jueves, 23 de julio de 2026

Sobre el pensamiento de Tucker Carlson sobre el poder del presidente (CFK ya lo sabía de antes).

Con motivo del post de Artemio y mi comentario al mismo, ver aquí:

https://rambletamble.com.ar/un-ataque-inmoral/

Ver el siguiente video entre 11:15 a 13:05.

La periodista hace la pregunta (¿es Netanyahu más poderoso que Trump?) desde el supuesto ingenuo (por otra parte, criticado en general por la jefa CFK) de que un presidente de la mayor superpotencia del mundo es necesariamente poderoso.

Tucker Carlson niega eso y responde que esa suposición es en parte lo que lleva a la arrogancia y a los excesos.

Pero se torna más interesante cuando Carlson menciona a la “comunidad de negocios internacional”, la “economía globalizada”, o “no existe tal cosa como una empresa estadounidense, una británica o alemana, todo eso está interconectado y el capital global es más poderoso que cualquier bloque de votantes en EE.UU. … cuanto más se analiza, y yo lo he hecho bastante, el Presidente electo de EE.UU. tiene poder, sin duda, pero no tiene soberanía, no tiene poder ilimitado ni libertad de acción para actuar en nombre de sus votantes, simplemente no lo hace … ” (sic).

Lo que dice Carlson lo tomo como una confirmación interteórica de mi propia formulación teórica que planteé en numerosas oportunidades, en el sentido que solo el liderazgo de conducción o de conjunto exitoso que interacciona con la masa y la convierte en pueblo, es el poder que conduce a dotar de una base al Estado Nacional soberano. De lo contrario, el Estado "Nacional" lo es solo de nombre, siendo el poder el sistema oligárquico que lo convierte en su objeto.

Pero el problema no es considerar a Trump como un presidente débil (que lo es, no hay la menor duda de ello si se reflexiona un poco y si uno no se deja engañar por la teatralidad de su personalidad narcisista) sino considerar eso como un dato dado y no como el producto de un proceso al que se llegó.

En efecto, los reiterados intentos de asesinato antes de asumir y después de asumir, fueron claros mensajes. El asesinato de Charlie Kirk fue otro claro mensaje. Las declaraciones del funcionario de inteligencia saliente (Joe Kent) son claras en el sentido de que esos intentos fueron minando la resistencia de Trump y sus convicciones. No diríamos que las dejó en la “puerta de la Casa Blanca antes de entrar” (parafraseando a NK), pero las fue expulsando a medida que las presiones se hacían cada vez más graves.

Todos los que conocen desde adentro la situación (no los que están fuera y dependen de información de adentro) coinciden en esto, excepto quizá, Scott Ritter, ex oficial de inteligencia del cuerpo de marines, quien sostiene que Trump engañó a todos desde la campaña electoral, que ya tenía pensado hacer todo lo que finalmente hizo. Si esto hubiera sido cierto los intentos de asesinato no tendrían ningún sentido.

Quizá Trump cayó en una situación parecida con sus donantes sionistas judíos y cristianos, salvando las distancias, a la de Perón con la Logia P2, organización que ayudó a Perón a ubicar el cuerpo de Evita y que se lo devuelvan. Perón manifestó que aceptó la ayuda como una cuestión de caballerosidad de parte de ellos, pero, luego vinieron con exigencias concretas sobre el comercio exterior de la Argentina durante su gobierno. Quizá los donantes oligarcas de Trump hicieron lo mismo, lo ayudaron (como ayudan a todos los bandos) en la inteligencia de que luego sería más dócil y manipulable. Ante un principio de resistencia, retomaron los intentos o las amenazas de asesinarlo.

Es mucho más simple reconocer que Trump tenía unas ideas (claramente contra la guerra en varias intervenciones durante su campaña, sin mencionar su primer mandato y la campaña previa al mismo) antes de asumir y que a fuerza de amenazas a su vida y probablemente a la de su flia., fue dejando esas ideas y/o maniobrando con la esperanza de ganar tiempo. Pudo haber ganado tiempo, pero su situación estratégica está bastante comprometida. Todos los expertos coinciden en que haber avalado las guerras perjudicará económicamente a EE.UU. y a sus propias aspiraciones políticas y de su movimiento que está cada vez más disgregado. Solo lo puede salvar un milagro en las elecciones intermedias de noviembre del corriente año, pero dudo que pueda enderezar la situación económica y política como para poder ganarlas, si es que llega vivo a esa elección.

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