martes, 27 de octubre de 2026

Caso Lula: sociología del electorado vs. capacidad de conducción.

Siguiendo con la lógica y “marco teórico” de mis últimos posts voy a conceptualizar la victoria electoral de Lula en Brasil. Y, para ello, voy a tomar como referencia este post de Artemio aquí:

https://rambletamble.com.ar/lula-la-2/

Allí se reproduce un artículo del periodista y politólogo ítalo-brasileño Giancarlo Summa, publicado aquí:

https://nuso.org/articulo/la-ultima-batalla-de-lula/

Dicho artículo es apenas posterior a la derrota de Lula en la primera vuelta, es decir, el autor estaba bajo el influjo pesimista, por decirlo así, del resultado electoral.

¿Cómo explicar la gran diferencia y desajuste entre la prospectiva (ola bolsonarista, debilidad progresista, etc., etc.) que se desprende del análisis de Summa, por un lado, y el resultado obtenido en segunda vuelta, por otro lado?

Desde mi perspectiva es bastante sencillo explicar ese tipo de desajustes y previsiones fallidas. La mayoría de los analistas (independientemente de sus ideologías) no comprende la dimensión creativa y subjetiva de la política (ni de la ciencia, ni de la economía, etc., etc.).

Al ignorarse las implicancias de esta dimensión subjetivo-creativa recaen una y otra vez en interpretaciones mecánicas, sociologistas, objetivistas o estructuralistas de los acontecimientos. Ante esto, me veo obligado una y otra vez a rescatar y discernir el papel subjetivo del liderazgo de conjunto o conducción en los procesos históricos y sus efectos políticos, económicos y sociales en general.

Summa tiende a interpretar el resultado de la primera vuelta como manifestación de tendencias estructurales relativamente consolidadas que favorecen al Bolsonarismo, sin conceder suficiente importancia a la capacidad de intervención creadora del liderazgo de conducción.

Sin embargo, en las tres semanas que pasaron entre una vuelta electoral y la otra, esas tendencias no se modificaron un ápice, mientras que el comportamiento político-electoral de grandes conjuntos de población sí lo hicieron.

Hay que introducir una variable que el artículo reconoce, pero no desarrolla: la dinámica de la acción política y su capacidad para modificar el comportamiento colectivo bajo los efectos de un liderazgo de conjunto o conducción cuya intervención rápida y oportuna consigue alterar las expectativas y la disposición a actuar de millones de personas.

Una configuración estructural y social dada no contiene necesariamente el resultado de la acción política que se desarrolla dentro de su marco.

La primera vuelta pudo haber expresado una sociedad políticamente fragmentada, en la que distintos sectores actuaron según expectativas, frustraciones e identificaciones particulares. En cambio, en la segunda, la conducción de Lula pudo haber contribuido a articular parte de esos sectores alrededor de un propósito político común.

Un líder que logra transformar una derrota inicial de más de dos millones de votos en una victoria de más de cuatro millones evidentemente conserva recursos políticos que la descripción de un progresismo agotado no puede explicar.

¿Qué hizo Lula inmediatamente después de la derrota en primear vuelta?

Vamos a tratar de identificar con precisión lo que hizo el líder de conjunto.

En la campaña que terminó en derrota Lula no hizo más que lo que hace cualquier dirigente (desempeñando el cargo de presidente) que quiere reelegirse: defensa de la gestión por medio de una comunicación institucional (relativamente distante).

Pero en la segunda campaña que terminó en victoria, empezó a “defender” un posible futuro (típico de un líder de conjunto o conducción): “Ojo. Miren lo que podemos conquistar y lo que está en juego”.

Lula aceptó modificar una estructura de campaña que acababa de fracasar. Un líder de conducción o de conjunto no necesita inventar personalmente todos los instrumentos. Necesita reconocer qué capacidades pueden transformar la situación y darles lugar.

Si bien después de la primera vuelta comenzaron movilizaciones espontáneas de estudiantes, movimientos sociales y ciudadanos que no necesariamente actuaban bajo una dirección partidaria, la estructura de campaña reordenada por la intervención de Lula, consiguió articular esa energía con sus propios esfuerzos organizativos.

Lula comprendió que no podía ganar la segunda vuelta dentro de la misma configuración política que había producido su derrota en la primera. Y actuó para modificarla: a) reconoció la insuficiencia del esquema anterior; b) reconoció que la gestión económica favorable no garantizaba una mayoría electoral y c) Reformuló el problema político al advertir que la cuestión no era solo recuperar votos, sino crear motivos y medios para movilizar nuevos electores.

Aquí se nota que el líder no consideraba la distribución de las preferencias electorales como un juego de suma 0. Veía que podía hacer aparecer nuevos sujetos que no habían participado antes. Esto sugiere que consiguió hacer aparecer posibilidades políticas que estaban latentes, pero que la primera vuelta no había logrado convertir en acción efectiva. Esto es típico de los liderazgos de conjunto o conducción. Esta última capacidad es el origen del terror que le tiene el establishment en Argentina a CFK.

Lula no se limitó a reaccionar ante una situación adversa ni tampoco se montó sobre una reacción popular espontánea, sino que identificó una posibilidad política que otros no habían reconocido y actuó para convertirla en realidad. Otra cosa típica de los liderazgos de conjunto o conducción.

Cronología de la concepción y práctica del liderazgo de conjunto.

4/10: Lula pierde las elecciones. Janones decide por iniciativa propia transformar su canal de WhatsApp en un instrumento de movilización. La reacción digital comienza sin esperar una decisión de la conducción central.

5 y 6/10: Lula en reunión con sus auxiliares comienza revisión y exploración de cambios en el dispositivo electoral. En un hotel de Brasilia, establece que la campaña debía concentrarse en los riesgos concretos que una victoria de Flávio Bolsonaro representaba para la vida de la población. Lula mismo propone desplazar el eje de la campaña.

7/10: Lula reconoce públicamente que su campaña fue la menos organizada de su historia. Lo hizo delante de Edinho Silva, uno de sus principales responsables. Se reúne con parlamentarios y dirigentes electos. Admite ante ellos el fracaso de su esquema electoral. Aparentemente, declara: “Tenemos una clase trabajadora que no quiere empleo formal, que quiere trabajar por cuenta propia. Tenemos que lidiar con eso”; “La clase trabajadora es cada vez menor dentro de la fábrica y cada vez mayor fuera de la fábrica”. Lula señala que muchos trabajadores ya no quieren un empleo formal, sino trabajar por cuenta propia, y que las organizaciones políticas deben aprender a relacionarse con esa realidad. Lula desafía públicamente a Flávio Bolsonaro a apoyar la reducción de la semana laboral de seis a cinco días. No se limita a ofrecer una mejora laboral sino también obliga políticamente a su adversario a definirse ante una reivindicación que podía atravesar las divisiones partidarias. En lugar de pedir a los trabajadores que eligieran entre identidades ideológicas preexistentes, colocó en el centro una cuestión práctica sobre la organización de sus vidas. El 5/10 el mensaje era: “pueden perder lo que tienen”. Ahora es: “podemos modificar juntos una condición de nuestra existencia”. Esto es típico del liderazgo de conjunto o conducción, generar expectativas de transformación, no meras promesas.

Entre el 5 y el 7 de octubre, Lula pasó de reconocer un problema electoral a cuestionar la capacidad de su propia organización para comprender y movilizar a la sociedad brasileña contemporánea.

Esto es significativo porque un mero administrador pudo dedicarse a corregir errores operativos sin modificar su concepción del problema. En cambio, un líder de conducción o de conjunto puede reconocer que el instrumento organizativo existente ya no corresponde a la realidad sobre la que pretende actuar.

8/10: Se informa que Lula reorganiza la conducción, incorpora a Camilo Santana, Rui Costa y Rafael Fonteles en funciones estratégicas y asume mayor control personal. Modifica el centro de decisiones. Comienza a supervisar personalmente los programas televisivos y los recorridos de campaña, mientras desplazaba parte de las responsabilidades de la conducción anterior.

9/10: Está prevista su vuelta a la movilización callejera en los barrios más populosos de Brasilia, distrito federal. Busca recuperar el contacto directo con el electorado.

10/10: El canal digital de Janones ya es objeto de un litigio ante la Justicia Electoral. La nueva movilización digital se convierte en un factor relevante de la confrontación.

Creo que la intervención de Lula del 7 de octubre es clave y allí se gesta el movimiento que conduce a la victoria.

Y no creo que la observación de Lula sobre el cuentapropismo y el trabajo formal sea una concepción de tipo ideológica al modo de algunos dirigentes de los movimientos sociales en Argentina. Simplemente está constatando una realidad (que no tiene que ser inmodificable) e interpela a la militancia para que sepa tratar con esa realidad. Creo que Lula hubiera sido más preciso diciendo así: “en las actuales condiciones muchos trabajadores no quieren un empleo formal”.

lunes, 19 de octubre de 2026

Contraste: de nuevo sobre JDP y el 17 de octubre de 1945.


Quiero valorar críticamente lo expresado en la introducción de este post en el blog del querido Artemio aquí:


Me da la oportunidad de explicitar algunas cuestiones de los tres posts precedentes.

"Perón no inventó a la clase trabajadora ni le regaló sus derechos. Su liderazgo fue posible porque los trabajadores irrumpieron como fuerza social y política, desafiando los privilegios de las clases dominantes."

"... el nacimiento del peronismo no se explica por la biografía de un hombre, sino por una transformación histórica: la industrialización, las migraciones internas y la emergencia de una clase trabajadora que ya no aceptaba vivir sin derechos ni representación política." 

"El Estatuto del Peón, el aguinaldo y las vacaciones pagas modificaron las relaciones entre capital y trabajo. No fueron concesiones gratuitas: expresaron una nueva correlación de fuerzas, en la que los trabajadores conquistaron derechos y obligaron al Estado a intervenir en un orden social organizado alrededor de los intereses patronales."

"Perón fortaleció a los sindicatos y reconoció a los trabajadores como sujetos políticos, mientras procuraba contener el conflicto social dentro de un proyecto de conciliación de clases. Los trabajadores avanzaron en derechos y participación, pero no se abolió el poder económico de los propietarios."

"La clave histórica no es lo que Perón concedió, sino lo que los trabajadores conquistaron y la fuerza social que fueron capaces de construir."


En estos párrafos, comprensiblemente, el énfasis se coloca en el factor que suele considerarse de mayor relevancia explicativa: las transformaciones económicas y de la estructura social previa al surgimiento del peronismo y la fuerza que adquirieron los trabajadores como efecto de esas transformaciones.

A diferencia de ello, en mis 3 posts precedentes el énfasis lo pongo en el papel del liderazgo creador, pero no a modo de resucitar un antiguo debate historiográfico sobre la primacía del factor sociológico o de los grandes individuos históricos. No es mi intención eso. Mi intención es tratar de precisar la novedad que está necesariamente involucrada en un cambio histórico que da origen a una identidad política concreta, la que no puede provenir del funcionamiento estructural ni de sus soportes. Lo que hay que analizar es la interacción entre una dinámica de masas efecto del funcionamiento estructural, esto es el gran aumento del número de obreros industriales entre los inicios de la II guerra mundial y el advenimiento del peronismo entre 1943/1945 debido a una sustitución de importaciones forzada por las circunstancias de la guerra, por un lado, y, por otro lado, la intervención de una subjetividad creativa, cuya eficacia dará origen a un liderazgo de conducción del pueblo. La clave está en la interacción de ambas facetas.

El análisis de tipo marxista y de izquierda convencional y mucho del nacional-popular tiende demasiado a enfatizar un aspecto en detrimento del otro. Recuerdo, en alguna ocasión, haberle planteado esto en su Blog a Manolo Barge. La frase "mi único heredero es el pueblo" contradice la distinción muy pertinente e importante efectuada por la misma persona autora de la frase. En efecto, si las "masas" son el agregado de individuos-agentes reactivos a las injusticias generadas por el sistema económico y social, careciendo de liderazgo de conducción y, por lo tanto, de objetivos políticos transformadores en sentido positivo (esto es diferente a objetivos programáticos formales) a diferencia del "pueblo" que no carece de ello, mal puede la desaparición del líder de conducción dejar una herencia en una entidad ("pueblo") en vías de revertir a "masas", por obra y gracia de esa misma desaparición.

El hecho de enfatizar la importancia del líder potencial de conducción, su creatividad y su interacción con las masas no implica que estas sean receptoras pasivas en dicha interacción. Y el hecho de reconocer la importancia del protagonismo de las masas no debe reducir al líder de conducción a mero administrador de una fuerza social formada previamente.

Caer en estos desfasajes suele ser muy frecuente, uno se previene del otro y viceversa. Es como si pusiéramos un peso en un platillo de la balanza y otro viene y lo saca y pone otro peso en el otro platillo. Así, siempre la balanza estará oscilando de un extremo al otro sin encontrar un punto justo.

El Coronel JDP no se limitó a administrar relaciones de fuerza preestablecidas. Entre 1943 y 1945 fue dándole forma a una práctica de interacción novedosa con las clases obreras. Esa práctica incentivó la activación, la unidad y la solidaridad obrera. Gran parte de la fuerza que acumuló la clase obrera entre esos casi dos años fue consecuencia de dicha práctica introducida por el Coronel. Ello significó que el Coronel no se conformó con solo administrar los reclamos provocados por las injusticias de la estructura previa a su llegada, sino que se propuso transformar las relaciones históricas entre los agentes que configuraban esa estructura.

O sea que, aunque es cierto que no inventó a la clase obrera, su intervención creativa la dotó de una fuerza y perspectiva que no hubiera adquirido en ausencia de esa intervención.

En 1943/44 el Coronel ya tenía bastante conciencia de que la geometría económica y social vigente que producía la confrontación de intereses no iba a dar lugar a las soluciones requeridas: era necesaria una transformación del mismo marco de dicha geometría. Sin esa transformación no era posible el cumplimiento de las 3 banderas (soberanía política, independencia económica y justicia social). Eso implicaba no solo industria sustitutiva, sino también mercadointernismo con otra distribución del ingreso mucho más favorable a los trabajadores, desarrollo de la infraestructura, entre otras cosas.

Por lo tanto, no es que el Coronel se encontró con unas alternativas y hechos consumados de los actores sociales, sino que su mente creativa le permitió imaginar y reconocer posibilidades, formular orientaciones y transformar relaciones entre esos actores. Esa mente creativa que residía en una subjetividad singular es una parte insoslayable de las transformaciones históricas que condujeron a la identidad peronista, la cual no se explica solo con el funcionamiento estructural.

Es cierto que el funcionamiento estructural tuvo su eficacia en la irrupción de los trabajadores (por el aumento rápido del número de trabajadores) pero eso no explica el alcance, la orientación y los objetivos que luego se adoptaron bajo el liderazgo de JDP.

El 17/10/1945 la movilización hizo posible un liderazgo de conducción, pero eso no significa que ese liderazgo no haya transformado antes a los actores y sus relaciones.

La industrialización, las migraciones y la emergencia obrera describen condiciones históricas, pero por sí solas no explican por qué esas condiciones tomaron la forma del peronismo y no otra. Hubo un proceso que convirtió una posibilidad en una probabilidad concreta. Y, en ese proceso, desempeñaba un papel decisivo la capacidad creativa del potencial líder. Esa capacidad subjetiva es parte de la historia y, a falta de esa capacidad subjetiva, las objetivaciones que ocurrieron luego con el peronismo no hubieran ocurrido. La creatividad del líder de conducción no se puede excluir de la "transformación histórica" so pena de entender a esta solo como un proceso impersonal.

El Coronel desde una lugar subalterno del Estado tomó decisiones que crearon capacidades de organización, modificaron expectativas, legitimaron demandas y, al hacer todo eso, alteraró la propia correlación de fuerzas.

Por lo tanto, no es que el Coronel aplicó medidas condicionado por una relación de fuerzas sino que tuvo que cambiar la correlación de fuerzas para aplicar las medidas las que, a su vez, realimentaron la dinámica del cambio de esa correlación. El Coronel no se limitó a solo reconocer una fuerza existente, sino que quiso constituir algo nuevo con otra orientación.

El Coronel, con su intervención entre 1943/1945, no se dedicó a contener demandas para conservar una estructura, sino que reorganizó las relaciones sociales mediante un proyecto común que transformó el significado y los objetivos de esas demandas.



miércoles, 14 de octubre de 2026

Aclaraciones sobre la aclaración.

En el post precedente señalé: “El simple dirigente administrador de relaciones de fuerzas toma eso como un dato o premisa inmodificable a partir de la cual adapta su concepción y acción política. Este tipo de dirigente limitado solo se pregunta “¿cómo puedo negociar con el enemigo?”

No introduje ese párrafo por casualidad ni la mención de la frase de Boudou, puesto que considero al dilema y contradicción confrontación vs. negociación como dos caras de la misma invariante “no creativa”. La razón es que sea que se confronte o sea que se negocie se lo hace en el marco de la misma geometría política, económica, social e ideológica que tiene como efecto la distribución del poder e intereses conocidos.

En este sentido, toda confrontación o negociación es en base al pasado. Toda creación es en base al futuro que podría ser. Otras relaciones que podrían cambiar los intereses en juego.

¿Ahora se entiende por qué razón JDP definía a la conducción como un arte creativo de ejecución?

La respuesta es: porque las soluciones no se encuentran nunca en el marco de disputa, sino en un marco transformado tanto desde lo conceptual como de la acción. Los líderes de conducción son tales porque pueden descubrir o crear ese nuevo marco de transformación que va a reformular y redefinir los intereses de todos.

Es muy parecido a lo que sucede con la evolución de la ciencia. Existen contradicciones, paradojas o anomalías que se resisten a resolverse retorciendo el paradigma vigente conocido, reajustando una y otra vez no se resuelven. Pero llega un punto en el que se necesita un salto (cambio de geometría) porque todo el sistema deductivo del que dependía la teoría previa ya no puede dar respuesta.

En la conducción política el liderazgo es la llave que abre la puerta para dar ese salto. Esa puerta antes no se la podía abrir porque no se la veía o porque no se encontraba la llave para abrirla.

Tanto la confrontación como la negociación son invariantes de la geometría encerrada, enviciada en sus propios axiomas y postulados que ya no coinciden con la realidad.

En el post precedente he hablado más que nada de sujetos porque considero que el “encierro cognitivo” es de ellos, más allá de la clase social a la que pertenezcan, los partidos políticos o instituciones y organizaciones diversas.

Considero, desde esta perspectiva, que tanto la “izquierda” como la “derecha”, y sus respectivas versiones, padecen el “encierro cognitivo” en la medida que insistan una y otra vez en las demarcaciones ideológicas conocidas y las contradicciones que le son inherentes: negociadores/confrontadores; heterodoxos/ortodoxos; izquierdistas/derechistas; burócratas/revolucionarios; obreristas/pequeños burgueses; etc., etc., etc. Constituyen todos dilemas y polos de una geometría intransformable.

Juan Grabois el otro día dijo una metáfora que la considero el paradigma del “encierro cognitivo”. Aclaro que nada tengo contra el compañero y me parece que es uno de los dirigentes con mejor futuro en el movimiento, si es que éste subsiste.

Dijo algo así: “que la base, la presión de abajo, patea la puerta y la abolla hasta que alguien la abre” e insiste en que el Kirchnerismo no hubiera existido sin esos movimientos previos.

He hecho referencia a esta concepción en algún post de este blog. En esta concepción, la lucha de clases o la lucha popular es una condición necesaria de la solución, como si estuviera orientada de antemano a la solución.

A mi juicio, esto constituye una racionalización retrospectiva o justificación post-hoc. En efecto, en la perspectiva que planteo, toda intervención creadora de un líder o una líder de conjunto o conducción, se da en una geometría social dada en crisis, en cuyo contexto la confrontación campea a sus anchas.

La lucha de clases del marxismo o la lucha popular de los nacional-populares es el síntoma de que no cierra la estructura, se den cuenta o no los actores. Un síntoma es importante porque sin eso el problema o disfunción continuaría sin que nadie se dé cuenta y conduciría a un desastre al final.

El líder o la líder de conjunto o conducción puede interpretar eso y visualizar de qué es síntoma y qué solución sistémica resolvería la causa subyacente. ¿Se entiende?

El o la que ocupa esa posición puede no estar en la lucha y, sin embargo, ser el sujeto observador al que se le ocurre una salida.

Esto podría explicar, por ej., por qué la mayoría de los líderes populares de la historia no salieron de las luchas de las masas. La respuesta es que las masas y sus dirigentes ocupan un lugar cuyo objeto de conocimiento no es la geometría que constituye el campo de lucha, sino las consecuencias particulares de ese campo: injusticia, desigualdad, pobreza, etc.

En cambio, el objeto de conocimiento de los líderes potenciales sí es el campo mismo, por esos sus soluciones tienden a ser sistémicas. Ellos son los únicos que saben que la solución no se puede encontrar o generar con las mismas herramientas que ese campo (que generó el problema) provee, sino que se necesita dar el salto a otra geometría que redefina todo el campo.

Ahora se entiende por qué JDP distinguía la “masa” del “pueblo”. La respuesta es porque pertenecen a dos geometrías distintas, del mismo modo que un triángulo sobre un plano pertenece a una geometría y el mismo triángulo sobre una esfera pertenece a otra.

¿Se entiende la lógica de todo esto?

martes, 13 de octubre de 2026

Aclaraciones sobre el post anterior.

Las consideraciones del post precedente no pretenden negar la naturaleza desigual de las posiciones estructurales.

En la confrontación "no creativa" (no se me ocurre ningún término mejor para clasificarla) la simetría no es la de la cantidad de poder sino la de la naturaleza del principio.

Si el sujeto A (100 kg.) quiere golpear al sujeto A' (70 kg) y viceversa, la pelea no es simétrica en cuanto al peso sino en cuanto a que ambos quieren lo mismo pero al revés. ¿Se entiende? Uno puede decir: "me pongo de parte de A' (70 Kg) porque es el más liviano o débil" pero esa desigualdad nada tiene que ver con la naturaleza de sus intenciones.

Esa pelea, por más desigual que sea, no pone en juego ningún principio común que implique algo sobre la configuración de la realidad que los lleva a querer golpearse. Cada uno, A y A', quiere satisfacerse mediante el otro y recíprocamente.

El simple dirigente administrador de relaciones de fuerzas toma eso como un dato o premisa inmodificable a partir de la cual adapta su concepción y acción política. Este tipo de dirigente limitado solo se pregunta "¿cómo puedo negociar con el enemigo?"

Por el contrario, el líder o la líder de conducción o de conjunto se pregunta "¿qué transformación en la configuración política subyacente permitiría que ese enemigo dejara de serlo?". O sea, su método de pensamiento no es "dado eso, tengo tal y cual alternativa". Sino "dado eso, qué se podría hacer para que se transforme lo dado y otras sean las alternativas" (distintas a las anteriores).

Una frase de Boudou muy feliz que he citado en este blog decía algo así: "las relaciones de fuerza se cambian cambiándolas" (?!). El que piensa así no tiene por objeto algo particular de la geometría dada, sino la geometría misma porque es ella la que regula el marco de las alternativas posibles. ¿Se entiende?

La guerra entre Austria y Prusia en el siglo XIX, en manos de Moltke (jefe del Estado Mayor de Prusia) pudo haber degenerado en una guerra de aniquilación de los austríacos. Sin embargo, la imaginación del Canciller Bismarck hizo que el ex enemigo se convierta en su aliado, en el marco de una situación militar mucho más fácil de llevar a la aniquilación que a un acuerdo estratégico.

Lo mismo pasó, de otra manera, con el General coreano Yi Seong-Gye, fundador de la dinastía Joseon en el siglo XIV. La monarquía de su país le ordenó atacar a China. Se trasladó con su ejército hasta el lugar donde se produciría la batalla, pero decidió dar media vuelta y marcharse y derrocar al régimen dinástico de su propio país. Luego de lo cual abrió una era de amistad con sus vecinos, prosperidad y aumento del comercio.

En esos ejemplos históricos, el dirigente "administrador de las relaciones de fuerza" sea el Mariscal Moltke o sea la monarquía coreana, participaban de una lógica "X es mi enemigo, qué hago para someterlo o exterminarlo". Es como si el objeto de su pensamiento fuera una propiedad objetiva intrínseca identificada en el enmigo. Sin embargo, el conductor creativo participa de otra lógica: "hay una configuración de relaciones históricas que llevó a que X sea marcado como enemigo, ¿qué posibilidades y probabilidades existen para transformar esa configuración de relaciones?"

¿Se entiende la diferencia abismal de una lógica y la otra? No había ningún enemigo intrínseco ya que los supuestos otrora enemigos pasaron a ser socios, aliados o buenos vecinos. 

Lo mismo sucede en la economía. En una distribución del ingreso muy regresiva el problema no es quién se aprovecha de eso, sino cuál es el principio organizador de esa economía que produce efectos muy desiguales y cómo puede modificarse.

Que eso generará reacciones, no cabe duda, dada la falta de capacidad de los seres humanos en entender su propia situación presente y el posible futuro. Pero esa reacción es contingente, incidental, no hace a la esencia del principio económico que se quiere satisfacer con, por ej., un shock distributivo o cambios en determinadas relaciones que definen una configuración industrial.

El conductor creativo no está empeñado en cambiar, reemplazar, neutralizar o promover personas. Está empeñado en cambiar las relaciones históricas que ocasionaron los problemas que se quieren resolver.

La conducción política creadora consiste en descubrir y realizar un principio capaz de transformar las relaciones entre sujetos históricos, de tal manera que antagonismos anteriormente considerados necesarios pierdan su fundamento y sean sustituidos por relaciones de cooperación que amplíen las posibilidades de todos los participantes.

Esto no es lo mismo que "pedir cooperación" al poderoso. Ojo, no se malentienda. Estamos hablando de la capacidad de un líder o una líder de conjunto o conducción para transformar relaciones, para que, una vez transformadas, lo que se consideraba habitual o plausible antes de esa transformación, deje de serlo y pasen a considerarse plausibles y habituales otras cosas. ¿Se entiende la diferencia?

El liderazgo creador concibe una posibilidad que no existe dentro de la organización anterior. Su actividad está dirigida a convertir esa posibilidad en realidad. Es el único sujeto que hace o se dedica a eso. Si nadie se opusiera, podría realizarla sin confrontación. Si encuentra resistencia, debe lidiar con ella. Si esa resistencia es armada (frecuente en las guerras geopolíticas), puede verse obligado a emplear medios militares. Pero en ninguno de esos momentos cambia necesariamente el objeto de su actividad.

Y aquí llegamos a una cuestión muy importante: la identidad. La identidad no está dada por la confrontación o antagonismo puesto que ese es un campo que simetriza a todos, sino por el principio que el liderazgo creador descubrió o redescubrió.

La identidad del peronismo no residía en un "pueblo" que, en rigor no lo era porque era "masa" (antes del advenimiento del liderazgo), sino en la fidelidad de su liderazgo de conducción (sea un Perón, Evita o CFK) a los principios que intentaba ejecutar. Esa fidelidad es lo que genera "pueblo" y su propia identidad.

Antes de terminar, quería aclarar otra cosa.

Cuando la confrontación se da por reacción de un sujeto frente a las consecuencias de un liderazgo creativo, como no hay comprensión intelectual del principio común que el liderazgo creativo quiere poner en marcha, eso significa que el sujeto confrontador no ve ese principio como un objeto de conocimiento frente al cual puede oponer otro. Por lo tanto, no lo puede rechazar intelectualmente puesto que no es un objeto de conocimiento para él. El confrontador interpreta la acción creadora como amenaza, interviene para impedirla y después utiliza las consecuencias de la confrontación como confirmación de que su interpretación inicial era correcta. Esto constituye un mecanismo de retroalimentación.

Simplemente la confrontación por reacción al liderazgo creativo carece de herramientas para comprender, por eso hablé de "encierro cognitivo". Mientras el liderazgo creador acciona sobre una relación histórica y pretende producir una configuración nueva, el sujeto confrontador por reacción solo ve una amenaza en la estructura que conoce.

El problema del confrontador no consiste simplemente en calcular mal los beneficios y perjuicios de una transformación (porque a esta no la puede concebir). Consiste en que su esquema de pensamiento excluye la posibilidad de que se produzca una nueva fuente de beneficios. En un juego de suma cero, lo que gana uno lo pierde otro. No existe algo nuevo en un juego de suma cero. El error del confrontador consiste en tratar una transformación de las condiciones como si fuera un movimiento dentro de condiciones invariables.

Entonces, la verdadera interacción es entre una acción guiada por un principio nuevo y una reacción guiada por una interpretación perteneciente a la estructura y lógica anterior.

El liderazgo creador no necesita convencer previamente a todos mediante las categorías conocidas. Puede hacer inteligible el principio creando las condiciones en las cuales sus efectos se vuelvan reconocibles.

El liderazgo creador no intenta resolver las contradicciones en el mismo marco en el que ocurren. Al poder ver la configuración sistémica donde esas contradicciones ocurren, se empeña en transformar las relaciones de esa configuración. 


viernes, 9 de octubre de 2026

La asimetría cognitiva en el proceso de conducción política creadora y las falsas premisas del antagonismo y la confrontación.

Hay que explicar este título.

Hace 3 años traté de aproximarme a la cuestión a partir de una columna de Fede Vázquez, ver aquí:

https://oti-blog.blogspot.com/2023/07/acerca-de-la-confrontacion.html

Ahora vamos a intentar otra aproximación a la misma cuestión.

Supongamos 2 contendientes A y X. El objetivo de A es doblegar o someter a X. A está confrontando con X. Supongamos que X quiere doblegar a A, también está confrontando con A. Por lo tanto, dados los mismos objetivos -inversos- de A y X, tenemos una confrontación o antagonismo. La razón de este campo de antagonismo es que hay simetría, la naturaleza inversa de los objetivos de ambos, no elimina la simetría.

Esta es una situación clásica y, digamos, típica, tanto en el terreno de la economía y la sociedad, como el de las relaciones “internacionales”. Si A quiere reducir salarios y X aumentarlos hay confrontación. Si A quiere “seguridad” (en rigor dominar, someter) a expensas de su vecino X y recíprocamente, eso es confrontación. Por lo general es un juego de suma 0.

Si creemos que el “capitalismo” se supera con control obrero de los medios de producción y de cambio y el capital cree que la capacidad obrera se supera con disciplina y represión en las fábricas y con desocupación, eso es confrontación o antagonismo.

Y así sucesivamente. Lo que tienen en común todos estos ejemplos es que se cuestiona la distribución del poder en sí mismo en un campo dado (económico, geopolítico, etc.) y no el principio que configura el campo en sí mismo. En las formulaciones marxistas, por ej., al nivel teórico, se cuestiona al modo de producción como funcionamiento estructural pero, al nivel de la propuesta o programa político, se cuestiona solo al soporte dominante de ese lugar estructural, proponiendo la inversión de lugares.

Todo ello es antagonismo/confrontación/contradicción. En este nivel analítico, dentro de una configuración dada, no se requiere conocimiento nuevo para superar esas contradicciones. La “lucha de clases” misma opera la “transformación estructural”. Y esa lucha de clases es entre intereses ya conocidos. Solo hace falta que los débiles pasen a ser fuertes y los fuertes (anteriores) queden neutralizados o eliminados de la ecuación. La misma lógica se aplica para los Estados.

Pero en la historia humana existen otro tipo de relaciones de naturaleza diferente a las señaladas precedentemente. Rara vez se comprenden porque esa naturaleza tiende a ocultarse tras las apariencias fenoménicas. “No toda semejanza fenoménica expresa una identidad ontológica”. Dos acciones pueden ser físicamente semejantes y, sin embargo, pertenecer a procesos causales distintos. Este tipo de relaciones salen de la simetría aludida más arriba.

Por ej., vayamos al campo geopolítico y analicemos el concepto de “guerra”.

Hay casos históricos que no se corresponden con la simetría del antagonismo o confrontación. En efecto, uno de los que aparece como contendiente de una “guerra” o confrontación militar puede estar intentando realizar un principio común, por ej. la llamada “autodeterminación del pueblo” que suele anteponerse absurdamente a la “integridad territorial”.

Por ej., si la acción de A quiere someter a X, eso constituye una clase de causa. Y si X quiere preservar el principio de autodeterminación, eso constituye otra clase de causa. Cuando se produce el choque entre A y X suele hablarse de “guerra”. Son dos contendientes que realizan operaciones militares más o menos parecidas. Esta semejanza en la materialidad esconde la diferencia de naturaleza de la actividad de A respecto a la de X. Parece que hay antagonismo simétrico pero se esconde una diferencia profunda.

No se puede comparar una acción cuya finalidad es someter y doblegar con otra cuya acción es realizar un principio de soberanía o autodeterminación. Son dos cosas muy diferentes. La acción de A determina el futuro mediante el sometimiento de X. La acción de X lo hace afirmando un principio que A quiere negar. Se podría argumentar que X también quiere negar el objetivo de A, pero esto no sería cierto ya que, para que X satisfaga su principio no requiere someter a nadie, solo impedir o neutralizar a A que quiere que no lo satisfaga. ¿Se entiende el punto? Para X la subordinación de otro A, no constituye su finalidad ni su condición estructural, cosa que para A sí es ese el caso.

El sujeto A concibe solo en términos de apropiación. El sujeto X concibe en términos de recreación, redescubrimiento o descubrimiento de un principio nuevo que quiere poner en ejecución.

El sujeto A no puede comprender al sujeto X puesto que aquel decodifica la concepción y, sobre todo, la ejecución de X en términos de sus propias categorías de su propio marco interpretativo de “apropiación”, “sometimiento”, “dominación”, “control”, etc. Esto conduce a malinterpretar la concepción y acción del sujeto X como una amenaza a los propios intereses de A.

Es decir que el sujeto A es incapaz de comprender la acción de X conforme a un principio común porque le atribuye su propia lógica. Interpreta la acción ajena con las categorías que organizan su propia conducta. Interpreta cualquier aumento de capacidad ajena como algo hostil.

Se produce así una especie de encierro cognitivo, ya que el sujeto A no solamente se opone a una determinada acción: carece, dentro de su esquema conceptual, de una explicación adecuada para una acción que no persigue el sometimiento ajeno.

Se produce, así, la siguiente irracionalidad por ese encierro cognitivo: el sujeto A se opone agresivamente a concepciones y acciones que podrían beneficiarlo y apoya a las que terminan perjudicándolo. No comprende que un principio común podría beneficiarlo también a él, porque interpreta ese beneficio posible como una pérdida de su capacidad de imponer condiciones.

Se produce una suerte de confusión entre la pérdida de una posición relativa dentro de la estructura anterior y la pérdida de posibilidades reales dentro de la estructura nueva. Esta confusión puede llevar a combatir precisamente aquello que permitiría superar las limitaciones de la situación existente.

Aquí la contradicción no es ya al modo simétrico, sino una contradicción entre dos modos de concebir la causalidad histórica, uno que entiende el progreso como apropiación de lo existente y otro que lo entiende como creación de posibilidades nuevas.

En una determinada organización social, ciertos individuos disfrutan de ventajas que dependen de la subordinación de otros. Esas ventajas parecen constituir intereses particulares objetivos. Sin embargo, son intereses configurados por una organización histórica específica. Cuando aparece un principio creador capaz de reorganizar las relaciones sociales, no se limita a redistribuir aquellas ventajas. Se transforman las condiciones que definían esas “ventajas”.

Por ejemplo, un empresario que posee una ventaja monopólica sobre una tecnología puede interpretar su difusión universal como una pérdida. Pero si esa difusión transforma la productividad general, las posibilidades de consumo, la infraestructura y la capacidad creadora de la sociedad, también modifica las condiciones de existencia del propio empresario. ¿Se entiende el punto? Su privilegio anterior puede desaparecer mientras sus posibilidades reales de desarrollo aumentan. Y su “sensación” de que pierde “privilegios” solo es válida con las categorías previas a la transformación que introduce el nuevo principio. Los beneficios futuros no se pueden calcular o medir con las categorías anteriores a dicha transformación. ¿Se entiende el punto? Esto tiene consecuencias enormes, por ej., en la “teoría” del valor de Marx.

El sujeto A no reconoce una transformación de la relación misma. Solamente imagina una inversión de las posiciones dentro de la relación anterior. Y si el actor no puede concebir esa posibilidad transformadora basada en principios comunes, su oposición no surge necesariamente de una evaluación correcta de sus intereses, sino de una incapacidad para imaginar su transformación.

Por ej., vayamos a la tan mentada “distribución del ingreso”, cuestión clave del movimiento peronista. La distribución del ingreso se puede concebir como sacarle a los que más tienen y darle a los que menos tienen. Eso sería confrontación y antagonismo simétrico, puesto que, cuando se da vuelta la taba, el capital genera la redistribución inversa del ingreso (negativa para el trabajo).

Sin embargo, existe otra manera de redistribuir: generando otras configuraciones y relaciones económicas y productivas. Un ejemplo de esto fue la propuesta de Boudou de hace un tiempo sobre los cambios en la estructura de la industria alimentaria. Eso es un cambio de lógica y de configuración nueva que lleva a la redistribución, pero desde otra geometría económica. Una innovación genuina modifica la propia geometría económica, transforma lo que cuenta como recurso, costo, productividad, trabajo necesario e incluso interés particular.

En la perspectiva que estoy planteando, el antagonismo no produce necesariamente la solución. Muchas veces es una manifestación de la incapacidad de una estructura anterior para resolver sus contradicciones o, cuando lideres de conjunto o conducción logran la capacidad de resolver con respaldo popular, tienen que lidiar con la reacción de los sujetos A. Pero el lidiar con eso no es el contenido estructural de su propia identidad sino una contingencia.

Por lo tanto, aquí tiendo a disentir con Grabois quien tiene la convicción de las bondades intrínsecas de la confrontación y el antagonismo, como si ello fuera una energía positiva que genera las soluciones.

En la perspectiva que planteo, la acción y concepción creadora no tendría como finalidad derrotar al sometedor para ocupar su lugar, sino superar las condiciones que producen la relación de sometimiento.

Esta es la pregunta relevante: ¿Por qué surge la necesidad de recurrir a la violencia cuando se intenta realizar un principio que podría beneficiar a todos, incluso a quienes se oponen?

La oposición puede proceder de actores cuya concepción de las relaciones humanas está condicionada por una estructura histórica que el nuevo principio permitiría superar. La violencia no constituye necesariamente una característica intrínseca del proceso creador. Puede ser una consecuencia de la resistencia que encuentra.

La resistencia a una transformación creadora puede originarse en la incapacidad de concebir que los intereses particulares, incluidos los propios, no son magnitudes fijas, sino relaciones históricas que pueden ser transformadas por la realización de un principio común.

Pero hay una aspecto trágico en relación a esto. La incapacidad de imaginar una organización superior de las relaciones humanas puede convertirse en una causa histórica activa de destrucción.

La finalidad de una concepción y ejecución creativa no es llevar la confrontación hasta sus últimas consecuencias sean militares, políticas, ideológicas o económicas, sino modificar la configuración política que determina su necesidad. Para el sujeto creativo X, el adversario no es el objeto de su acción sino que el objeto es la transformación de una relación histórica. La fuerza no es por sí el contenido de lo que pretende realizar.

La acción de A se define por lo que hace contra otro, mientras que la del sujeto creador X se define por lo que intenta hacer posible para todos.

lunes, 5 de octubre de 2026

Desnudando al nodo británico ("el Imperio no muerto") del moho limoso y los orígenes de la geopolítica contra Rusia.

 Ver aquí la entrevista de Pascal Lottaz a Alex Krainer:


Ver la reflexión final de Pascal Lottaz que coincide sustancialmente con las tesis que planteé en este blog con la metáfora del moho limoso, cuya autoría primigenia fue de L. LaRouche.

Cuando se relacionan el punto a) con el b) con el c), etc., no son "relaciones exteriores" sino relaciones internas al organismo imperialista. Las relaciones entre Washington con Londres, Tel Aviv, Kiev, Berlín París, etc., o entre Wall Street en N. York, la City de Londres, Frankfurt, Tokio, etc., son del "organismo" consigo mismo en diferentes localidades.

Sin embargo, en el video parece, todavía, otorgársele demasiada importancia a "lo británico" o lo "estadounidense". Esto es solo descriptivo e histórico, como insistí muchas veces. Lo importante es el organismo que es supranacional, no puede ser de otro modo. Su única limitación es el principio de organización soberana de un Estado Nacional.

viernes, 18 de septiembre de 2026

A propósito de Maslatón y los dilemas de las “geometrías intransformables”.

Ver Maslatón aquí 4:50 a 8:10:

Él clasifica a la actual política monetaria y financiera (Caputo-Milei) en la misma categoría que la de Martínez de Hoz (1978-1981); la del final del gobierno de Alfonsín (1989-1990) y la de Caputo y Macri (2016-2017). Y deja afuera de esa categoría a la de Cavallo con su régimen de convertibilidad (1991-2001).

La razón de esta clasificación responde a un criterio exclusivo de arquitectura monetaria y financiera de cada uno de esos lapsos en función de, utilizando la expresión de Maslatón, “si remuneran o no la permanencia en pesos de los particulares”. Él dice correctamente que la convertibilidad no remuneraba la permanencia en pesos de los particulares porque funcionaba automáticamente la caja de conversión.

Vamos a explicarlo así:

1.- Las vías de ingreso de dólares al país son: a) comerciales, esto es exportaciones de bienes; b) ingreso de capitales.

2.- Los agentes que intervienen en 1.- a) y b) son empresas y particulares, no es el Estado (este aspecto es muy importante para los fines que estamos analizando).

3.- Tomemos 1.- a). El agente tiene dólares que ingresaron por exportar bienes (soja, cereales, carnes, lácteos, petróleo, minerales, etc., etc.). Los debe liquidar al BCRA al tipo de cambio establecido. Pasan los dólares así al BCRA.

4.- Al agente 1.- a) hay que darle pesos (al tipo de cambio establecido) por los dólares que liquidó por sus exportaciones de bienes.

5.- En un régimen monetario no convertible, “surge la necesidad” de regular la tenencia de pesos cuando la “demanda de dinero” no acompaña a la oferta monetaria generada por la emisión de pesos como contrapartida del ingreso de dólares. Esto, en criollo, significa que, si los agentes privados no perciben mejores usos y alternativas a la compra de dólares en el mercado de cambios, entonces la autoridad monetaria tomará medidas para evitar esa presión sobre el mercado de divisas.

6.- En este preciso punto aparece la necesidad de emitir instrumentos del BCRA (letras, títulos, etc.) que los agentes particulares compran (con los pesos obtenidos como contrapartida de los dólares que liquidaron al BCRA). Con esos títulos en la mano, dichos agentes pasan a cobrar una tasa de interés. Se forma así lo que se denomina “pasivos remunerados del BCRA”. Al efecto que produce la circulación de esos instrumentos del BCRA se le denomina “esterilización”. Esta expresión significa que el dinero en pesos (supuestamente “sobrante” o “excedente”) deja de circular y en su reemplazo circulan los títulos del BCRA remunerados con intereses. En la época de Macri el monto de esas emisiones representó una cifra astronómica quizá más grande que toda la base monetaria.

7.- El incentivo especulativo de este sistema es enorme (carry trade, etc.). Y también lo era con el régimen convertible que “no remuneraba la tenencia en pesos de los particulares” ya que los agentes contaban con un seguro de cambio gratuito (sabían de la paridad invariante de 1 $ = 1 U$S) lo que facilitaba mucho la bicicleta financiera con las tasas de interés en pesos y, una vez hecha la diferencia, el retorno a los dólares a paridad fija.

8.- Se podría decir que la única finalidad de la lógica descripta en los puntos precedentes y la “necesidad” del BCRA de emitir letras y títulos para rescatar los pesos (supuestamente “sobrantes”) es producir un desplazamiento temporal que alivia una presión sobre el tipo de cambio, ya que con los pesos se podrían comprar dólares, pero con títulos con vencimientos a futuro eso no se puede hacer.

9.- Se remunera, en última instancia, la postergación de una decisión, haciéndose cada vez más grande en el futuro.

Un dilema aparece como insoluble cuando se exige encontrar la solución permaneciendo dentro de la geometría que lo produce: más pesos, más presión sobre el dólar; menos pesos; menos actividad; menor tasa más dolarización; mayor tasa, más costo financiero; dólar más alto, más inflación; dólar más bajo, deterioro de competitividad, desindustrialización, etc.

Si se consideran esas relaciones como parámetros estructurales intransformables, aparecen inevitablemente dilemas: o recesión o inflación; o reservas o emisión;
o estabilidad cambiaria o competitividad; o tasa alta o fuga, etc. Y la discusión económica termina reducida a elegir en qué punto de esa geometría uno quiere situarse.

Pero si admitimos que la geometría económica es transformable, cambia la naturaleza del problema.

La cuestión decisiva pasa entonces a ser qué ocurre durante el tiempo comprado por la esterilización. Si durante ese intervalo, la capacidad productiva sube, las oportunidades de inversión suben, la productividad sube, las exportaciones suben junto con la demanda genuina de pesos, entonces el desplazamiento temporal puede haber servido como camino hacia algo. Pero si nada relevante cambia en la geometría física, solo vamos a tener una bola de nieve de deuda financiera.

La estructura temporal de los activos financieros, no pueden resolver problemas de la estructura de la economía real. Empecinarse en la gestión de lo primero sin transformar lo segundo es solo hacer cada vez peor el problema en el futuro.

Reemplazar un agente privado en el comercio exterior por un agente estatal puede conducir al cambio de geometría físico-económica.

La ventaja de la empresa estatal es que se puede eliminar la secuencia emisión contra dólares, esterilización de pesos, intereses. Porque desaparece la necesidad de la obligación de “contraprestación” con agentes privados.

Asimismo, la empresa estatal puede pensar intertemporalmente: “se obtuvieron tantos U$S, no es necesario convertir todo a $, se puede conservar tanto en U$S para importar bienes de capital y convertir tanto a $ para atender gastos internos”.

El Estado, así, gana capacidad de administrar la composición de sus activos y sus tiempos de monetización. En esta geometría, la divisa constituye un medio de una transformación físico-económica.

En la lógica de la arquitectura monetaria y financiera de los puntos 1.- a 9.-, la divisa es el punto de partida de un circuito financiero autorreferencial.

Pero la empresa estatal del comercio exterior tendría que ser gestionada según criterios de aumento de capacidad físico-económica y no simplemente como monopolio fiscal de las exportaciones. De lo contrario sólo habríamos trasladado la intermediación del exportador privado al Estado.

Esta es la forma de aprovechar las ventajas de la “nacionalización del comercio exterior” y la modificación institucional que supone, al aumentar grados de libertad y hacer desaparecer algunos de los dilemas monetarios anteriores.