lunes, 19 de octubre de 2026

Contraste: de nuevo sobre JDP y el 17 de octubre de 1945.


Quiero valorar críticamente lo expresado en la introducción de este post en el blog del querido Artemio aquí:


Me da la oportunidad de explicitar algunas cuestiones de los tres posts precedentes.

"Perón no inventó a la clase trabajadora ni le regaló sus derechos. Su liderazgo fue posible porque los trabajadores irrumpieron como fuerza social y política, desafiando los privilegios de las clases dominantes."

"... el nacimiento del peronismo no se explica por la biografía de un hombre, sino por una transformación histórica: la industrialización, las migraciones internas y la emergencia de una clase trabajadora que ya no aceptaba vivir sin derechos ni representación política." 

"El Estatuto del Peón, el aguinaldo y las vacaciones pagas modificaron las relaciones entre capital y trabajo. No fueron concesiones gratuitas: expresaron una nueva correlación de fuerzas, en la que los trabajadores conquistaron derechos y obligaron al Estado a intervenir en un orden social organizado alrededor de los intereses patronales."

"Perón fortaleció a los sindicatos y reconoció a los trabajadores como sujetos políticos, mientras procuraba contener el conflicto social dentro de un proyecto de conciliación de clases. Los trabajadores avanzaron en derechos y participación, pero no se abolió el poder económico de los propietarios."

"La clave histórica no es lo que Perón concedió, sino lo que los trabajadores conquistaron y la fuerza social que fueron capaces de construir."


En estos párrafos, comprensiblemente, el énfasis se coloca en el factor que suele considerarse de mayor relevancia explicativa: las transformaciones económicas y de la estructura social previa al surgimiento del peronismo y la fuerza que adquirieron los trabajadores como efecto de esas transformaciones.

A diferencia de ello, en mis 3 posts precedentes el énfasis lo pongo en el papel del liderazgo creador, pero no a modo de resucitar un antiguo debate historiográfico sobre la primacía del factor sociológico o de los grandes individuos históricos. No es mi intención eso. Mi intención es tratar de precisar la novedad que está necesariamente involucrada en un cambio histórico que da origen a una identidad política concreta, la que no puede provenir del funcionamiento estructural ni de sus soportes. Lo que hay que analizar es la interacción entre una dinámica de masas efecto del funcionamiento estructural, esto es el gran aumento del número de obreros industriales entre los inicios de la II guerra mundial y el advenimiento del peronismo entre 1943/1945 debido a una sustitución de importaciones forzada por las circunstancias de la guerra, por un lado, y, por otro lado, la intervención de una subjetividad creativa, cuya eficacia dará origen a un liderazgo de conducción del pueblo. La clave está en la interacción de ambas facetas.

El análisis de tipo marxista y de izquierda convencional y mucho del nacional-popular tiende demasiado a enfatizar un aspecto en detrimento del otro. Recuerdo, en alguna ocasión, haberle planteado esto en su Blog a Manolo Barge. La frase "mi único heredero es el pueblo" contradice la distinción muy pertinente e importante efectuada por la misma persona autora de la frase. En efecto, si las "masas" son el agregado de individuos-agentes reactivos a las injusticias generadas por el sistema económico y social, careciendo de liderazgo de conducción y, por lo tanto, de objetivos políticos transformadores en sentido positivo (esto es diferente a objetivos programáticos formales) a diferencia del "pueblo" que no carece de ello, mal puede la desaparición del líder de conducción dejar una herencia en una entidad ("pueblo") en vías de revertir a "masas", por obra y gracia de esa misma desaparición.

El hecho de enfatizar la importancia del líder potencial de conducción, su creatividad y su interacción con las masas no implica que estas sean receptoras pasivas en dicha interacción. Y el hecho de reconocer la importancia del protagonismo de las masas no debe reducir al líder de conducción a mero administrador de una fuerza social formada previamente.

Caer en estos desfasajes suele ser muy frecuente, uno se previene del otro y viceversa. Es como si pusiéramos un peso en un platillo de la balanza y otro viene y lo saca y pone otro peso en el otro platillo. Así, siempre la balanza estará oscilando de un extremo al otro sin encontrar un punto justo.

El Coronel JDP no se limitó a administrar relaciones de fuerza preestablecidas. Entre 1943 y 1945 fue dándole forma a una práctica de interacción novedosa con las clases obreras. Esa práctica incentivó la activación, la unidad y la solidaridad obrera. Gran parte de la fuerza que acumuló la clase obrera entre esos casi dos años fue consecuencia de dicha práctica introducida por el Coronel. Ello significó que el Coronel no se conformó con solo administrar los reclamos provocados por las injusticias de la estructura previa a su llegada, sino que se propuso transformar las relaciones históricas entre los agentes que configuraban esa estructura.

O sea que, aunque es cierto que no inventó a la clase obrera, su intervención creativa la dotó de una fuerza y perspectiva que no hubiera adquirido en ausencia de esa intervención.

En 1943/44 el Coronel ya tenía bastante conciencia de que la geometría económica y social vigente que producía la confrontación de intereses no iba a dar lugar a las soluciones requeridas: era necesaria una transformación del mismo marco de dicha geometría. Sin esa transformación no era posible el cumplimiento de las 3 banderas (soberanía política, independencia económica y justicia social). Eso implicaba no solo industria sustitutiva, sino también mercadointernismo con otra distribución del ingreso mucho más favorable a los trabajadores, desarrollo de la infraestructura, entre otras cosas.

Por lo tanto, no es que el Coronel se encontró con unas alternativas y hechos consumados de los actores sociales, sino que su mente creativa le permitió imaginar y reconocer posibilidades, formular orientaciones y transformar relaciones entre esos actores. Esa mente creativa que residía en una subjetividad singular es una parte insoslayable de las transformaciones históricas que condujeron a la identidad peronista, la cual no se explica solo con el funcionamiento estructural.

Es cierto que el funcionamiento estructural tuvo su eficacia en la irrupción de los trabajadores (por el aumento rápido del número de trabajadores) pero eso no explica el alcance, la orientación y los objetivos que luego se adoptaron bajo el liderazgo de JDP.

El 17/10/1945 la movilización hizo posible un liderazgo de conducción, pero eso no significa que ese liderazgo no haya transformado antes a los actores y sus relaciones.

La industrialización, las migraciones y la emergencia obrera describen condiciones históricas, pero por sí solas no explican por qué esas condiciones tomaron la forma del peronismo y no otra. Hubo un proceso que convirtió una posibilidad en una probabilidad concreta. Y, en ese proceso, desempeñaba un papel decisivo la capacidad creativa del potencial líder. Esa capacidad subjetiva es parte de la historia y, a falta de esa capacidad subjetiva, las objetivaciones que ocurrieron luego con el peronismo no hubieran ocurrido. La creatividad del líder de conducción no se puede excluir de la "transformación histórica" so pena de entender a esta solo como un proceso impersonal.

El Coronel desde una lugar subalterno del Estado tomó decisiones que crearon capacidades de organización, modificaron expectativas, legitimaron demandas y, al hacer todo eso, alteraró la propia correlación de fuerzas.

Por lo tanto, no es que el Coronel aplicó medidas condicionado por una relación de fuerzas sino que tuvo que cambiar la correlación de fuerzas para aplicar las medidas las que, a su vez, realimentaron la dinámica del cambio de esa correlación. El Coronel no se limitó a solo reconocer una fuerza existente, sino que quiso constituir algo nuevo con otra orientación.

El Coronel, con su intervención entre 1943/1945, no se dedicó a contener demandas para conservar una estructura, sino que reorganizó las relaciones sociales mediante un proyecto común que transformó el significado y los objetivos de esas demandas.



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