en un proceso infinito, si no se lo detiene por la propia estupidez.

El laberinto oligárquico.

Incluso hay algo peor. Los oligarcas perciben que son las soberanías nacionales las que impulsan la ciencia y la tecnología al servicio de los pueblos. Y, como el Estado Nacional soberano es una agencia que no necesita ni la supervisión ni la injerencia de autoridades globales superiores, ven todo este proceso como una amenaza a sus intereses y al sistema que han creado.

Perciben que no son necesarios en un mundo en el que las diversas soberanías acuerden entre ellas sobre principios fundamentales del desarrollo y del bienestar de los pueblos.

Esto refuerza su conducta refractaria al desarrollo científico y tecnológico al servicio de los pueblos y la persistencia en la agenda climática y verde como un subterfugio para resolver las amenazas potenciales que perciben en el mediano y largo plazo.

Es como la lógica de las camarillas. Anteponen sus intereses ante los del conjunto porque se consideran más necesarios e importantes que los demás. Generan tal cantidad de problemas que, a la larga, no pueden lidiar con ellos. Por supuesto le echan la culpa a los demás.

Finalmente, llega un momento que, si no se desbanca a la camarilla, ésta se hace proclive a “soluciones” catastróficas (guerra nuclear, por ej.).

sábado, 8 de mayo de 2021

“La gente no empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles”. (Stanislav Petrov). Las raíces del desastre venidero.

Ver aquí:

https://es.wikipedia.org/wiki/Stanislav_Petrov

Lamentablemente la mayoría de las personas en Occidente no es consciente ni quiere serlo de lo que realmente pasa en el mundo. Ni siquiera los analistas de política internacional.

https://www.rt.com/op-ed/522979-aggression-russia-china-detente/

https://caitlinjohnstone.com/2021/04/21/the-rising-threat-of-nuclear-war-is-the-most-urgent-matter-in-the-world/

https://www.youtube.com/watch?v=iywKH60NUGg

Por supuesto que el detonante puede ser cualquier cosa, es anecdótico. Si se llena un recinto cerrado con gas, luego resulta indistinto porqué explotó todo. Pudo ser alguien que prendió la luz o encendió un cigarrillo.

Luego vendrán los historiadores (si es que queda alguno vivo) a decirnos fue fulano o mengano.

Pero no son las naciones las que hacen las guerras. Son las que dan la cara o las actúan. Los que verdaderamente las hacen son sus autores intelectuales: las combinaciones oligárquicas globales y sus lacayos en todas partes que colonizan y usan a los gobiernos y Estados haciéndoles tirar la piedra.

El mundo Occidental está regido por un establishment globalista que no tiene nacionalidad real (solo nominal) compuesto por la City de Londres, la Monarquía británica y sus servicios secretos, Wall Street, el complejo militar industrial (Pentágono, OTAN, contratistas privados como Raytheon propiedad de Vanguard group, etc.) y los servicios secretos.

Obviamente, como las intenciones que tienen tales actores son poco confesables, necesitan toda una estructura de transmisión de mensajes televisivos, radiales, diarios escritos, digitales, redes sociales, etc., etc., que trabajan las 24 hs. tergiversando la verdadera realidad.

Esta estructura tiene una cantidad de lacayos y títeres interminable de todos los colores, razas e ideologías. Estos auxiliares no son en muchos casos conscientes de su papel, porque son hábilmente manipulados, explotando sus debilidades psicológicas y su credulidad. Estos factores facilitan enormemente el trabajo de los manipuladores, garantizando la impunidad de éstos puesto que el manipulado aparece actuando solo, por cuenta propia, con sus propias motivaciones.

Pero el asunto real es que la estructura y actores mencionados arriba quieren someter a los países cuyos gobiernos muestran tendencias soberanas que no quieren resignar, como China y Rusia por ej., que tienen una relativamente moderada influencia en los asuntos mundiales, pero constituyen un muy mal ejemplo para la estructura globalista.

¿Qué les molesta de Rusia y China a los oligarcas globalistas occidentales?

Les molesta que son países que tienen gobiernos comprometidos con el bienestar de su población y con el avance científico y tecnológico. Son gobiernos que creen que la humanidad tiene que seguir progresando en base a la ciencia y la tecnología y que los problemas que ese progreso ocasiona deben ser resueltos en base a la ciencia y la tecnología y no utopías. Y encima creen que ese progreso debe ser protagonizado por naciones soberanas que se pongan de acuerdo a nivel internacional.

Esto es una herejía para la oligarquía globalista angloamericana porque ella está embarcada en un proyecto utópico contrario: que, en el menos malo de los casos, hay que congelar el progreso tecnológico alcanzado y el nivel de la población. En el peor de los casos, hay que recurrir a tecnologías poco eficientes para reducir la población.

Por supuesto, como es regla, tal empresa criminal no se presenta así sino bajo la máscara de las causas nobles de "salvar al planeta" y conservar la biodiversidad, el medio ambiente, metas de carbono 0, etc., etc. Incluso se está diseñando un sistema financiero para que incentive la inversión en ese sentido (energía eólica y solar) en desmedro de la energía tradicional basada en combustibles fósiles e, incluso, energía nuclear.

Ese establishment oligárquico global, munido de esas creencias, piensa que las soberanías nacionales basadas en el progreso científico y tecnológico al servicio de sus poblaciones, si se las deja tener éxito, conduce a una pérdida de poder estratégico de esa estructura oligárquica.

De allí la presión terrible que ejercen directa e indirectamente sobre China y Rusia.

Ver aquí, donde el funcionario Chino habla del aumento considerable de la actividad militar aérea y naval de EE.UU. cerca de China desde la asunción de Biden en la Casa Blanca:

http://eng.mod.gov.cn/news/2021-04/29/content_4884413.htm

En el post anterior linkeamos el discurso de Putin donde en la parte final habla de la descarada injerencia en Bielorusia y hace una advertencia a Occidente sobre las "líneas rojas" de Rusia.

Siempre está la tentación de ver en estas cosas países vs. países y sus zonas de influencia. Pero yo pregunto lo siguiente: ¿Dónde está la simetría entre las "superpotencias"? Solo en las armas nucleares. En todo lo demás no la hay.

¿Dónde está el magnate ruso o chino equivalente a George Soros interfiriendo en los asuntos internos a través de ONGs en México o Canadá?. ¿Dónde están los servicios secretos rusos o chinos incentivando revueltas en América Latina?. ¿Dónde están las agencias globales de información rusas y chinas generando desinformación las 24 hs del día los 365 días del año?. ¿Dónde está el complejo militar industrial ruso o chino produciendo armamento para bombardear México, Canadá o algún país de América Latina?. ¿Dónde está la OTAN Rusa y China?.

Se entiende el por qué no hay simetría y por qué los análisis geopolíticos habituales están fallados.

No hay simetría porque Rusia y China tiene gobiernos que tienen intenciones de construir Estados soberanos y EE.UU. o GB, no los tienen, sí tienen intenciones imperiales, no en tanto naciones reales, sino en tanto juguetes de un imperio globalista.

Por eso toda conceptualización de los asuntos mundiales que haga abstracción del funcionamiento de un Imperio y de las clases sociales que lo sostienen, es una conceptualización incompetente y equivocada.

El mundo es intrínsecamente asimétrico porque no hay simetría posible entre gobiernos que son títeres de un Imperio global basado en la influencia de oligarquías privadas y gobiernos que intentan construir naciones soberanas.

En todo caso la simetría es formal pero no real, porque la naturaleza de los principios en que se basa la soberanía es muy distinta a los principios globales en que se basa la dominación oligárquica.

Mejor que tomemos conciencia de estas cosas, para poder prevenir el desastre que muy probablemente ocurrirá sin esa conciencia.

Más vale que no pase lo que decían los profetas:

“Por más que escuchen, no entenderán, por más que miren, no verán. Pues la mente de este pueblo está entorpecida …” (profeta Isaías).

“Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden…” (Jesús).


martes, 27 de abril de 2021

Hablar sin artificios.

 Pensaba hacer un post sobre cómo están recrudeciendo todos los escenarios de guerra y geopolítica (Ucrania, Siria, etc., etc.) tal como pronosticamos que sucedería con el cambio de régimen en EE.UU. a partir de la asunción de Biden.

Pero encontré este video de un Coronel retirado del ejército de EE.UU. que no tiene desperdicio por su crudeza.




Para entender cómo ven las cosas desde Rusia, ver lo que dijo Putin aquí hacia el final del discurso donde habla de las relaciones exteriores.


jueves, 4 de marzo de 2021

Por qué Cristina debería ocultar sus emociones.

Vi hoy a CFK en el alegato del juicio que se le sigue (persigue) por el caso del “dólar futuro”.

Evidentemente, la Presidenta (del Senado de la Nación) y ex Presidenta de la Argentina tiene mucha razón en lo que dice, tanto en sus apreciaciones políticas como técnicas y jurídicas.

En mi opinión, debería entrenarse para esas ocasiones con el fin de no mostrar sus emociones. Es obvio que está embargada por la bronca, no es para menos. Pero, quizás, dejar traslucir esa bronca no convenga políticamente o, mejor dicho, convendría mejor políticamente no dejarla traslucir.

Me gustaría reflexionar en esto.

¿Mostrarse embroncada y enojada no significa otorgarle a los acusadores una importancia que no tienen?. ¿No es mejor responsabilizar al dueño del circo en lugar de a los payasos?. Cristina tiene la suficiente altura intelectual, política y moral como para dirigir sus mensajes por elevación a los mandantes, porque los mandatarios son una anécdota en este juego.

Esto es parecido a lo que Jesús le dijo al funcionario romano, algo así como: “tu autoridad es prestada” (por el emperador de Roma).

No me cabe duda de que los mandatarios hacen mucho mal, pero la causa del mal que hacen no son ellos, son los mandantes y su discurso perverso.

No importa lo que crean de sí mismos los que ejecutan maldades por otros. Pueden creerse que están en una cruzada contra la corrupción K; o que son unos vivos bárbaros porque cobran dádivas de los poderosos por hacer eso; o que tienen que ser permeables a las presiones para conservar su trabajo sin importar las injusticias que sucedan; etc. etc.

Esta parte del Poder Judicial corrompido son ejecutores que hacen un trabajo sucio pero sin mancharse mucho los trajes porque, aunque estén en el barro, lo hacen sentados en sus pedestales y están bastante bien protegidos por medios de comunicación y otros poderes superiores que participan de juegos inconfesables.

Pero el poder que tienen para acusar a CFK y sus ex funcionarios no es de ellos, ni de la Constitución, ni de las leyes. Es un poder prestado, como el del funcionario romano.

Me pregunto si no controlar esa bronca que siente Cristina es darle pasto a esos poderes superiores. Sé que los que la queremos, que son muchos, se identifican y tienen empatía con ella. Pero también son muchos los que no sienten esa empatía. Dentro de este grupo, ¿cómo perciben esa bronca?, ¿les genera dudas?.

Pienso que hay que tener un temple de hierro para lidiar con los tránsfugas que hay que lidiar y una astucia muy grande.

Me parece mejor apelar a la ironía e interpelar a los jueces haciéndoles ver la degradación humana en la que caen ellos mismos al hacer de su propio trabajo una verdadera farsa.

A fin de cuentas Cristina sabe perfectamente, por el conocimiento de la historia, que todos aquellos que lucharon –teniendo cierto y relativo éxito- a favor de sus propios pueblos y fueron objeto de los ataques de los poderosos, tuvieron que pagar el precio por lo que hicieron no de malo sino de bueno.

Leibniz tenía razón cuando decía que la virtud y el bien tienen su propia recompensa y la maldad su propio castigo.

¿Acaso la condena a muerte de Sócrates (por “corromper a la juventud”) o la crucifixión de Jesús; el exilio de San Martín o de Rosas; el saqueo de la casa de Yrigoyen y su prisión en Martín García; el exilio de Perón; o la actual persecución a Cristina, no son la prueba más palmaria de que actuaron conforme al bien común, contra el cual se alzaron siempre los malvados y los brutos?.

Me acuerdo de una frase de Evita que decía algo así: “Podrán decir (los contras) muchas cosas (malas) de Perón pero nunca se podrá borrar el hecho de que el pueblo lo quiso a él”.

Lo mismo vale para Cristina. Podrán decir o acusarla de cualquier cosa, pero una parte del pueblo la quiere a ella, millones se identifican con ella. ¿Qué otra figura tiene ese privilegio?.

Leibniz tenía razón.