Hay un supuesto de la ideología espontánea e, incluso, de la ideología teórica en alguna de sus versiones (marxistas en general), que consiste en concebir al lugar estructural como creado por el ocupante dominante, el opresor. Entonces, surge una solución casi automática: se elimina al ocupante, ergo, se elimina el lugar estructural.
El implícito es: los burgueses crearon el capitalismo, los
hombres el patriarcalismo o el machismo, o los supremacistas blancos el racismo.
Entonces, ante eso, surge una práctica política e ideológica casi automática:
el enemigo es la patronal burguesa; los hombres machistas y los racistas
blancos. Y así sucesivamente, sean los ocupantes que sean de los lugares
estructurales que sean.
En esta visión espontánea todo ocurre dentro de lo visible:
polaridad, conflicto, lucha de poder, intereses, etc. Toda la práctica política
e ideológica debe estar centrada en la disputa de los oprimidos (negros,
mujeres, obreros, etc.) contra los opresores y tratar de desplazar a los
opresores, creyendo así que se cambian las estructuras, puesto que éstas fueron
creadas por ellos. La estructura siempre, sea la opresiva como la liberadora,
es producto de la acción de los sujetos, en un caso de los opresores y, en el
otro, de los oprimidos que se liberan.
Ahora bien, existe otro supuesto inverso, no ya espontáneo
sino teóricamente concebido (por Marx en El Capital y por el estructuralismo
marxista): el de que el lugar estructural crea al ocupante. La estructura ya no
es producto de la acción de los sujetos, sino que es la que asigna los lugares
a los sujetos, los cuales pasan a ser “portadores” de función. Por eso
Althusser decía que la “historia es un proceso sin sujeto”.
A pesar de que esta construcción teórica (en una versión marxista)
se centra en la estructura y no en el sujeto, la propuesta de salida o solución
que ofrece para la estructura es del estilo de la visión espontánea: la clase
obrera es la única clase que puede superar la estructura y transformarla. Por
extensión: las mujeres, los negros, los marginados, etc., etc., son los únicos
que pueden superar la estructura (patriarcal, racista, etc.).
El problema teórico de esto es que no puede un “portador”
(clase obrera) tener una cualidad especial distinta a otro “portador”
(burguesía). O cualquiera la tiene (burgués u obrero) o ninguno la tiene. No se
comprende (más que como postulado) que un soporte de estructura en especial
tenga la capacidad de cambiarla. Y con otro soporte no ocurre ello.
Esto se puede disfrazar con toda clase de tesis, pero no
deja de ser un postulado. Una cosa es constatar una contradicción estructural y
otra cosa muy diferente es atribuir a uno de los polos de la contradicción una
capacidad singular para comprenderla o resolverla. ¿Por qué una posición
estructural particular tendría la capacidad de abolir todas las posiciones
estructurales, incluida ella misma?
Se podría decir que una visión absolutiza al ocupante, al
concebirlos como sujetos cuya acción transforma las estructuras, y, la otra, a
la posición estructural, al concebirla como dadora y distribuidora de los
lugares de los “portadores”.
El marxismo y los enfoques identitarios en general identifican
correctamente tensiones o contradicciones, pero tienden a tratar a estas como
si fuera el principio originario de la realidad social.
Toda la discusión parece desarrollarse dentro del plano de
las identidades y de las relaciones de fuerza entre ellas, sin apelar a un
criterio superior que juzgue a todas por igual
¿Existe
una dimensión humana común que permita juzgar las injusticias
independientemente de quién sea la víctima?
¿Cuánto peso debe darse al principio universal humano y
cuánto a las identidades particulares a través de las cuales las personas viven
su experiencia?
En mi perspectiva ontológica y epistemológica, la
contradicción ya presupone una unidad más amplia que contiene a los polos
enfrentados. Por lo tanto, la política y las concepciones ideológicas o doctrinarias
ancladas en lo visible, en la polaridad y la lucha por el poder solo puede aspirar,
lo sepan o no, a modificar formas en las relaciones de dominación, porque los
principios (no visibles) que generan esas relaciones no son identificados y se
escapan al análisis convencional.
La categoría "opresor" es más una descripción de
una función dentro de un sistema que una explicación causal del sistema mismo.
Pienso que, cuando el Papa habla sobre "apreciar la
complejidad", lo que intentaba señalar era evitar quedar atrapados en
categorías binarias que convierten a unos en los buenos y a otros en los malos,
no porque los conflictos no existan, sino porque los conflictos visibles suelen
estar insertos en realidades más amplias y complejas.
Confieso que me interesa menos quién ocupa una posición
determinada y más cuál es la lógica del sistema que produce esas posiciones. El
conocimiento aparece cuando se comprende esa lógica subyacente, de lo
contrario, uno sólo describe el tablero y las piezas, pero no las reglas del
juego.
Si uno toma en serio el carácter estructural de las
relaciones sociales, entonces la transformación no puede consistir simplemente
en que un grupo social adquiera poder sobre otro. Debería consistir en
comprender y modificar los principios generativos que producen las posiciones
mismas.
La cuestión no es ¿quién debe ocupar la posición dominante?,
sino ¿qué principio subyacente genera esa estructura de posiciones y cómo
podría transformarse?
Si el “gran mérito” de Marx fue mostrar que los individuos
están inmersos en relaciones estructurales que los trascienden (el burgués y el
obrero como personificaciones de categorías económicas de Capital y Trabajo
respectivamente), entonces es extraño que la solución consista en que uno de
los polos internos de esa estructura se convierta en el agente de su
superación.
Identificar correctamente una estructura no garantiza haber
encontrado el principio de su transformación. Una teoría puede ser buena para
explicar por qué existen dos o múltiples polos enfrentados y, sin embargo,
equivocarse al suponer que uno de esos polos contiene la solución.
Una transformación genuina tendría que operar sobre el
principio generador de la polaridad misma, no sobre cuál de los polos ocupa
temporalmente la posición dominante. Lo que deshumaniza no es meramente la
conducta del opresor sino el funcionamiento de ese principio generador de la polaridad
que los tiene atrapados a ambos polos, aunque de forma asimétrica.
En esta perspectiva, la injusticia social (la violación del
principio de la justicia social) deforma y degrada no solo la identidad de los
oprimidos sino también la de los opresores. En el extremo, esa degradación
convierte a los individuos en opresores en acto y opresores en potencia.
Esta comprensión era magistral en la mente del reverendo
King o de Mandela. Para estos extraordinarios humanistas los conjuntos
discriminados y marginados, los afroamericanos o los negros sudafricanos,
estaban definidos por la violación de principios universales de justicia y
dignidad humana. No veían nada particular en las comunidades que defendían más
que la de ser víctimas de la violación de esos principios. Y toda su práctica
política tenía como norte estratégico la aplicación plena de los principios universales
que igualaban a todos los seres humanos independientemente, de su raza, género
o religión.
Supuestos “ocultos”:
1) Supuesto de que la posición (lugar estructural) genera la
conducta: no es así, que habilite o posibilite una conducta no significa que la
genera.
2) Supuesto de que uno de los polos contiene la solución: no
es así, no hay privilegio alguno en cuanto al acceso a la solución o superación
de la estructura.
3) Supuesto de que el ocupante es idéntico a la posición
(lugar estructural): no es así, la posición puede ser dominante porque el lugar
estructural lo es, pero el individuo que ocupa ese lugar puede no serlo.
4) El supuesto de que la lucha entre polos explica el
sistema: lo que explica el sistema es la identificación del principio generador
de la polaridad.
5) El supuesto de que cambiar ocupantes de lugares
estructurales equivale a cambiar estructuras: eso no es así, solo cambia la
forma de la polaridad o desigualdad estructural.
6) El supuesto de que la transformación estructural es “externa”,
de que no existen modalidades nuevas o principios nuevos en la manera de ocupar
el lugar estructural, esto es, o se destruye el lugar o se reemplazan a los
ocupantes. Esto tampoco es así. Un lugar estructural puede cambiar de sentido
cuando quien lo ocupa logra introducir un principio novedoso.
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