martes, 13 de octubre de 2026

Aclaraciones sobre el post anterior.

Las consideraciones del post precedente no pretenden negar la naturaleza desigual de las posiciones estructurales.

En la confrontación "no creativa" (no se me ocurre ningún término mejor para clasificarla) la simetría no es la de la cantidad de poder sino la de la naturaleza del principio.

Si el sujeto A (100 kg.) quiere golpear al sujeto A' (70 kg) y viceversa, la pelea no es simétrica en cuanto al peso sino en cuanto a que ambos quieren lo mismo pero al revés. ¿Se entiende? Uno puede decir: "me pongo de parte de A' (70 Kg) porque es el más liviano o débil" pero esa desigualdad nada tiene que ver con la naturaleza de sus intenciones.

Esa pelea, por más desigual que sea, no pone en juego ningún principio común que implique algo sobre la configuración de la realidad que los lleva a querer golpearse. Cada uno, A y A', quiere satisfacerse mediante el otro y recíprocamente.

El simple dirigente administrador de relaciones de fuerzas toma eso como un dato o premisa inmodificable a partir de la cual adapta su concepción y acción política. Este tipo de dirigente limitado solo se pregunta "¿cómo puedo negociar con el enemigo?"

Por el contrario, el líder o la líder de conducción o de conjunto se pregunta "¿qué transformación en la configuración política subyacente permitiría que ese enemigo dejara de serlo?". O sea, su método de pensamiento no es "dado eso, tengo tal y cual alternativa". Sino "dado eso, qué se podría hacer para que se transforme lo dado y otras sean las alternativas" (distintas a las anteriores).

Una frase de Boudou muy feliz que he citado en este blog decía algo así: "las relaciones de fuerza se cambian cambiándolas" (?!). El que piensa así no tiene por objeto algo particular de la geometría dada, sino la geometría misma porque es ella la que regula el marco de las alternativas posibles. ¿Se entiende?

La guerra entre Austria y Prusia en el siglo XIX, en manos de Moltke (jefe del Estado Mayor de Prusia) pudo haber degenerado en una guerra de aniquilación de los austríacos. Sin embargo, la imaginación del Canciller Bismarck hizo que el ex enemigo se convierta en su aliado, en el marco de una situación militar mucho más fácil de llevar a la aniquilación que a un acuerdo estratégico.

Lo mismo pasó, de otra manera, con el General coreano Yi Seong-Gye, fundador de la dinastía Joseon en el siglo XIV. La monarquía de su país le ordenó atacar a China. Se trasladó con su ejército hasta el lugar donde se produciría la batalla, pero decidió dar media vuelta y marcharse y derrocar al régimen dinástico de su propio país. Luego de lo cual abrió una era de amistad con sus vecinos, prosperidad y aumento del comercio.

En esos ejemplos históricos, el dirigente "administrador de las relaciones de fuerza" sea el Mariscal Moltke o sea la monarquía coreana, participaban de una lógica "X es mi enemigo, qué hago para someterlo o exterminarlo". Es como si el objeto de su pensamiento fuera una propiedad objetiva intrínseca identificada en el enmigo. Sin embargo, el conductor creativo participa de otra lógica: "hay una configuración de relaciones históricas que llevó a que X sea marcado como enemigo, ¿qué posibilidades y probabilidades existen para transformar esa configuración de relaciones?"

¿Se entiende la diferencia abismal de una lógica y la otra? No había ningún enemigo intrínseco ya que los supuestos otrora enemigos pasaron a ser socios, aliados o buenos vecinos. 

Lo mismo sucede en la economía. En una distribución del ingreso muy regresiva el problema no es quién se aprovecha de eso, sino cuál es el principio organizador de esa economía que produce efectos muy desiguales y cómo puede modificarse.

Que eso generará reacciones, no cabe duda, dada la falta de capacidad de los seres humanos en entender su propia situación presente y el posible futuro. Pero esa reacción es contingente, incidental, no hace a la esencia del principio económico que se quiere satisfacer con, por ej., un shock distributivo o cambios en determinadas relaciones que definen una configuración industrial.

El conductor creativo no está empeñado en cambiar, reemplazar, neutralizar o promover personas. Está empeñado en cambiar las relaciones históricas que ocasionaron los problemas que se quieren resolver.

La conducción política creadora consiste en descubrir y realizar un principio capaz de transformar las relaciones entre sujetos históricos, de tal manera que antagonismos anteriormente considerados necesarios pierdan su fundamento y sean sustituidos por relaciones de cooperación que amplíen las posibilidades de todos los participantes.

Esto no es lo mismo que "pedir cooperación" al poderoso. Ojo, no se malentienda. Estamos hablando de la capacidad de un líder o una líder de conjunto o conducción para transformar relaciones, para que, una vez transformadas, lo que se consideraba habitual o plausible antes de esa transformación, deje de serlo y pasen a considerarse plausibles y habituales otras cosas. ¿Se entiende la diferencia?

El liderazgo creador concibe una posibilidad que no existe dentro de la organización anterior. Su actividad está dirigida a convertir esa posibilidad en realidad. Es el único sujeto que hace o se dedica a eso. Si nadie se opusiera, podría realizarla sin confrontación. Si encuentra resistencia, debe lidiar con ella. Si esa resistencia es armada (frecuente en las guerras geopolíticas), puede verse obligado a emplear medios militares. Pero en ninguno de esos momentos cambia necesariamente el objeto de su actividad.

Y aquí llegamos a una cuestión muy importante: la identidad. La identidad no está dada por la confrontación o antagonismo puesto que ese es un campo que simetriza a todos, sino por el principio que el liderazgo creador descubrió o redescubrió.

La identidad del peronismo no residía en un "pueblo" que, en rigor no lo era porque era "masa" (antes del advenimiento del liderazgo), sino en la fidelidad de su liderazgo de conducción (sea un Perón, Evita o CFK) a los principios que intentaba ejecutar. Esa fidelidad es lo que genera "pueblo" y su propia identidad.

Antes de terminar, quería aclarar otra cosa.

Cuando la confrontación se da por reacción de un sujeto frente a las consecuencias de un liderazgo creativo, como no hay comprensión intelectual del principio común que el liderazgo creativo quiere poner en marcha, eso significa que el sujeto confrontador no ve ese principio como un objeto de conocimiento frente al cual puede oponer otro. Por lo tanto, no lo puede rechazar intelectualmente puesto que no es un objeto de conocimiento para él. El confrontador interpreta la acción creadora como amenaza, interviene para impedirla y después utiliza las consecuencias de la confrontación como confirmación de que su interpretación inicial era correcta. Esto constituye un mecanismo de retroalimentación.

Simplemente la confrontación por reacción al liderazgo creativo carece de herramientas para comprender, por eso hablé de "encierro cognitivo". Mientras el liderazgo creador acciona sobre una relación histórica y pretende producir una configuración nueva, el sujeto confrontador por reacción solo ve una amenaza en la estructura que conoce.

El problema del confrontador no consiste simplemente en calcular mal los beneficios y perjuicios de una transformación (porque a esta no la puede concebir). Consiste en que su esquema de pensamiento excluye la posibilidad de que se produzca una nueva fuente de beneficios. En un juego de suma cero, lo que gana uno lo pierde otro. No existe algo nuevo en un juego de suma cero. El error del confrontador consiste en tratar una transformación de las condiciones como si fuera un movimiento dentro de condiciones invariables.

Entonces, la verdadera interacción es entre una acción guiada por un principio nuevo y una reacción guiada por una interpretación perteneciente a la estructura y lógica anterior.

El liderazgo creador no necesita convencer previamente a todos mediante las categorías conocidas. Puede hacer inteligible el principio creando las condiciones en las cuales sus efectos se vuelvan reconocibles.

El liderazgo creador no intenta resolver las contradicciones en el mismo marco en el que ocurren. Al poder ver la configuración sistémica donde esas contradicciones ocurren, se empeña en transformar las relaciones de esa configuración. 


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