miércoles, 14 de octubre de 2026

Aclaraciones sobre la aclaración.

En el post precedente señalé: “El simple dirigente administrador de relaciones de fuerzas toma eso como un dato o premisa inmodificable a partir de la cual adapta su concepción y acción política. Este tipo de dirigente limitado solo se pregunta “¿cómo puedo negociar con el enemigo?”

No introduje ese párrafo por casualidad ni la mención de la frase de Boudou, puesto que considero al dilema y contradicción confrontación vs. negociación como dos caras de la misma invariante “no creativa”. La razón es que sea que se confronte o sea que se negocie se lo hace en el marco de la misma geometría política, económica, social e ideológica que tiene como efecto la distribución del poder e intereses conocidos.

En este sentido, toda confrontación o negociación es en base al pasado. Toda creación es en base al futuro que podría ser. Otras relaciones que podrían cambiar los intereses en juego.

¿Ahora se entiende por qué razón JDP definía a la conducción como un arte creativo de ejecución?

La respuesta es: porque las soluciones no se encuentran nunca en el marco de disputa, sino en un marco transformado tanto desde lo conceptual como de la acción. Los líderes de conducción son tales porque pueden descubrir o crear ese nuevo marco de transformación que va a reformular y redefinir los intereses de todos.

Es muy parecido a lo que sucede con la evolución de la ciencia. Existen contradicciones, paradojas o anomalías que se resisten a resolverse retorciendo el paradigma vigente conocido, reajustando una y otra vez no se resuelven. Pero llega un punto en el que se necesita un salto (cambio de geometría) porque todo el sistema deductivo del que dependía la teoría previa ya no puede dar respuesta.

En la conducción política el liderazgo es la llave que abre la puerta para dar ese salto. Esa puerta antes no se la podía abrir porque no se la veía o porque no se encontraba la llave para abrirla.

Tanto la confrontación como la negociación son invariantes de la geometría encerrada, enviciada en sus propios axiomas y postulados que ya no coinciden con la realidad.

En el post precedente he hablado más que nada de sujetos porque considero que el “encierro cognitivo” es de ellos, más allá de la clase social a la que pertenezcan, los partidos políticos o instituciones y organizaciones diversas.

Considero, desde esta perspectiva, que tanto la “izquierda” como la “derecha”, y sus respectivas versiones, padecen el “encierro cognitivo” en la medida que insistan una y otra vez en las demarcaciones ideológicas conocidas y las contradicciones que le son inherentes: negociadores/confrontadores; heterodoxos/ortodoxos; izquierdistas/derechistas; burócratas/revolucionarios; obreristas/pequeños burgueses; etc., etc., etc. Constituyen todos dilemas y polos de una geometría intransformable.

Juan Grabois el otro día dijo una metáfora que la considero el paradigma del “encierro cognitivo”. Aclaro que nada tengo contra el compañero y me parece que es uno de los dirigentes con mejor futuro en el movimiento, si es que éste subsiste.

Dijo algo así: “que la base, la presión de abajo, patea la puerta y la abolla hasta que alguien la abre” e insiste en que el Kirchnerismo no hubiera existido sin esos movimientos previos.

He hecho referencia a esta concepción en algún post de este blog. En esta concepción, la lucha de clases o la lucha popular es una condición necesaria de la solución, como si estuviera orientada de antemano a la solución.

A mi juicio, esto constituye una racionalización retrospectiva o justificación post-hoc. En efecto, en la perspectiva que planteo, toda intervención creadora de un líder o una líder de conjunto o conducción, se da en una geometría social dada en crisis, en cuyo contexto la confrontación campea a sus anchas.

La lucha de clases del marxismo o la lucha popular de los nacional-populares es el síntoma de que no cierra la estructura, se den cuenta o no los actores. Un síntoma es importante porque sin eso el problema o disfunción continuaría sin que nadie se dé cuenta y conduciría a un desastre al final.

El líder o la líder de conjunto o conducción puede interpretar eso y visualizar de qué es síntoma y qué solución sistémica resolvería la causa subyacente. ¿Se entiende?

El o la que ocupa esa posición puede no estar en la lucha y, sin embargo, ser el sujeto observador al que se le ocurre una salida.

Esto podría explicar, por ej., por qué la mayoría de los líderes populares de la historia no salieron de las luchas de las masas. La respuesta es que las masas y sus dirigentes ocupan un lugar cuyo objeto de conocimiento no es la geometría que constituye el campo de lucha, sino las consecuencias particulares de ese campo: injusticia, desigualdad, pobreza, etc.

En cambio, el objeto de conocimiento de los líderes potenciales sí es el campo mismo, por esos sus soluciones tienden a ser sistémicas. Ellos son los únicos que saben que la solución no se puede encontrar o generar con las mismas herramientas que ese campo (que generó el problema) provee, sino que se necesita dar el salto a otra geometría que redefina todo el campo.

Ahora se entiende por qué JDP distinguía la “masa” del “pueblo”. La respuesta es porque pertenecen a dos geometrías distintas, del mismo modo que un triángulo sobre un plano pertenece a una geometría y el mismo triángulo sobre una esfera pertenece a otra.

¿Se entiende la lógica de todo esto?

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