miércoles, 27 de mayo de 2026

¿Cómo se construyó históricamente el sistema global angloamericano que derrotó a la URSS y ahora se desmorona? Y por qué el “dilema de Triffin” es una payasada. Nueva hipótesis y tesis.

Así como la realidad no es la matemática sino la física o, más bien, aquélla es un auxiliar de ésta, o la geometría euclidiana no es la realidad sino la riemanniana, Bretton Woods no finalizó por una inconsistencia de supuestos matemáticos. Bretton Woods cayó por una secuencia de ideas, pensamientos, decisiones y acciones condicionadas por actores influyentes que preveían que, en otro curso de acción alternativo, iban a ganar todavía más influencia, en interacción con otros actores conminados por la necesidad de dar respuesta a lo que percibían como profunda inconsistencia en la dinámica del modelo.

Era obvio que un mundo en crecimiento económico de posguerra, Plan Marshall, etc. sobre todo entre 1950 y 1965 aprox., iba a demandar más dólares, su emisión iba a aumentar y mantener la paridad con el oro a un tipo de cambio fijo (35 U$S x onza troy) generaría tensiones. Pero esto es la teoría del manejo técnico, que puede dar lugar a diversas herramientas de gestión.

Pero el cambio de régimen monetario y financiero formalizado en agosto de 1971 durante el mandato de Nixon fue otra cosa muy distinta, no un ajuste o racionalización dentro de los marcos del régimen hasta ese momento vigente.

Ese cambio de régimen no fue consecuencia inevitable de ninguna contradicción intrínseca sino el corolario de ideas geopolíticas globalistas nacidas (o renacidas) al calor mismo de la victoria de los aliados en la II guerra mundial.

En efecto, tras la rendición de Alemania en mayo de 1945, Churchill concibió un plan (“operación impensable”) para atacar a la URSS a fin de “… imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y el Imperio Británico”.

Luego del fallecimiento de FDR el mes anterior, se facilitaron las condiciones en EE.UU. para que se desarmara la alianza con la URSS contra el nazismo y se instilara dentro del estamento militar y de inteligencia estadounidense (la CIA todavía no existía sino solo la OSS que era una agencia de inteligencia temporal al solo efecto de hacer la guerra a los nazis pero que tomaba como modelo al MI6 británico) la doctrina del enemigo geopolítico soviético que dio origen a la llamada “guerra fría”.

Esa idea geopolítica cristalizó en la CIA fundada en 1947 bajo el mandato de Truman quien había sido vice de FDR y se convirtió en presidente tras el fallecimiento de éste. La CIA se fundó bajo la estrecha relación y asesoramiento de los servicios británicos del MI6 ya bajo el funcionamiento de la anterior OSS. Es decir que el personal permaneció en el pasaje OSS a CIA, lo que cambió fue la construcción del enemigo: antes el nazismo, ahora los soviéticos. A ese personal se sumó, a instancias de la gentileza británica, “mano de obra desocupada” de militares nazis, varios de los cuales habían sido genocidas al servicio de Hitler.

Si no se hace referencia a estos asuntos no se va a entender cómo y porqué el sistema global mundial ahora en crisis aguda de descomposición funcionaba como funcionaba.

Ya tenemos una continuidad entre la idea geopolítica del Imperio británico y su “implantación” en los EE.UU. y el camino seguido desde este país.

Es decir que la “construcción” de la “guerra fría” surgió en el preciso momento en que el cadáver del nazismo todavía no se había enfriado, ya que el plan “Operación Impensable” data de mayo mismo de 1945 (Hitler se había suicidado hacía menos de un mes). Aunque el plan no se llevó a la práctica dada la enorme dificultad de enfrentar a un ejército soviético vencedor contra Hitler, reveló en qué estaban pensando los administradores del imperio británico.

Esto no es ninguna sorpresa porque la inteligencia británica y algunos elementos en EE.UU. ayudaron a Hitler a llegar al poder entre fines de 1932 y marzo de 1933 y, no solo eso, lo consolidaron en el poder, entre 1933 y 1938 aprox, por medio de la cobertura financiera del Banco de Inglaterra de M. Norman, como ya demostré en un post de este mismo Blog, lo que facilitó el rearme de Alemania. Logrado eso, lo incentivaron a que atacara a la URSS, lo que finalmente hizo a medidos de 1941 (menos de dos años después de iniciada la II guerra mundial), lo que marcó un punto de inflexión en la guerra que llevó a Alemania a la perdición.

Liquidado un “monstruo” ya había que ir contra otro: la Unión Soviética.

Mientras en la faceta geopolítica de trastienda se estaba cocinando todo eso, en la faceta económica, financiera y monetaria se estaban discutiendo las características del sistema que debía regir en el mundo de posguerra. Que ya no se trataba de un mundo de “paz”, puesto que la fase geopolítica se estaba encargando de diseñar la guerra contra el “nuevo” enemigo soviético.

Por lo tanto, cualesquiera hayan sido los debates acerca del nuevo orden económico, monetario y financiero de posguerra, ya estaba condicionado, lo sepan o no los actores de ese debate, por la geopolítica de guerra originada en Gran Bretaña y Churchill.

Esta orientación llevó a la guerra de Corea primero (1950/53) y la de Vietnam luego (1965/73). Ambas guerras, su preparación y desarrollo tuvieron notables consecuencias en la dinámica del patrón oro de Bretton Woods.

En efecto, la guerra de Corea sentó las bases del complejo militar-industrial estadounidense que llevó el gasto militar a un nivel nunca antes visto, a pesar del esfuerzo del presidente Eisenhower de estabilizar la economía y el gasto público luego del fin de esa guerra. El gasto militar quedó en un nivel altísimo medido como se mida, lo que ocasionó presiones significativas sobre el sistema de convertibilidad entre el dólar y el oro.

A pesar de las advertencias de Eisenhower sobre la influencia desmedida del complejo militar-industrial, este siguió creciendo y concentrando más y más poder, hasta el punto de que se deshizo del presidente JFK que le molestaba, luego de lo cual vino la otra guerra, la de Vietnam. Guerra que ocasionó un desbarajuste todavía peor que la anterior, agudizando enormemente la presión sobre la paridad dólar/oro, al crecer el gasto y la deuda a niveles exorbitantes.

Esa situación, que nada tenía que ver con supuestas contradicciones intrínsecas del sistema de Bretton Woods, llevó a Nixon a la decisión de poner fin a la convertibilidad dólar/oro, lo que abrió una época de un nuevo régimen monetario y financiero que facilitaría aún mejor la geopolítica de guerra.

La incompatibilidad entre el patrón oro de Bretton Woods y la geopolítica de guerra.

En efecto, el enorme gasto y déficit que ocasionaba la geopolítica de guerra era demasiado visible dentro de los parámetros de Bretton Woods, ya que se ponía en evidencia enseguida la presión sobre el oro que era el respaldo del dólar. Esta situación facilitaba que surgieran enfoques orientados a limitar la expansión bélica y el gasto.

Tales enfoques eran potencialmente enemigos mortales de la geopolítica de guerra, la que se basaba en la expansión permanente del complejo militar-industrial y su búsqueda de “guerras perpetuas”.

Por lo tanto, aquí el dilema no era el de Triffin sino entre parámetros más o menos rígidos o gestionables de Bretton Woods y las apetencias del complejo militar-industrial que desbordaba esos parámetros.

La satisfacción del gasto militar creciente y la multiplicación de guerras y conflictos geopolíticos conducían a poner en evidencia inmediata la insolvencia del sistema debido a las reglas monetarias y financieras propias de Bretton Woods. Por lo tanto, uno de los dos debía perecer. Pereció Bretton Woods y el complejo militar-industrial pegó otro salto exponencial y, con eso, se ingresó en la última época de guerras geopolíticas y en la crisis final.

Por qué el fin de Bretton Woods favoreció el auge del complejo-militar-industrial ampliado ahora a lo financiero y mediático y la victoria sobre la URSS.

Que yo sepa, nadie hizo esta relación hasta ahora, que la vengo a explicitar.

En efecto, el cambio de régimen monetario y financiero de agosto de 1971, más los tipos de cambio flexibles, más el montaje del sistema del petrodólar, más las políticas monetarias drásticas de Volcker, transformaron la economía global y otorgaron a EE.UU. una ventaja estructural en la Guerra Fría. Al pasar de un sistema de convertibilidad rígido a uno basado en deuda y confianza, EE.UU. ganó una capacidad inédita para sostener gastos militares prolongados sin colapsar su economía civil, a diferencia de la URSS.

El dólar, al liberarse del oro, se convierte en activo financiero global, no en promesa de oro, EE. UU. puede financiar su gasto militar mediante deuda y emisión, sin mostrar insolvencia inmediata. Los mercados internacionales absorben el costo de la hegemonía estadounidense, mientras que la URSS, en cambio, mantenía una economía cerrada, sin acceso a financiamiento global, con un gasto militar que drenaba recursos reales de la economía civil. Sin un sistema financiero capaz de “disimular” los déficits, la presión interna se volvió insostenible y eso condujo a la disolución de la Unión Soviética.

En cambio, en EE.UU., el déficit no se expresaba ya como pérdida de reservas como antes de agosto de 1971, sino como expansión de activos financieros, y la deuda ya no era una señal de insolvencia sino un instrumento de política monetaria.

Los mercados internacionales absorbieron los bonos del Tesoro estadounidense como activos seguros, el déficit se “exportó”: los inversores extranjeros financiaban el gasto militar y social de EE. UU. comprando deuda.  Así, el costo fiscal se diluyó en el sistema financiero global, invisibilizando su impacto interno.

El nuevo régimen transformó el déficit en instrumento de poder: lo que antes era una señal de agotamiento se volvió una fuente de expansión. La economía civil pudo “prosperar” porque el costo de la guerra se desplazó al plano financiero global, donde se volvió invisible y administrable.

Pero bien sabemos que ese “prosperar” era ficticio, basado en crédito barato, consumo, deuda y especulación y no en productividad física real.

El cambio de 1971 más las reformas posteriores que sentaron las nuevas premisas, no solo disimularon el déficit, sino que institucionalizaron la ficción de prosperidad, creando un modelo donde la guerra podía sostenerse indefinidamente sin que la sociedad civil percibiera el sacrificio real.

Esa apariencia de bienestar que ocultaba la falta de solidez material, es lo que se está descomponiendo en la actualidad y lo que queda a la vista es la fragilidad más patente.

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