domingo, 13 de febrero de 2022

Otra metáfora sobre la guerra venidera y el mecanismo del pretexto para justificarla y detonarla.

Supóngase que Ud. y un pariente suyo, pongamos su hermano, viven en casas que están una pegada a la otra.

Todo ocurre como si, desde la casa del otro lado de la de su hermano, un violador y asesino tiene planificado invadir la casa de su hermano y calcula “muy bien” la reacción suya para socorrerlo.

Como el violador y asesino controla la TV, los diarios, los mensajes masivos, etc., el tipo quiere hacer creer a todo el barrio que la eventual reacción tanto suya (para socorrer a su pariente de al lado) como la del dueño de la casa (su hermano) constituye un delito, no siendo en realidad una “reacción” a la acción del asesino y violador.

¿Cómo va a hacer el asesino y violador para disfrazar la reacción suya y de su hermano como si fuera otra cosa distinta a una reacción?; lo que no es otra cosa que transformar a las víctimas en victimarios.

El acto de la invasión a la casa y lo que el asesino y  violador tiene intenciones de hacer dentro de ella va a ser atribuido a una simulación suya y del dueño de la casa (su pariente). Van a decir que Ud. y su pariente están agrediendo e “invadiendo” la casa del vecino de al lado (donde el asesino y violador planifica sus acciones).

Si Ud. y su hermano muestran pruebas o imágenes de la invasión y agresión que están sufriendo, el asesino y violador va a decir a todo el mundo que Ud. falsificó la evidencia y de que Ud. mismo y su hno. simularon un ataque que no ocurrió. Aquí hay que acordarse de lo que decía CFK en su libro acerca del mecanismo de “proyección”, en el sentido que lo que están acostumbrados a hacer los victimarios lo atribuyen a las víctimas.

¿Cómo saben los voceros del partido de la guerra (complejo militar industrial, sectores de la inteligencia americana y británica, oficiales de las FF.AA. cooptados, medios de comunicación, diputados y senadores cooptados, etc., etc..) con tanta precisión cuándo va a ser la mentada “invasión rusa” a Ucrania?.

Lo saben porque ellos saben cuándo ellos mismos van a incursionar y asesinar en el Donbas, que es la región ruso parlante en el Este de Ucrania, a fin de provocar la reacción (reacción que será resignificada en la opinión pública mundial como “invasión”) rusa que justifique la guerra.

Como sucede en todas las guerras orquestadas, los orquestadores encuentran fácilmente a quienes las actúan, en el caso de Ucrania es el “nacionalismo” filo nazi de los seguidores de Stepan Bandera, quien fuera colaborador de los nazis durante la II Guerra mundial. Esta es la gente que el gobierno “progre” de Obama-Biden puso en el aparato de gobierno y Estado en Ucrania a partir del golpe de Estado de 2014, con la inestimable colaboración de Victoria Nuland. Y no solo eso, EE.UU. e Inglaterra les provee armamento cada vez más sofisticado para que aumenten su capacidad de daño. Y no solo eso, les envían instructores y les dan entrenamiento para que sepan utilizar ese armamento.

Espero que Putin, quien posee un alto nivel intelectual y sentido estratégico, no “pise el palito” y encuentre una manera de eludir los planes de la geopolítica a predominio angloamericana, flanqueando y sorprendiendo al partido de la guerra angloamericano.

La Argentina debe prepararse para un escenario internacional para el cual deberá dejar de lado su histórica neutralidad, condenar la agresión del partido de la guerra angloamericano y sus juegos geopolíticos y continuar las relaciones económicas con China y Rusia orientadas a la inversión en la construcción de infraestructura de transporte y energética que tanto necesita nuestro país.

Esto, evidentemente llevará a una tensión en las relaciones con EE.UU. e Inglaterra, a lo que no hay que tenerle miedo.

La Argentina, a pesar de todos sus problemas, no debe resignar una posición internacional justa ante el conflicto bélico venidero a cambio de eventuales “ventajas” económicas que nos ofrezca EE.UU. para que brindemos nuestro apoyo a su bando en la guerra. Es decir, Argentina debe hacer todo lo contrario de lo que hizo durante el menemismo en la década del ’90.

domingo, 30 de enero de 2022

Acerca de cómo Argentina puede tornar irrelevante el acuerdo con el FMI.

Así como la influencia de las cosas y las personas no son absolutas sino que dependen de la propia mentalidad y de cómo uno las conciba y las perciba, lo mismo ocurre con las cuestiones económicas y políticas.

Cuando se dice "el acuerdo con el FMI va a condicionar por 10 o 20 años al país", se está suponiendo que el país es como una fotografía del presente proyectada de aquí a 10 o 20 años. Como si no hubiera dinámica o cambio en esto.

Eso es una visión implícita muy pesimista puesto que, bajo ese supuesto, a lo mal que estamos se le agrega el mal que va a provocar la influencia del FMI.

Una visión más optimista sería esta: el gobierno Argentino puede tomar medidas que están fuera de las incumbencias alcanzadas por el acuerdo con el FMI.

¿Qué medidas podrían ser éstas?.

Por ej. la estatización de Vicentín y el pago de la deuda a sus acreedores. Otra medida podría ser la nacionalización de los depósitos bancarios, lo que implicaría que los Bancos no pueden comprar más letras del BCRA.

Se me ocurren otras medidas sobre las que el FMI no podrá decir nada porque no violarían el acuerdo, como por ej. todo lo que tiene que ver con la fiscalización física del comercio exterior y la profundización de los controles cambiarios y de precios.

Es decir que Argentina puede echar mano de un repertorio de herramientas tendientes a lograr el objetivo de minimizar la fuga de capitales, la evasión y la especulación financiera, lo que redundará en la captación de más dólares provenientes de los sectores de ingresos internacionalizados.

Con los recursos que se pueden recuperar así, en tres o cuatro años se finiquita el problema del FMI, incluso sin necesidad de años de gracia y sin afectar los ingresos de los asalariados y jubilados.

Lo que estoy proponiendo es que se pague al FMI con los recursos que habitualmente se fugan, día a día, mes a mes, año a año. Porque en la Argentina la fuga no es cosa solo de las crisis, es en los tiempos “normales” también, incluido con el cepo cambiario. En las crisis solo se acentúa, pudiendo llegar a duplicarse. La fuga “normal” detectable y “no detectable” es de unos 1.000 millones de U$S al mes. Y la fuga en las crisis es el doble de eso o más.

No podemos contener el ahorro total de los argentinos porque es una economía que es como un barril lleno de agujeros, lo que se ha naturalizado desde la década del 80’ por lo menos. Esto ocurrió por el apartamiento del Estado del control del sistema monetario y financiero y el comercio exterior. Eso comenzó con Martínez de Hoz durante la dictadura temprana (1976/77, Ley de entidades financieras, derogación leyes de nacionalización de los depósitos, eliminación de controles sobre comercio interior y exterior, etc.) y se profundizó durante el menemismo.

La influencia que tendría un acuerdo con el FMI es muy dañina si seguimos con el barril lleno de agujeros, pero no lo sería si los tapamos y usamos los recursos que así se junten para deshacernos del FMI en 40 meses (sin necesidad de recurrir a los años de gracia).

De esta forma se podría lograr la continuación en el gobierno del mismo espacio político a partir de 2024 y, una vez, cumplido el acuerdo hacia 2025, todos los recursos que se junten podrían ponerse al servicio de mejorar las condiciones de vida del 40% de la población argentina que está pasándola muy mal.

La decisión de tapar los agujeros del barril todavía nos pertenece. Es una cuestión de coraje y tenacidad en la prosecución de los objetivos de bienestar general y justicia social.


martes, 14 de diciembre de 2021

Una metáfora acerca de la naturaleza de la situación geopolítica mundial.

Ilustro las tácticas de la geopolítica oligárquica seguidas por el tándem EE.UU. e Inglaterra con la siguiente metáfora.

Supóngase que en la casa de la flía. de su vecino uno de los hijos incendió la habitación de sus padres, echándolos de la casa y subyuga a sus hermanos con quienes Ud. tiene lazos de parentesco político. Pareciéndole una locura lo que ocurrió se pregunta por qué sucedió eso.

Ud. empieza a indagar y descubre que el loco responsable del descalabro no actuó solo sino que tenía apoyo de cierta gente extranjera que vive lejísimos del vecindario y que fue la que lo instigó e incentivó para que hiciera ese desastre. No solo eso sino que les dio justificación, armas y entrenamiento para consolidar la nueva situación.

El loco, al mando aparente de la casa, ante la resistencia de varios de sus propios hnos. y hnas., se prepara (entrenado y armado por la gente extranjera de fuera del vecindario) para incendiar las habitaciones de los hnos. rebeldes con los cuales Ud. tiene lazos de parentesco.

Pero la insidia de la gente de fuera del vecindario que solivianta al loco no se detiene aquí. Aprovechando el control que ejercen sobre un considerable repertorio de recursos humanos y materiales, hacen una campaña de mentiras en todo el barrio, la ciudad, el país y el mundo, diciendo que Ud. es un autoritario y agresivo que quiere invadir la casa de al lado y que eso no se va a tolerar y que van no solo a defender la casa sino a atacar la suya si osa mover un pelo (incluso si lo hace dentro de su propia casa) ante la situación que se desarrolla frente a sus ojos.

Fin de la metáfora.

No sé si se capta que ya la guerra la tienen decidida y solo están buscando el pretexto para justificarla, como fue siempre en la historia. Cuando se escribe la historia oficial se cambia el orden cronológico, poniendo la decisión como consecuencia del pretexto, cuando en realidad fue al revés, el pretexto fue consecuencia de la decisión.

Ya encontraron el escenario y los actores (muchos de los cuales de tradición nazi). Les falta afinar más el pretexto y que Rusia pise el palito en Ucrania.

Estas tácticas de la geopolítica oligárquica se aplicaron en Irak, Siria, Libia, etc. Taiwán ahora mismo, etc. Solo con algunas variantes en los actores y en el libreto. Pero en esencia es siempre lo mismo. Primero la decisión geopolítica (que se reduce a la confrontación con Rusia y China) y, luego, la búsqueda del pretexto que la justifique.

 

sábado, 4 de diciembre de 2021

La política no es lo que pasa sino lo que se hace para que pase (JFK).

 

Es frecuente escuchar en boca de diversos actores del espacio oficialista frases como éstas:

“El principal problema de la Argentina es la escasez de dólares”.

 “Sólo se puede ser audaz cuando hay reservas en el Banco Central”.

 “Hay que aumentar las exportaciones para tener dólares”.

“No da la correlación de fuerzas”.

Etc., etc.

Muchos analistas, militantes, funcionarios o candidatos incorporan estas cosas como frases hechas o axiomas a partir de los cuales elaboran razonamientos o racionalizan.

Como en la política común y corriente influyen mucho las ambiciones personales por los cargos y la figuración, necesitando para eso la validación de los demás (no solo de los electores en épocas de elecciones sino el visto bueno de los que toman decisiones en las “internas” o en las roscas), se facilita mucho que las frases hechas como las señaladas se extiendan y se transformen muchas veces en sentido común. Cómo cada uno reproduce ese sentido común es cuestión ya de personalidad e individualidad de los actores.

Estas son el tipo de cosas que empañan y obturan la creatividad en la política, puesto que es muy difícil que el que participa de la lucha política se gane el cargo o conquiste una posición de poder él solo, con su propia subjetividad, sin necesidad de ser validado por otros. Las excepciones a esta regla son los “líderes de conducción” (ver conceptualización de JDP).

Los peronistas inteligentes deberían pensar en “¿cómo pensaría un líder de conducción?”.

Por ej., tomemos el ejemplo de la mentada “escasez de dólares” o “restricción externa”.

Lo primero que pensaría un líder de conducción es que debe haber un proceso que lleva a eso. No lo toma como un dato a partir del cual hace política o economía, sino que lo toma como el corolario de un proceso en el cual hay que intervenir para que el corolario sea diferente.

¿Por qué se produce la escasez?. ¿Por déficit en balanza comercial, de pagos, fuga, etc.?. ¿Qué cuenta es la que más incide en el déficit o la escasez?. ¿Qué tipo de funcionamiento o proceso económico reflejan esas cuentas?. Esta última es la pregunta que vale, puesto que la respuesta a ella será la verdadera razón que se reflejará en las cuentas.

Si uno tiene un barril relativamente pequeño (la capacidad de la economía argentina) y lo llena bastante, supongamos un 90% (el uso de esa capacidad), puede estar satisfecho con ese nivel. Ahora, si uno tiene un barril lleno de agujeros y hace el mismo esfuerzo por llenarlo que en el caso anterior, obvio que no va a estar satisfecho porque se va a llenar muy poquito puesto que el contenido se va a perder por los agujeros.

Si uno mira el saldo de la balanza comercial de los últimos 20 años se da cuenta de que NO HUBO ESCASEZ de dólares. Lo que ocurrió es que se fueron en giro de divisas, pago de utilidades, fuga de capitales, deudas, etc., etc. Todo ocurre como si nos pagaran por todo lo que exportamos pero, luego, tuviéramos que devolver casi toda la diferencia entre lo que nos pagaron y lo que importamos (saldo positivo de la balanza comercial). Es decir, salieron bienes exportables, entraron dólares y entraron bienes importados y volvieron a salir dólares. El efecto neto de mediano plazo es que salieron bienes exportables, entraron bienes importados y salieron dólares. No sé si alguien se dio cuenta de que esto es casi lo mismo a que no nos hayan pagado por lo que exportamos o a que solo se produjo un intercambio de equivalentes entre lo que exportamos y lo que importamos.

En términos sencillos: exportaciones = a importaciones + salida de capitales. Que es lo mismo que decir que el precio que recibimos por los exportables tiene un número negativo implícito equivalente a la salida de capitales. En cambio, el precio de lo que pagamos por importar no tiene ese descuento.

Y, además, tenemos que agregar a la cuenta todo lo que se evade en forma clandestina e informal: subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones, subdeclaración de volúmenes físicos exportados, triangulaciones vía países vecinos, etc., etc.

En este sentido, el compañero Samid, al identificar el problema del saqueo de la Argentina como el problema principal, está rigurosamente en lo cierto. Pero es un tema que está casi absolutamente ausente del debate político. Se ha naturalizado el hecho que el barril que tenemos que llenar esté lleno de agujeros y casi nadie ve una anomalía en eso.

En este contexto, proponer que hay que aumentar las exportaciones para tener divisas, ignorando olímpicamente todo lo precedente, es absolutamente descabellado en el mejor de los casos o cínico en el peor.

Un líder de conducción no se detendría aquí. En caso de abundancia de dólares se preguntaría, también, a qué clase de proceso obedece eso?. Por ejemplo: ¿se agrandó la parte exportable a expensas del achicamiento del mercado interno?, ¿el costo en dólares del trabajo argentino se redujo?, ¿los porcentuales de lo exportado sobre lo producido son adecuados?, etc., etc.

Por ejemplo, el líder de conducción no se alegraría por la cantidad de dólares que ingresaron los últimos dos años en concepto de exportaciones de carne, sino que se fijaría en la pérdida de la ingesta de proteína animal para 20 millones de personas, que es lo que pasa (además de la inflación) cuando se exportan 1.000 millones de Kg. de carne por año. A este tipo de procesos Perón los llamaba “hacer dólares a costa del hambre del pueblo”.

Resulta obvio que la principal tarea de un gobierno nacional-popular o peronista, ante una situación así, es tapar los agujeros del barril y tratar de que lo que producen los argentinos, sea mucho o poco, se pueda poner al servicio de los argentinos, evitando que intereses privados ajenos se lleven gran parte de esa riqueza.

Tapar los agujeros del barril significa concretamente que hay que intervenir en el comercio exterior y en el sistema monetario y financiero.

Se trata de la creación de una empresa de cereales, oleaginosas y carnes que sea del Estado y que compre una parte de la producción local y la comercialice al exterior. Con esto se terminan las retenciones y se puede direccionar la renta proveniente del comercio internacional del país en beneficio no solo de sectores urbanos de la industria y la infraestructura sino también de pequeños y medianos productores agropecuarios.

Este control en el comercio exterior tendría repercusiones en la política monetaria. En efecto, como el ingreso de dólares, en tal escenario, pertenecería a una empresa del Estado, no sería necesario que el BCRA emita pesos y letras contra ingreso de dólares del sector privado, lo que repercutiría positivamente en el manejo del tipo de cambio y el fortalecimiento de la moneda nacional, con lo que el Estado podría direccionar el ahorro nacional de manera más productiva y atendiendo con más facilidad las necesidades sociales.

Tales cambios generarán la reacción de intereses privados oligárquicos de origen angloamericano tomando de blanco al líder de conducción (y a algunos de sus auxiliares) quien deberá tener un temple muy grande para enfrentar tales reacciones. El líder de conducción sabe que deberá pagar un precio muy elevado por liderar tales cambios, pero estará dispuesto a pagarlo en aras de la justicia social, la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.

Dicho esto, el que espera que el riesgo lo asuma otro, ya no tiene pasta para líder de conducción, puesto que éste, en calidad de tal, asume lo que se debe hacer y el precio que pagar.

Los individuos-agentes más lúcidos del establishment oligárquico (por supuesto que no son ni Macri ni Magnetto ni ninguno de los que salen habitualmente en las noticias) le temen a la eventualidad de esta situación porque saben que el líder de conducción, al conquistar los corazones y las mentes de mayorías muy heterogéneas, puede provocar cambios y reformas sociales importantes.

En este sentido, no es que las fuerzas de la oscuridad son demasiado superiores a las de la luz y, por eso, no se puede hacer nada, sino que aquéllas existen por ausencia de éstas, apenas la luz adviene la oscuridad desaparece.

El líder de conducción no busca la validación de nadie porque ya sabe lo que vale, mientras que la mayoría de los políticos comunes o normales, buscan permanentemente la validación personal, proyectando la imagen ideal de su propio yo más no la real, generando los deslizamientos de sentido habituales en la práctica donde la persona con un cargo político que debería estar al servicio del pueblo, se sirve del cargo al servicio de ella misma. Terminan, de esta forma, trabajando contra aquellos que deberían servir y a favor de quienes deberían haber combatido.

Lo mejor que podrían hacer los políticos normales o comunes es dejar de creer que son más importantes de lo que en realidad son y tratar de ser humildes sin vanagloriarse de ello. Y que, cuando alguien tiene algo novedoso para aportar, hacer silencio, sin cuestionamientos. Y si está dentro de sus posibilidades, apoyarlo.

El motor de la historia, lo que produce los cambios al servicio del mejoramiento del ser humano y la sociedad, es la mente creativa del individuo más su voluntad, tenacidad y capacidad de sobreponerse a las dificultades aparentemente insalvables. Tales mentes son las que ponen en marcha el movimiento de lo colectivo, de lo social, que es el que termina desequilibrando la balanza y permite la consagración del líder.

El lugar de líder de conducción en la Argentina está vacante desde hace 47 años. ¿Alguien se animará a ocuparlo?. La supervivencia del pueblo argentino (o sea de nuestra querida patria) depende de esa persona potencial que se anime.

Esa potencial persona sabe que deberá sacrificar muchas cosas, gran parte de la forma normal de su vida. Pero también sabe que, si tiene éxito, tendrá el cariño y el amor de la gran mayoría del pueblo humilde que lo recordará por la eternidad a través de la historia y la memoria intergeneracional.

sábado, 27 de noviembre de 2021

martes, 2 de noviembre de 2021

No existe una emergencia climática.

La agenda del mentado “cambio climático” o calentamiento global causado por el ser humano y las metas de “descarbonización” como política que se desprende de ella, es una diseñada por intereses oligárquicos globales a predominio angloamericanos. Esa agenda es incompatible con los intereses de los pueblos y de sus Estados Nacionales soberanos ya que el cumplimiento, si se da en la práctica, de esas metas, va a perjudicar el desarrollo económico, la calidad de vida de la población y ocasionará una caída demográfica significativa.

¿Por qué, sin embargo, esa agenda logró introducirse en muchos países a nivel mundial, incluido el nuestro?.

La respuesta es sencilla. La “geopolítica oligárquica”, que cuenta con un amplio y variado repertorio de recursos humanos y materiales, es muy hábil en asustar a la gente, produciendo shocks de todo tipo (políticos, económicos, financieros, terroristas, militares, climáticos, etc.), buscando captar y aprovecharse de la credulidad del público desprevenido, ávido de “buenas o nobles causas”.

Es por esta razón que tal agenda sea tan sensible a la ideología progresista en numerosos países ya que al público afín o simpatizante de ese espacio político e ideológico le resulta cada vez más difícil encontrar causas nobles.

También resulta notable cómo necesidades internas de la profesión de periodista relacionadas tanto al “discurso periodístico” en sí (la presión por llenar huecos o espacios libres) como a las necesidades económicas (lisa y llanamente el financiamiento más o menos opaco para que se hablen de determinados temas), terminan siendo funcionales a dicha agenda y las intenciones de quienes la diseñaron.

Con respecto al mentado “consenso científico” que supuestamente justifica la adopción de la agenda climática y las políticas de “descarbonización” no existe tal. Solo es un latiguillo que se usa para la propaganda.

Para la comunidad científica seria el cambio climático existió siempre, unos 5.000 millones de años antes de la Revolución Industrial. Hubo épocas más cálidas y más frías siempre, a lo largo de la historia del planeta Tierra desde su formación y desarrollo.

El ser humano incide en el clima pero su incidencia no puede cuantificarse con los modelos de computadora que usa el IPCC y es indiscernible de la variabilidad natural del clima. Desde la década del ’80 dichos modelos fueron cambiando y sus simulaciones tienen demasiadas discrepancias con gran cantidad de datos observacionales. En los últimos tiempos se ha admitido que los modelos predictores del clima tienen un sesgo de “sobrecalentamiento” que deriva de los parámetros utilizados, lo que conduce a conclusiones catastróficas acerca de la inminencia de desastres (subida del nivel del mar, por ej.) cuando, lo lógico, basado en la historia de épocas anteriores, ese tipo de cambios se dan en períodos de cientos o miles de años y no en 10, 20 o 30 años.

Por eso alarmar a la población mundial con la “crisis climática” es descabellado desde el punto de vista científico y la lógica y mucho más descabellado es hacer “recomendaciones” (imposiciones) de descarbonización de las actividades humanas esenciales (agricultura, ganadería, industria, energía) para la supervivencia de la especie basados en evidencias tan pobres que ni siquiera logran discernir la variabilidad natural del clima de la influencia propiamente humana.

El clima del planeta Tierra es algo sumamente complejo y dinámico, con miles de variables, donde la humanidad es una más dentro de muchísimas otras. Para comprender mejor esta disciplina se necesitan muchísimas más investigaciones, experimentos tanto en la Tierra como en el espacio, así como en otros planetas cercanos. Tales tareas no pueden ser sustituidas por modelos computacionales basados en una cantidad de parámetros muy limitada y en la evidencia experimental de que el CO2 provoca aumento de temperatura.

Es por ello que la insistencia de muchos científicos del IPCC en el sobredimensionamiento del aumento antropogénico de la temperatura global obedece más a la sociología de la ciencia y del conocimiento que a la estructura interna misma de la ciencia.

Por todo esto, resulta un error estratégico garrafal embarcarse en la economía verde como parece que ha decidido el Presidente de la Nación.

La Argentina es un país con enormes porciones de su territorio casi totalmente despobladas, con una densidad de habitantes bastante baja. Necesitamos que la población crezca y se desarrollen los lugares deshabitados.

La energía eólica, solar o hidrógeno verde, son energías poco intensas y/o costosas, que van a limitar enormemente el futuro y eventual proceso de industrialización y construcción de infraestructura que necesitamos para incluir a cada vez más población a través del trabajo nacional.

La debilidad e intermitencia de dichas fuentes de energía son compatibles con procesos demográficos de estancamiento o disminución, es decir, tienden a mantener una población cada vez menor. Y eso no es del interés estratégico de los argentinos.

https://clintel.org/message-of-clintel-to-national-politicians-and-world-leaders-at-cop26/

viernes, 1 de octubre de 2021

A propósito del anuncio del proyecto de Ley del Ministro J. Domínguez.

Habrá que verlo en detalle para analizarlo. Pero ahora me propongo otra reflexión.

Hace ya varios años planteaba en la blogósfera a economistas de diversas corrientes ideológicas (ortodoxas y heterodoxas) y a varios analistas que había un problema muy serio en la economía argentina -existente desde mucho antes- con el desequilibrio entre, por un lado, la oferta de bienes al exterior, o sea las exportaciones, y, por el otro, la producción, importaciones y el consumo interno. Ilustraba ello con datos de producción, exportaciones, saldos internos, medidos en volúmenes y cantidades físicas totales y per cápita de muchos rubros de la actividad económica.

Sostenía que, por detrás de lo monetario y financiero, se escondían realidades físicas muy elocuentes para el que quisiera ver.

El asunto actual del consumo de carne, su precio, las exportaciones, etc., es emblemático del conjunto de la economía argentina, no solo del sector pecuario.

También señalaba que la medición del PBI era engañosa porque no permitía reflejar las realidades físicas fundamentales y los cambios de fase de las mismas tras las magnitudes monetarias.

La economía Argentina, desde hace aproximadamente poco más de 45 años (probablemente luego del Rodrigazo de 1975), tiene un problema de merma de la producción per cápita y por flia. consumida localmente, que no es suficientemente compensada por las importaciones. Problema agravado por la magnitud cada vez mayor de las exportaciones medidas en volúmenes y como porcentaje de la producción medida en volúmenes. Por supuesto, este problema no se nota en el 30% de la población de ingresos superiores, pero sí se nota en mayor o menor medida en el 70% restante. El comportamiento del PBI ni noticias tiene de esto ni nunca las va a tener por cómo se determinan los procedimientos para la elaboración de su medición.

El análisis riguroso de este problema fue escamoteado (e incluso negado) por una mezcla de cuestiones que tenían que ver con intereses sectoriales, deficiencias analíticas, oportunismo político e ignorancia.

Por el lado de los intereses sectoriales tanto al complejo sojero exportador, como al agroalimentario en general no les interesa en absoluto que la producción argentina sea destinada en una proporción mayor al propio mercado interno del país, por razones obvias o que debieran ser obvias: el 70% de la población argentina tiene ingresos muy alejados de los internacionales que son los que pueden consumir la producción exportable de la Argentina. Sólo un 30% de la población local tiene ingresos semejantes a los internacionales.

Esto no solo tiene que ver con la distribución del ingreso, tiene que ver con el perfil productivo de la Argentina y la naturaleza de su inserción en la globalización desde mediados de la década del ’70 del siglo pasado.

Respecto a las deficiencias analíticas podemos decir que la profesión de economista no provee las herramientas conceptuales o heurísticas necesarias para captar el problema y de cómo funciona una economía física.

Una de las razones de por qué la mayoría de los políticos no entiende esto es que se dejan encandilar por los dólares. Perón ya entendía esto perfectamente en la década del ’50. Lástima que casi ningún "peronista" de ahora lo entiende. Lamentablemente ahora es mucho peor. Los dólares son como una sarna (“con gusto no pica”), pero que sí pica a gran parte de la población argentina que padece las consecuencias indirectas sin saberlo.

Las propuestas “académicas” y del sentido común político y económico imperante que recomiendan el aumento de las exportaciones, sean agropecuarias y/o industriales, porque traen divisas es un círculo vicioso en el que se cae una y otra vez por no captar la esencia del problema.

Lo que sucedería si la Argentina exportara por 100.000 millones de U$S es que la fuga de capitales y el endeudamiento aumentaría. Argentina no es ni puede ser el sudeste asiático de posguerra.

Lo que tiene que hacer Argentina, su Estado y gobierno, en vez de hacer leyes o anuncios grandilocuentes es tapar los agujeros del barril, acumular recursos e invertirlos en la infraestructura e industria mercadointernista. Obvio que para eso tiene que tocar el comercio exterior y el sistema monetario y financiero, sin lo cual no se pueden tapar los agujeros, evitar la fuga, etc., etc.

La única manera de evaluar con certeza si en la economía argentina hay “escasez de dólares” es con los agujeros del barril tapados, de lo contrario siempre hay escasez de dólares. Escuchaba a un dirigente rural hablar de la nula fiscalización física de los bienes exportables agropecuarios que ni siquiera se pesan antes de salir por los puertos privados. Esta es una de las mil maneras de fuga de dólares, existen otras 999.

Argentina necesita empezar a alimentar de verdad a 15 millones de personas y mejorar la alimentación de otros 15 millones. Acá hay un mercado potencial de 30 millones de personas.

Para hacer eso no hace falta ni siquiera aumentar la producción, incluso podría disminuir la producción y aumentar al mismo tiempo el consumo de alimentos de 30 millones de personas, tanto en cantidad como en calidad.

Lo que acabo de enunciar parece un horror pero es lo que sucedía efectivamente cada vez que un gobierno se proponía aumentar el consumo interno y mejorar la alimentación de la población.

Cuando sucede eso el incentivo exportable deja de funcionar y la producción cae, pero la producción es excedentaria en muchísimos rubros agroalimentarios, por lo tanto hay margen para que caiga y, al mismo tiempo, aumente el consumo interno.

Para muchos puede seguir pareciendo un horror lo que acabo de decir pero es la realidad, y es mejor comprenderla que horrorizarse, porque si no la comprendemos no la podemos cambiar para mejor.

Lo ideal sería que a medida que se satisface el mercado interno (real y potencial), la producción y las exportaciones aumenten, pero no es el caso porque, cuando sucede lo primero, el incentivo para exportar disminuye y a eso le sigue una caída de la producción.

Las secuencias temporales donde hay alineación al alza entre producción, consumo interno y exportaciones no son prueba de lo contrario a lo que acabo de decir porque esas secuencias se dan luego de crisis muy graves que deprimen enormemente el consumo interno, luego (o simultáneamente) de las cuales las exportaciones aparecen como la única salida. Pero a poco de andar y recuperarse el consumo interno, vuelven los problemas de siempre (aumento de precios, disminución de los saldos para el mercado interno, etc.). Esto es lo que sucedió en 2005/6, durante el gobierno de NK. Y volvió a suceder en forma agravada ahora, luego de 4 años de jauja con Macri.

Si es verdad que el ministro Domínguez acordó con los exportadores una cuota  del 22 al 24% del total de la producción que es lo que se podría exportar, estaremos en un problema en pocos meses, porque es casi el mismo porcentaje exportado en el año 2005 que llevó a los problemas de precios en 2006, con el agravante que la población es mayor que en aquella época y los niveles de producción a duras penas acompañaron el crecimiento vegetativo de la población.

Nuestros dirigentes y funcionarios debieran saber que una parte del problema nunca puede proveer una solución al mismo.

El derrame no funciona. Exportar y exportar libremente conduce a lo que condujo en 2005/6 (24% del total producido en tn. de res con hueso se exportaron) y a lo que condujo ahora (30% del total producido en tn. de res con hueso se exportaron), porque uno de los problemas que tiene es que el “estómago de las personas no tiene punto óptimo” (JDP). El 30% exportado en un año equivalen a casi 1.000 millones de Kg., lo que pudo haber alimentado a casi 20 millones de personas.

¿Se dan cuenta cuál es el problema?.

Tener un mercado interno en expansión, donde aumente el consumo de unas 15 millones de personas pobres, no depende de políticas que incentiven exportaciones (esto es caer en el círculo vicioso de siempre), sino de políticas diseñadas para la expansión de la producción para el mercado interno y la construcción de infraestructura sanitaria, educativa, energética o de transporte. Eso es lo que va a aumentar el empleo y, con ello, la cantidad de consumidores en el mercado interno. Así se forma el círculo virtuoso.

La capacidad exportadora de la Argentina no debe ser una premisa de su desarrollo (acá está la trampa) sino que debe ser consecuencia de su desarrollo.