domingo, 21 de junio de 2026

Ejemplo de cómo usar la I. A. de manera productiva (V): aspectos psicológicos y consecuencias políticas del narcisismo de D. Trump (parte II, continuación). Evolución y dinámica.

Ilustrábamos en este post:

https://oti-blog.blogspot.com/2025/10/ejemplo-de-como-usar-la-i-de-manera.html

acerca de las relaciones del Presidente estadounidense con la camarilla hegemónica en crisis del “partido de la guerra” en función de los condicionamientos de su propia psicología. Esto lo hicimos mediante un diálogo con la I. A. Ahora continuamos ese diálogo a la luz de los sucesos que ocurrieron con posterioridad.

Oti: ¿Qué sucedería si el narcisista fuera disuadido y sometido para que haga actos contra su voluntad interior?; ¿especula que las consecuencias de esos actos van a debilitar a la camarilla oculta que lo domina?; ¿especula con que esas consecuencias le van a otorgar a él más autonomía y poder de decisión?

Ese escenario es psicológicamente interesante porque introduce una tensión entre la voluntad subjetiva y la estrategia de largo plazo. El narcisista no actúa simplemente porque fue sometido, sino que reinterpreta el sometimiento para preservar su autoimagen.

Si acepta realizar actos que rechaza interiormente porque cree que, a la larga, esos actos debilitarán a la camarilla y aumentarán su propia autonomía, pueden ocurrir varias cosas.

  1. Reelaboración narcisista del sometimiento.
    El narcisista difícilmente se diga a sí mismo: "Me obligaron". Lo más probable es que transforme la experiencia en algo como:

"Ellos creen que me están usando, pero en realidad soy yo quien los está utilizando."

Esa reinterpretación protege su autoestima.

  1. Aumento de la capacidad de tolerar humillaciones.
    Conductas que antes le resultarían insoportables pueden pasar a ser aceptables si las integra en un relato estratégico:

"Esto no es una derrota; es una inversión."

  1. Desdoblamiento psíquico.
    Puede empezar a distinguir dos niveles:
    • un "yo verdadero", que conserva su proyecto personal;
    • un "yo operativo", que ejecuta acciones que no desea pero considera necesarias.

Ese desdoblamiento puede ser funcional durante un tiempo, aunque mantenerlo exige un importante esfuerzo psicológico.

  1. Crecimiento del sentimiento de excepcionalidad.
    El narcisista puede llegar a verse como alguien capaz de hacer sacrificios que nadie más comprendería:

"Solo yo entiendo el tablero completo."

Esto alimenta aún más la sensación de ser diferente o superior.

Pero también aparecen riesgos importantes.

  • Autoengaño. Puede convencerse de que controla una situación en la que, objetivamente, es manipulado. La convicción de estar usando a la camarilla puede impedirle reconocer que la dependencia aumenta.
  • Desplazamiento gradual de los límites morales. Cada concesión facilita la siguiente. Lo que comenzó como una excepción estratégica puede convertirse en un patrón estable.
  • Identificación progresiva con el poder que combate. Aunque siga creyendo que su objetivo es destruir la camarilla, puede terminar incorporando sus formas de pensar, sus métodos y sus criterios. Es un fenómeno que guarda cierta semejanza con la identificación con el agresor, aunque aquí estaría mediado por un cálculo estratégico.

Hay un punto especialmente interesante desde el punto de vista psicológico.

El narcisista necesita creer que él es el autor de sus actos. Si realiza acciones totalmente contrarias a su voluntad, suele reconstruir la historia para mantener esa sensación de agencia. Puede decirse:

  • "Elegí hacer esto porque era la mejor jugada."
  • "Acepté perder esta batalla para ganar la guerra."

Esa narrativa reduce el conflicto interno.

Sin embargo, existe un límite. Si llega un momento en que descubre que sus actos no están debilitando a la camarilla sino fortaleciéndola, la estructura que sostenía su equilibrio puede derrumbarse. En ese punto pueden aparecer distintas reacciones:

  • una profunda crisis narcisista, al comprobar que no controlaba el juego;
  • una racionalización aún mayor ("todavía forma parte del plan");
  • o una ruptura brusca con la camarilla, aun cuando esa ruptura sea muy costosa.

En otras palabras, el elemento decisivo no es tanto la obediencia en sí, sino la creencia de conservar la iniciativa estratégica. Mientras el narcisista pueda sostener la convicción de que el sometimiento es una maniobra elegida para alcanzar un objetivo superior, su autoestima permanece relativamente estable. Cuando esa convicción deja de ser sostenible, el conflicto psicológico puede hacerse mucho más intenso.

Oti: Pero supongamos que las consecuencias de los actos a los que se vio obligado por la camarilla, de verdad perjudican a todo el mundo, incluida a la camarilla. Él podría alegar ante la camarilla que hizo lo que ellos querían pero los resultados son malos y que es hora de que lo dejen a él tranquilo. También podría ocurrir que la camarilla redoble la apuesta y él tenga que someterse de nuevo y así sucesivamente. Pero cada consecuencia desastrosa él la puede atribuir a los errores de la camarilla.

Sí, ese es un escenario coherente desde el punto de vista estratégico y psicológico. Lo interesante es que ya no estamos ante una simple "identificación con el agresor", sino ante una estrategia de desgaste.

La lógica del narcisista podría ser aproximadamente esta:

  1. La camarilla me obliga a actuar.
  2. Yo ejecuto lo que exige.
  3. Las consecuencias objetivas perjudican a todos, incluida la camarilla.
  4. Luego les digo: "Hice exactamente lo que ustedes querían; si salió mal, el error fue de ustedes".
  5. Intento utilizar ese fracaso para negociar mayor autonomía.

En este esquema, el narcisista intenta trasladar toda la responsabilidad causal hacia la camarilla.

Sin embargo, la respuesta de la camarilla depende de cómo funcione como organización.

  • Si es una organización racional, puede reconocer que el costo de seguir presionándolo supera el beneficio y darle más margen.
  • Pero si es una organización cuyo poder se basa en no admitir errores, probablemente ocurra lo contrario: redoble el control. No porque piense que él es culpable necesariamente, sino porque interpretar cualquier fracaso como motivo para aflojar la presión sería visto como una señal de debilidad.

Entonces aparece un ciclo como el que describís:

Coacción
     
Obediencia
     
Fracaso colectivo
     
El narcisista atribuye el fracaso a la camarilla
     
La camarilla aumenta la presión
     
Nueva obediencia
     
Nuevo fracaso
     
...

Psicológicamente, este ciclo tiene un efecto importante sobre el narcisista. Cada fracaso confirma dos ideas simultáneamente:

  • "Ellos son incompetentes."
  • "Yo comprendía desde el principio que esto iba a terminar mal."

Eso alimenta enormemente su sentimiento de superioridad intelectual. Puede llegar a verse como el único que entiende realmente la situación, aunque continúe obedeciendo.

Pero aquí hay una paradoja.

Si los fracasos se acumulan y él sigue ejecutando las órdenes, la camarilla también puede elaborar una narrativa distinta:

"Si realmente eras tan inteligente, ¿por qué seguiste haciéndolo? ¿Por qué no encontraste otra salida?"

Es decir, la responsabilidad puede desplazarse nuevamente hacia él.

Desde fuera, observadores neutrales podrían incluso concluir que la cooperación continuada lo convierte en corresponsable, aunque él subjetivamente se considere una víctima que actuó bajo coacción.

Hay además un aspecto interesante desde la teoría de los juegos. Si ambas partes aprenden del ciclo, cada una puede pensar:

  • El narcisista: "Cada vez que obedecen sus propios impulsos, se debilitan más."
  • La camarilla: "Cada vez que dejamos que este individuo ejecute las órdenes, algo sale mal."

En ese punto la relación deja de ser una simple dominación y pasa a parecerse a una lucha de desgaste, donde ninguno logra imponerse definitivamente y ambos pagan costos crecientes.

Por eso el equilibrio suele romperse de una de tres maneras: una de las partes rompe la relación, una absorbe completamente a la otra, o ambas modifican radicalmente sus estrategias. Un ciclo indefinido de coacción, fracaso y recriminación tiende a ser inestable, porque consume recursos y confianza en ambos lados.

Oti: El desgaste y los costos el narcisista puede disimularlos con más teatralidad hacia afuera y hacia adentro.

Sí, puede hacerlo, y de hecho esa posibilidad hace al personaje psicológicamente más complejo.

El narcisismo suele disponer de recursos para encubrir tanto el desgaste externo como el interno. No significa que el desgaste no exista, sino que queda oculto bajo una construcción psíquica y social.

Hacia afuera, la teatralidad puede manifestarse como:

  • una seguridad inalterable;
  • una apariencia de control permanente;
  • una interpretación de cada derrota como si fuera una victoria diferida;
  • un discurso según el cual "todo ocurre exactamente como yo había previsto".

Quienes lo rodean pueden llegar a creer que nunca pierde el control.

Más interesante todavía es lo que ocurre hacia adentro.

Un narcisista puede construir una narrativa tan sólida que reduzca notablemente la experiencia subjetiva del fracaso. En lugar de pensar:

"Estoy siendo utilizado."

puede pensar:

"Estoy permitiendo que crean que me utilizan."

La diferencia es enorme. En el segundo caso sigue sintiéndose autor de la situación.

Incluso podría interpretar el deterioro de la camarilla como una confirmación de su estrategia:

"Cada vez que me obligan, se perjudican más. Yo simplemente dejo que se destruyan por sí solos."

En ese caso, el sometimiento deja de ser vivido como una derrota y pasa a formar parte de una obra teatral cuyo desenlace, según él, ya conoce.

Sin embargo, hay un límite psicológico importante.

Toda teatralidad requiere un público.

Ese público puede ser:

  • los demás;
  • su círculo íntimo;
  • o incluso él mismo.

Si durante años necesita reinterpretar cada revés como una victoria futura, la narración puede llegar a independizarse de la realidad. Es decir, la representación se vuelve más importante que la comprobación de los resultados.

Desde afuera podría parecer alguien extraordinariamente frío y resistente.

Desde adentro podría estar sosteniendo una construcción extremadamente elaborada para conservar la sensación de autonomía.

Hay un aspecto que me parece especialmente interesante en la hipótesis que propones. El narcisista podría no buscar derrotar directamente a la camarilla, sino convertirse en el espejo de sus errores. Es decir, obedecer de tal modo que las decisiones de la camarilla revelen su propia incompetencia. En ese caso, él podría pensar:

"Yo no los destruyo; simplemente dejo que sus propias decisiones los destruyan."

Eso ya no sería una estrategia de confrontación frontal, sino una forma de resistencia pasiva calculada.

Ahora bien, esa estrategia solo funciona si realmente existe una relación consistente entre las órdenes de la camarilla y los malos resultados. Si la camarilla consigue reinterpretar esos resultados, desplazar la culpa o incluso beneficiarse del aparente desastre, entonces la premisa estratégica del narcisista deja de cumplirse. En otras palabras, su plan depende de que la realidad termine validando la historia que se cuenta a sí mismo, y esa validación nunca está completamente bajo su control.

Oti: En algún punto del proceso de desgaste el narcisista debe decidir la ruptura, porque sabe que sí sigue en la misma lógica, al final del proceso todos terminan mal, él también.

Sí. Si el narcisista conserva suficiente capacidad de análisis de la realidad, llega un momento en que aparece un dilema estratégico.

Hasta cierto punto puede pensar:

"Mientras ellos me obliguen, sus propias decisiones los irán debilitando."

Pero si advierte que la dinámica se ha convertido en un proceso de desgaste mutuo, la estrategia deja de ser racional. Ya no se trata de quién tiene razón, sino de que el sistema entero se dirige hacia un resultado destructivo.

En ese momento aparecen dos lógicas posibles.

La primera es la lógica narcisista pura. El individuo puede negarse a abandonar la estrategia porque hacerlo implicaría admitir que calculó mal. Sigue adelante convencido de que la próxima vuelta del ciclo será la decisiva. Es un fenómeno parecido a la "escalada del compromiso": cuanto más ha invertido en una estrategia, más difícil le resulta abandonarla.

La segunda es una lógica estratégica. Aquí el narcisista logra poner un límite a su propia grandiosidad y piensa:

"Si continúo jugando este juego, ellos perderán, pero yo también. Ganar una guerra en la que uno mismo queda destruido no es una victoria."

En ese caso la ruptura deja de ser un acto emocional y pasa a ser una decisión racional.

Lo interesante es que, para un narcisista, esa ruptura probablemente no se presente internamente como una retirada. Necesita mantener la coherencia de su autoimagen. Por eso puede reinterpretarla como:

  • "Ya obtuve todo lo que podía obtener de esta relación."
  • "Ahora el juego cambió de fase."
  • "No me retiro; soy yo quien decide terminar la partida."

Es decir, transforma una necesidad objetiva en una decisión soberana.

Hay otro aspecto que merece atención. Si el narcisista ha llegado a comprender que la camarilla funciona mediante un patrón repetitivo de coacción, puede concluir que el verdadero poder de la camarilla depende de que él siga aceptando las reglas del juego. Desde esa perspectiva, la ruptura no consiste en vencerla, sino en dejar de participar en la dinámica que la mantiene.

En cierto sentido, el acto más autónomo no sería derrotar a la camarilla, sino negarse a seguir desempeñando el papel que ella le asigna.

Eso no garantiza que la camarilla desaparezca ni que deje de ejercer presión, pero sí rompe el ciclo repetitivo que describías: coacción → obediencia → fracaso → recriminación → nueva coacción.

Finalmente, hay una diferencia importante entre un narcisista con rasgos adaptativos y uno con un narcisismo muy rígido. El primero puede aceptar esa ruptura porque reconoce que preservar su propia capacidad de acción es más valioso que sostener indefinidamente una estrategia de desgaste. El segundo puede quedar atrapado en el ciclo durante mucho más tiempo, porque abandonar la partida sería vivido como una herida intolerable a su autoimagen. En ese caso, la necesidad de sentirse vencedor puede pesar más que la evaluación objetiva de los costos.

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