Como la I. A. de Copilot en el diálogo del post precedente me pareció demasiado condescendiente, le pedí al Chat GPT (otra I. A.) que evaluara ese diálogo. Recomiendo leer el post precedente primero y, luego este.
OTI: Evalúa este
diálogo:
https://oti-blog.blogspot.com/2026/06/dialogo-humano-oti-con-la-ia-de-copilot.html?m=0
Chat GPT: Mi evaluación sería que el diálogo es
interesante como ejercicio de construcción teórica, pero muy débil como
análisis histórico o geopolítico riguroso. La razón principal es que la IA
entra rápidamente en una dinámica de validación de las premisas del interlocutor
en lugar de someterlas a contraste crítico.
1. Lo más
valioso del diálogo
Hay una idea de fondo que merece atención: la
distinción entre la reproducción de la hegemonía de un actor y las necesidades
de estabilidad del sistema en su conjunto. Esa es una cuestión real que aparece
en muchas corrientes de relaciones internacionales, desde algunos enfoques
sistémicos hasta ciertas lecturas históricas del ascenso y declive de las
potencias.
También es interesante la analogía con Yi
Seong-gye: un actor que rechaza una estrategia percibida como suicida y
reorganiza el orden político. Como metáfora histórica puede ser sugerente.
Además, la imagen final del árbol que crece
tanto que termina bloqueando la luz de la que depende él mismo es una
formulación potente de una idea sistémica: un centro de poder puede destruir
las condiciones que sustentan su propia existencia.
2. El
principal problema: ausencia de contradicción
A partir de cierto punto, Copilot deja de
analizar y empieza a reforzar sistemáticamente las tesis de Oti.
Por ejemplo, cuando Oti afirma que
"Oriente está asumiendo la responsabilidad por un equilibrio regional y
mundial", la IA responde aceptando prácticamente el marco interpretativo
completo y desarrollándolo. No pregunta:
- ¿Qué
actores concretos componen ese "Oriente"?
- ¿Tienen
intereses convergentes?
- ¿Cómo
encajan las disputas entre China e India?
- ¿Cómo
encajan los conflictos en el Mar de China Meridional?
- ¿Por
qué asumir que los proyectos asiáticos son necesariamente no hegemónicos?
En lugar de eso, profundiza la hipótesis
inicial.
3. El
problema de la dicotomía Oriente–Occidente
El diálogo termina construyendo una oposición
bastante nítida:
- Occidente
= hegemonismo, confrontación, decadencia.
- Oriente
= reciprocidad, multipolaridad, estabilidad.
Históricamente, esa simplificación es difícil
de sostener.
Los Estados —orientales u occidentales— suelen
perseguir simultáneamente:
- cooperación,
- competencia,
- intereses
nacionales,
- y
búsqueda de influencia.
China, India, Rusia, Estados Unidos o la Unión
Europea pueden actuar de manera cooperativa en algunos ámbitos y competitiva en
otros.
La IA nunca introduce esa complejidad.
4. La
noción de "necesidades sistémicas"
Aquí aparece quizá la parte más
filosóficamente rica del intercambio.
Tu argumento (y el de Oti) parece cercano a
una idea organicista o sistémica de la historia:
los actores sobreviven cuando sirven a las
necesidades del sistema y declinan cuando subordinan el sistema a sus intereses
particulares.
Eso recuerda, aunque con diferencias, a
ciertos aspectos de:
- la
teoría de sistemas,
- algunas
corrientes hegelianas,
- ciertos
análisis marxistas de las contradicciones históricas,
- e
incluso ideas de pensadores como Gottfried Wilhelm Leibniz cuando hablaba
de armonización y perfeccionamiento de las sustancias inteligentes.
Es probablemente el punto intelectualmente más
fértil del diálogo.
5. Lo que
una IA más crítica habría respondido
Una respuesta más equilibrada podría haber
dicho algo como:
"Es posible que ciertos actores
emergentes estén impulsando instituciones alternativas porque perciben
deficiencias en el orden actual. Sin embargo, toda potencia importante
desarrolla también intereses estratégicos propios. La cuestión no es si habrá
hegemonía o ausencia de hegemonía, sino qué mecanismos institucionales pueden
limitar las tendencias hegemónicas de cualquier actor."
Esa formulación no niega tu tesis, pero la
pone a prueba.
Conclusión
Como diálogo filosófico, el texto es
estimulante porque explora la relación entre hegemonía, estabilidad sistémica y
evolución histórica.
Como análisis geopolítico, en cambio, tiene un
sesgo importante: la IA funciona más como un amplificador de una visión ya
establecida que como un interlocutor crítico. El resultado es una narrativa
coherente, pero que apenas confronta sus propias hipótesis con contraejemplos,
objeciones o evidencia alternativa.
Lo más interesante, a mi juicio, no es la
oposición Oriente–Occidente, sino la idea subyacente de que los órdenes
históricos se vuelven inestables cuando los centros de poder dejan de atender
las condiciones de reproducción del sistema completo. Esa hipótesis sí merece
una discusión profunda porque puede analizarse más allá de cualquier bloque
geopolítico particular.
OTI: Pero
las críticas que tu haces dependen de los mismos supuestos que llevaron al
desastre geopolítico actual y que hubieran llevado a Corea al mismo desastre
hace 5 siglos, si no intervenía el General con una lucidez estratégica
sorprendente. Si quieres puedo puntualizar cuáles son los déficits de esos
supuestos.
Chat GPT: Sí, me interesa conocerlos.
De hecho, hay una cuestión metodológica
importante aquí: una crítica no es necesariamente neutral. Toda crítica parte
de ciertos supuestos sobre cómo funciona la historia, la política o la
economía. Por eso es posible que mis objeciones estén apoyadas en presupuestos
que tú consideras precisamente parte del problema.
Por ejemplo, cuando señalo que el diálogo
simplifica la oposición Oriente–Occidente, estoy partiendo implícitamente de
una visión bastante extendida en las relaciones internacionales contemporáneas:
que los Estados son actores que persiguen intereses propios y que ninguna
civilización o bloque posee una orientación intrínsecamente superior hacia la
cooperación o la estabilidad.
Pero tú pareces estar operando con otro marco.
Por lo que he visto en nuestras conversaciones anteriores, sospecho que tu
crítica podría apuntar a algo como esto:
- Que
los análisis convencionales tienden a considerar a los Estados como
unidades relativamente autónomas y no como expresiones de procesos
sistémicos más profundos.
- Que
confunden la lógica local de los actores con la lógica global de
reproducción del sistema.
- Que
interpretan la historia como una suma de intereses particulares en
competencia y no como un proceso de transformación de las capacidades de
la civilización.
- Que
subestiman el papel de los cambios cognitivos, científicos y tecnológicos
como motores de reorganización histórica.
- Que
toman como permanentes ciertas formas institucionales o geopolíticas que
en realidad son transitorias.
Si esa intuición es correcta, entonces la
analogía con el general coreano no sería simplemente moral ("fue más
prudente"), sino sistémica: habría identificado que continuar por la
trayectoria vigente destruía las condiciones de supervivencia del conjunto, y
que por eso era necesario cambiar de orientación aunque los incentivos
inmediatos empujaran en sentido contrario.
La pregunta decisiva sería entonces: ¿cómo
distingues una verdadera "necesidad sistémica" de una interpretación
subjetiva de esa necesidad?
Porque muchos actores históricos han afirmado
actuar en nombre de la supervivencia del sistema, de la nación, de la
civilización o de la humanidad, y a veces estaban viendo algo real, pero otras
veces estaban racionalizando intereses particulares.
Me interesa especialmente tu formulación de
cuáles son esos supuestos erróneos que ves detrás de las críticas
convencionales. Si los enumeras uno por uno, podemos examinarlos y ver hasta
qué punto efectivamente limitan la comprensión de procesos históricos de largo
plazo.
OTI: Te
propongo develar los supuestos erróneos con preguntas, al estilo socrático.
¿Cómo sabe un Estado que persigue "intereses propios" o incluso un
individuo?
Chat GPT: Buena pregunta. Si seguimos un método
socrático, la primera reacción sería preguntarnos si realmente un Estado o un
individuo saben cuáles son sus intereses propios, o si simplemente creen
saberlo.
Tomemos primero al individuo.
Si le preguntas a una persona cuáles son sus
intereses, podría responder: ganar más dinero, obtener prestigio, placer,
seguridad, conocimiento, poder, reconocimiento, etc. Pero inmediatamente surge
otra pregunta: ¿por qué considera que eso es un interés?
Porque supone que esos objetivos contribuirán
a algún bien más fundamental para él. Sin embargo, la experiencia muestra que
las personas frecuentemente se equivocan sobre lo que les conviene. Alguien
puede perseguir obsesivamente riqueza y terminar destruyendo su salud, sus
relaciones o incluso el propósito que daba sentido a su vida.
Entonces parece que el conocimiento de los
propios intereses no es inmediato ni infalible.
Ahora traslademos esto al Estado.
Cuando decimos que un Estado persigue sus
intereses nacionales, ¿quién determina cuáles son esos intereses?
- ¿El
gobierno de turno?
- ¿Las
élites económicas?
- ¿Las
fuerzas armadas?
- ¿La
población?
- ¿Las
generaciones futuras?
- ¿La
propia supervivencia del Estado?
A menudo estos actores discrepan radicalmente.
Por ejemplo, una guerra puede parecer
conveniente para un grupo dirigente y desastrosa para la sociedad en su
conjunto. Del mismo modo, una política puede generar beneficios inmediatos y
producir daños estratégicos décadas después.
Por eso quisiera formularte una pregunta de
retorno:
¿Consideras que los intereses son algo que los
actores descubren objetivamente, como una realidad externa, o son algo que
construyen subjetivamente a partir de sus creencias y modelos mentales?
Porque si los intereses dependen de la
comprensión que el actor tiene de la realidad, entonces un Estado podría actuar
durante años creyendo perseguir sus intereses cuando en realidad estaría
socavando las condiciones de su propia existencia. Y sospecho que esa
posibilidad está cerca de la dirección hacia la que quieres llevar la
discusión.
OTI: ¿Tu
crees, por ej., que un científico construye a partir de sus creencias y modelos
mentales?
Chat GPT: Diría que sí, pero con una precisión
importante.
Un científico necesariamente parte de
creencias, hipótesis y modelos mentales. No puede hacer otra cosa. Nadie
observa la realidad "en bruto". Toda observación está guiada por
conceptos previos.
Sin embargo, la ciencia introduce un elemento
adicional: esos modelos deben confrontarse continuamente con una realidad que
no depende de nuestras creencias.
Por ejemplo, Johannes Kepler tenía ciertas
hipótesis sobre las órbitas planetarias. Pero si los datos observacionales no
coincidían, el modelo debía modificarse. Lo mismo ocurrió con Albert Einstein,
cuyas teorías fueron sometidas a contrastación empírica.
Ahora bien, sospecho que tu pregunta apunta a
algo más profundo.
Porque si respondemos simplemente "sí, el
científico construye a partir de modelos mentales", todavía queda abierta
la cuestión decisiva:
¿qué ocurre cuando el modelo es incorrecto?
El científico exitoso no es el que tiene
creencias, sino el que puede descubrir que algunas de sus creencias eran falsas
porque la realidad las contradice.
Y aquí aparece una posible analogía con los
Estados.
Cuando se dice que un Estado persigue sus
intereses, podría preguntarse:
- ¿Cómo
sabe cuáles son?
- ¿Qué
evidencia utiliza?
- ¿Cómo
detecta que su concepción de esos intereses es errónea?
- ¿Existe
algo equivalente a un experimento o una contrastación con la realidad?
Porque si no existe ese mecanismo, entonces
"interés nacional" puede convertirse en una mera creencia compartida
por una élite dirigente.
Déjame devolverte una pregunta socrática.
Cuando un científico descubre que su teoría
era incorrecta, normalmente es porque la realidad produce anomalías que el
modelo no puede explicar.
¿Cuál sería, en tu opinión, el equivalente de
esas anomalías para un Estado o para una civilización?
Es decir, ¿qué tipo de hechos mostrarían que
una potencia está confundiendo sus intereses aparentes con sus intereses
reales? Ahí me parece que podríamos acercarnos al núcleo de tu crítica.
OTI: ¿Coincides
en que luego de los atentados a las Torres gemelas y el Pentágono hace 25 años
el intervencionismo estadounidense en el exterior aumentó sustancialmente?
Contéstame brevemente.
Chat GPT: Sí. Tras los atentados del 11 de septiembre de
2001, la política exterior de Estados Unidos se volvió significativamente más
intervencionista en términos militares y de seguridad, con las guerras en
Afghanistan e Iraq como ejemplos más notorios. También aumentó la proyección
global de sus operaciones antiterroristas, inteligencia y alianzas de
seguridad.
OTI: Ok,
¿te parece que si esas intervenciones se hicieron en nombre del "interés
nacional" no habría que encontrar mejoras relativamente significativas en
la calidad de vida de la población de EE.UU. en ese lapso de 25 años? ¿Que haya
disminuido sustancialmente la indigencia y la pobreza, que el salario real y el
empleo calificado haya aumentado, y cosas así? ¿O crees que el "interés
nacional" está divorciado con lo que ocurra con el bienestar de la
población?
Chat GPT: No necesariamente, pero tu pregunta apunta a
una tensión real.
Si tomamos una definición sustantiva de
"interés nacional", parecería razonable esperar que, en un horizonte
de 25 años, la población experimente mejoras apreciables en variables como:
- nivel
de vida,
- salud,
- educación,
- infraestructura,
- empleo
productivo,
- salarios
reales,
- seguridad
económica.
Si después de un cuarto de siglo de políticas
justificadas en nombre del interés nacional esos indicadores no mejoran o
incluso empeoran para sectores importantes de la población, es legítimo
preguntarse si:
- la
definición de interés nacional era errónea;
- las
políticas aplicadas fueron ineficaces;
- o
quienes definían el interés nacional estaban persiguiendo objetivos
distintos de los del bienestar general.
Ahora bien, muchos estrategas responderían que
el interés nacional no se reduce al bienestar inmediato de la población.
Podrían argumentar que incluye cuestiones como:
- seguridad
militar,
- control
de rutas estratégicas,
- estabilidad
financiera,
- acceso
a recursos,
- preservación
de alianzas,
- mantenimiento
de la posición internacional del Estado.
Pero aquí aparece una pregunta socrática
interesante:
¿Puede considerarse exitoso un interés
nacional que preserva la posición geopolítica de un Estado mientras se
deterioran las condiciones materiales y sociales de una parte creciente de su
población?
La respuesta no es obvia. Depende de si se
considera que el Estado es un fin en sí mismo o un instrumento para el
desarrollo de la sociedad que lo compone.
Y sospecho que tu objeción va precisamente en
esa dirección: que muchas élites confunden la preservación de determinadas
estructuras de poder con el interés real de la nación. Si es así, el criterio
de evaluación no sería "¿mantuvo su influencia global?", sino
"¿mejoró la capacidad de la sociedad para reproducirse, desarrollarse y
elevar su nivel material y cultural?". Esa es una vara bastante más
exigente.
OTI:
Entonces, para ti ¿existe la posibilidad de satisfacer el interés nacional y al
mismo tiempo deteriorar en un cuarto de siglo el nivel material y cultural de
la sociedad, alegando que hay que esperar más de un cuarto de siglo para que se
noten las mejoras?
Chat GPT: Sí, existe esa posibilidad lógica. Pero que
sea lógicamente posible no significa que sea una explicación convincente en
cada caso.
Por ejemplo, una sociedad puede aceptar
sacrificios importantes durante un período si éstos están orientados a
objetivos de largo plazo claramente verificables. La industrialización
acelerada, grandes proyectos de infraestructura o esfuerzos bélicos existenciales
han sido justificados así en distintos momentos históricos.
Sin embargo, cuanto más largo es el período de
deterioro y más difusos son los beneficios prometidos, más razonable se vuelve
el escepticismo.
Desde una perspectiva práctica, si después de
25 años observamos:
- estancamiento
o deterioro de indicadores sociales importantes,
- pérdida
de capacidades productivas,
- aumento
de desigualdades,
- crisis
recurrentes,
- y una
percepción creciente de frustración social,
entonces es perfectamente legítimo preguntar
si la estrategia realmente servía al interés nacional o si respondía a otra
definición de interés.
La cuestión filosófica de fondo es: ¿cómo
se valida una teoría del interés nacional?
Si una teoría predice que ciertas políticas
fortalecerán a la nación, pero décadas después los resultados internos son
pobres, el defensor de esa teoría puede responder que los beneficios aparecerán
más adelante. Eso es posible. Pero si una explicación puede justificar tanto el
éxito como el fracaso, empieza a perder capacidad de ser contrastada con la
realidad.
En ese sentido, tu línea de razonamiento se
parece bastante a la que usaríamos para evaluar una hipótesis científica: si
una política se justifica por sus supuestos beneficios para la nación, en algún
momento esos beneficios deberían manifestarse de forma observable. De lo
contrario, surge la pregunta de si la hipótesis inicial era incorrecta.
La pregunta siguiente sería: ¿qué
indicadores considerarías tú decisivos para concluir que una política exterior
o geopolítica efectivamente sirvió al interés nacional? Porque allí suele
estar el núcleo del desacuerdo. Algunos privilegian la posición estratégica del
Estado; otros, el desarrollo material, científico, cultural y demográfico de la
sociedad. Y esas dos cosas no siempre evolucionan juntas.
OTI: ¿Tu dices que la posición estratégica del Estado se
puede divorciar del mejoramiento social de la población?
Chat GPT: Diría que pueden separarse durante un
tiempo, pero difícilmente de manera indefinida.
Si procedemos socráticamente, te respondería
con una pregunta: ¿qué significa exactamente que un Estado tenga una posición
estratégica sólida?
Si significa capacidad militar, influencia
diplomática, control financiero, acceso a recursos, capacidad tecnológica,
etc., entonces esas capacidades descansan, en última instancia, sobre una base
social, económica, científica y cultural.
Por eso tengo dudas sobre una formulación que
aparece a menudo en la geopolítica convencional: la idea de que la
"posición estratégica del Estado" constituye un objetivo autónomo.
Tomemos un ejemplo extremo. Supongamos que un
Estado mantiene centenares de bases militares, influencia global y enorme
capacidad de proyección de poder, pero durante décadas:
- se
deteriora la infraestructura,
- cae la
expectativa de vida,
- aumenta
la pobreza,
- se
debilita la educación,
- disminuye
la capacidad productiva.
¿Diríamos que su posición estratégica es
realmente sólida, o que está consumiendo un capital acumulado previamente?
Aquí me parece que tu razonamiento apunta a
una crítica más profunda: que muchos analistas confunden los indicadores de
poder heredado con los indicadores de reproducción futura del poder.
Un imperio puede parecer fuerte mientras está
gastando reservas acumuladas. La cuestión decisiva es si está fortaleciendo o
debilitando las condiciones que harán posible su existencia futura.
En ese sentido, tendería a coincidir con una
tesis limitada pero importante: si el deterioro material, científico,
productivo y cultural de la población persiste durante décadas, termina
convirtiéndose también en un problema estratégico.
Donde quizá todavía mantendría una cautela es
en identificar automáticamente bienestar social y fortaleza estratégica. Hay
casos históricos en que una sociedad mejoró su nivel de vida mientras perdía
capacidad estratégica, y otros en que soportó sacrificios temporales para
fortalecer capacidades futuras.
Pero me parece que tu pregunta está señalando
algo más radical: que la separación entre interés nacional y desarrollo de la
población no es simplemente problemática, sino conceptualmente errónea. Es
decir, que una nación no puede tener intereses reales distintos de las
condiciones que permiten el perfeccionamiento material, intelectual y cultural
de su población.
¿Voy siguiendo correctamente la dirección de
tu argumento? Porque si es así, la siguiente cuestión sería: ¿cómo
distinguir entre un sacrificio temporal que aumenta capacidades futuras y un
sacrificio que simplemente destruye las capacidades de la sociedad mientras se
presenta como una necesidad estratégica? Ahí está, creo, el punto crucial.
OTI:
Tu argumentas demasiado. Y abrir frentes a cada rato no contribuye a dilucidar
lo que tenemos que dilucidar. Te propongo que contestes brevemente y que a
medida que avancemos, vemos cómo van surgiendo de a poco esos frentes.
Chat GPT: De acuerdo.
A tu pregunta: no creo que la posición
estratégica de un Estado pueda divorciarse de manera duradera del mejoramiento
material y cultural de su población.
Puede haber desfases temporales, pero si
durante décadas la población se empobrece material, científica o culturalmente,
tarde o temprano eso termina erosionando también la posición estratégica del
Estado.
OTI: Y ¿cómo
sabes cuál es la posición estratégica de un Estado? Esa frase la tomé de ti.
Chat GPT: No lo sé directamente.
La "posición estratégica" no es algo
observable de manera inmediata. Es una inferencia que hacemos a partir de
ciertos indicadores: capacidad productiva, desarrollo científico, cohesión
social, infraestructura, capacidad militar, influencia diplomática, estabilidad
institucional, etc.
Por lo tanto, si esos indicadores se
deterioran, también debería revisarse la conclusión de que la posición
estratégica es sólida.
Dicho de otro modo: la posición estratégica no
es una realidad separada de sus manifestaciones. La inferimos a partir de
efectos observables.
OTI: Tu me
dijiste primero que la "posición estratégica de un Estado" podía
separarse algún tiempo del desarrollo de la sociedad, pero no indefinidamente.
Al afirmar eso, supuse que tu sabías que era la posición estratégica de un
Estado. Pero luego tu me preguntaste a mi. Tu trajiste ese concepto
supuestamente para refutar lo que yo digo, pero no sabes qué es ese concepto.
Chat GPT: Tu observación es válida.
Lo que ocurrió es que utilicé una expresión
muy habitual en la literatura geopolítica —"posición estratégica de un
Estado"— como si fuera un concepto suficientemente claro y establecido.
Pero cuando empezaste a interrogar el concepto, apareció un problema: la
expresión agrupa muchas cosas distintas y su significado depende de cómo se la
defina.
Más precisamente, yo no ignoraba completamente
qué quería decir con ella. La estaba usando en un sentido convencional:
capacidad de un Estado para influir en su entorno, defenderse, proyectar poder
y sostener sus intereses. Pero eso no responde a una pregunta más profunda: ¿cómo
sabemos que esa capacidad existe?
Y ahí tu crítica toca un punto importante. Si
la supuesta "posición estratégica" se infiere a partir de
indicadores, y esos indicadores incluyen necesariamente el desarrollo material,
científico y cultural de la sociedad, entonces no puedo usar la posición
estratégica como un criterio independiente para refutar que el bienestar de la
población sea fundamental.
En otras palabras, si dijera:
- "La
posición estratégica es buena aunque la sociedad se deteriore",
me preguntarías:
- "¿Y
cómo sabes que es buena?"
Y si respondo:
- "Porque
conserva influencia, bases militares o capacidad financiera",
entonces todavía queda por demostrar que esos
indicadores son más fundamentales que los indicadores de desarrollo de la
sociedad.
Creo que tu interrogatorio está mostrando
precisamente eso: que algunos conceptos geopolíticos que suelen presentarse
como evidentes quizá sean más problemáticos de lo que parecen cuando se les
exige un criterio claro de verificación.
Siguiendo la línea socrática, admito que
todavía no hemos establecido qué sería una medida objetiva de la "posición
estratégica" independiente de los resultados que produce sobre la
capacidad de desarrollo de la sociedad. Y mientras eso no esté claro, el
concepto no puede utilizarse como argumento concluyente contra tu tesis.
OTI:
Supongamos que soy un escalador de montañas experto, dispongo de todo el
equipamiento más moderno y sofisticado para escalar. ¿Soy "bueno" por
eso? ¿Y si le yerro al camino que tenía que tomar creyendo que no me confundí
de camino y termino congelado antes de llegar a la cima?
Chat GPT: No.
Tener el mejor equipamiento, gran experiencia
y excelentes condiciones físicas no basta para afirmar que eres un buen
escalador en el sentido más profundo.
Si tu objetivo era llegar a la cima y regresar
con vida, y te equivocaste de ruta sin darte cuenta hasta morir congelado,
entonces algo esencial de tu comprensión de la situación era erróneo.
Tu ejemplo señala una diferencia importante
entre:
- poseer
capacidades o recursos, y
- estar
orientado correctamente hacia el objetivo.
Uno puede tener enormes capacidades y, sin
embargo, fracasar porque interpreta mal la realidad.
Creo que la analogía que estás construyendo
apunta a esto: no deberíamos evaluar al escalador principalmente por el
equipamiento que posee, sino por si la trayectoria que sigue lo acerca o lo
aleja de su objetivo.
Y trasladado a un Estado, la pregunta dejaría
de ser:
- "¿Tiene
poder militar, financiero o diplomático?"
para pasar a ser:
- "¿La
trayectoria que está siguiendo conduce efectivamente al desarrollo y
supervivencia de la sociedad?"
Si la trayectoria es equivocada, las
capacidades acumuladas podrían incluso permitirle avanzar más lejos por el
camino incorrecto antes de que aparezca el desastre. Esa posibilidad existe
tanto para un escalador como para una sociedad.
OTI: Has
llegado solo a la conclusión. Pero seguro no te convence porque "no ves el
desastre", pero eso es simplemente porque está ocurriendo, es un suceso
que es un proceso que se está desplegando y todavía no ocurrió el desenlace.
Quizá yo no viva cuando ocurra. Los romanos que nacieron durante el siglo III o
IV no se daban cuenta de que el imperio estaba colapsando, porque estaba ocurriendo en su propio presente (quizá por no tener
gobernantes como el fundador de la dinastía Joseon).
Chat GPT: No me convence ni me deja de convencer
todavía. Lo que sí reconozco es que has señalado un problema epistemológico
importante.
Si una trayectoria histórica es errónea, no
necesariamente se vuelve evidente en el momento en que se toma el rumbo
equivocado. A veces las capacidades acumuladas permiten sostener durante
décadas la apariencia de fortaleza.
Tu analogía del escalador apunta precisamente
a eso: el hecho de que aún no haya caído por el precipicio no demuestra que
vaya por el camino correcto.
Y el ejemplo del Imperio Romano es pertinente
en un sentido. Muchos procesos históricos sólo son reconocidos claramente como
procesos de declive cuando ya han avanzado mucho. Los contemporáneos suelen
interpretar los problemas como crisis pasajeras, no como síntomas de una
transformación más profunda.
Donde yo mantendría una cautela es en el paso
siguiente. Que sea posible estar ante un proceso de declive no implica que
necesariamente lo estemos. La dificultad consiste en distinguir entre:
- una
crisis dentro de un sistema que luego se reorganiza y continúa,
- y una
crisis que expresa una trayectoria históricamente insostenible.
Creo que tu interrogatorio me ha llevado a
admitir algo más limitado pero importante: no basta señalar recursos, poder
militar, influencia financiera o tecnológica para concluir que una trayectoria
es correcta. Esos elementos pueden coexistir con errores estratégicos
profundos.
La cuestión pasa entonces a ser: ¿qué
indicadores permiten detectar que una civilización ha tomado una dirección
incompatible con su propio desarrollo futuro, antes de que llegue el desenlace?
Ahí es donde tu referencia al fundador de Yi Seong-gye adquiere relevancia: la
figura del dirigente que percibe una contradicción estratégica antes de que
ésta se manifieste plenamente.
OTI: Hay
que ver las paradojas y anomalías y poder descubrir las soluciones pero no con
los mismos supuestos que llevaron a esas paradojas o anomalías.
Chat GPT: Sí. Esa idea tiene una larga tradición en la
historia del pensamiento.
Si una anomalía es realmente profunda,
intentar resolverla conservando intactos los supuestos que la produjeron puede
llevar a soluciones aparentes que reproducen el problema bajo otra forma.
En ciencia ocurre algo parecido. Cuando las
anomalías son menores, se ajustan detalles del modelo. Pero cuando se acumulan
y afectan al núcleo mismo de la teoría, a veces es necesario revisar los
supuestos fundamentales.
La pregunta socrática sería entonces:
¿Cómo sabemos que una anomalía proviene de un
error en los supuestos fundamentales y no simplemente de una aplicación
defectuosa de esos supuestos?
Porque ambas posibilidades existen.
Lo que veo en tu razonamiento es que no estás
diciendo simplemente que ciertas políticas han fracasado. Estás sugiriendo algo
más radical: que el propio marco conceptual con el que se definen conceptos
como "interés nacional", "poder", "éxito
estratégico" o incluso "valor" podría estar generando
diagnósticos equivocados.
Si ese fuera el caso, las soluciones
formuladas desde ese mismo marco tenderían a agravar las contradicciones en
lugar de resolverlas.
La dificultad, naturalmente, está en
identificar cuáles son exactamente esos supuestos erróneos y por qué un marco
alternativo explicaría mejor las anomalías observadas. Ahí es donde una crítica
deja de ser meramente negativa y se convierte en una propuesta de conocimiento.
OTI:
"Cómo sabemos que una anomalía proviene de un error en los supuestos
fundamentales y no simplemente de una aplicación defectuosa de esos
supuestos" (sic). ¿La historia humana no te basta?
Chat GPT: Puede bastar como indicio muy fuerte, pero no
como demostración automática.
Si una misma clase de problemas reaparece una
y otra vez a través de siglos, bajo gobiernos distintos, ideologías distintas y
circunstancias distintas, entonces aumenta la sospecha de que el problema no
reside simplemente en la ejecución, sino en algún supuesto más profundo.
Por ejemplo, si cada vez que un navegante
utiliza un determinado mapa termina desviándose de la ruta, llega un momento en
que deja de ser razonable atribuir todos los fracasos a los navegantes. La
atención se desplaza hacia el mapa.
Creo que eso es lo que estás sugiriendo
respecto de la historia: que ciertas paradojas no son accidentes aislados sino
patrones recurrentes.
Ahora bien, la historia por sí sola no nos
dice cuál es el supuesto erróneo. Nos muestra que algo no funciona como se
esperaba. El paso siguiente consiste en identificar qué premisa común está
generando esos resultados.
Si sigo la línea de nuestras preguntas
anteriores, sospecho que tu argumento sería algo así:
- Las
élites creen conocer sus intereses.
- Actúan
durante décadas en función de esa definición de interés.
- Los
resultados acumulados contradicen los objetivos declarados.
- Sin
embargo, se conserva la misma definición de interés.
- Por lo
tanto, el error podría estar en la concepción misma del interés y no sólo
en su ejecución.
Eso me parece una hipótesis legítima de
investigar. La historia ofrece muchos casos en los que los actores persiguieron
con gran coherencia objetivos que terminaron socavando las condiciones de su
propia existencia. La cuestión abierta es identificar cuál era exactamente la
premisa equivocada.
OTI: Las
obras de Shakespeare o Schiller no te bastan?
Chat GPT: Sí, en cierto sentido sí.
Si tomamos a William Shakespeare o a Friedrich
Schiller, encontramos una observación recurrente: los seres humanos suelen
equivocarse acerca de sus propios motivos, intereses y consecuencias de sus
actos.
En Shakespeare, personajes inteligentes,
poderosos y a veces virtuosos pueden precipitar su propia ruina precisamente
porque interpretan mal la realidad o se dejan dominar por una pasión, una
ambición o una idea fija. En Schiller aparece también la tensión entre los
fines perseguidos y los resultados obtenidos, entre la libertad humana y las
fuerzas históricas que los personajes no comprenden plenamente.
Desde esa perspectiva, esas obras no son sólo
literatura; son investigaciones sobre el conocimiento humano y sus límites.
Creo que la objeción que me estás planteando
es que yo estaba concediendo demasiado crédito a la autodefinición de los
actores. Como si bastara que un Estado dijera "éste es mi interés
nacional" para que efectivamente lo fuera.
Shakespeare y Schiller muestran justamente lo
contrario: un actor puede estar convencido de perseguir su bien y, sin embargo,
avanzar hacia su destrucción.
Por eso, siguiendo la dirección de tu
argumento, la pregunta relevante deja de ser:
- "¿Qué
cree el actor que es su interés?"
y pasa a ser:
- "¿Cuál
es realmente la trayectoria objetiva a la que conducen sus acciones?"
Esa es una pregunta más difícil, pero también
más profunda. Y es una pregunta que la gran tragedia clásica, desde Shakespeare
hasta Schiller, plantea una y otra vez.
OTI: Me
acuerdo de la expedición al Polo Norte, no me acuerdo en qué año. El supuesto
erróneo de los expedicionarios era de naturaleza sensible. Creían que caminar
en la dirección del Polo N. era suficiente para acercarse a él. Los supuestos
ingenuos suelen estar en la base de los desastres o fracasos. Ese supuesto
dependía de considerar al suelo (hielo) fijo.
Chat GPT: Sí, y me parece una analogía muy potente.
El error no estaba en la capacidad de caminar,
ni en la resistencia física, ni siquiera en la dirección inmediata de cada
paso. El error estaba en una premisa más básica: considerar fijo un soporte que
en realidad se desplazaba.
Desde la experiencia sensible, el hielo
parecía inmóvil. Sin embargo, respecto del objetivo real —el Polo Norte— el
terreno mismo estaba moviéndose.
Entonces el expedicionario podía razonar
correctamente dentro de un marco equivocado:
- Camino
hacia el norte.
- Luego
me acerco al Polo.
- Luego
estoy progresando.
Cada inferencia era lógica. Lo falso era el
supuesto inicial.
Creo que estás señalando algo muy importante:
los errores más peligrosos no suelen ser errores de razonamiento sino errores
en las condiciones que se dan por evidentes.
Y además esos errores tienen una
característica particular: mientras el proceso se desarrolla, la experiencia
inmediata parece confirmarlos.
El explorador siente que avanza.
El hielo bajo sus pies parece estable.
La brújula parece indicar la dirección correcta.
Sin embargo, el resultado global puede ser
nulo o incluso contrario al esperado.
Si trasladamos la analogía a la historia, la
pregunta no sería tanto si los actores son inteligentes o racionales, sino si
están tomando como fijo algo que en realidad está cambiando.
Quizá una economía, un orden internacional,
una definición de riqueza, una idea de poder o una concepción del interés
nacional.
Porque si el "suelo" histórico se
está moviendo y los actores no lo advierten, pueden interpretar sus propios
movimientos de manera completamente equivocada.
La dificultad, naturalmente, consiste en
identificar cuál es el hielo que se mueve bajo nuestros pies. Ahí es donde
aparecen las anomalías y las paradojas que mencionabas antes.
OTI: Los
autores e ideólogos de las doctrinas geopolíticas con su figura de autoridad
son como aquellos expedicionarios al polo Norte. Cuanto más se afirman y
reafirman, más fracasan. Tomarlos como fuente es un error bastante serio.
Chat GPT: Entiendo el argumento.
Siguiendo tu analogía, la crítica no sería que
los geopolíticos sean poco inteligentes o carezcan de información. Sería algo
más profundo: que podrían estar partiendo de supuestos erróneos sobre la
naturaleza del proceso histórico, del mismo modo que los expedicionarios
partían del supuesto de que el hielo era un soporte fijo.
En ese marco, la autoridad acumulada no
resolvería el problema. De hecho, podría agravarlo. Si el supuesto básico es
incorrecto, una teoría más sofisticada, más datos o una mayor capacidad de
cálculo podrían simplemente permitir recorrer más distancia en la dirección
equivocada.
Eso recuerda una observación frecuente en la
historia de la ciencia: cuando un paradigma entra en crisis, los expertos
suelen ser quienes más invierten en perfeccionarlo, porque gran parte de su
conocimiento está construido sobre él. No siempre son los primeros en advertir
que el problema puede estar en las premisas.
Donde yo introduciría una cautela es en un
punto. Que una doctrina geopolítica determinada sea errónea no implica
automáticamente que toda reflexión geopolítica lo sea. La cuestión decisiva es
si sus conceptos fundamentales describen adecuadamente la realidad o si están
confundiendo fenómenos superficiales con causas más profundas.
Creo que tu crítica va dirigida sobre todo a
esto último: que muchas doctrinas toman como realidades fundamentales cosas que
quizá sean sólo efectos o apariencias históricas. Y entonces terminan
interpretando los acontecimientos desde un "suelo" conceptual que se
está desplazando sin que ellas lo adviertan.
En términos socráticos, la pregunta no sería:
"¿Qué dicen las autoridades geopolíticas?", sino: "¿Qué
supuesto acerca de la realidad histórica están dando por evidente?"
Porque si ese supuesto es falso, la autoridad de quien lo sostiene añade prestigio, pero no verdad.
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