martes, 27 de octubre de 2026

Caso Lula: sociología del electorado vs. capacidad de conducción.

Siguiendo con la lógica y “marco teórico” de mis últimos posts voy a conceptualizar la victoria electoral de Lula en Brasil. Y, para ello, voy a tomar como referencia este post de Artemio aquí:

https://rambletamble.com.ar/lula-la-2/

Allí se reproduce un artículo del periodista y politólogo ítalo-brasileño Giancarlo Summa, publicado aquí:

https://nuso.org/articulo/la-ultima-batalla-de-lula/

Dicho artículo es apenas posterior a la derrota de Lula en la primera vuelta, es decir, el autor estaba bajo el influjo pesimista, por decirlo así, del resultado electoral.

¿Cómo explicar la gran diferencia y desajuste entre la prospectiva (ola bolsonarista, debilidad progresista, etc., etc.) que se desprende del análisis de Summa, por un lado, y el resultado obtenido en segunda vuelta, por otro lado?

Desde mi perspectiva es bastante sencillo explicar ese tipo de desajustes y previsiones fallidas. La mayoría de los analistas (independientemente de sus ideologías) no comprende la dimensión creativa y subjetiva de la política (ni de la ciencia, ni de la economía, etc., etc.).

Al ignorarse las implicancias de esta dimensión subjetivo-creativa recaen una y otra vez en interpretaciones mecánicas, sociologistas, objetivistas o estructuralistas de los acontecimientos. Ante esto, me veo obligado una y otra vez a rescatar y discernir el papel subjetivo del liderazgo de conjunto o conducción en los procesos históricos y sus efectos políticos, económicos y sociales en general.

Summa tiende a interpretar el resultado de la primera vuelta como manifestación de tendencias estructurales relativamente consolidadas que favorecen al Bolsonarismo, sin conceder suficiente importancia a la capacidad de intervención creadora del liderazgo de conducción.

Sin embargo, en las tres semanas que pasaron entre una vuelta electoral y la otra, esas tendencias no se modificaron un ápice, mientras que el comportamiento político-electoral de grandes conjuntos de población sí lo hicieron.

Hay que introducir una variable que el artículo reconoce, pero no desarrolla: la dinámica de la acción política y su capacidad para modificar el comportamiento colectivo bajo los efectos de un liderazgo de conjunto o conducción cuya intervención rápida y oportuna consigue alterar las expectativas y la disposición a actuar de millones de personas.

Una configuración estructural y social dada no contiene necesariamente el resultado de la acción política que se desarrolla dentro de su marco.

La primera vuelta pudo haber expresado una sociedad políticamente fragmentada, en la que distintos sectores actuaron según expectativas, frustraciones e identificaciones particulares. En cambio, en la segunda, la conducción de Lula pudo haber contribuido a articular parte de esos sectores alrededor de un propósito político común.

Un líder que logra transformar una derrota inicial de más de dos millones de votos en una victoria de más de cuatro millones evidentemente conserva recursos políticos que la descripción de un progresismo agotado no puede explicar.

¿Qué hizo Lula inmediatamente después de la derrota en primear vuelta?

Vamos a tratar de identificar con precisión lo que hizo el líder de conjunto.

En la campaña que terminó en derrota Lula no hizo más que lo que hace cualquier dirigente (desempeñando el cargo de presidente) que quiere reelegirse: defensa de la gestión por medio de una comunicación institucional (relativamente distante).

Pero en la segunda campaña que terminó en victoria, empezó a “defender” un posible futuro (típico de un líder de conjunto o conducción): “Ojo. Miren lo que podemos conquistar y lo que está en juego”.

Lula aceptó modificar una estructura de campaña que acababa de fracasar. Un líder de conducción o de conjunto no necesita inventar personalmente todos los instrumentos. Necesita reconocer qué capacidades pueden transformar la situación y darles lugar.

Si bien después de la primera vuelta comenzaron movilizaciones espontáneas de estudiantes, movimientos sociales y ciudadanos que no necesariamente actuaban bajo una dirección partidaria, la estructura de campaña reordenada por la intervención de Lula, consiguió articular esa energía con sus propios esfuerzos organizativos.

Lula comprendió que no podía ganar la segunda vuelta dentro de la misma configuración política que había producido su derrota en la primera. Y actuó para modificarla: a) reconoció la insuficiencia del esquema anterior; b) reconoció que la gestión económica favorable no garantizaba una mayoría electoral y c) Reformuló el problema político al advertir que la cuestión no era solo recuperar votos, sino crear motivos y medios para movilizar nuevos electores.

Aquí se nota que el líder no consideraba la distribución de las preferencias electorales como un juego de suma 0. Veía que podía hacer aparecer nuevos sujetos que no habían participado antes. Esto sugiere que consiguió hacer aparecer posibilidades políticas que estaban latentes, pero que la primera vuelta no había logrado convertir en acción efectiva. Esto es típico de los liderazgos de conjunto o conducción. Esta última capacidad es el origen del terror que le tiene el establishment en Argentina a CFK.

Lula no se limitó a reaccionar ante una situación adversa ni tampoco se montó sobre una reacción popular espontánea, sino que identificó una posibilidad política que otros no habían reconocido y actuó para convertirla en realidad. Otra cosa típica de los liderazgos de conjunto o conducción.

Cronología de la concepción y práctica del liderazgo de conjunto.

4/10: Lula pierde las elecciones. Janones decide por iniciativa propia transformar su canal de WhatsApp en un instrumento de movilización. La reacción digital comienza sin esperar una decisión de la conducción central.

5 y 6/10: Lula en reunión con sus auxiliares comienza revisión y exploración de cambios en el dispositivo electoral. En un hotel de Brasilia, establece que la campaña debía concentrarse en los riesgos concretos que una victoria de Flávio Bolsonaro representaba para la vida de la población. Lula mismo propone desplazar el eje de la campaña.

7/10: Lula reconoce públicamente que su campaña fue la menos organizada de su historia. Lo hizo delante de Edinho Silva, uno de sus principales responsables. Se reúne con parlamentarios y dirigentes electos. Admite ante ellos el fracaso de su esquema electoral. Aparentemente, declara: “Tenemos una clase trabajadora que no quiere empleo formal, que quiere trabajar por cuenta propia. Tenemos que lidiar con eso”; “La clase trabajadora es cada vez menor dentro de la fábrica y cada vez mayor fuera de la fábrica”. Lula señala que muchos trabajadores ya no quieren un empleo formal, sino trabajar por cuenta propia, y que las organizaciones políticas deben aprender a relacionarse con esa realidad. Lula desafía públicamente a Flávio Bolsonaro a apoyar la reducción de la semana laboral de seis a cinco días. No se limita a ofrecer una mejora laboral sino también obliga políticamente a su adversario a definirse ante una reivindicación que podía atravesar las divisiones partidarias. En lugar de pedir a los trabajadores que eligieran entre identidades ideológicas preexistentes, colocó en el centro una cuestión práctica sobre la organización de sus vidas. El 5/10 el mensaje era: “pueden perder lo que tienen”. Ahora es: “podemos modificar juntos una condición de nuestra existencia”. Esto es típico del liderazgo de conjunto o conducción, generar expectativas de transformación, no meras promesas.

Entre el 5 y el 7 de octubre, Lula pasó de reconocer un problema electoral a cuestionar la capacidad de su propia organización para comprender y movilizar a la sociedad brasileña contemporánea.

Esto es significativo porque un mero administrador pudo dedicarse a corregir errores operativos sin modificar su concepción del problema. En cambio, un líder de conducción o de conjunto puede reconocer que el instrumento organizativo existente ya no corresponde a la realidad sobre la que pretende actuar.

8/10: Se informa que Lula reorganiza la conducción, incorpora a Camilo Santana, Rui Costa y Rafael Fonteles en funciones estratégicas y asume mayor control personal. Modifica el centro de decisiones. Comienza a supervisar personalmente los programas televisivos y los recorridos de campaña, mientras desplazaba parte de las responsabilidades de la conducción anterior.

9/10: Está prevista su vuelta a la movilización callejera en los barrios más populosos de Brasilia, distrito federal. Busca recuperar el contacto directo con el electorado.

10/10: El canal digital de Janones ya es objeto de un litigio ante la Justicia Electoral. La nueva movilización digital se convierte en un factor relevante de la confrontación.

Creo que la intervención de Lula del 7 de octubre es clave y allí se gesta el movimiento que conduce a la victoria.

Y no creo que la observación de Lula sobre el cuentapropismo y el trabajo formal sea una concepción de tipo ideológica al modo de algunos dirigentes de los movimientos sociales en Argentina. Simplemente está constatando una realidad (que no tiene que ser inmodificable) e interpela a la militancia para que sepa tratar con esa realidad. Creo que Lula hubiera sido más preciso diciendo así: “en las actuales condiciones muchos trabajadores no quieren un empleo formal”.

No hay comentarios: