Ilustrábamos en este post:
https://oti-blog.blogspot.com/2025/10/ejemplo-de-como-usar-la-i-de-manera.html
acerca de las relaciones del Presidente estadounidense con
la camarilla hegemónica en crisis del “partido de la guerra” en función de los
condicionamientos de su propia psicología. Esto lo hicimos mediante un diálogo con
la I. A. Ahora continuamos ese diálogo a la luz de los sucesos que ocurrieron
con posterioridad.
Oti: ¿Qué sucedería si el narcisista fuera disuadido y
sometido para que haga actos contra su voluntad interior?; ¿especula que las
consecuencias de esos actos van a debilitar a la camarilla oculta que lo domina?;
¿especula con que esas consecuencias le van a otorgar a él más autonomía y
poder de decisión?
Ese escenario es psicológicamente interesante
porque introduce una tensión entre la voluntad subjetiva y la
estrategia de largo plazo. El narcisista no actúa simplemente porque fue
sometido, sino que reinterpreta el sometimiento para preservar su
autoimagen.
Si acepta realizar actos que rechaza
interiormente porque cree que, a la larga, esos actos debilitarán a la
camarilla y aumentarán su propia autonomía, pueden ocurrir varias cosas.
- Reelaboración
narcisista del sometimiento.
El narcisista difícilmente se diga a sí mismo: "Me obligaron". Lo más probable es que transforme la experiencia en algo como:
"Ellos creen que me están usando, pero en
realidad soy yo quien los está utilizando."
Esa reinterpretación protege su autoestima.
- Aumento
de la capacidad de tolerar humillaciones.
Conductas que antes le resultarían insoportables pueden pasar a ser aceptables si las integra en un relato estratégico:
"Esto no es una derrota; es una
inversión."
- Desdoblamiento
psíquico.
Puede empezar a distinguir dos niveles: - un
"yo verdadero", que conserva su proyecto personal;
- un
"yo operativo", que ejecuta acciones que no desea pero
considera necesarias.
Ese desdoblamiento puede ser funcional durante
un tiempo, aunque mantenerlo exige un importante esfuerzo psicológico.
- Crecimiento
del sentimiento de excepcionalidad.
El narcisista puede llegar a verse como alguien capaz de hacer sacrificios que nadie más comprendería:
"Solo yo entiendo el tablero
completo."
Esto alimenta aún más la sensación de ser
diferente o superior.
Pero también aparecen riesgos importantes.
- Autoengaño. Puede
convencerse de que controla una situación en la que, objetivamente, es
manipulado. La convicción de estar usando a la camarilla puede impedirle
reconocer que la dependencia aumenta.
- Desplazamiento
gradual de los límites morales. Cada concesión facilita la siguiente. Lo
que comenzó como una excepción estratégica puede convertirse en un patrón
estable.
- Identificación
progresiva con el poder que combate.
Aunque siga creyendo que su objetivo es destruir la camarilla, puede
terminar incorporando sus formas de pensar, sus métodos y sus criterios.
Es un fenómeno que guarda cierta semejanza con la identificación con el
agresor, aunque aquí estaría mediado por un cálculo estratégico.
Hay un punto especialmente interesante desde
el punto de vista psicológico.
El narcisista necesita creer que él es el
autor de sus actos. Si realiza acciones totalmente contrarias a su
voluntad, suele reconstruir la historia para mantener esa sensación de agencia.
Puede decirse:
- "Elegí
hacer esto porque era la mejor jugada."
- "Acepté
perder esta batalla para ganar la guerra."
Esa narrativa reduce el conflicto interno.
Sin embargo, existe un límite. Si llega un
momento en que descubre que sus actos no están debilitando a la camarilla
sino fortaleciéndola, la estructura que sostenía su equilibrio puede
derrumbarse. En ese punto pueden aparecer distintas reacciones:
- una
profunda crisis narcisista, al comprobar que no controlaba el juego;
- una
racionalización aún mayor ("todavía forma parte del plan");
- o una
ruptura brusca con la camarilla, aun cuando esa ruptura sea muy costosa.
En otras palabras, el elemento decisivo no es
tanto la obediencia en sí, sino la creencia de conservar la iniciativa
estratégica. Mientras el narcisista pueda sostener la convicción de que el
sometimiento es una maniobra elegida para alcanzar un objetivo superior, su
autoestima permanece relativamente estable. Cuando esa convicción deja de ser
sostenible, el conflicto psicológico puede hacerse mucho más intenso.
Oti: Pero
supongamos que las consecuencias de los actos a los que se vio obligado por la
camarilla, de verdad perjudican a todo el mundo, incluida a la camarilla. Él
podría alegar ante la camarilla que hizo lo que ellos querían pero los
resultados son malos y que es hora de que lo dejen a él tranquilo. También
podría ocurrir que la camarilla redoble la apuesta y él tenga que someterse de
nuevo y así sucesivamente. Pero cada consecuencia desastrosa él la puede
atribuir a los errores de la camarilla.
Sí, ese es un escenario coherente desde el
punto de vista estratégico y psicológico. Lo interesante es que ya no estamos
ante una simple "identificación con el agresor", sino ante una estrategia
de desgaste.
La lógica del narcisista podría ser
aproximadamente esta:
- La
camarilla me obliga a actuar.
- Yo
ejecuto lo que exige.
- Las
consecuencias objetivas perjudican a todos, incluida la camarilla.
- Luego
les digo: "Hice exactamente lo que ustedes querían; si salió mal, el
error fue de ustedes".
- Intento
utilizar ese fracaso para negociar mayor autonomía.
En este esquema, el narcisista intenta
trasladar toda la responsabilidad causal hacia la camarilla.
Sin embargo, la respuesta de la camarilla
depende de cómo funcione como organización.
- Si es
una organización racional, puede reconocer que el costo de seguir
presionándolo supera el beneficio y darle más margen.
- Pero
si es una organización cuyo poder se basa en no admitir errores,
probablemente ocurra lo contrario: redoble el control. No porque
piense que él es culpable necesariamente, sino porque interpretar
cualquier fracaso como motivo para aflojar la presión sería visto como una
señal de debilidad.
Entonces aparece un ciclo como el que
describís:
Coacción
↓
Obediencia
↓
Fracaso colectivo
↓
El narcisista atribuye el fracaso a la camarilla
↓
La camarilla aumenta la presión
↓
Nueva obediencia
↓
Nuevo fracaso
↓
...
Psicológicamente, este ciclo tiene un efecto
importante sobre el narcisista. Cada fracaso confirma dos ideas
simultáneamente:
- "Ellos
son incompetentes."
- "Yo
comprendía desde el principio que esto iba a terminar mal."
Eso alimenta enormemente su sentimiento de
superioridad intelectual. Puede llegar a verse como el único que entiende
realmente la situación, aunque continúe obedeciendo.
Pero aquí hay una paradoja.
Si los fracasos se acumulan y él sigue
ejecutando las órdenes, la camarilla también puede elaborar una narrativa
distinta:
"Si realmente eras tan inteligente, ¿por
qué seguiste haciéndolo? ¿Por qué no encontraste otra salida?"
Es decir, la responsabilidad puede desplazarse
nuevamente hacia él.
Desde fuera, observadores neutrales podrían
incluso concluir que la cooperación continuada lo convierte en
corresponsable, aunque él subjetivamente se considere una víctima que actuó
bajo coacción.
Hay además un aspecto interesante desde la
teoría de los juegos. Si ambas partes aprenden del ciclo, cada una puede
pensar:
- El
narcisista: "Cada vez que obedecen sus propios impulsos, se debilitan
más."
- La
camarilla: "Cada vez que dejamos que este individuo ejecute las
órdenes, algo sale mal."
En ese punto la relación deja de ser una
simple dominación y pasa a parecerse a una lucha de desgaste, donde
ninguno logra imponerse definitivamente y ambos pagan costos crecientes.
Por eso el equilibrio suele romperse de una
de tres maneras: una de las partes rompe la relación, una absorbe
completamente a la otra, o ambas modifican radicalmente sus estrategias. Un
ciclo indefinido de coacción, fracaso y recriminación tiende a ser inestable,
porque consume recursos y confianza en ambos lados.
Oti: El
desgaste y los costos el narcisista puede disimularlos con más teatralidad
hacia afuera y hacia adentro.
Sí, puede hacerlo, y de hecho esa posibilidad
hace al personaje psicológicamente más complejo.
El narcisismo suele disponer de recursos para encubrir
tanto el desgaste externo como el interno. No significa que el desgaste no
exista, sino que queda oculto bajo una construcción psíquica y social.
Hacia afuera, la teatralidad puede
manifestarse como:
- una
seguridad inalterable;
- una
apariencia de control permanente;
- una
interpretación de cada derrota como si fuera una victoria diferida;
- un
discurso según el cual "todo ocurre exactamente como yo había
previsto".
Quienes lo rodean pueden llegar a creer que
nunca pierde el control.
Más interesante todavía es lo que ocurre hacia
adentro.
Un narcisista puede construir una narrativa
tan sólida que reduzca notablemente la experiencia subjetiva del fracaso. En
lugar de pensar:
"Estoy siendo utilizado."
puede pensar:
"Estoy permitiendo que crean que me
utilizan."
La diferencia es enorme. En el segundo caso
sigue sintiéndose autor de la situación.
Incluso podría interpretar el deterioro de la
camarilla como una confirmación de su estrategia:
"Cada vez que me obligan, se perjudican
más. Yo simplemente dejo que se destruyan por sí solos."
En ese caso, el sometimiento deja de ser
vivido como una derrota y pasa a formar parte de una obra teatral cuyo
desenlace, según él, ya conoce.
Sin embargo, hay un límite psicológico
importante.
Toda teatralidad requiere un público.
Ese público puede ser:
- los
demás;
- su
círculo íntimo;
- o
incluso él mismo.
Si durante años necesita reinterpretar cada
revés como una victoria futura, la narración puede llegar a independizarse de
la realidad. Es decir, la representación se vuelve más importante que la
comprobación de los resultados.
Desde afuera podría parecer alguien
extraordinariamente frío y resistente.
Desde adentro podría estar sosteniendo una
construcción extremadamente elaborada para conservar la sensación de autonomía.
Hay un aspecto que me parece especialmente
interesante en la hipótesis que propones. El narcisista podría no buscar
derrotar directamente a la camarilla, sino convertirse en el espejo de sus
errores. Es decir, obedecer de tal modo que las decisiones de la camarilla
revelen su propia incompetencia. En ese caso, él podría pensar:
"Yo no los destruyo; simplemente dejo que
sus propias decisiones los destruyan."
Eso ya no sería una estrategia de
confrontación frontal, sino una forma de resistencia pasiva calculada.
Ahora bien, esa estrategia solo funciona si
realmente existe una relación consistente entre las órdenes de la camarilla y
los malos resultados. Si la camarilla consigue reinterpretar esos resultados,
desplazar la culpa o incluso beneficiarse del aparente desastre, entonces la
premisa estratégica del narcisista deja de cumplirse. En otras palabras, su
plan depende de que la realidad termine validando la historia que se cuenta a
sí mismo, y esa validación nunca está completamente bajo su control.
Oti: En
algún punto del proceso de desgaste el narcisista debe decidir la ruptura,
porque sabe que sí sigue en la misma lógica, al final del proceso todos
terminan mal, él también.
Sí. Si el narcisista conserva suficiente
capacidad de análisis de la realidad, llega un momento en que aparece un dilema
estratégico.
Hasta cierto punto puede pensar:
"Mientras ellos me obliguen, sus propias
decisiones los irán debilitando."
Pero si advierte que la dinámica se ha
convertido en un proceso de desgaste mutuo, la estrategia deja de ser
racional. Ya no se trata de quién tiene razón, sino de que el sistema entero se
dirige hacia un resultado destructivo.
En ese momento aparecen dos lógicas posibles.
La primera es la lógica narcisista pura.
El individuo puede negarse a abandonar la estrategia porque hacerlo implicaría
admitir que calculó mal. Sigue adelante convencido de que la próxima vuelta del
ciclo será la decisiva. Es un fenómeno parecido a la "escalada del
compromiso": cuanto más ha invertido en una estrategia, más difícil le
resulta abandonarla.
La segunda es una lógica estratégica.
Aquí el narcisista logra poner un límite a su propia grandiosidad y piensa:
"Si continúo jugando este juego, ellos
perderán, pero yo también. Ganar una guerra en la que uno mismo queda destruido
no es una victoria."
En ese caso la ruptura deja de ser un acto
emocional y pasa a ser una decisión racional.
Lo interesante es que, para un narcisista, esa
ruptura probablemente no se presente internamente como una retirada. Necesita
mantener la coherencia de su autoimagen. Por eso puede reinterpretarla como:
- "Ya
obtuve todo lo que podía obtener de esta relación."
- "Ahora
el juego cambió de fase."
- "No
me retiro; soy yo quien decide terminar la partida."
Es decir, transforma una necesidad objetiva en
una decisión soberana.
Hay otro aspecto que merece atención. Si el
narcisista ha llegado a comprender que la camarilla funciona mediante un patrón
repetitivo de coacción, puede concluir que el verdadero poder de la
camarilla depende de que él siga aceptando las reglas del juego. Desde esa
perspectiva, la ruptura no consiste en vencerla, sino en dejar de participar
en la dinámica que la mantiene.
En cierto sentido, el acto más autónomo no
sería derrotar a la camarilla, sino negarse a seguir desempeñando el papel
que ella le asigna.
Eso no garantiza que la camarilla desaparezca
ni que deje de ejercer presión, pero sí rompe el ciclo repetitivo que
describías: coacción → obediencia → fracaso → recriminación → nueva coacción.
Finalmente, hay una diferencia importante
entre un narcisista con rasgos adaptativos y uno con un narcisismo muy rígido.
El primero puede aceptar esa ruptura porque reconoce que preservar su propia
capacidad de acción es más valioso que sostener indefinidamente una estrategia
de desgaste. El segundo puede quedar atrapado en el ciclo durante mucho más
tiempo, porque abandonar la partida sería vivido como una herida intolerable a
su autoimagen. En ese caso, la necesidad de sentirse vencedor puede pesar más
que la evaluación objetiva de los costos.
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