Algunos analistas e intelectuales -incluso
peronistas- a los que les gusta aparecer como “neutrales” y desapasionados, y
que presumen de haber alcanzado cierto nivel intelectual que les permite captar
matices en su infinita complejidad, viven el día a día en forma
“indiscriminada”, indistinta, como si el tiempo solo fuera una sucesión
interminable de lo mismo. Algo así como el “eterno retorno”.
Si bien Cristina no es líder de “conducción” (ver JDP), su
liderazgo es una suerte de maldición no solo para el establishment sino para
los del palo propio. Y ello por diferentes razones.
Parafraseando a un ideólogo muy importante que tuvo el
peronismo histórico “CFK es el hecho maldito del país oligárquico”.
Ya dije en una ocasión que, si no fuera por la existencia de
Cristina, la realidad hoy sería como la década del ’90 pero en su versión
comedia.
Esa década causó estragos en toda una generación de
militantes y de dirigentes políticos. Esos estragos fueron económicos,
políticos, ideológicos, sociales y culturales. Se aceptaron como normales cosas
absolutamente perversas. Se quiso convencer a todos los demás de que lo
perverso era en realidad normal.
Sin embargo, Cristina, fue una de las pocas que salió
indemne de esa segunda década infame. En estas cosas debe haber como una suerte
de “marca de nacimiento” que prefigura el destino de las personas. En algún
momento lo denominé “obstinación estratégica”. Si la Argentina todavía tiene
esperanza es por ese factor subjetivo que anida en esta mujer.
Esto puede sonar increíblemente exagerado para algunos: que
un país todo, formado por millones de personas, dependa de la subjetividad de
una sola persona.
Sin embargo, es exagerado para los que no comprenden ni la
historia ni el papel de los liderazgos individuales en los cambios históricos.
JDP era muy certero cuando decía que la calidad de las
organizaciones depende de la calidad de sus dirigentes. Y, por extensión, la
calidad de un pueblo depende de la de su liderazgo. Es que no puede ser de otra
manera, porque lo que produce los cambios que conducen a mejorar las
condiciones materiales y espirituales de los seres humanos son la capacidad
creativa de los líderes, de su tenacidad y capacidad tanto en la concepción
como en la ejecución. Y esos atributos o cualidades son de personas, no son de
instituciones o instancias impersonales.
Por más consolidada que esté una institución u organización
cualquiera sea, su valor residirá en las personas que la conduzcan. Por eso JDP
insistía tanto en la formación política, la cultura política y el cultivo de
las virtudes personales. Al final de todo, lo que desequilibra la balanza es
esto, no la ideología.
Los líderes de conducción logran armar plataformas muy grandes
sobre las cuales los individuos y agrupaciones tienen una amplia libertad de
movimientos, pero la dirección de la plataforma misma es responsabilidad
exclusiva del líder de conducción.
Todo ocurre como si el líder de conducción habitara en dos
geometrías distintas, mientras que el resto de las personas solo habitan en
una.
En efecto, una geometría es el arriba, abajo, derecha e
izquierda de los que están sobre la plataforma. Direcciones que son consideradas
en términos absolutos porque no pueden ver la dirección de la plataforma misma.
En cambio, para el líder de conducción esa geometría es relativa puesto que él
o ella están viendo también las coordenadas sobre la que se mueve la plataforma
misma que ha creado, que no son las mismas coordenadas que ven las personas que
se mueven sobre ella.
Al líder o a la líder de conducción le interesa que los
múltiples movimientos de las personas y agrupaciones sobre la plataforma queden
subsumidos en el movimiento general de la plataforma misma, movimiento cuya
dirección está orientada por el liderazgo.
No es casualidad que el peso de las palabras en boca de Cristina
sea muchísimo mayor que en boca de cualquier otro. No es suerte tampoco (bueno,
quizá un poco) ni magia.
Es su “obstinación estratégica” y el coraje de afrontar el
pagar el precio necesario (hasta con la propia vida) lo que hace que su palabra
pese tanto. Es decir, es la capacidad de concepción y de acción de esa persona
lo que hace que sus palabras tengan poder. En última instancia la inmortalidad
(quedar en la historia para siempre) se trata de esto.
Si el mundo todavía avanza en algún sentido positivo o si
existe todavía la esperanza es por esta clase de personas. No importa donde
nazcan o de donde sean.
El liderazgo y la capacidad de conducción son un dato de la
naturaleza humana. Está en potencia en el ser humano y no existe ningún poder
unilateral económico, militar, psicológico, ideológico o científico que pueda
hacer desaparecer esa potencialidad, esa cualidad de la naturaleza humana.
Pueden matar a la persona que lo hace acto, pero no pueden
cambiar la naturaleza humana que lo porta en potencia.
Por eso el poder oligárquico nunca es omnímodo. Puede haber
épocas en que campea más a sus anchas. Pero siempre está la posibilidad de que
surja el liderazgo de conducción que pone en evidencia las limitaciones de ese
poder.
Es por eso que el poder oligárquico está cómodo con las
masas sin liderazgo y muy incómodo con las que logran darse liderazgo, logrando
la transformación de masa en pueblo.
Todavía hay
mucha gente entre los peronistas y progresistas que no entienden del todo lo
que se juega nuestro querido país durante las próximas semanas.
Esta no es
una elección más o una campaña electoral más. Lo que está en juego es cómo se
reconfigura la Argentina en función de las relaciones que mantenga con el mundo
que se está formando. “El futuro ya llegó”, como dice una conocida canción.
Esa
reconfiguración va a depender mucho del tipo de gobierno que se tenga y de cómo
va a intervenir en el Estado y, éste, cómo va a intervenir en lo económico y lo
político, no solo en el plano interno sino, también, en el internacional o
mundial.
Es un error
que se paga caro experimentar la coyuntura mirando el pasado por un espejo
retrovisor. Los acontecimientos del pasado nunca se repiten. Ni la dictadura
militar, ni la dolarización, ni el peronismo histórico, ni nada se repite.
Lo que sí se
puede “repetir” son los principios en que se basan los pensamientos y las ideas
y los procesos históricos a que den lugar. Pero no los acontecimientos.
En las próximas elecciones no hay que enfrentar a neoliberalismo alguno. El
neoliberalismo ya no existe.
A ver si queda claro esto. Para entender esto se necesita el
pensamiento teórico bien entendido. Sino no se puede comprender.
El “neoliberalismo”, más allá de toda la cháchara académica,
es una alternativa de la práctica política oligárquica global. Para entender
qué es la oligarquía global o imperial ver mi post del 19 de agosto de 2020 y
las proposiciones 1. y 2. a).
Las combinaciones oligárquicas utilizan al neoliberalismo
durante su “dominio normal”, o sea cuando, por ej., las recomendaciones del
Consenso de Washington se implementan en diversas localidades hasta la crisis.
Si la crisis la pueden administrar más o menos bien entonces pueden reconducir
al dominio normal. Si no la pueden reconducir, el dominio normal se termina
porque la crisis la administran otros actores nuevos porque los que condujeron
a la crisis están muy gastados y desacreditados.
Mientras esos actores nuevos no marchen con decisión rumbo a
la constitución de un Estado Nacional soberano, la práctica política
imperialista puede mantener aún la alternativa “neoliberal” aunque sea como
apariencia. Cuando ven el peligro de la consolidación del Estado Nacional soberano,
esa alternativa neoliberal lisa y llanamente se termina y empiezan a recurrir a
otra cosa.
Me atrevo a afirmar que ni siquiera en las elecciones del
2015 nos enfrentamos a la alternativa neoliberal de Macri. Macri mantuvo esa
fachada solo para disimular y engañar a la población para ganar las elecciones.
Muchos intelectuales progresistas se comieron ese engaño y hablaron de una “derecha
moderna”, democrática, bla, bla, bla.
Ahora ya no necesitan disimular más por la sencilla razón
que la alternativa neoliberal ya no existe porque las combinaciones
oligárquicas que dominan o pretenden dominar en Argentina y de las cuales
dependen los Milei (ex hnos. Koch), Patricia Bullrich y Macri (fondos buitre, fondos
de inversión y Bancos angloamericanos, etc.), están recurriendo a la alternativa
neofascista.
Esta alternativa neofascista es la que suelen usar en las
grandes crisis mundiales, como la que ocurre desde hace varios años. A medida
que se agudiza la crisis monetaria, financiera y geopolítica de las oligarquías
a predominio angloamericanas, más a un lado dejan el neoliberalismo y más
utilizan el neofascismo.
La razón de esto es que ya no apuestan a volver atrás. El
lawfare, la guerra militar y el neofascismo son instrumentos que ellos ven como
más convenientes en condiciones de crisis sistémica como para desgastar a los
rivales y evitar que eventuales salidas soberanas den resultado. De esta forma
evitan que Estados Nacionales soberanos se constituyan en alternativas viables
a la crisis y, en el ínterin, esas oligarquías pueden continuar medrando y
aprovechándose de la situación.
El debate sobre si dolarización no o sí, si privatización no
o sí, etc., no tiene sentido alguno, porque lo único que les importa a ellas es
garantizar la continuación del saqueo en condiciones de caos, inestabilidad e,
incluso, guerra. Es un juego que ya conocen y lo practican desde hace mucho
tiempo.
Si las fuerzas que pivotean alrededor de Cristina más todos
los aliados habidos y por haber no ganan las elecciones y el resultante es un
gobierno totalmente ajeno, hasta en una guerra con Bolivia o Paraguay nos
pueden meter. Hasta resulta preferible que cualquier operación del Ministro de
Defensa para modernizar las FF.AA. se postergue para después de las elecciones,
no sea cosa que, si se pierden, los elementos de guerra que se adquieran sean
usados por el nuevo gobierno resultante contra alguno de nuestros hnos.
latinoamericanos.
Este es el estado de cosas, aunque no se crea o les resulte
exagerado a mucha gente.
Ya lo dije muchas veces en este blog. Una vez que prende el
neofascismo, es muy difícil de erradicar porque interpela emociones de las
personas que sobreviven en permanente “insatisfacción” porque los ingresos no
les alcanzan. Este es el caldo de cultivo del que surgirá la movilización
neofascista financiada por personeros de personeros de los oligarcas.
Cristina y Axel K. deben hacer la campaña nacional. Bien
sabe Axel que no sirve de nada reelegir en Provincia si en la Casa Rosada está
Milei o P. Bullrich.
No importa que Cristina no sea candidata ni que Axel K. no
sea candidato fuera de la Provincia de Bs. As. Ellos tienen que estar en todos
los actos de campaña y hablar de las condiciones nacionales en que sería
factible que los habitantes de todas las Provincias mejoren económicamente.
Los objetivos del próximo gobierno son defender al país con
uñas y dientes de los intentos de depredación que sobre el litio, los
hidrocarburos y los agroalimentos querrán hacer las oligarquías financieras
angloamericanas; y mejorar sustancialmente las condiciones de vida materiales y
espirituales de 20 millones de personas.
Estos son los objetivos. Los medios son muchos y diversos.
Los dólares no se comen ni sirven de ladrillos para
construir viviendas. Basta de una vez por todas con esto. La “escasez de
dólares” (que no la hay porque las balanzas comerciales de los últimos 20 y
pico de años fueron superavitarias) no tiene ya más importancia. Solo tiene
importancia para el que no hace nada ni intenta hacerlo para no arriesgarse.
Solo tiene importancia para los que viven en ese laberinto. Tratar de arreglar
algo con las personas que viven dentro del laberinto (sea de este país o de
otros) es absolutamente inútil.
Holaaaaaa: el 75% del mundo quiere desdolarizarse (!!!!).
Holaaaaaa. Hay alguien ahí … (?!). ¿Qué nos impide realizar proyectos industriales
que generen empleo con esa parte del mundo?. Nada, fuera de la impericia, la
cobardía o la mediocridad.
Aunque podría decirse que la crisis de la Argentina es la
otra cara de la crisis de liderazgo de “conducción” de Cristina, ella sigue
siendo la líder y es el emblema que representa la causa del pueblo y de la
patria. Ella va a seguir siendo fiel a la causa por el resto de su vida.
Lo que dijo
este ex militar aquí, ver hasta minuto 5:30:
Me hizo
reflexionar -pensando en lo que pasa en mi propio país Argentina-, sobre la
naturaleza de la soberanía.
La soberanía
no es una condición que se tiene o no se tiene a priori. Más bien es una
condición que se adquiere o no a posteriori.
¿A
posteriori de qué?. Evidentemente, de un proceso de lucha entre una voluntad
que mueve una masa en una dirección y otra voluntad que lo hace en la dirección
contraria. Esto es de Conducción Política de JDP. Perón decía que es la invariancia
de toda lucha, sea política, militar, diplomática, económica, etc. Las luchas son
todas iguales en cuanto a que siempre se trata de una voluntad que mueve a una
masa contra otra voluntad que mueve a otra masa. La única diferencia cualitativa
es la dirección en que se mueven. Esto es lo único que distingue una masa de la
otra.
En el marco
de la conceptualización que venimos haciendo en este Blog, por ej.,
potencialmente, existe la voluntad conducida por un liderazgo de conducción que
mueve a las masas en dirección al control de las clases populares sobre los
resortes y recursos fundamentales, lo cual constituiría un Estado Nacional. Y,
en el lado opuesto, otra voluntad que hace lo propio pero en dirección al
Imperio, es decir, al control oligárquico sobre los mismos resortes y recursos.
Pero, acá,
lo interesante es darse cuenta de que hay dos vías para caer en la falta de
soberanía o el “no país” (parafraseando a Amado Boudou).
1) Una primera
vía es librar la lucha con las herramientas disponibles -y con las que se
puedan crear- y perder, es decir, que nos derrote la voluntad contraria.
2) Y una
segunda vía es no librar nunca la lucha, lo que significa que la derrota no es
en batalla, sino que es una rendición antes de pelear.
De estas dos
maneras se llega a no tener soberanía.
Lo que
muestra la historia es que nunca se consiguió la soberanía por la segunda vía.
Pero sí se consiguió (algunas veces) por la primera vía.
Los que nos
quitan la soberanía lo que quieren es que las cosas sean siempre como la manera
2), es decir, que 2) sea la condición normal en la que los imperialistas
dominan porque los dominados no les presentan batalla, no luchan.
¿Y por qué
los dominados no luchan?. Por muchas razones, pero la fundamental es que la
mayoría de sus dirigentes no se quieren arriesgar a una lucha que es muy
difícil, incluso en términos personales. Y las masas no pueden luchar por sí
mismas, sin dirigentes, en sentido constructivo. Sí pueden luchar, sin
dirigentes o con malos dirigentes, en sentido reactivo, contra algo, pero no a
favor de algo, de una causa.
A diferencia
del caso de un militar en la guerra, en la política, el “no luchar” de un
dirigente no es tan evidente porque es más o menos fácil para él buscar
justificativos de toda índole que, en el fondo, solo le sirve para ocultar ante
las masas esa defección fundamental. De todos los justificativos habidos y por
haber el más miserable es el que se esgrime, sea de modo cínico, canchero o
estúpido, diciendo que si se da batalla las consecuencias son terribles.
Librar la
batalla, con toda su incertidumbre, al menos contiene la esperanza de un cambio
para mejor, si se gana. No librarla nunca solo contiene la certeza de la
asfixia progresiva hasta la muerte.
La batalla no
hay que librarla ni por el gusto de combatir ni porque el hecho de hacerlo en
sí represente alguna solución. Se pueden librar batallas sin causa o por una
causa negativa. No conducen a nada.
La batalla
hay que librarla porque tenemos un liderazgo importante, aunque no sea de
conducción, que es el de CFK y tenemos claro un rumbo que es el que ella marcó
en el transcurso de su último mandato entre 2011 y 2015, que solo hay que
profundizar y adaptar a las nuevas condiciones mundiales y locales.
Es decir que
tenemos a la líder (decir “lideresa” me suena ridículo) y tenemos la dirección
a grandes rasgos, lo que significa que tenemos una idea positiva de lo que hay
que construir. Falta afinar muchas cosas, pero groso modo está. No construimos
en contra de alguien o de algo. Construimos a favor del pueblo. Si hay alguien
que interpreta eso como en su contra es problema de ese alguien, no nuestro. A
favor del pueblo es a favor de todos, incluso de ese alguien, aunque no lo
entienda.
Si tenemos
que librar la batalla es porque hay otra voluntad (dirigida en el interior desde
el exterior) que nos impide la realización de esa idea y tenemos que despejar
ese obstáculo para poderla ejecutar. No es que es un fin en sí mismo luchar
contra la otra voluntad oligárquica que se disfraza de diferentes maneras. Es
que no podemos empezar a ejecutar lo que deseamos si la tenemos cascoteando
todo el tiempo.
El resultado
de la batalla definirá si la lucha que lleva Cristina despeja el terreno para
que podamos ejecutar la idea que deseamos o, si, por el contrario, serán ellos
que ejecutarán sus ideas de cómo hacer pedazos la Argentina, mientras se llevan
el litio, los hidrocarburos, los agroalimentos y los dólares. Quizás, también,
nos metan en otra guerra para debilitar nuestras capacidades estratégicas para
que no podamos reaccionar por varias décadas.
Estamos
cerca del “centro de gravedad”, del momento y del lugar donde se definirá la historia
por muchos años.
Lo que
tenemos a favor es a Cristina y la conciencia que ella despertó con su lucha,
principalmente durante los últimos 10 años, tanto en el llano como en sus
puestos de presidenta, senadora y vicepresidenta.
Otra cosa
que tenemos a favor es que la voluntad oligárquica se deteriora cada vez más a
nivel global y cada vez le hacen menos caso en todos los continentes, como África,
Asia y A. L.
Quizá esto
no se perciba a nivel local por una tradición argentina a nivel de la
militancia a la que no le interesa ni quiere entender de las cuestiones
internacionales y mucho menos de las cuestiones internas de otros países. Por
eso la mayoría de los dirigentes ni están informados de los acuerdos entre
países que se van produciendo por todas partes, al margen de la influencia de
EE.UU. y G.B. Muchos ni siquiera saben que Dilma Rousseff fue designada
recientemente al frente del Banco del BRICS.
La “buena
letra” que hace el oficialismo argentino como buen alumno de los poderes del
mundo Nor Occidental es una rara anomalía dentro del panorama mundial donde hay
malos alumnos en algunas o muchas materias como Brasil, México, Colombia,
Chile, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, etc., y esto solo en A. L. En África
los malos alumnos son más del 80 % de los países. En Oriente está lleno de “malos
alumnos”, incluso sin contar a China. Hasta Arabia Saudita ahora es un “mal
alumno” en su política exterior (!!).
Esto no
quiere decir en absoluto que el imperialismo angloamericano que nos oprime son
inofensivos. Son muy ofensivos justamente porque su situación estratégica es
débil, y las presiones y amenazas a nivel local están muchas veces
sobreactuadas porque sienten esa debilidad estratégica a nivel mundial,
queriendo asegurar resultados por directivas, órdenes, amenazas, etc., además
de lo habitual del soborno, la seducción, etc. Pero últimamente andan con poca
paciencia porque nada de lo que pensaron que iba a ocurrir está ocurriendo:
1) Ucrania no está ganando
la guerra ni Rusia desgastándose ni arruinando su economía, sino lo contrario.
2) La
mayoría de los países que tienen más población no condenaron a Rusia.
3) La
campaña de guerra de acción psicológica para que Rusia y Putin sean
considerados demonios no da el resultado esperado.
4)
Estigmatizar a China por lo de Taiwán tampoco les está dando el resultado que
esperaban, a pesar de que la geopolítica angloamericana está predisponiendo a
Japón y Australia en su contra, en contra de toda lógica económica y comercial.
5) La crisis
de desintegración financiera del sistema financiero y monetario angloamericano sigue
su curso.
6) La
situación social dentro de EE.UU. es pésima. Es muy probable que vuelva (si no
lo eliminan antes) Trump a ser presidente lo cual sería una buena noticia para
todos pues fue el único presidente en los últimos 60 años que no inició ninguna
guerra y quiso terminar rápido con todas las existentes (Siria, Afganistán) y
escenarios de conflicto (Corea del N.). En tal caso el progresismo argentino debe
dejar de lado pruritos y prejuicios bastante tontos.
En este
contexto, el pueblo de Argentina está padeciendo los éxitos tácticos de las
oligarquías que sostienen al imperialismo angloamericano por graves errores del
gobierno argentino que datan del inicio de su mandato. Pero, como decía Perón,
un éxito táctico al estar en una situación estratégica falsa, carece de
sentido. Lo que significa que ni el sistema oligárquico angloamericano va
mejorar su situación estratégica esquilmando cada vez más a la Argentina, ni el
pueblo argentino va a mejorar sus condiciones de vida, sino que van a empeorar.
Por lo
tanto, la situación no tiene salida para ninguno de los bandos, aunque gane la
voluntad oligárquica, el saqueo y el desorden y caos que van a provocar no va a
resolver la crisis de su sistema a nivel global y solo va a empeorar
tremendamente la situación interna en Argentina.
No sé si aún
quedan peronistas que entiendan de historia.
Entiendo que JDP era un líder de conducción
extraordinario, pero ¿alguien se dio cuenta que confrontó con los ganadores de
la II guerra mundial y les ganó?. Braden perdió. Pudo haber sido al revés, y el
peronismo no hubiera existido. No fue el oro en el BCRA lo que hizo ganar a
Perón. En todo caso, lo que lo hizo ganar fue la idea y la forma de ejecutarla
de lo que hacer con ese oro, al servicio del mejoramiento de las condiciones de
vida de gran parte de la población, cosa que quiso impedir (pero no pudo) por
todos los medios el imperialismo angloamericano de aquel tiempo.
Ahora, para prosperar no hacen falta tener reservas en dólares en el BCRA. Con una moneda propia, con acuerdos con Brasil, México, Bolivia, China y Rusia, podemos empezar a desarrollar la producción de los bienes que necesita la Argentina sin dólares y construir infraestructura. Se pueden emplear a 2 millones de personas así. El respaldo de la moneda va a ser la propia producción y los acuerdos con los países mencionados. Solo hay que ser eficaces en el direccionamiento del crédito público hacia los renglones preestablecidos en un plan quinquenal con vistas a lo que se necesita para que 20 millones de personas salgan de la pobreza. No se necesita especulación, ni ganancias extraordinarias, ni nada de esa clase de vicios. Van a surgir miles y miles de empresarios nuevos que querrán aprovechar las nuevas oportunidades.
Este escenario es perfectamente posible y probable. Solo hace falta que CFK lo pueda experimentar e imaginar en su propia mente y el convencimiento de dos o tres dirigentes que estén a su lado. Luego, se crea la mística y se convoca a la movilización popular en pos de esa causa, con optimismo y esperanza en el futuro.
De una situación asfixiante (pago de la deuda al FMI, "escasez" de dólares, inflación, etc.) se sale produciendo una acción nueva, lógicamente basada en una concepción. Esto significa que por la vía habitual de manipular diversas combinaciones de comandos de la botonera preestablecida lo único que vamos a lograr es graduar la asfixia pero no vamos a poder evitar el resultado final (que es la muerte).
Cuando se produce una acción nueva en un sector, se genera una nueva realidad en todos los sectores, puesto que va a empezar a jugar el elemento nuevo introducido en el panorama habitual y, eso, va a producir un efecto inevitable. Luego, habrá que administrar con la mayor eficacia ese efecto.
Es parecido a lo que sucede en el juego de ajedrez.
En efecto, se puede atribuir valor a las piezas de manera a priori: el peón vale tantos puntos, el caballo tantos otros, etc. Pero en el juego concreto el valor de una pieza en particular estará en relación a la posición que tenga en el tablero respecto a las demás piezas tanto propias como las del adversario. Por ej., si el adversario tiene una torre y el rey y nosotros solo dos peones y el rey, materialmente estamos mucho peor porque una torre vale mucho más que dos peones. Pero, dos peones en la sexta y séptima fila con el rey cerca, contra la torre contraria y su rey más lejos, valen más esos dos peones que la torre puesto que uno de ellos puede coronar y convertirse en dama.
JDP se cansó de explicar que lo importante en la conducción política es ser fuerte solo en el momento y el lugar donde se va a producir la decisión, es decir, donde se va definir el resultado total de la lucha.
Esto Alberto Fernández y la mayoría de sus funcionarios obvio que no lo iban a entender nunca. Ellos solo ven el poder "enorme" que tienen enfrente (el FMI, la embajada de EE.UU., los exportadores, los Bancos, etc., etc.) y no se plantean en absoluto hipótesis dirigidas a golpear donde duela. Nadie, por más poder que tenga puede ser fuerte en todos lados y en todo momento. Sino pregúntenle a la OTAN sobre su experimento en Ucrania.
Los "administradores de la realidad" sin reservas en el BCRA, ahora padecen que Vicentín sea uno de los primeros incumplidores en tiempo y forma en la liquidación de dólares comerciales. Padecen las consecuencias de sus propios actos o inacciones, cuando descartaron en su oportunidad la estatización de esa empresa por miedo a la reacción opositora.
Cuando esos administradores hablan de las restricciones o de que "todos somos buenos cuando hay plata", muestran una actitud bastante repugnante y mezquina porque no solo justifican los pobrísimos resultados de su gestión sino que, al mismo, tiempo, subestiman los resultados que obtuvieron otros administradores bajo una estrategia y una lógica muy diferente a la actual.
Ninguna limitación de la realidad es absoluta, sino relativa, puesto que intervienen no solo imponderables sino la capacidad creativa de los que dirigen, su fuerza de voluntad y tenacidad ante las adversidades.
Cuando uno ve algunas cosas de la historia (no solo de Argentina) en detalle, se da cuenta que los grandes resultados favorables no fueron porque había viento a favor. Uno podría pensar que el plan de San Martín para derrotar a los españoles en Chile era muy fácil con el apoyo de Inglaterra. Pero cruzar la cordillera en 1817 era una cosa terrible. Aún hoy sería terrible. Pudo haber sido un fracaso estrepitoso. Cosa parecida pasó con los comandantes de la guerra de secesión americana. En momentos decisivos tuvieron que tomar decisiones tremendas, que era jugarse el todo por el todo.
Uno si ve la historia a grandes rasgos parece que los resultados se dan naturalmente. pero eso es solo una ilusión óptica. Lo concreto es que hubo personas que quemaron las naves para que se produzca el resultado.
No hay nada garantizado de antemano cuando un conductor se juega por algo. Pero lo que sí es seguro es que, si no se arriesga, el resultado es cada vez peor. Una asfixia en cámara lenta.
Lo que propone Boudou es una intervención del gobierno en el sistema monetario y financiero para hacer circular el excedente de una manera mercadointernista más favorable a los intereses de las clases populares, incluidos los empresarios o futuros empresarios mercadointernistas.
Es obvio que eso no puede ser una medida aislada, porque supone todo un plan de gobierno, de obras públicas, inversiones y subsidios a fin de aumentar la producción que va a ser consumida en el mercado interno.
Esa medida debe ser el corolario de una conceptualización previa acerca de los problemas económicos actuales y de un plan de acción de gobierno, con objetivos concretos y cuantificables.
La inflación actual solo refleja un proceso tendiente a priorizar consumidores extranjeros de la producción argentina y consumidores locales con ingresos parecidos a los internacionales. Obvio que tal proceso beneficia a los sectores más concentrados ligados a los intereses exportadores y su sistema financiero y bancario relacionado y a los acreedores internacionales. Esta es la verdadera puja distributiva.
La forma de relegar el consumo de los argentinos en el mercado interno es con la inflación. Con eso se logra que cada vez haya más saldos exportables medidos en volúmenes físicos per cápita o por flia.
Los sectores internos con ingresos parecidos a los internacionales (una fracción relativamente minoritaria del mercado) pueden validar con su consumo la inflación. El resto que carece de tales ingresos cada vez consume menos. Así quedan más saldos para exportar.
Doy dos ejemplos concretos. Si no hubieran caído los salarios reales a los niveles que cayeron durante los gobiernos de Macri y Alberto Fernández, no se hubieran podido exportar mil millones de kg. de carne ni el equivalente al 25% de la producción de leche cruda. Se hubiera podido exportar menos de la mitad de eso por la simple razón de que los sectores populares asalariados formales e informales hubieran tenido más poder de compra y hubieran consumido mucho más de lo que consumieron.
Pero como eso no ocurrió, porque los ingresos reales de la gran mayoría de la población cayó, todo lo que no consumieron se exportó. A cambio recibimos dólares. Este proceso JDP lo describía con la frase "hacer dólares con el hambre del pueblo".
Así que no hay mucho secreto en estas cosas.
Para mejorar la vida de unas 25 millones de personas o de unas 6 millones de flias. lo que se necesita es una buena conceptualización o apreciación de la situación y una buena forma de ejecución de las medidas correspondientes, bajo la guía de un buen liderazgo, si es posible, de conducción, como lo entendía JDP.
La misma realidad dicta lo que hay que hacer. La realidad cruda no la inventada. Para hacer el shock distributivo que dice Amado hay que asumir que va a haber menos dólares (porque se va a exportar menos), hay que asumir que se puede gobernar con pocas reservas (si se cambia la lógica exportadora, monetaria y financiera especulativa), que al golpe de mercado se lo puede neutralizar con feriado bancario y cambiario durante el tiempo necesario para instrumentar todas las medidas que protejan al pueblo.
Se puede ir a la fuente de los dólares "verdaderos" (los del comercio exterior), si se crean empresas del Estado que comercialicen la producción agropecuaria argentina. los dueños de los dólares van a dejar de ser los exportadores y Bancos privados. Por lo tanto, la política monetaria de esterilización de $ que lleva décadas y décadas, no va a ser más necesaria.
Asimismo, se pueden hacer convenios con China y Rusia para obtener bienes de consumo, intermedios y de capital que no necesiten ser pagados en dólares. China y Rusia no van a tener ningún problema con eso.
Argentina debe dejar de producir bajo los incentivos de una plataforma exportadora y una lógica financiera especuladora que es como darle la cuerda servida que van a usar para asfixiarnos por ahorcamiento.
El liderazgo de conducción debe hacer ruptura con esa lógica y esa plataforma, sentando las bases de una que privilegie la producción, el aumento del trabajo nacional para el mercado interno y la construcción de la infraestructura que sea necesaria.
En Argentina se puede hacer un plan quinquenal en el que se determine con precisión las obras, el financiamiento, los materiales e insumos.
Unidos a Brasil, México y Bolivia y con buenos acuerdos con Rusia y China, podríamos cumplir satisfactoriamente con los objetivos de un plan quinquenal que de trabajo formal a 2 millones de personas, a razón de 400.000 por año.
Eso es posible, va a haber dificultades como en todas las cosas de la vida, pero son preferibles las dificultades respirando bien sin una cuerda en el cogote que las dificultades de estar ahorcado y asfixiado.
El 75% de la humanidad tiene gobiernos que ya no solo no
creen en las directivas u órdenes provenientes del mundo noroccidental
angloamericano sino que se rebelan en su contra.
Casi toda África, gran parte de Asia e Iberoamérica están a
favor del desarrollo económico con la ayuda de China y consideran que Rusia se
defiende de una trampa geopolítica a 450 Km de su capital Moscú.
A esto se agrega que el sistema monetario y financiero mundial
regido por el Occidente angloamericano sigue en un proceso de crisis de
desintegración cada vez más avanzada.
El 75% de la humanidad percibe de un modo u otro que los
liderazgos de China y Rusia ofrecen una esperanza de desarrollo para los
pueblos postergados de todos los continentes, mientras que el polo angloamericano
y sus vasallos de Europa continental solo plantean seguir con la geopolítica de
guerra, pidiendo contribuciones en armas y hombres a distintos países, los
ajustes y el pago de deudas.
Es la esperanza del porvenir vs. la certeza de un infierno.
Argentina, como toda América Latina, está en ese campo de
fuerzas, que no consiste, como no pocas veces se cree, en potencias con sus
intereses egoístas vs. otras potencias con intereses egoístas.
De lo que se trata es de un Imperio subyacente, cuyos
soportes son individuos-agentes que ejercen un control “privado” (no público)
sobre resortes y recursos fundamentales, lo que los constituye en oligarcas,
que tiene una influencia desmedida en los asuntos mundiales, al servicio de
reproducir su dominación (la “renta hegemónica” al decir del presidente Putin).
Una particularidad, en cierta medida ventajosa, de la
dominación oligárquica es que se mantiene bastante discreta y no se somete al
escrutinio público en ninguna instancia, ya que la ejecución de sus
concepciones la hace por una variedad interminable de siervos, lacayos e,
incluso, mucha gente que inconcientemente sirve a sus intereses, en montones de
países, víctima de su propia credulidad y prejuicios. Políticos, militares,
empresarios, servicios de inteligencia, científicos, periodistas, magnicidas, etc.,
etc., son muchos de sus brazos ejecutores, los que dan la cara, la mayoría de
las veces sin saber que son peones de un juego ajeno.
Esas oligarquías conforman redes y combinaciones colonizando
las superestructuras en los países más fuertes en Europa Occidental y América
del Norte. Los gobiernos de esos países actúan los intereses de las oligarquías
dominantes.
Ante esta dominación se produjo una reacción tanto de Rusia
como de China, cuyos pueblos supieron darse líderes que vislumbraron el peligro
que suponía para sus pueblos el dejarse dominar por el sistema oligárquico
occidental. Esa reacción adoptó la forma y el contenido de la soberanía
nacional, tratando de ofrecer al mundo alternativas positivas y oportunidades
de progreso para todos los pueblos, lo cual exacerbó aún más las prevenciones y
la lógica geopolítica de guerra del sistema oligárquico occidental.
Asimismo, dentro de los propios países occidentales “desarrollados”
surgieron reacciones a nivel masivo por las consecuencias económicas y sociales
perniciosas de las políticas de sus propios gobiernos empeñadas en proseguir la
guerra y las sanciones contra Rusia.
Por lo tanto, la Argentina, junto a América Latina, está
inmersa en este campo de fuerzas que no es simétrico en absoluto, pues un polo
actúa en dirección de los intereses de un Imperio cada vez menos globalista
(porque ante su fracaso de colonizar Rusia y China pretende ahora desacoplar al
mundo) y el otro polo lo hace en función de los intereses de Estados Nacionales
soberanos y de una comunidad de naciones que prioricen el desarrollo de sus propios
pueblos admitiendo el derecho de los demás a desarrollarse también. Así como
hay una “seguridad indivisible” hay un “desarrollo indivisible”, nadie puede
lograr algo a expensas de los demás.
Podría sintetizarse esto diciendo que uno es el principio y
pensamiento oligárquico y el otro es el principio y pensamiento nacional o
soberano. Son principios totalmente asimétricos.
Por eso no es competente describir esta dialéctica de lucha
bajo la categoría uniformizante de las “grandes potencias” que no solo pierde
matices sino diferencias de naturaleza evidentes, cayendo en absurdos
increíbles al no percibirlas, incluso desde el punto de vista militar.
Esta lucha la está perdiendo la facción imperial
angloamericana debido a que está en una “situación estratégica falsa” (ver JDP)
en la que cualquier éxito táctico carece de sentido. Y la están ganando las
naciones soberanas de China y Rusia, por la razón contraria: están en una
situación estratégica verdadera, la que puede soportar cualquier derrota
táctica.
La historia (bien leída) ilustra que, cuando las oligarquías
están perdiendo, no porque alguien les esté infligiendo una derrota sino porque
su sistema entra en crisis irreversible dentro de las condiciones de su dominio
normal, recurren a la estrategia de guerra (sea militar o “lawfare”) para que
germinen condiciones para el surgimiento de formas fascistas de gobierno.
Las combinaciones oligárquicas que apuestan a esto (en
condiciones de crisis del dominio normal neoliberal conservador o progresista) prefieren asumir el riesgo de perder eventualmente
el control de los regímenes fascistas que ellas financian tras bambalinas a que
la alternativa a la crisis sea el régimen nacional y popular bajo las formas
soberanas del Estado Nacional en comunidad con otros Estados Nacionales
soberanos.
La salida fascista va a apelar a la legitimación de las
masas e, incluso, a su movilización, lo que hará confundir incluso a muchos
intelectuales que verán que partes importantes de las masas pobres se movilizan
y creerán que eso tendría un contenido popular y progresista.
Pero nada que ver con esto. El contenido de eso, a pesar de
la movilización activada por la política fascista, será legitimar un régimen
oligárquico en condiciones de crisis sistémica, con la finalidad de hacer imposible el funcionamiento de la soberanía
nacional, aún a costa de guerras.
Por lo tanto, si en las próximas elecciones gana Bullrich o
Milei, se corre el riesgo no solo de que empiecen a matar gente dentro del país
sino de que inicien una guerra con algún país vecino, preferiblemente que no se
pueda defender muy bien, dada la debilidad extrema de las FF.AA. argentinas.
Entiéndase bien, no hace falta que Bullrich o Milei tengan
estas intenciones. Teniendo lo que ellos creen “el poder”, solo darán la cara y
justificarán las peores cosas imaginables, a medida que aumenten las presiones en ese sentido.
El caos y la guerra en diversos escenarios locales son
deseables para las combinaciones oligárquicas que ven eso como expediente para
evitar que otros poderes (soberanos) se aprovechen de la crisis del sistema
oligárquico. Prefieren en el peor de los casos que se destruya todo antes de
que alguien que no sea ellos gane, o que, en el mejor de los casos, como
resultado de la guerra y el caos, disminuya el poder relativo de lo que ellas
creen son sus enemigos potenciales.
Cristina es la única dirigente que tiene la capacidad de
percibir esto con anterioridad y hacer algo para que no ocurra.
La confrontación en las próximas elecciones no puede ser
contra un neoliberalismo que no existe, va a tener que ser contra la salida
neofascista que intentarán los mismos que antes sostuvieron la alternativa
neoliberal.
Si no se toma conciencia de esto y se adoptan estrategias
adecuadas durante los próximos 50 días, se van a perder las elecciones y el
país mismo, quién sabe por cuántas décadas.
¿Qué hacer?.
La revolución nacional y popular, junto con Brasil y México
en A. L. y China y Rusia en Eurasia.
Hacerla antes de que una caricatura terrible de
pseudorevolución neofascista nos gane la delantera, incluso con el apoyo de una
parte de las masas humildes.
Entiéndase bien, esta vez el caos y la guerra no va a ser por
el terrorismo de Estado (aunque puede haber estos ingredientes) como el de la
última dictadura entre el ’76 y el ’83 porque no hay FF.AA. Las fuerzas de
choque pueden ser pandillas ligadas al narco, los servicios, la policía y a
algunos empresarios. Con eso alcanza para empezar la tarea.
La mística la conseguirán con los fanáticos. El caldo de
cultivo es la marginalidad y la pobreza.