viernes, 22 de julio de 2022

Conciente o inconcientemente somos testigos de la crisis de desintegración sistémica más profunda de las formas económicas, financieras, monetarias y geopolíticas conocidas en la historia de la humanidad.

Al pueblo de la nación Argentina le toca vivir en este mundo que es un verdadero desastre. Ya lo era de antes, solo que ahora es mucho más notorio.

No es que sucedieron cosas nuevas en los últimos años para que el mundo sea como es hoy. Simplemente se siguió, durante década tras década, el curso de colisión que tenemos hoy.

No se trata de la “guerra en Ucrania”, ni Putin, ni la “inflación”, ni la suba de la “tasa de interés”. Estos factores son solo manifestaciones de un proceso general que consiste en el empeño de combinaciones oligárquicas occidentales a predominio angloamericanas de impedir la evolución de China y Rusia en términos relativamente soberanos en cuanto a sus capacidades de conseguir el desarrollo al servicio de sus pueblos.

Esas oligarquías miran el mundo desde su pedestal imperial, no desde una nación en particular con la que se identifiquen. Al resto de los mortales los ven como ganado humano confinado en diversos corrales, que, cada tanto, deciden mandar al matadero. Como no tienen nacionalidad sustancial (solo nominal), se sienten extranjeras en todas partes donde prospere, aunque sea potencialmente, la soberanía nacional. Por eso necesitan lacayos, siervos y asociados menores por doquier, todo el tiempo.

Incluso más. Impidieron que el ex presidente de EE.UU. D. Trump pudiera hacer germinar atisbos de soberanía en su propio país. Lo que demuestra de manera contundente que EE.UU., en cuanto nación, no es un Imperio, ni la fuente del imperialismo.

El panorama actual, previsible durante años, es desolador. Una gran cantidad de países están en virtual default. El hambre campea a sus anchas por África, el lejano Oriente y A. L.. Son datos habituales la escasez de combustible, las interrupciones en la “cadena de suministros”, la inestabilidad política, la inflación, la recesión, el aumento de la pobreza e indigencia, etc..

La región Noroccidental transatlántica (Norte de Europa y América del Norte), supuestamente la más desarrollada del mundo, tiene, también, un montón de problemas cuyo tratamiento por parte de los gobiernos genera protestas por doquier (casos Holanda, Italia, Bélgica, etc.).

La “invasión” (en realidad reacción frente al acoso geopolítico y militar de la OTAN) de Rusia en Ucrania, nada tiene que ver con esto, puesto que los problemas más agudos del sistema monetario y financiero internacional datan desde mucho antes del 24 de febrero del presente año. El último antecedente fue la intervención de la Reserva Federal de EE.UU. en los mercados REPO en setiembre de 2019 antes de la pandemia y casi dos años y medio antes de la intervención rusa en Ucrania.

Lo único que hicieron las combinaciones oligárquicas que controlan la administración del proceso de crisis fue aprovechar la reacción de Rusia para echarle la culpa de todos los problemas habidos y por haber. Se trata meramente de una argucia ideológica muy frecuente en la historia de la humanidad. Es algo parecido a una “hipótesis ad-hoc”, que solo se introduce a posteriori para evitar que se declare falso todo el argumento inicial.

Como ya expliqué en otras oportunidades lo que existía era un proceso de desintegración económica en sus aspectos financieros y monetarios cuyos orígenes históricos se remontan no a la supuesta “crisis interna inherente al modelo de Bretton Woods”, como sostenían los secuaces de combinaciones oligárquicas diversas en la segunda mitad de la década del ’60 del siglo pasado, sino a la decisión, bajo la influencia de dichas combinaciones, del gobierno de Nixon de desacoplar al dólar del oro en agosto de 1971.

En las conferencias monetarias de Rambouillet de 1975 se terminó de ratificar este rumbo y avalar a los “tipos de cambio flexibles”. De esta manera, se sentaron los pilares tanto de la descomunal deuda externa de los países subdesarrollados como de la especulación financiera  desenfrenada.

A la luz de la teoría que publiqué en agosto del 2020 en este blog, esos sucesos no eran más que el avance de las combinaciones oligárquicas sobre resortes y recursos fundamentales regulados por el Estado. Lo que significaba que ese avance sobre el sistema monetario y financiero tenía como contrapartida la pérdida de soberanía del Estado Nacional estadounidense, con notables repercusiones a nivel mundial.

Se inauguró así una onda más o menos larga que duró alrededor de medio siglo, desde principios de los ’70 del siglo XX hasta nuestros días.

Durante más o menos 30 años de ese medio siglo (1970-2000) la voluntad oligárquica occidental dominó a sus anchas, excepto algunas escaramuzas propias de la guerra fría entre EE.UU. y la URSS. Luego de la caída del comunismo, ese dominio no tuvo restricciones de ningún Estado ni gobierno. Los únicos condicionamientos de la voluntad oligárquica eran las consecuencias de sus propios actos.

En ese lapso de tiempo de 30 años, el dominio oligárquico tuvo que pasar por tres fases:

1) Colocación de los pilares: desconexión dólar del oro (1971) y tipos de cambio flexibles (1975).

2) Reestructuración y descalabro (1975-1985) del modelo económico que había prosperado bajo los parámetros de Bretton Woods.

3) Puesta en marcha del modelo especulativo global (1985-hasta nuestros días).

La etapa de Volcker en la Reserva Federal (fines de los ’70 a mediados de los ’80) con sus medidas antiinflacionarias y monetarias no era más que el intento de readaptar (“desintegración controlada”) la economía estadounidense al nuevo ciclo oligárquico de naturaleza global.

Así como en Argentina la dictadura militar entre 1976 y 1983 descalabró el modelo de industrialización por sustitución de importaciones existente con anterioridad, mediante los expedientes de la desregulación, apertura comercial y especulación financiera, algo equivalente sucedió en EE.UU. para descalabrar el modelo de Bretton Woods post II guerra mundial.

Una de las consecuencias de todo esto fue una fenomenal relocalización de la industria manufacturera en el mundo, pasando de los países occidentales a Oriente. Este proceso sentaría las bases del protagonismo futuro de China.

La contrapartida de esto fue la desindustrialización relativa de los países “desarrollados”, el deterioro de la infraestructura y de las ciudades otrora prósperas, muy mal compensado por la mentada “economía del conocimiento”, los servicios, o la llamada “sociedad postindustrial”.

Estos procesos podían darse en forma simultánea o en secuencia en diversos países, pero, en el fondo, no eran más que la consolidación del predominio mundial de combinaciones oligárquicas angloamericanas que combatieron cualquier vestigio de soberanía en todas partes del mundo.

Una vez logrado ese predominio, trataron de cristalizar ese privilegio por medio del “Consenso de Washington” y, con la caída del comunismo (muro de Berlín y la URSS), del “nuevo orden mundial” de Bush padre. Ahora eso lo rebautizaron con el nombre “orden basado en reglas”.

El problema es que lo que podríamos llamar “ideas oligárquicas” van en contra no solo de las necesidades humanas sino de las leyes del Universo. Este es el problema más grave que tenemos los seres humanos de este planeta hoy en día.

Como las clases oligárquicas son por lejos la clase dominante, porque, por los recursos y resortes fundamentales que controlan, tienen un poder muchísimo mayor a cualquier otra clase, su capacidad de moldear y direccionar la realidad es mucho mayor que la del resto, aunque el número de sus integrantes sea reducidísimo.

Y, cuando las ideas acerca de lo que debe ser el mundo y la humanidad que tienen esas clases dominantes poderosas, están muy equivocadas, todos estamos en problemas. No es lo mismo que alguien con poquito poder tenga ideas equivocadas en comparación con alguien que lo tenga en demasía (ambas cosas: mucho poder y muchas ideas equivocadas). El segundo caso se torna mucho más peligroso que el primero.

La economía no consiste en “administrar recursos escasos”, ni en“comprar barato y vender caro”, ni en mano de obra barata; ni en “especializarse en lo mejor que sabemos hacer”; ni en vender mucho y comprar menos; ni en el “dinero genera dinero”, ni en el “valor del dinero”; etc., etc.

Tampoco la “geopolítica” consiste en el “equilibrio de poderes” entre países, los “juegos de suma cero”, el “choque de civilizaciones”, etc., etc.

Tampoco la ciencia consiste en formulaciones matemáticas, axiomas y postulados, la geometría euclidiana, la “percepción sensorial”, las estadísticas, etc., etc.

Tampoco la sociedad consiste en “intereses individuales o de clase”, la “lucha de clases”, etc., etc.

El hecho de que en nuestra vida cotidiana o en la práctica aceptemos todas estas cosas o muchas de estas cosas, no significa que sean ciertas, veraces y, mucho menos, beneficiosas para los seres humanos.

Cuando en una economía cualquiera compramos barato y vendemos caro estamos perjudicando a alguien, aunque no sepamos a quién, y nos estamos perjudicando a nosotros mismos, aunque no nos demos cuenta, creyendo que obtuvimos una ventaja. Cuando buscamos mano de obra barata, es igual, nos perjudicamos todos aunque creamos que sacamos una ventaja.

Si estamos en el Titanic, presumiendo de nuestra riqueza en algún camarote de lujo, difícilmente tengamos la capacidad de esquivar el iceberg, al cual no le importa las clases sociales ni los camarotes que ocupan.

 El dinero en el sistema oligárquico comanda la “riqueza”, la que se concentra en la cúspide del sistema oligárquico (Imperio, no en naciones). Pero eso, es un juego del sistema oligárquico, no es el de la humanidad para vivir mejor, aunque reciba migajas de ese juego.

Los oligarcas (definidos como los definí en mis propuestas teóricas presentadas en agosto de 2020) son muy pocos, la humanidad es muy grande. En la medida que los seres humanos aumentamos nuestra existencia en este mundo, el control oligárquico se hace más complicado.

Entonces, en el seno del sistema oligárquico surgen ideas y programas cuyo objetivo explícito o implícito es disminuir la población. Para los oligarcas, según sus propias perspectivas, hay miles de millones de personas que son superfluas en el mundo, que no sirven para nada, que no son necesarias.

De allí surgen las ideologías “científicas” del “cambio climático” (ex “calentamiento global”), la influencia perniciosa del ser humano en el medio ambiente, etc., etc.

Ahora bien, la combinación de este pensamiento oligárquico deplorable con las prácticas de especulación financiera, endeudamiento, acoso geopolítico, geopolítica de guerra, etc., generan cualquier cantidad de problemas a los diferentes pueblos del mundo.

Las ideas fallidas son parecidas a cuando uno se pierde en un viaje, pero cree firmemente que no, porque cree que está yendo por un lugar cuando en realidad está yendo por otro. Entonces, cuando no llega a destino, se produce un desconcierto momentáneo hasta que se reconoce, en el mejor de los casos, cuál era el error que lo llevó a confundir un camino con otro.

Cuando China y Rusia (durante la década del 2000) se dieron cuenta de que el camino emprendido por la plutocracia occidental iba a llevar a un precipicio porque estaba empeñada en la misma dirección y renuente a corregir el rumbo, empezaron a tomar precauciones indispensables para proteger a sus propios pueblos. 

Es en este punto donde las oligarquías occidentales empiezan a percibir que su dominio global empieza a estar condicionado por otros actores que no son ellos, que representan, más bien, los intereses, las necesidades y aspiraciones de los pueblos de Oriente. Putin en Rusia y Xi en China son los máximos exponentes de este proceso que es, en definitiva, el que va a conducir (como se comprueba actualmente) a la ruptura tanto geopolítica como económica, monetaria y financiera.

La Argentina ante este panorama.

La dirigencia política del país debe tomar nota del desastre mundial y, también, de las posibilidades de salida de semejante situación.

El futuro de mundo está en lo que decidan hacer los países soberanos en pos del mejoramiento de las condiciones de vida de sus pueblos y de las personas por venir.

Así como la economía mundial debe tener una misión (la ruta de la seda, la exploración espacial, etc.) que redunde en el bienestar de la población mundial, la economía argentina debe tener, también, una misión: la reindustrialización en términos de la tecnología moderna, la construcción de infraestructura moderna de transporte, vivienda, salud y educación.

Los excedentes de la producción de alimentos y de energía deben estar controlados por el Estado Nacional para ser utilizados en esos objetivos.

Las ambiciones políticas legítimas de todos los sectores deben estar subordinadas a esos objetivos.

Si hay que crear una empresa estatal en el comercio exterior para lograr eso, debe crearse. Si hay que modificar el sistema monetario y financiero, debe modificarse. Lo que manda son los objetivos. Las herramientas se seleccionan en función de los objetivos.

Si hay que decretar un corralito sobre las letras del BCRA (lelics, etc.), debe hacerse.

Si se necesita decretar un feriado cambiario y bancario por 5 días, debe hacerse.

En la Argentina hay que crear en forma neta 20 empresas por día, no 2. El Estado podría crear 10, las otras 10 lo deben hacer los privados.

Con los recursos que reúna el Estado en función de la misión señalada, las empresas a crearse deben estar relacionadas a la exploración espacial en colaboración con otros países; los trenes de levitación electromagnética; a la construcción de viviendas con materiales modernos; a obras de gestión hídrica; a construcción de reactores nucleares pequeños y medianos para exportar y para la provisión de energía al mercado interno; a la modernización y equipamiento de todos los puertos (los que deben ser nacionalizados), a la infraestructura de caminos, nacionales, provinciales y municipales, a la construcción de centros de salud y escuelas equipados con tecnología moderna.

Con eso en mente, en el lapso de 5 años se emplearán directa e indirectamente a 2 millones de personas. Las opiniones de los dirigentes de los movimientos sociales acerca de que el “capitalismo” no puede ofrecer empleo, van a ser eso, solo opiniones. Porque no es el “capitalismo” el que ofrece empleo sino el funcionamiento eficiente y eficaz del Estado Nacional soberano, aunque haya propiedad privada.

A medida que desarrollemos nuestra propia tecnología (reducción de la importación), la cantidad de personas empleadas en el sector calificado va a aumentar muchísimo.

En simultáneo con este proceso debe aumentar el período de tiempo de la educación científica y técnica, la que debe apuntar a formar una persona capaz de diseñar máquinas y herramientas luego de un período de educación formal de alrededor de 30 años.

Debemos empezar desde el principio, rescatando lo mejor de nuestra historia, no para repetirlo sino para inspirarnos.

El objetivo de toda sociedad sana es el mejoramiento de las condiciones espirituales y materiales del ser humano, tanto de los que viven en el presente como de los que vengan en el futuro.

Nuestra naturaleza como seres humanos es ésa, a pesar de las épocas sombrías.

Cierro con estas palabras, escritas hace más de 300 años.

“Se entiende que todo lo que Dios dispone es bueno y justo. Pero queda el interrogante de si es bueno y justo porque Dios lo dispone, o si Dios lo dispone porque es bueno y justo... la bondad de las acciones y hechuras de Dios no dependen de su voluntad, sino de la naturaleza de las mismas... ¿Qué es el bien verdadero? Yo respondo que no es sino aquello que sirve para perfeccionar las sustancias inteligentes” 

(Leibniz, Meditación sobre el concepto común de justicia, 1703).



miércoles, 6 de julio de 2022

El narcisismo y sus consecuencias perniciosas en la política. ¿Fue la presidencia de AF (hasta el fin de semana pasado) una “revancha” del 2008?. Algunas ideas frente a los yerros ideológicos de dirigentes de los movimientos sociales.

El narcisismo es la excesiva complacencia con el propio yo idealizado que se proyecta frente a los demás. La excesiva autoestima es la contracara del verdadero yo, donde prima la inseguridad y el desprecio a sí mismo. Por eso se proyecta lo contrario del sentimiento profundo del propio ser.

La política (y el periodismo) está lleno de esto. Supongo como en cualquier actividad, pero, dado el carácter público de esas actividades, se nota mucho más que en otras.

Por ejemplo, en el mentado “enfrentamiento entre el kirchnerismo y el albertismo”, gracias a las confidencias de Cristina en su presentación de hace casi dos meses en el Chaco, es que puede revelarse, recién ahora, que el primer instinto que tuvo AF al asumir la presidencia, era gobernar de la manera que él creía que había que haber gobernado durante el primer mandato de CFK y que motivaron su renuncia al gabinete en julio de 2008.

Si esta interpretación es correcta, hubo un desperdicio de tiempo descomunal en la gestión, disimulado por el advenimiento de la pandemia que exigió al gobierno y al Estado ocuparse de la urgencia y las necesidades apremiantes del momento.

Si la motivación íntima de AF era gobernar solo para poner a prueba la validez de su disconformidad con los métodos de CFK en 2008, pero con un desfase de más de 12 años de diferencia, revela que el presidente gestionó bajo la primacía de su estado emocional y sus necesidades subjetivas (más allá de la pandemia), subordinando la resolución de los problemas objetivos (económicos y sociales urgentes).

La manera en que AF, desde el inicio, nombró a todos sus ministros en general y el tipo de relación que mantuvo en especial con Kulfas y con Guzmán, revelan la intención de reforzar y respaldar a través de otros esas características de su personalidad. Prácticamente armó un núcleo inexpugnable autoreferencial y complaciente.

Las concepciones e ideas económicas de ese núcleo eran bastante sosas y bobas, más pensadas para sociedades de países del Norte de Europa que para nuestra propia sociedad, saber: que había que seguir el plan productivo (de Kulfas) durante 10 años como para que se noten los resultados a nivel social (más y mejor empleo); que había que exportar más y aumentar las reservas; que había que sanear la situación financiera de las empresas para que aumente el empleo; que había que “tranquilizar la economía”.

Es decir, toda una concepción remanida, trillada, que puede resumirse en lo siguiente: “hay que hacer sacrificios en el presente para, finalmente, tener los frutos en el futuro”. Esto en consonancia con una idea que lleva décadas en la Argentina según la cual este país nunca pudo desarrollarse por estar pendiente de urgencias y de cosas coyunturales todo el tiempo.

Lo menos que puede decirse de este pensamiento es que es bastante tonto, porque no se puede proponer sacrificio a una sociedad que padeció el gobierno de Macri y una pandemia que subió la pobreza al 40% de la población.

Después de los padecimientos de la II guerra mundial, Churchill, propuso hacer sacrificios al pueblo inglés durante muchos años, lo que le facilitó las cosas al laborismo que ganó las elecciones. Si los políticos peronistas en Argentina hicieran eso, se le facilitarían las cosas a Milei, Macri, Pato Bullrich, etc. O sea que es un suicidio político.

Ideas con las que encausar a la Argentina y a su pueblo.

Ya se dispone de muy poco tiempo para corregir el daño que hicieron estas concepciones abstractas que, cuando se intentan llevar al terreno de la realidad, provoca lo que pasa hoy en el país.

Si bien los problemas de desocupación no son graves, sí lo son la caída del salario real en general y la informalidad laboral, donde la caída del salario real es alevosa.

Para solucionar eso se requiere de un plan de estabilización por lo menos de 6 meses, durante los cuales se aumente el salario mínimo a $ 100.000.- y haya un aumento de salarios del 40% y se congelen los precios de los alimentos y las tarifas.

Hay que suspender la remisión de U$S al exterior bajo cualquier forma y pretexto y poner cupos estrictos.

Con la entrada al Brics, Argentina podría disponer de bienes que no necesiten pagarse con dólares.

A medida que la guerra en Eurasia se profundiza, hay que ir nacionalizando los resortes económicos fundamentales, a fin de reunir recursos para iniciar cuanto antes un plan de infraestructura de transporte de última tecnología (MAGLEV), construcción de viviendas, escuelas y hospitales en todo el país, que requerirá en forma directa o indirecta el empleo de 1 millón de personas.

Es equivocada la concepción de los movimientos sociales respecto a que la “economía capitalista” ya no puede proveer empleo y que hay que resignarse a ocuparse solo del “trabajo”.

Cuando los resortes fundamentales están nacionalizados y el Estado puede direccionar el excedente económico a los rubros que interesan en función del bienestar general del pueblo, la economía deja de ser “capitalista” aunque exista la propiedad privada.

Cuando no hay proyectos nuevos y no se hace nada, parece que la población sobra y no hay empleo. Pero, cuando aparecen los proyectos y el Estado interviene para que se hagan, la población lejos de sobrar, empieza a faltar (por ej. China: fin de la prohibición de más de un hijo).

Mitos acerca de la tecnología.

Otra idea equivocada es creer que la innovación tecnológica genera desocupación. Lo que genera es desocupación manual pero no intelectual o calificada.

En una sociedad con planificación, a media que se introduce tecnología (no importada sino desarrollada localmente) en los procesos productivos, se ahorra trabajo manual que se traslada al sector calificado.

Esto es posible porque hay aumento de la productividad y la sociedad en su conjunto puede sostener a más población y mejor educada, pudiendo la jornada laboral reducirse a la mitad.

Al mismo tiempo la sociedad puede aumentar al doble el período de educación de las personas, pongamos de 20 años, puede pasar a 40 años.

El pasado fue el contexto, pero no determina el futuro. Lo que determina el futuro es lo que decidimos en el presente en función de ideas que valgan la pena, como son las que contribuyen a mejorar las condiciones materiales y espirituales de toda la población presente y la que vendrá.

Así hablaba CFK.

 31/7/14.

PALABRAS DE LA EX PRESIDENTA DE LA NACIÓN CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER A LOS MILITANTES, DESDE EL PATIO DE LAS PALMERAS, LUEGO DEL ACTO DE FIRMA DE CONVENIOS DE DESENDEUDAMIENTO DE 13 PROVINCIAS ARGENTINAS, CASA ROSADA.

“Y para ese mundo complejo tienen que prepararse, esto no va a ser para improvisados, esto no va a ser para alguien que hable bonito, esto no va a ser para alguien al que el asesor de imagen le diga: “pónete la corbata, sácate el sombrero, saludá así o de otra forma”. Eso dura muy poco, eso no dura nada, eso dura lo que un suspiro.

El mundo que viene, el mundo que ya llegó, les notifico, va a exigir hombres y mujeres preparados, que sepan de historia, pero no para llorar sobre lo que pasó. No, no la historia hay que conocerla porque de ahí se encuentran las claves para decodificar lo que está pasando y lo que deberá pasar, deberán conocer la historia de los distintos pueblos, deberán también conocer y entender lo que está pasando con la aparición de nuevos actores mundial, deberán tener la capacidad de predecir, porque un dirigente también es alguien que ve un poco más adelante que el resto lo que va a pasar, por eso dirige. Dirigente no es el que llega en una lista, se sienta en una banca o en un sillón de gobernador, intendente o presidente.

Que nadie se engañe, dirigente es el que entiende la historia, es el que interpreta adecuadamente la realidad, es el que sabe distinguir lo estratégico de lo táctico, lo importante de lo menos importante, y orienta a sus pueblos y a sus propias fuerzas en dirección al triunfo. Eso es y eso para lo que ustedes necesitan prepararse, para eso. Cada uno de ustedes teniendo como horizonte la Patria, que es la única manera y la única brújula, que nunca te hace equivocarte…”


martes, 10 de mayo de 2022

No hay nada nuevo bajo el Sol. Guerra en Ucrania. Votación Argentina en la ONU. Siempre el mismo escenario, solo cambian los actores en el devenir de los años.

Las siguientes son frases de JDP extraídas de sus artículos de Política y Estrategia que, entre 1951 y 1953 firmó bajo el seudónimo Descartes.

“En la guerra no se aseguran los éxitos con una propaganda costosa, hecha a base de mentiras, de difamaciones y de calumnias.”

“Con políticos prepotentes e insidiosos que emplean engaños, amenazas, presiones, coerciones o bloqueos económicos para obligar a los gobiernos, solo se siembran vientos que, a veces, llevan a cosechas de tempestades. Lo más que se alcanza con este método es aumentar el número de enemigos ocultos, que si sirven por temor lo hacen solo aleatoriamente”.

“El engañoso clima de la propaganda puede servir para sorprender a incautos en tiempos de paz. La guerra, con la aplastante elocuencia de los hechos, rompe toda posibilidad de apoyar victorias inexistentes en la difusión sofística de noticias optimistas”.

“Estados Unidos, por primera vez desde la II Guerra mundial, comienza a sujetar su conducta a los consejos de Londres”.

“… la inmensa propaganda, las presiones de todo orden, las maniobras bruscas e incongruentes de los agentes políticos de las embajadas, las costosas conferencias internacionales, los congresos de prensa, la acción de las empresas informativas dirigidas y la de los servicios de inteligencia, parecen esfumarse en sus resultados prácticos.”

“Hay demasiados ‘enemigos ocultos’ o ‘amigos a la fuerza’ para que la política del Departamento de Estado pueda salir adelante”.

“En la guerra no se es nunca suficientemente fuerte”.

“A los pueblos se los conquista de una sola manera: con lealtad, con verdad y con sinceridad.”

“Más le valdría a los hombres, frente a la Historia, confesar honradamente sus designios. Por lo menos, así, la Historia podría decir algún día que obraron valientemente por la consecución de sus ambiciones y no escudados cobardemente detrás de la infamante máscara de la simulación”.

“Hoy no es un secreto para nadie que muchos consorcios y cadenas de diarios no son sino empresas comerciales… Los Estados Unidos han creado todo un servicio publicitario, disfrazado con diversos nombres o siglas. Este servicio comprende a toda una organización que involucra al que hace o inventa la noticia, la estudia, la explota, la depura, la distribuye y la reproduce. Es claro que todo este organismo, que comprende las llamadas fuentes de información y empresas internacionales de noticias, obra con un designio que se imparte desde un lugar central que dirige y comanda el grupo. Si desde un diario se puede hacer un chantaje a una persona, desde esta organización se le puede hacer a una nación. Por este medio se puede llevar a un gobierno al descrédito y a un pueblo entero a la guerra. Algunas de estas empresas internacionales pertenecen o trabajan para los servicios de espionaje de los países que, mediante el zarandeado arbitrio de la libertad de información y acceso a las fuentes de información, abren el camino a la actuación de numerosos agentes y espías, asegurándoles un cierto grado de impunidad. La libertad de prensa, que es motivo de intensa campaña, no presupone la defensa de principio alguno, sino una verdadera agitación internacional, dirigida a imponer una forma de influir en la opinión…”

“La agresión armada no es hoy la única forma de agredir. Se agrede económica y políticamente, por medio de la propaganda y la diplomacia. Una verdadera agresión es … la intervención grosera de un embajador y su embajada para provocar conflictos internos o revoluciones en una nación; como asimismo la acción coordinada y oficial de las embajadas de un Estado para, por medio de una propaganda falaz y malintencionada, denigrar a otro en el mundo entero”.

“… la agresión armada es el ataque franco. Las agresiones insidiosas, ruines y denigrantes son la forma degenerada de la agresión. Condenar la agresión armada y aceptar las otras sería como condenar el asalto a mano armada y tolerar la estafa, la corrupción o el fraude.”

“Hay países que han hecho un sistema del engaño, hasta llegar a engañarse a sí mismos. … Les interesa convencer al mundo de que ellos son libres, justos y democráticos … Estos países proyectan al terreno internacional los vicios y la corrupción de su sistema interno, contaminando al mundo entero”.

“La amenaza o la presión solo conducen a obtener ‘amigos a la fuerza’.”

“… las guerras mundiales tienen su causa en la existencia de los imperialismos. Sin embargo, no toda la culpa recae en los imperialismos. Son aún más indignamente culpables los gobernantes dóciles y cobardes, como los políticos entregadores que, incapaces de enfrentar por sí los hechos, buscan la protección del apoyo extranjero para encaramarse y mantenerse en el poder. Estos traidores de los pueblos y de la libertad tienen más grave culpa que los conquistadores que se sirven de ellos.”

“El secreto de la conducción que lleva al éxito está en desentrañar la realidad de la ficción. Una falsa información, basada en una verdad aparente, satisface y halaga a veces al propio pensamiento, pero no ayuda a triunfar.”

 “Vivimos una época en que los gobiernos miran demasiado hacia afuera de sus fronteras y lo esperan todo de la ayuda de los poderosos.”

“Todos estos hipócritas son doblemente traidores. Traicionan a su pueblo y engañan al poderoso. Muchos de ellos piensan lo contrario de lo que dicen, basta oírlos privadamente… todas las conferencias resultan dirigidas hacia objetivos preconcebidos y arreglados de antemano. Hasta se utilizan personeros para las ‘ponencias bravas’ y se adelantan para ‘tantear el campo’, agentes de provocación, reclutados entre los corrillos de antesala los que utilizan como caballos de Troya para introducirlos entre los grupos”.

viernes, 1 de abril de 2022

CFK es el único factor político-personal que evita que la Argentina tenga el destino de Grecia (una década de ajuste).

El proyecto de ley impulsado por la Vicepresidenta, de creación de un fondo nacional para el pago de la deuda que tomó MM del FMI en 2018 compuesto de aportes por quienes tienen bienes en el exterior no declarados, tiene como finalidad que queden liberados dólares comerciales (saldo positivo de la balanza comercial argentina) para que aumenten los márgenes de la política monetaria y fiscal y poder evitar el ajuste del FMI, al mismo tiempo que se paga la deuda que nos dejó MM.

Como es habitual, este tipo de cosas solo pueden salir de la cabeza e iniciativa de CFK, ya que a nadie se le ocurre (y si a alguien se le ocurre no se anima) excepto a ella.

Es notable cómo CFK es la única, entre los cientos o miles de dirigentes existentes, que pudo superar los estragos que, sobre la mentalidad de los políticos/as produjo la dictadura, el fracaso económico del alfonsinismo y la década del ’90 y el menemismo.

Como discutía con el compañero Manolo Barge acá:

https://deshonestidadintelectual.blogspot.com/2019/04/a-cfk-puede-fallecer-como-nestor-o.html

CFK es la única capacitada para evitar que el país caiga en el triste destino de Grecia y su ajuste por una década en nombre de un gobierno progresista.

Y este proyecto de ley va a ser que caigan muy duro sobre ella. Es posible que vuelvan las amenazas judiciales de meterla presa. Aunque el poder e influencia de los personajes locales que pudieran verse afectados por el proyecto de Ley no solo se debe al dinero que manejan sino al apoyo que reciben del sistema bancario y financiero extranjero (global), sin ese apoyo (a causa de la guerra), su capacidad de daño se vería muy menguada.

Lo único que le diría a la compañera CFK es que tiene que llegar el momento (político) de que sea más fácil evitar que se fuguen los capitales (tapar los agujeros del barril) que volverlos a traer una vez que se fugaron. ¿Qué sentido tiene volver a llenar un barril lleno de agujeros?. Este interrogante hay que tenerlo en cuenta para la etapa post FMI, si tenemos éxito en deshacernos de él.

La única manera de lograrlo es que una empresa del Estado se ocupe de comercializar al exterior los cereales, oleaginosas y carnes y que los dólares que obtenga se usen para comprar la maquinaria y equipamiento necesario para realizar durante los próximos cinco años 300 mil obras de infraestructura en los sectores energéticos, transporte y comunicaciones, vivienda, salud y educación, industria y agro.

En el mundo actual (no el que se viene, sino en el que ya llegó), no es necesario tener reservas en dólares en el BCRA. Se corre el riesgo de que países tan serios y democráticos como EE.UU. e Inglaterra te las roben.

Podemos comerciar e intercambiar con Rusia, China y la India (casi 40% de la población mundial) de la misma forma que lo hacen esos países entre ellos ahora mismo.

Como decía un gran líder de conducción hay que ser realistas pero con imaginación. Si no percibimos el potencial prometedor de los cambios (si se logra alejar el peligro nuclear) que están ocurriendo a nivel mundial (y que no empezaron por la guerra en Ucrania sino desde mucho antes), vamos a caer en cosas peores que los años ’30 del siglo XX.

Van a venir presiones muy fuertes de parte de personeros de un imperio que se derrumba. La intensidad de esas presiones no debe hacer que nos engañemos sobre su verdadero poder e impedirnos ver su propia decadencia. A veces el gigante tiene pies de barro.

Lamentablemente, si la gente que está alrededor del gobierno de Alberto no entiende esto, cosa muy probable, los sectores más concientes del Frente de Todos, tendrán que promover un amplio debate y movilización para que puedan pasar al frente dirigentes que sí lo entiendan.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Realidad virtual, burbuja informativa, manipulación emocional, guerra de acción psicológica y el ridículo occidental vs. el realismo y profesionalismo de Rusia y China.

Para información de los ciudadanos de Occidente, lo que ocurre en Ucrania es una reacción Rusa a una geopolítica sistemática en su contra que, practicada por combinaciones oligárquicas angloamericanas que dominan en EE.UU. e Inglaterra, lleva por lo menos 15 años.

Pocos entienden las implicaciones del acoso geopolítico (en su aspecto técnico) que padeció y padece Rusia y que se iba a profundizar si no intervenía en Ucrania.

Ese plan angloamericano contra Rusia consistía (y consiste) en acercarse lo más posible a sus fronteras con los sistemas antimisiles modernos (Aegis) que pueden convertirse fácilmente en sistemas misilísticos ofensivos.

La intención de eso es que al estar tan cerca de Rusia este país carezca de tiempo suficiente para responder en caso de recibir un primer ataque nuclear. La ventana de tiempo para responder es muy corta y, en caso de demora, el país que demora la respuesta es destruido, desmembrado y sus pedazos sojuzgados.

Los ideólogos angloamericanos creen (o creían) que en el límite, ante ese rodeo estratégico, Rusia iba a ceder y aceptar un régimen interno subordinado a los intereses angloamericanos como sucedía en la década del ’90.

Bueno, eso no ocurrió. Y Putin venía avisando por lo menos desde su discurso en Munich, Alemania, en 2007, que eso no iba a ocurrir.

Sin embargo, los angloamericanos siguieron con su plan. Y eso terminó en lo que tenemos hoy.

¿Qué tenemos hoy?

Lejos de la construcción fabricada a nivel global por el establishment mediático occidental de la imagen “romántica” de la “resistencia ucraniana” y las súplicas de Zelensky, presidente de un inocente país, frente a la “barbarie” rusa, la verdad es que la gran mayoría del pueblo ucraniano no quiere pelear contra Rusia ni quería antes. La prueba de esto es que el comediante ganó las elecciones por amplia mayoría prometiendo en la campaña electoral que se iban a cumplir los acuerdos de Minsk (por los cuales se solucionaba+ el estatus de Lugansk y Donetsk).

Es sabido que, en una reunión cara a cara con los nazis y los paramilitares (envalentonados por el apoyo angloamericano) amenazaron a Zelensky con matarlo (“colgarlo de un árbol”). A partir de allí, el comediante entendió el mensaje y se dio vuelta como una media y avaló toda la línea rusofóbica y de genocidio contra las repúblicas rusoparlantes.

Otra prueba de que a la mayoría del pueblo ucraniano no le interesa pelear es el éxodo masivo en Kiev y otras ciudades hacia otros países europeos. Y los que se quedaron continúan con su vida.

La táctica de los rusos es muy diferente a la utilizada por las coaliciones angloamericanas cuando bombardearon Belgrado, ocuparon Afganistán, invadieron y destruyeron Irak, subvirtieron y destruyeron Libia, intentaron destruir Siria, etc..

En efecto, los rusos no destruyen infraestructura civil adrede, colaboran con la población local en los lugares que ocupan cuando no media la oposición nazi paramilitar. Los soldados ucranianos del ejército regular que se rinden son enviados a sus casas. Evitan entrar en las ciudades grandes y tratan de neutralizar las tácticas terroristas que utilizan los nazis cuando usan a los propios civiles (contra su voluntad) como escudo.

Es por esta última razón que casi todo el operativo ruso se dedicó a destruir materiales e infraestructura de guerra que el régimen ucraniano y los nazis con el patrocinio angloamericano habían montado para destruir a las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, y está postergando el enfrentamiento con los nazis para evitar que mueran civiles inocentes usados como escudo por ellos.

Todas las noticias que hablan de “fuerzas rusas bombardearon teatro y hospital”, es pura manipulación emocional, porque ni en el hospital había enfermeros o médicos o pacientes ni en el teatro actores. Lo que había eran nazis pertrechados con armas, misiles portátiles, etc., que convirtieron esos lugares en sus guaridas y centros logísticos. Estos nazis se dan el lujo de montar plataformas de misiles en las terrazas de los edificios donde todavía viven civiles y a los cuales no dejan salir. A los que lo intentan los fusilan por la espalda.

Rusia solo deja pasar el tiempo porque esos nazis, mientras son idealizados por el sistema mediático occidental, son presa de la desesperación y el desprestigio acelerado frente a la población civil.

¿Cómo podría ser que una mezcla parecida a la patota de la dictadura militar del ’76 en Argentina y los oficiales y suboficiales estaqueadores de soldados conscriptos en Malvinas, que es lo que es la “resistencia” nazi en Ucrania, pueda representar los intereses legítimos de un pueblo en la lucha contra el “invasor”?. Esto es absolutamente descabellado, sin embargo nada es imposible para la construcción mediática occidental.

Más bien la situación se parece, en algunos lugares de Ucrania (Mariúpol, por ej.) a la toma de rehenes por una manga de facinerosos y un cuerpo de élite los tiene que rescatar, tratando de eliminar a los delincuentes sin provocar bajas entre los rehenes.

Mientras Rusia trata de resolver los problemas prácticos prestando atención a la realidad en el terreno, los angloamericanos se dedican a convencer al resto del mundo de que la nieve es negra.

Tal es la locura con la que tienen que lidiar, no solo Rusia, sino también China.

Necesitamos con urgencia un Sócrates moderno.

Él se dedicó en su tiempo, cuando percibió que Atenas sucumbía en algo parecido a la doctrina británica del “equilibrio de poderes” (en rigor, geopolítica oligárquica) y entraba en un período de decadencia signada por la justificación de guerras “permanentes”, a interpelar a sus ciudadanos y gobernantes, haciéndoles ver el error de concepción y de ejecución en el que caían una y otra vez.

Esa insistencia de Sócrates fue lo que lo condujo a su asesinato “judicial”.

Al deshacerse del mejor de los suyos, Atenas se perdió para siempre. Algo parecido le espera al imperio a predominio angloamericano si sigue insistiendo en lo mismo.

 

viernes, 4 de marzo de 2022

¿Por qué vivimos en una guerra mundial y qué es lo que puede salvarnos? (para el caso de que todos vayamos a morir es mejor saber la respuesta antes del destino final).

Digo la “actual guerra mundial” porque, desde las hipótesis teóricas con las que analizo, no necesito esperar acontecimientos posteriores para calificarla. No vale la pena esperar 20 o más años, como sucedió con la “Gran Guerra” calificada mucho tiempo después como “primera guerra mundial”.

Esta es la ventaja de los conceptos teóricos que se centran en los procesos (que siempre están en curso), lo que hace mucho más “pronosticable” el desarrollo posterior de los acontecimientos.

Tampoco se trata de adoptar una definición técnica o descriptiva del tipo “si intervienen muchos actores de muchas partes entonces es una guerra mundial”.

Un proceso puede caracterizarse de guerra mundial cuando el resultado de lo que sucede a nivel de las localidades -en tanto manifestación y combinación concreta del sistema global- tiene el potencial de cambiar al proceso mismo, es decir, las relaciones globales, sea para bien o para mal.

Por ejemplo, las formas de la hegemonía actual de lo que habitualmente se denomina “unilateralismo” norteamericano con su poderío militar, no proceden de los “acontecimientos” “caída del muro de Berlín” o la “desintegración de la URSS”. Estos son los símbolos de la verdadera causa. En rigor, proceden del fracaso de las concepciones y acciones del comunismo real practicado por los dirigentes rusos y la mayoría de sus satélites década tras década.

Esas concepciones y acciones se adoptaron como axiomas o dogmas desde los orígenes de la revolución de 1917 en Rusia. Los gobernantes y funcionarios de los sucesivos gobiernos, durante 70 años, insistieron una y otra vez con ideas básicas defectuosas. Aunque los planificadores de la burocracia estatal hicieron denodados esfuerzos por adaptarse a las cambiantes circunstancias, nunca abandonaron el sistema axiomático de base que es el que fallaba.

Como suele suceder, cuando uno se guía en forma persistente por un punto de referencia equivocado, termina perdido o chocando con la realidad.

Entonces, lo que sucedió durante décadas a nivel de las localidades (Alemania Oriental y la URSS, por ejemplo), fue lo que condujo a la debacle del comunismo real y al “Nuevo Orden Mundial” de Bush padre.

Por lo que se ve hoy y desde hace bastante tiempo, el mundo cambió para mal, sin duda alguna. Pero eso no fue responsabilidad de la caída del comunismo (ni de Alemania Oriental ni de Rusia), sino de las “élites” (en realidad combinaciones oligárquicas en las grandes potencias occidentales) angloamericanas que aprovecharon la debacle del comunismo para intensificar las tendencias imperialistas.

Rusia tuvo su “década del ‘90” como Argentina la de Menem. A los dos les fue mal, pero a los rusos peor.

Rusia fue saqueada a más no poder, destruida su industria de máquinas herramientas (que tenía potencial para modernizarse) y convertida en un productor de materias primas y energía barata.

Surgieron oligarcas rusos muy bien relacionados con Londres y Washington (a pesar de la mala imagen en las películas de Hollywood), puesto que eran los cipayos que permitían el saqueo de Rusia. Actualmente, muchos de esos oligarcas rusos viven en Londres con protección de la Monarquía.

Mientras el saqueo de la Argentina condujo a la crisis del 2001/2 y a NK y CFK, el saqueo de Rusia condujo a la crisis de los bonos rusos y a Putin. Todos ellos, con mayor o menor fortuna, representaron una reacción del Estado Nacional frente al Imperio que los saqueaba.

Putin vio las consecuencias horrorosas (como el descenso demográfico, por ejemplo) de la intromisión (a través de las relaciones de Al Gore y Chernomyrdin) del “neoliberalismo” y el FMI en Rusia durante los ’90, y, consecuentemente, se dedicó a fortalecer las capacidades del Estado Nacional, no solamente sus capacidades militares sino también el mejoramiento relativo del nivel de vida de la población.

Para ello tuvo que neutralizar la influencia en el Estado de los oligarcas rusos que estaban en combinación con los intereses angloamericanos que los respaldaban. El presidente Putin fue quien puso los límites a los intereses del establishment angloamericano que hacía sus negocios en Rusia y debilitaba constantemente a esa nación, protagonizando la reacción en tanto Estado Nacional soberano.

Es a partir de aquí que el gobierno de Putin entra en la mira del establishment angloamericano que lo quiere neutralizar y destruir desde hace como 20 años.

Para hacer eso, usaron toda clase de instrumentos del repertorio geopolítico: la introducción del terrorismo dentro de Rusia; atentados con agentes químicos culpando a Rusia; cambio de régimen en Ucrania para usarlo como Estado hostil contra Rusia; derribo de un avión civil sobre espacio aéreo ucraniano también atribuido a Rusia; expansión de la OTAN llegando a las fronteras de Rusia, emplazando sistemas de misiles modernos en Rumania y Polonia y preparándose para hacerlo en Ucrania, aún más cerca de Moscú, alimentando la idea criminal de que una guerra nuclear puede ser ganada.

Hace más de 15 años que Putin venía avisando que todo eso era una aberración de parte de Occidente, pero a nadie le importaba, no es así?

Lo mismo le ocurre a China, con otras particularidades diferentes, pero en el fondo es lo mismo.

Por eso no es casualidad que en el transcurso del proceso que describimos la unión de Rusia y China se haya fortalecido tanto.

Entonces, la situación actual en Ucrania no es la consecuencia de decisiones aisladas. Mucho menos de decisiones de uno u otro país o grupo de países. Es, más bien, la serie de un proceso en curso que tiene sus orígenes históricos y que responde a un patrón de pensamientos, ideas y acciones de las oligarquías occidentales.

Ese patrón no se limita exclusivamente a la esfera geopolítica o de las “relaciones internacionales”, sino que, fundamentalmente, tiene que ver con la concepción o visión que las oligarquías dominantes en Occidente tienen del ser humano y su naturaleza. Ello constituye un verdadero pensamiento oligárquico que permanece a lo largo de la historia y del transcurso intergeneracional.

Tal concepción o visión se traduce en las esferas económicas, políticas, ideológicas, culturales y científicas de las sociedades, moldeando todo un sistema de concepción y de ejecución a nivel mundial.

En última instancia, el modo en que esas oligarquías conciben explícita o implícitamente la naturaleza de los seres humanos influye en los sistemas económicos, financieros, monetarios, en las doctrinas geopolíticas, en las alianzas militares, en la educación, etc..

¿Qué es lo que falla en el sistema de pensamiento oligárquico?.

Como en el caso del comunismo real fallan las bases axiomáticas mismas. Aquí formalmente sucede lo mismo, pero con otro contenido.

El oligarquismo occidental cree que los seres humanos son malvados por naturaleza por lo que deben ser controlados por instancias que están por arriba de su comprensión. Los oligarcas se consideran superiores a los seres humanos comunes, los cuales se rigen por leyes comunes. Para los oligarcas rigen leyes superiores que el ser humano común nunca comprendería.

También creen que la mayoría de los seres humanos son un costo, tanto para ellos como para el medio ambiente.

Quizás esta idea provenga del hecho de que los oligarcas son como especialistas en explotar la creatividad de los demás, aunque niegan que tal cosa exista (la creatividad humana). Tienden a creer que el cerebro humano es exactamente lo mismo que el de una máquina. Como si “todo“ fuera el mero procesamiento de información.

Por lo tanto, piensan que no existe verdadera creación de riqueza y poder sino que esto es un dato fijo y distribuido en el mundo. Cualquier cambio en esa distribución sería un atentado o amenaza a su propio poder e influencia puesto que se trata de un juego de suma cero en el que lo que gana uno lo pierde el otro y viceversa.

Quizás esta noción provenga del hecho de que los oligarcas están acostumbrados a basar su poder e influencia a partir del control del dinero y el “crédito”. Sirve cualquier cosa que produzca dinero puesto que ello comanda el acceso a la riqueza, desconociendo los principios de funcionamiento de la productividad física. Es por ello que los sistemas monetarios y financieros controlados por los oligarcas están llenos de burbujas especulativas que no tienen fin productivo alguno desde el punto de vista del bienestar general y las condiciones de vida de los pueblos.

Los oligarcas no pueden concebir cosas ni personas fuera de su control puesto que esto es la esencia de su poder (controlar recursos fundamentales y las personas). Pero, paradójicamente, ellos pueden controlar los resultados de la creatividad humana pero no la creatividad humana misma que es lo que hace avanzar al mundo y que, por su naturaleza, está fuera del control de los oligarcas.

Se puede condicionar emocional e ideológicamente a las personas, propiciando ciertas inclinaciones y predilecciones, pero no se puede hacer desaparecer el potencial que cada individuo tiene para resolver problemas, producir hipótesis, hacer descubrimientos científicos, tecnológicos y técnicos. Eso es inherente al ser humano, sea científico o no lo sea.

Por eso el sistema oligárquico contiene el germen de su propia destrucción, porque depende de que la creatividad humana funcione, para ellos poder apropiarse de los recursos fundamentales que son los frutos de ella, la que, al mismo tiempo, escapa de su control. Es como querer matar a la gallina de los huevos de oro porque no se la puede controlar.

La creatividad humana por sí misma no es algo que se pueda producir a escala ni regimentar, ni obedece a recetas predeterminadas. Los seres humanos pensamos todo el tiempo y, a veces, surgen resultados extraordinarios que tienen la posibilidad de ser usados para bien o para mal.

Por eso, cuando se conjugan Estados Nacionales soberanos que propician el desarrollo de la ciencia y la tecnología para el beneficio de la población, los oligarcas sienten una afrenta terrible contra la creencia que tienen de sí mismos y lo que creen que representan. Creen que son una “raza superior” regida por leyes especiales.

Una de las frustraciones más grandes de los oligarcas angloamericanos es que no pudieron tanto en Rusia -desde el advenimiento de Putin-, como en China -desde los acontecimientos de Tiananmén- establecer un caballo de Troya interno en esos países que pudiera torcer las orientaciones de esos gobiernos y Estados.

Los oligarcas angloamericanos necesitan que los multimillonarios rusos y chinos se conviertan en socios que puedan socavar las inclinaciones soberanas de sus gobiernos. Lo que hicieron en casi todos los países no lo pueden hacer en Rusia y China cuyos gobiernos siguen teniendo éxito en neutralizar los intentos de socavamiento de los oligarcas angloamericanos.

Entonces tenemos las respuestas a los interrogantes del título.

El pensamiento oligárquico global está fallado en su base: se aprovecha de los frutos de la creatividad humana al mismo tiempo que la niega como solución a los problemas porque escapa a su control, por lo tanto la ejecución basada en ese pensamiento está fallada también. Eso genera problemas de todo tipo (económicos, financieros, monetarios, sociales, políticos, culturales, etc.) frente a los cuales se producen reacciones nacionales y soberanas en las localidades, las cuales intentan establecer sistemas e instituciones libres de la influencia oligárquica.

A su vez, el sistema oligárquico reacciona a esa reacción, agudizando más las contradicciones, intensificando la crisis geopolítica hasta el límite y cayendo en una lógica autodestructiva de preferir que se destruya todo para que nadie gane porque ellos creen que eso significa que ellos pierden.

Como siempre, lo que podría salvar a la humanidad es la creatividad humana, condensada en una persona o grupo de personas que muestren el camino optimista.

Que el éxito de uno puede favorecer al otro y viceversa. Que concebir la realidad como un juego de suma cero y comportarse como si fuera así, es un error garrafal porque el ser humano puede, por nuevos descubrimientos, hallar formas de agrandar la riqueza y repartirla mejor. Además de mirar el pasado hay que mirar el futuro, puesto que si nos quedamos en lo primero, caemos en el error de creer que es fijo y las disputas serían por algo que es fijo.

Que el camino a lo Universal se hace desde cada cultura y espacio nacional, no desde prescripciones imperiales dictadas por una oligarquía global.

Matriz formal.

Como ya he señalado en algunas ocasiones, la secuencia de acontecimientos dentro del proceso responde a la matriz de siempre, a saber:

Las condiciones del dominio global normal oligárquico en una localidad conducen a una crisis (Ej., Rusia y Argentina en la década del ’90). A partir de allí esas condiciones dejan de ser normales.

En estas nuevas condiciones (de crisis del dominio normal), el dominio oligárquico intenta administrar la crisis para reconducirla de vuelta a las condiciones normales. Esto es una tarea muy dificultosa puesto que la crisis ocasiona el desprestigio de la mayoría de los personeros que protagonizaron la época del dominio normal.

Por lo tanto, en tales condiciones la manija la agarran otros actores.

Estos otros actores, en condiciones del rechazo a las figuras del dominio normal oligárquico, tienen la posibilidad de administrar la crisis no en el sentido de volver al dominio normal oligárquico sino en el sentido de aumentar la soberanía nacional, es decir, alejarse del dominio normal oligárquico.

Ante esta nueva situación, la dominación oligárquica se pone más fea y empieza a bancar alternativas “fascistas” a las habituales “neoliberales”, cualquier cosa que sirva para que la administración de la crisis en una localidad se aleje de los principios de la soberanía nacional y la localidad vuelva al redil oligárquico.

A su vez, las reacciones del Estado Nacional soberano deben tener mucho cuidado ante la alternativa “fascista” de la oligarquía global. Si la reacción nacional pierde tenemos a los Hitler y Mussolini y a los Stepan Bandera ucranianos. Si la reacción nacional gana, se abre un futuro esperanzador para la humanidad.