Siguiendo con la lógica y “marco teórico” de mis últimos posts voy a conceptualizar la victoria electoral de Lula en Brasil. Y, para ello, voy a tomar como referencia este post de Artemio aquí:
https://rambletamble.com.ar/lula-la-2/
Allí se reproduce un artículo del periodista y politólogo
ítalo-brasileño Giancarlo Summa, publicado aquí:
https://nuso.org/articulo/la-ultima-batalla-de-lula/
Dicho artículo es apenas posterior a la derrota de Lula en la
primera vuelta, es decir, el autor estaba bajo el influjo pesimista, por
decirlo así, del resultado electoral.
¿Cómo explicar la gran diferencia y desajuste entre la prospectiva
(ola bolsonarista, debilidad progresista, etc., etc.) que se desprende del
análisis de Summa, por un lado, y el resultado obtenido en segunda vuelta, por
otro lado?
Desde mi perspectiva es bastante sencillo explicar ese tipo de
desajustes y previsiones fallidas. La mayoría de los analistas (independientemente
de sus ideologías) no comprende la dimensión creativa y subjetiva de la
política (ni de la ciencia, ni de la economía, etc., etc.).
Al ignorarse las implicancias de esta dimensión subjetivo-creativa
recaen una y otra vez en interpretaciones mecánicas, sociologistas, objetivistas
o estructuralistas de los acontecimientos. Ante esto, me veo obligado una y
otra vez a rescatar y discernir el papel subjetivo del liderazgo de conjunto o
conducción en los procesos históricos y sus efectos políticos, económicos y
sociales en general.
Summa tiende a interpretar el resultado de la primera vuelta como
manifestación de tendencias estructurales relativamente consolidadas que
favorecen al Bolsonarismo, sin conceder suficiente importancia a la capacidad
de intervención creadora del liderazgo de conducción.
Sin embargo, en las tres semanas que pasaron entre una vuelta
electoral y la otra, esas tendencias no se modificaron un ápice, mientras que
el comportamiento político-electoral de grandes conjuntos de población sí lo
hicieron.
Hay que introducir una variable que el artículo reconoce, pero no
desarrolla: la dinámica de la acción política y su capacidad para modificar el
comportamiento colectivo bajo los efectos de un liderazgo de conjunto o
conducción cuya intervención rápida y oportuna consigue alterar las
expectativas y la disposición a actuar de millones de personas.
Una configuración estructural y social dada no contiene
necesariamente el resultado de la acción política que se desarrolla dentro de
su marco.
La primera vuelta pudo haber expresado una sociedad políticamente
fragmentada, en la que distintos sectores actuaron según expectativas, frustraciones
e identificaciones particulares. En cambio, en la segunda, la conducción de
Lula pudo haber contribuido a articular parte de esos sectores alrededor de un
propósito político común.
Un líder que logra transformar una derrota inicial de más de dos
millones de votos en una victoria de más de cuatro millones evidentemente
conserva recursos políticos que la descripción de un progresismo agotado no puede
explicar.
¿Qué hizo Lula inmediatamente después de la derrota en primear vuelta?
Vamos a tratar de identificar con precisión lo que hizo el líder
de conjunto.
En la campaña que terminó en derrota Lula no hizo más que lo que
hace cualquier dirigente (desempeñando el cargo de presidente) que quiere
reelegirse: defensa de la gestión por medio de una comunicación institucional (relativamente
distante).
Pero en la segunda campaña que terminó en victoria, empezó a “defender”
un posible futuro (típico de un líder de conjunto o conducción): “Ojo. Miren lo
que podemos conquistar y lo que está en juego”.
Lula aceptó modificar una estructura de campaña que acababa de
fracasar. Un líder de conducción o de conjunto no necesita inventar
personalmente todos los instrumentos. Necesita reconocer qué capacidades pueden
transformar la situación y darles lugar.
Si bien después de la primera vuelta comenzaron movilizaciones
espontáneas de estudiantes, movimientos sociales y ciudadanos que no necesariamente
actuaban bajo una dirección partidaria, la estructura de campaña reordenada por
la intervención de Lula, consiguió articular esa energía con sus propios
esfuerzos organizativos.
Lula comprendió que no podía ganar la segunda vuelta dentro de la
misma configuración política que había producido su derrota en la primera. Y
actuó para modificarla: a) reconoció
la insuficiencia del esquema anterior; b) reconoció que la gestión económica
favorable no garantizaba una mayoría electoral y c) Reformuló el problema
político al advertir que la cuestión no era solo recuperar votos, sino crear
motivos y medios para movilizar nuevos electores.
Aquí se nota que el líder no consideraba la distribución de las
preferencias electorales como un juego de suma 0. Veía que podía hacer aparecer
nuevos sujetos que no habían participado antes. Esto sugiere que
consiguió hacer aparecer posibilidades políticas que estaban latentes, pero que
la primera vuelta no había logrado convertir en acción efectiva. Esto es típico
de los liderazgos de conjunto o conducción. Esta última capacidad es el origen
del terror que le tiene el establishment en Argentina a CFK.
Lula no se limitó a reaccionar ante una situación adversa ni
tampoco se montó sobre una reacción popular espontánea, sino que identificó una
posibilidad política que otros no habían reconocido y actuó para convertirla en
realidad. Otra cosa típica de los liderazgos de conjunto o conducción.
Cronología de la concepción y práctica del liderazgo de conjunto.
4/10: Lula pierde las elecciones. Janones decide por iniciativa
propia transformar su canal de WhatsApp en un instrumento de movilización. La
reacción digital comienza sin esperar una decisión de la conducción central.
5 y 6/10: Lula en reunión con sus auxiliares comienza revisión y
exploración de cambios en el dispositivo electoral. En un
hotel de Brasilia, establece que la campaña debía concentrarse en los riesgos
concretos que una victoria de Flávio Bolsonaro representaba para la vida de la
población. Lula mismo propone desplazar el eje de la campaña.
7/10: Lula reconoce públicamente que su campaña fue la menos
organizada de su historia. Lo hizo delante de Edinho Silva, uno de sus
principales responsables. Se reúne con parlamentarios y dirigentes electos.
Admite ante ellos el fracaso de su esquema electoral. Aparentemente, declara: “Tenemos
una clase trabajadora que no quiere empleo formal, que quiere trabajar por
cuenta propia. Tenemos que lidiar con eso”; “La clase trabajadora es
cada vez menor dentro de la fábrica y cada vez mayor fuera de la fábrica”.
Lula señala que muchos trabajadores ya no quieren un empleo formal, sino
trabajar por cuenta propia, y que las organizaciones políticas deben
aprender a relacionarse con esa realidad. Lula desafía públicamente a
Flávio Bolsonaro a apoyar la reducción de la semana laboral de seis a cinco
días. No se limita a ofrecer una mejora laboral sino también obliga
políticamente a su adversario a definirse ante una reivindicación que podía
atravesar las divisiones partidarias. En lugar de pedir a los trabajadores que
eligieran entre identidades ideológicas preexistentes, colocó en el centro una
cuestión práctica sobre la organización de sus vidas. El 5/10 el mensaje era: “pueden
perder lo que tienen”. Ahora es: “podemos modificar juntos una condición de
nuestra existencia”. Esto es típico del liderazgo de conjunto o conducción,
generar expectativas de transformación, no meras promesas.
Entre el 5 y el 7 de octubre, Lula pasó de reconocer un problema
electoral a cuestionar la capacidad de su propia organización para comprender y
movilizar a la sociedad brasileña contemporánea.
Esto es significativo porque un mero administrador pudo dedicarse
a corregir errores operativos sin modificar su concepción del problema. En
cambio, un líder de conducción o de conjunto puede reconocer que el instrumento
organizativo existente ya no corresponde a la realidad sobre la que pretende
actuar.
8/10: Se informa que Lula reorganiza la conducción, incorpora a
Camilo Santana, Rui Costa y Rafael Fonteles en funciones estratégicas y asume
mayor control personal. Modifica el centro de decisiones. Comienza a supervisar
personalmente los programas televisivos y los recorridos de campaña, mientras
desplazaba parte de las responsabilidades de la conducción anterior.
9/10: Está prevista su vuelta a la movilización callejera en los
barrios más populosos de Brasilia, distrito federal. Busca recuperar el
contacto directo con el electorado.
10/10: El canal digital de Janones ya es objeto de un litigio ante
la Justicia Electoral. La nueva movilización digital se convierte en un factor
relevante de la confrontación.
Creo que la intervención de Lula del 7 de octubre es clave y allí
se gesta el movimiento que conduce a la victoria.
Y no creo que la observación de Lula sobre el cuentapropismo y el
trabajo formal sea una concepción de tipo ideológica al modo de algunos
dirigentes de los movimientos sociales en Argentina. Simplemente está constatando
una realidad (que no tiene que ser inmodificable) e interpela a la militancia
para que sepa tratar con esa realidad. Creo que Lula hubiera sido más preciso diciendo
así: “en las actuales condiciones muchos trabajadores no quieren un
empleo formal”.
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